jueves, 15 de febrero de 2007

EL DIABLO VEGETARIANO

Por: Miguel Godos Curay


Gracias a mi amigo Jean Noel Martínez, paleontólogo e investigador de la Universidad Nacional de Piura he ampliado mis conocimientos sobre la vida de Georges Cuvier (1769-1832) padre de la anatomía comparada y la paleontología. Cuvier es autor de la Ley de Correlación que le permitió reconstruir esqueletos de animales desaparecidos partiendo de fragmentos de restos aislados. Así, por ejemplo, los animales dotados de garras deben poseer dentaduras de carnívoros. Los dotados de pezuña y cornamenta por lo general se alimentan de vegetales y están dotados para este tipo de alimentación.

Cuentan sus biógrafos que en cierta ocasión uno de sus traviesos alumnos se disfrazó de diablo e irrumpió en su alcoba con este estupefacto tono: “Despierta soy el diablo y vengo a devorarte”. El sabio somnoliento entreabriendo los ojos contestó: ¿Tú quieres devorarme? Lo dudo:Tienes pezuñas y cuernos. Según la Ley de la Correlación, mi querido diablo, tienes que ser vegetariano. Y continuó placidamente con su sueño. Esta anécdota celebrada por sus discípulos y repetida en los círculos intelectuales de la época sin duda que provocó irreverentes comentarios en un momento de la historia en la que abundaban los diablos de toda especie.

A un lado los diablos predicadores esos que nos suelen hacer descripciones detalladas del infierno que parecieran conocer al detalle y que últimamente vociferan en la radio y la televisión. Al otro los pobres diablos esta especie humana en la que se concentran los envidiosos, los adúlteros, los mentirosos sean o no candidatos al congreso, los ladrones con participación directa o indirecta empleando testaferros, los felones que simulan afecto y lealtad, los nepotes (los que benefician a sus familiares con los cargos públicos). Hay una especie de diablos, los más peligrosos, aquellos que siendo malvados y deshonestos presentan cara de virtud. Son los que buscan la reelección se entornillan en los cargos públicos, se creen sospechosamente iluminados para ejercitar cargos y vivir de las ubres del Estado. Son corruptos aunque no lo parecen.

Dante Alighieri sostiene que el infierno es el lugar donde está “el gusano malvado que horada el mundo”. Contra los que imaginan al infierno como una parrilla gigantesca ardiente el recinto luciferino es de hielo, desolada extensión vítrea congelada donde todo es estático e inmóvil. Sopla gélido viento que penetra hasta los huesos. Este es el lugar de los traidores. Una coreografía espectral nos presenta un frigorífico macabro. En el infierno del infierno yacen los cobardes, los lujuriosos, los golosos, los avaros, los pródigos, los iracundos, los amargados, los violentos, los suicidas, los homosexuales, los aduladores, los nepotistas, los cizañeros, los falsificadores ( falsificación de la vida y de las cosas) y los adivinos.

Su espacio propio tiene la sensualidad del poder que aplasta la libertad. El adulador pervierte el sentido de la comunicación humana. Todo se oscurece por la falsedad y el engaño. En el mismo estercolero Dante colocó a los aduladores y a las putas. Dante también refiere la verdadera legión de homosexuales que hablar de ello resultaría harto abundante no por sus escándalos sino por la numerosa relación que existe de ellos.

El diablo piurano del que dieron cuenta nuestras abuelas tenía cuernos y pezuñas de chivato. Por lo que como Cuvier tenemos que colegir que este ladrón de almas era vegetariano. En Sullana sostienen que solía presentarse como párvulo llorón que sorprendía a los trajinantes que amorosamente lo acogían con esta frase: “Tiito mírame el diente” y dicen que cuando el incauto le contemplaba el rostro emergían de su frente cachos y de la boca despedían lenguas de fuego. En Paita el diablo bajaba desde el tablazo para trajinar por los callejones oscuros de La Punta Otras veces ofrecía negocios y fortuna a cambio de la propia vida. Lo cierto es que el diablo desapareció con la iluminación eléctrica que como adelanto de los tiempos y prosperidad de los pueblos instaló doña Ventura Artadi.

En el Colegio san Miguel el diablo tiene su devotos entre los vagos redomados que en cada festividad de San Miguel colaboran para restituirle los cuernos. Otros sostienen que dejó de aparecer por los villorrios de Morropón y Huancabamba el día que perdió el poncho y en donde reaparece de vez en cuando con las campañas electorales. ¡Válganos Dios!

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