miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL MORDER AUSENTE Y EL RIESGO REPUTACIONAL

Por: Miguel Godos Curay

Vínculos de PPK con Odebrecht al desnudo
No es para el escarnio la tragedia humana de ver a los empresarios y políticos del país convertidos en agentes activos y pasivos de la más descarada de las corrupciones. La que dilapida los dineros públicos. La que festina con alevosa ventaja beneficios personales en contra del bien común. La que aplasta la confianza ciudadana. La que cohabita con la inmoralidad y no se avergüenza. El mérito es socavado por el reproche, el escándalo, el desprecio y el vituperio. La constatación de los defectos morales arrastra la perversa cultura de la sospecha y la duda temeraria. Algo así como ese eufemismo de cerrar con llave todos los cajones y las puertas por temor a que nos roben. O el de  Piura ciudad segura y la mayor parte de los vecinos coloca para su protección rejas, candados y cercos electrizados. Los pobres colocan en sus puertas jaurías de rabiosos perros callejeros. No hay rincón de la ciudad sin voluntariosos cuidadores de vehículos en los estacionamientos. La inseguridad es ingrediente de la vida pública.

Entonces la detracción se apodera de las páginas de los diarios. La murmuración, el gusano de la duda, socava la posibilidad de reconocer a los honestos. San Basilio, afirma que la murmuración es como un proyectil que mata en un instante a tres personas: a quien la siembra, a quien la recoge y la propaga y  a la propia víctima.[1] La consecuencia inmediata es una sociedad privada de la posibilidad de tener paradigmas en su sistema educativo. Del campeón mundial de ajedrez Julio Granda, apenas algunas líneas en las páginas de los diarios. De los triunfos en los Bolivarianos de Gladys Tejeda apenas el asomo de un pálido reconocimiento. Todo lo acaparó la clasificación de Perú al mundial de Rusia. Frente a la euforia que hizo temblar la tierra la humildad de Gareca. En contraste, la angustia de Guerrero sobre un presunto consumo de drogas.

El sabio Agustín de Hipona hizo escribir en las paredes de su comedor estas palabras. “El que se complace en morder  con sus palabras la vida de los ausentes, sepa que aquí no hay comida para él”[2]. De este modo puso un  dique inteligente a ese, hoy, deporte tan peruano del raje. La peor amenaza de la detracción es que arrastra la mirada sobre los defectos ocultando en muchos casos las virtudes. Y cuando anida convierte en puré las reputaciones.

El riesgo reputacional,  es hoy el cáncer que afecta a las empresas señaladas públicamente por sus métodos corruptos, sus convites para lavado de activos y pago de sobornos. La fama perdida arrojada por la borda. Tiene un elevado costo económico y resta, sin embargo, el daño mayor se ha perpetrado a la confianza y a la credibilidad. La corrupción ventilada públicamente corroe y desalienta. Cuando la ética está ausente en las instituciones provoca vacíos insuperables. Las instituciones sin ética son faros ciegos que conducen a la sombra de la nada.

Si la iniciativa privada se pervierte el Estado interviene en la preservación del bien común. Y la administración de la justicia busca el restablecimiento del equilibrio afectado por la inmoralidad. La iniciativa privada cumple un rol cardinal en la economía de un país. Crea empleo y bienestar pero cuando se convierte en un festín de los dineros públicos y se colude con la inmoralidad afecta a la sociedad. No sólo económicamente, desalienta la participación y la inversión privada. En este escenario, como señala el periodista Gerardo Reyes: “Las cosas inmorales las perdona con mayor facilidad la gente en sociedades donde las ilegales son pana de cada día”[3]

La manida frase referida a los alcaldes “roba pero hace obra”, No es sino la entronización de una moral laxa. No es cierto que la conducta inmoral sea producto del desconocimiento. Los actores actúan de ese modo a sabiendas  de que sin son descubiertas serán pasibles de la acción de la justicia y de la sanción social. Junto a la rampante inmoralidad de los empresarios como cola de cometa se  arrastran los escándalos financieros que involucran a políticos e ingenuos gestores mediáticos. 

La moralina no tiene efecto. Los diablos predicadores se presentan como agitadores de la conciencia ocultando sus miserias. Y en esta circunstancia aciaga pululan los timadores, los vendedores de sebo de culebra. Quienes ejercitan cargos públicos tienen implícita la obligación de dar cuentas de su actuación. Por temor rehúyen la transparencia y sucumben a la tentación de los agentes publicitarios y periodistas  para maquillar sus gestiones.

No es cierto afirmar que todo aquello que no está prohibido está permitido. Este es el argumento fácil de quienes pisotean la ética y la moral. La moralidad está ausente en los inescrupulosos, los falsarios, los especuladores, los malversadores de todo pelaje. Los amorales, creen que la moral es un enunciado para los libros. Son los incipientes morales presumen que todo le está permitido y no es así. El inmoral a sabiendas transgrede la moral. La ética  es la ciencia que se ocupa de la moral del actuar humano[4]. Nuestros actos pueden ser buenos o malos. Los buenos educan y estimulan sirven de ejemplo. Los malos son argumento para el escarmiento, la sanción moral y penal.

La ética y la moral, la enseñanza de la deontología profesional no son un curso de relleno en  la vida universitaria. Son práctica cotidiana. El ejercicio de la libertad humana requiere de ese componente reflexivo de la genuina calidad humana. Muchas veces la  manipulación publicitaria exalta y construye perfiles humanos exitosos sobre la miseria humana de criaturas contrahechas y sin  moralidad. Las virtudes humanas permanecen relegadas y ocultas frente  al esplendor pirotécnico y repentino de figurones de relumbrón que finalmente desaparecen sumergidos en sus miserias. El hedonismo una característica de nuestro tiempo es el endiosamiento de la apariencia frente a la contundencia de la esencia. Ser es distinto que aparecer. El ser es esencial. La apariencia (Del lat. tardío apparentia) dice el diccionario: Cosa que parece y no es. Ese no ser es el sello de la inautenticidad. La ética es esencial en todas las actividades humanas. Nos ayuda a ser mejores personas.

Como señala Alfonso Quiroz el manejo corrupto de las finanzas y la economía peruanas han dejado una profunda huella en la vida nacional. “El costo de la corrupción para el desarrollo económico y social peruano en su historia republicana ha sido estructural y consistentemente alto o muy alto, pese a las variaciones cíclicas. Considerando que para alcanzar un crecimiento autosostenido se requiere de una tasa de crecimiento medio anual del PBI de entre 5 a 8 por ciento en el largo plazo, debido a la corrupción sistemática y descontrolada, el Perú perdió o distribuyó mal el equivalente de aproximadamente el 40 a 50 por ciento de las posibilidades de desarrollo”[5]. Como bien señala Rodríguez Luño preservar el derecho a la propiedad “no es la canonización de la avaricia”[6].  Sobre todo cuando la esperanza de los pobres del país se añicos.


[1] Diccionario Enciclopédico de TEOLOGIA MORAL.  Honor, Babbini.L p.461 yss, Ediciones Paulinas, 1974
[2] Diccionario Enciclopédico de TEOLOGIA MORAL.  Honor, Babbini.L p.461 yss, Ediciones Paulinas, 1974
[3] REYES Gerardo, PERIODISMO DE INVESTIGACION, Editorial Trillas,1996.
[4] RODRIGUEZ LUÑO  Ángel, ETICA, EUNSA , 1989
[5] QUIROZ W. Alfonso, Historia de la Corrupción en el Perú, IEP, Lima, 2013.
[6] RODRIGUEZ LUÑO  Ángel, ETICA, EUNSA , 1989

ELOGIO DEL JUGUETE TRADICIONAL

El maromero tradicional
Por: Miguel Godos Curay

El dron quedó atrapado en el árbol y su autonomía de vuelo se convirtió en estornudo. Una cometa de carrizo papel colorido e hilo templado y cordel se eleva en el firmamento y con su cola de trapo viejo se enfrenta al viento y coletea. El cielo poblado de cometas de todo tamaño evoca la experiencia de Benjamín Franklin en plena lluvia que lo convirtió en el inventor del pararrayos. La cometa era producto de las manos de la selección del carrizo más liviano y de pita encerada, para que tiemple, engrudo y papel cometa. Volar cometa es una experiencia humana irrepetible. Y utilizar el hilo, en pleno vuelo, para enviar una carta a Dios, una experiencia humana extraordinaria.

No hay niño de antaño que no haya sentido la emoción del maromero mostrando sus habilidades de modo interminable. Anne Marie Hocquenghem, la historiadora, en sus momentos libres se entretenía con sus  piruetas. Los maromeros eran fabricados por docenas en el establecimiento penal. Otros en la carpintería del barrio. La ventaja de tan menudo entretenimiento está en el no necesitar pilas y practicar de modo incansable sus habilidades atléticas en la barra.

Otro entretenimiento divertido era el aro. Con gancho en mano la rueda tenía un movimiento interminable. Lo hacía después de muchos intentos pues con el aro se afinaban los brazos se movían brazos y piernas. No son diversión paralizante como la de esos juegos electrónicos con pantalla que deforman el cuerpo humano por que el jugador empedernido juega y traga al mismo tiempo convirtiéndose  en trampolín a la obesidad.

Las pelotas tradicionales eran de buche de pavo, de medias viejas y de infinita creatividad. Como paso previo a la pelota de cuero corriendo el arenal. Todavía no se había inventado el fulbito versión ridícula del fútbol con arco de palos. Corriendo la cancha de punta a punta. Fortaleciendo los músculos, sudando la camiseta. Igual sucedió con el baloncesto con aro colgado para ensayar puntería. El baloncesto mueve piernas y brazos. Despierta la inteligencia del deportista. Quien jugaba básquet a fuer del ejercicio crecía centímetros, sus manos eran firmes y sus movimientos resueltos.

El trompo una primorosa enseñanza de astronomía
El trompo era una enseñanza de astronomía fabricada primorosamente con zapote  por los torneros del  barrio. Los mejores trompos tenían corteza de zapote o de duro algarrobo. Una cuerda de pabilo, destreza pura para exhibirlo en el barrio. La perseverancia y mil y un intentos convertían a cualquier churre en maestro y un portento para quiñar el trompo de un contrincante castigado. Había trompos de todos los tamaños, con un poco de pintura y magia creativa los trompos se convertían en pieza colorida irrepetible. La púa roma era el secreto para que baile en la palma de la mano. Los tromperos del barrio tenían los nudillos lastimados de tanto recoger al trompo. La lección inolvidable: La tierra gira como un trompo.

Primorosas muñecas de trapo mejicanas
El yoyo con el que se practicaban mil y un movimientos. El dormilón, el columpio, el zumbador se practicaban horas y horas para convertirse en un diestro maestro del yoyo hábil en las demostraciones. Cuando se ponía de modo todo el mundo lo tenía en los bolsillos era un juego zanahoria para grandes y chicos en el arsenal del entretenimiento. Durante estos tiempos los mataperros buscaban horquetas de algarrobo para fabricar con jebe un tirador mata pájaros o para esas guerras interminables a pedrada limpia entre los vagos del barrio como con puntualidad memoriosa recuerda Federico Helguero.

Las niñas se entretenían con primorosas muñecas de trapo que por docenas llegaban al mercado fabricadas con retazos, rostro sonrosado con chapas carmesí de tela y moños. Los nombres eran sugerentes Chabelita, Chonita, Mechita. Ningún retazo de la costurera quedaba inutilizado. Con pasmosa creatividad se enriquecía el imaginario infantil. A ello se sumaban la ollitas y tiestos de barro, jarritas y platos diminutos para aprender el trabajo de la casa. Los demás era  imaginación pura y la fantasía contagiosa de los niños.

Sumemos a ese territorio de las ilusiones el juego a los gallos con las pepas de la lúcuma entre los niños de la sierra. La sampapala atada a un fino hilo con la que  desafiaban el vuelo de un avión imaginario. Las bolichas de  vidrio de colores para jugar a los ñocos. Los canutos de hilo recogidos del taller del sastre daban vida a poleas creativas de ingeniería diminuta. Con el palo de  la escobas  fabricaban cangas arrojadizas. El máximo premio era la bicicleta Monark para correr y fortalecer las piernas por las calles empastadas de cemento. Grandes trechos se cubrían en bicicleta. Famosas por su función pública eran las bicicletas del cartero, el telegrafista, el distribuidor puntual de La Industria y del Policía Municipal. Siempre se consideró a la bicicleta un invento sabio para toda la vida.

Hoy a contrapelo juguetes sofisticados inundan los mercados. Muñecas que estornudan y hablan. Dinosaurios que emiten sonidos atemorizantes y se desplazan movidos por sensores electrónicos. Juegos electrónicos computarizados con audífonos y dispositivos virtuales para simular guerras espaciales o partidos de fútbol sin  moverte del asiento. Sin contar armas  e instrumentos agresivos para el juego manido de una contienda persecutoria con armas de fuego. Siguen el monopolio, el ajedrez y otros juegos de mesa pervertidos como el de la ouija para intentar una comunicación con el más allá.

El juego, la actividad lúdica tiene  un papel  insustituible en el despertar de la inteligencia pues nos prepara para la vida. El niño que juega simula lo que va a ser y hacer en el futuro.  El juego ilumina con potente energía la vida interior y alivia las tensiones cotidianas. Las sociedades con niños y adultos que no juegan se tornan esquivas e inhumanas. El juego nos conduce progresivamente en el entorno normativo que ordena la existencia en un clima de respeto y tolerancia. El tramposo en el juego infantil, no nos extrañe, puede ser más tarde un evasor de impuestos o un ladrón de cuello y corbata. El que juega aprende a administrar sus frustraciones y se prepara para un desempeño mejor. El juego es un método muy creativo de aprender y aprehender nuevo conocimiento. El niño que cuenta pepas de tamarindo o bolitas penetra en el mundo del número con sutileza y aprende. El que construye su cometa y la prueba en pleno vuelo, se graduó insospechadamente en aeronáutica, geometría y ciencia espacial.

Hablando en las calles de Lima con un avieso domador de ratas. Le preguntamos ¿cómo es que se inició en ese inusual oficio? Me respondió que siendo niño descubrió la inteligencia y solidaridad entre los roedores jugando con ellos. Tienen hábitos sociales en apariencia imperceptibles a los humanos. Les encanta el juego. Ese aparecer y desaparecer que suelen demostrar en el mundillo doméstico pone en juego su capacidad inteligente. Su memoria les permite pasar por alto cualquier raticida confundido con comida. Y cuando pierden el miedo a los humanos suben sin temor a las manos y acaban haciendo demostración de su habilidad para erguirse en dos patas. Y si les das de comer son agradecidas. De niño jugaba con los pericotitos… con ellos descubrió a un viejo acompañante de la progenie humana. La rata.

Estimular el juego en los niños es una necesidad urgente. En Israel, los niños juegan en los campos entre orugas  y maquinaria agrícola abandonada simulando su trabajo futuro en el campo. Lo hacen con pasión y en aparente ingenua disciplina. En otras ocasiones saltan a la soga y se divierten en columpios y subibajas. En Japón los niños  se divierten jugando al tenis, el Go y al ajedrez ensayando jugadas geniales, siempre compiten en todo. En habilidades musicales ejecutando instrumentos, en uso de patines y deportes audaces. En el Perú, los niños pertrechados de pistolas juegan a policías y ladrones. Los juegos electrónicos favoritos en Internet son de inaudita agresividad. Algunos papás adquieren juguetes sofisticados para sus hijos. Los deportes cada día vienen a menos. Nos faltan más estímulos al ajedrez, al baloncesto, al fútbol, al tenis de mesa. No a esos deportes convertidos en pretexto para el consumo sabatino de alcohol. El deporte despierta el afán de competir y  tener un  mejor desempeño. A los juguetes tradicionales, eternos, generosos, añorados, compartidos, creativos, ingeniosos y siempre dispuestos a abrir los caminos inolvidables de la felicidad nuestra inolvidable gratitud.


lunes, 4 de diciembre de 2017

MIRAFLORES, EL PUENTE Y LA AVENIDA

Por: Miguel Godos Curay

Clamor vecinal:¡Que no se repita la inundación!
La premura con la que se abren y se cierran zanjas en la inundada urbanización Miraflores deja en el aire serios interrogantes.  ¿Las nuevas alcantarillas funcionarán realmente? ¿Se ha previsto un sistema paralelo de evacuación de aguas pluviales que son las que finalmente provocan el colapso de las redes? ¿Soportan las redes de alcantarillado las descargas de los centros comerciales y los nuevos edificios residenciales? ¿Continuarán los vertimientos altamente contaminados del Hospital Cayetano Heredia al río Piura? ¿Continuarán los viveros favorecidos por el municipio utilizando agua potable para el negocio  jardinero? Las mangueras riegan todo el día. ¿Funcionan los medidores? ¿Se acabará por fin el hedor de alcantarilla que hace 9 meses agravia a los miraflorinos? ¿Se acabarán por fin los aniegos de aguas negras y los desvíos por todas partes?

Lo propio sucede en el río Piura. Los teodolitos de adorno. Los motoristas  estacionan las máquinas para la finta y el resto un acomodo de arena imperfecto. Un niño cuando juega con arena a ingeniero acaba su obra con detalles. Cuando se improvisa se ve ese paisaje contrahecho de arena acumulada en diversos frentes. Movimientos de hormiga. Van y vienen. Las obreras trabajan las otras se detienen.  Desorden a la luz del día. De las aguas emergen lo que quedó de los puentes y los vestigios prehispánicos del Tajamar de Tacalá que no pudo demoler  Energoprojekt. El Piura, río veleidoso, examen final de la ingeniería civil permanece indiferente a los rascados de arena. Y en la orillas la construcción de otro puente diminuto, según los expertos, para descongestionar el tráfico de vehículos.

El puente San Miguel que de puente viejo sólo tiene el nombre cumple función decorativa. Solo reemplaza en funcionalidad al añejo puente de palos por donde trajinaban piuranos y tacaleños en la foto de Arturo Davies. No tiene sentido la inversión realizada. Empleado para el paso de vehículos livianos tendría una utilidad práctica legítima. Los puentes (Del lat. pons, pontis) se construyen en las ciudades  para servir a las necesidades de los vecinos, no son decoración urbana.  

Un puente es: “Construcción de piedra, ladrillo, madera, hierro, hormigón, etc., que se construye y forma sobre los ríos, fosos y otros sitios, para poder pasarlos”.  Sólo en Piura  los puentes son para mirarlos. Sólo en Piura los accesos a  los puentes tienen una serie de barreras para  los peatones y el transporte liviano. Una ambulancia con una gestante en pleno parto  que requiere atención urgente no podría pasar por el puente San Miguel. Lo  peor de lo peor: Los accesos laterales están bloqueados.

El diseño de un puente varía dependiendo de su función y del lugar  donde se encuentre. Los puentes son símbolos de la capacidad tecnológica de sus ingenieros. El Golden Gate (Puerta Dorada) de California, puente colgante  de 7.9 kilómetros de largo que une la península de San Francisco al norte con el extremo sur es un portento de la ingeniería. El ingeniero jefe del proyecto fue Joseph Strauss. Strauss supervisó al detalle la construcción. 

La obra enorgullece al constructor y a su equipo humano. Dicen las crónicas que amanecía y anochecía contemplando los avances. Animando a los obreros tras los percances. Cuidando el mínimo detalle. Su pasión fue tal  que participó en el trenzado de los cables de acero de los soportes. Lo único que no pudo hacer fue oponer su constructiva pasión a la afiebrada pasión suicida de más de mil 600  furtivos transeúntes que se arrojaron desde el puente. El delirio de la muerte acabó por convertirse en el espectáculo gratuito de miles de turistas.

Ni en la opulenta Babilonia de los jardines colgantes los puentes estaban de adorno. Un puente decorativo subutilizado es como la arquitectura de maquetas. Son extraordinariamente bellas pero no cumplen una utilidad práctica y funcional. La realidad es distinta. Los aprendices holgazanes de arquitectura requieren  hoy a  maqueteros expertos para sus proyectos. No los hacen se los hacen. El crecimiento de las facultades de arquitectura y el boom inmobiliario  ha convertido en Piura, en próspero  negocio, el ploteo, el diseño y la copia y re-copia de proyectos escasos de originalidad más de lo mismo. El examen final de un sismo acabaría con estas versiones ordinarias de la torre de Babel por los suelos.

Así andamos atrasados  como el parpadeo de los semáforos. Con ninguna pista transitable, con las aceras agrietadas por la falta de cemento, con los árboles arrancados de cuajo. Con la facilona hipótesis de quienes sostienen que la avenida Sánchez Cerro sin árboles encaja con la mesa pelada de la avenida Vice. Mucho cemento ni un árbol que aplaste la monotonía insoportable del paisaje urbano.  Mientras tanto prosigue la siembra de bloquetas de menor grosor en la  Sánchez Cerro.  La obra  cuesta 77 millones 932 mil 914 soles. La descolmatación del río Piura cuesta 320 millones.  El equivalente aproximado  a cuatro remodelaciones de la avenida Sánchez Cerro. Como en el juego del chulo-chulo ferial …el diablo maldito se lo lleva todito.

Avanza la Sánchez Cerro. Según los mortificados vecinos sin aún espacio visible para áreas verdes. Junto al trajín de la constructora la basura acumulada por todas partes. Con los accesos inaccesibles. Con el principal centro de abastos convertido en el laberinto de una enorme ratonera. Pronto-dicen- se iniciará la construcción de la nueva piscina olímpica de Piura. El bypass en la desarbolada avenida. Pero ahí estamos respirando polvo en el carrusel de los desvíos con el cuento de la reconstrucción y el progreso urbano. Ay Miraflores…. Miraflores  sin flores  que mirar.


sábado, 11 de noviembre de 2017

UN ALGARROBO SIMBOLIZA LA VIDA


Por: Miguel Godos Curay
Desolador aspecto de la avenida Sánchez Cerro frente al mercado central
Un algarrobo simboliza la vida. Entre sus ramas, escribe Rafael Otero, se columpian nidos de aves que al amanecer trinan  y que hoy sin saber donde alojarse tiritan y mueren. Un árbol es mucho más que la apariencia.Es oxígeno puro. Es el aire que revitaliza y el frescor  durante el verano. Un algarrobo como los aserrados de cuajo, salvajemente,  convierte un metro cúbico de agua en cuatro kilos de madera. Es sombra cuando el sol se torna inclemente. Un árbol es vida que preserva la vida. Abastece el fogón del pobre con sus ramas secas.

Rafael Otero aún recuerda como se le pegaban los dedos con el cisco de las  carbonerías cerca al Club de Tiro. Los mataperros  de aquel entonces acudían  a la estación del ferrocarril a cargar  maletas a cambio de algunas pesetas. Diariamente acudían a la estación a verificar el arribo del tren de Paita. Los más diestros y expertos colocaban el oído en los rieles y vislumbrar la proximidad del tren. El lugar de espera favorito eran los bosques de algarrobos entre los arenales a inmediaciones del Club de Tiro, hoy Club Grau, allí echados en la arena disfrutaban del follaje hermoso de los algarrobos. Ahí surgió elemental  la emoción que dio vida a Mis Algarrobos, su terrígena composición. Fue una emoción irrepetible. Ahí  nació: “ Verdes mis algarrobos verdes….”

Las referencias de Miguel Gutiérrez en La Violencia del Tiempo son  ilustradamente exquisitas: “El doctor González caracteriza al algarrobo ( Prosopis chilensis y Prosopis limensis) como “una leguminosa de hojas caducas, tronco torcido, ramas abiertas en sombrilla, follaje de verde oscuro, cuyo fruto es una vaina  de amarillo espeso y de intensa dulzura; hunde sus raíces a una profundidad de quince o dieciocho metros y llega a alcanzar hasta veinte metros de altura; cubre miles de kilómetros entre el despoblado y las zonas situadas en  las riberas costeñas de los ríos Chira y Piura”. Si el algarrobo es el árbol prominente (“árbol milagroso”, lo llama  Sansón Carrasco, pues provee al hombre de madera, combustible y forraje), el término algarrobal o (algarrobal-zapotal) alude a arboledas o a bosques degradados propios del despoblado, Con el tratado del doctor González en mano y con la guía de los leñadores y pastores de la zona, Martín pudo reconocer una parte por lo menos de las variedades de árboles que crecen y conviven a la sombra de los algarrobos.”

Trepar un árbol en donde no existen las cumbres, para los churres, es una experiencia humana irrepetible. En Piura no trepan los caídos del guabo, los estultos, los tontos de capirote, los pisa huevos, los toma tu leche, los que no caminan sin zapatos, los que nunca se bañaron calatos en el río, los que no juegan con barro, los que nunca atraparon una sampapala  para atarla a un hilo y jugar con ella al  vuelo maravilloso de una avioneta con vida propia. Los juguetes de antes eran el trompo, el aro, el maromero, la pelota  y las muñecas de trapo. En tiempos de ventisca las cometas. Otros coleccionaban lagartijas y capazos. Guardaban grillos en Cajas de zapatos para vislumbrar la lluvia.  

Amar un árbol es amar la vida. Por eso en las incursiones por el despoblado apedreamos leñateros cuando salvajemente cortaban sus tallos. Nuestros abuelos colgaban hamacas para la siesta de sueños irrepetibles. Ayer, durante las vacaciones escolares, recogíamos algarroba para venderla como forraje por quintales. Y era bueno el ejercicio. De paso dejábamos la ciudad sin tamarindos para el jarabe de la raspadilla. Hoy nuestro antojo favorito sabe a tinta, tiene color pero le falta sabor. Eran otros tiempos. Atesorábamos pepas de tamarindo, y al cernir  la boñiga de las cabras nos quedaban las semillitas negras  del algarrobo listas para la siembra. Trajinaba Piura de norte  a sur y de sur a norte el manso piajeno del lechero, la verdulera o el aguatero. Hatos de cabras recorrían los despoblados para retornar al caer la tarde a los corrales. Se bebía hectolitros leche de cabra, propicia para que el queso y la natilla. La leche en polvo o en lata que se consumía en los campamentos de Talara era todo un misterio.

Crecimos entre algarrobos de troncos sarmentosos querendones como los abuelos. El algarrobo, tiene fuste y copa foliar. La copa es verde. Según nos dijeron entre los arenales resecos las raíces del algarrobo buscaban los invisibles torrentes freáticos para aplacar su sed y crecían. Hoy como las redes  de tubería de los roba agua están en la superficie, no extiende sus raíces al subsuelo y se nutre de las fugas de estas conexiones clandestinas. Entonces su enorme peso los trae por los suelos. No es un árbol malvado, sucede como en el dicho “en la cabeza del cholo cualquiera es peluquero” quienes los podan  nunca los han tratado con afecto y con ternura. Decía mi abuelo que tenía pasión por un añejo algarrobo frente a su casa del jirón Meléndez en Paita. Este árbol es una bendición. Refresca en el verano y sus ramas secas calientan el invierno.

Con su vidriosa goma me preparó mi primer gomero para pegar coloridos cromos, trabajos manuales, libros  deslomados. Juntaba goma en cantidades inimaginables  para preparar con cal pintura para blanquear la frontera de la casa. Con la goma y una pluma de gallina cubría las heridas porque en su costra no se reproducía ninguna bacteria. Con las ramas verdes hervidas había tisana para la higiene de las paridas. La flor de la ceniza cernida cicatrizaba ombligos de los recién nacidos antes de inventarse el polvo secante.

La vieja arquitectura piurana utilizaba durmientes de algarrobo. Las cruces de los cementerios incorruptas y centenarias eran de algarrobo. La mejor leña y el carbón  se obtenían de sus ramas secas. Los durmientes del ferrocarril que unía a Paita con Piura y Sullana fueron su incondicional aporte al progreso. De sus vainas doradas, que los niños mordisqueábamos por su dulzor se alimentaban cabras y piajenos. Las abuelas las hervían para preparar yupizín nutritivo y cuando no elaborar la melaza tonificante llamada algarrobina. Tónico para recién casados y dulce para las mejores ocasiones. El burro, o piajeno piurano debe su fortaleza muscular a la algarroba.

La remodelación de la Sánchez Cerro es una brutal masacre de algarrobos. Como observan los vecinos se están colocando bloquetas de cemento en todas partes. Los espacios para áreas verdes no existen porque según los inteligentes técnicos de Cosapi impedirán la visión de los conductores. El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de la obra es un documento inaccesible. Tampoco la Fiscalía del Ambiente interviene en este aleve arboricidio.

Un árbol necesita espacio, la tierra respira. Cuando por remodelar la Plaza de Armas de Piura y colocarle loseta se sacó el recoche, el ladrillo recosido, que sostenía las baldosas los viejos algarrobos, ficus y tamarindos sembrados por Don Francisco Reusche se vinieron por los suelos. Ayer, nuestra Plaza de Armas era fresca,parroquial, íntima y hermosa. Hoy con las justas mantiene en pie los pocos árboles que tiene. Lo acontecido en la remodelación de la Sánchez Cerro es  un desgarro del alma de Piura en el espinazo de la ciudad.

Anota Reynaldo Moya: “en el desierto de plata refulgen verdes las esmeraldas”. Son las copas de esos algarrobos añejos y centenarios que se resisten a morir. La ingratitud al galope es capaz del peor de los abusos. ¡Que Piura tan indiferente a la brutalidad! ¿Qué Piura tan despojada de sí misma? ¿Qué Piura tan estafada por los ilusionistas de la modernidad? ¿Qué Piura tan extraviada incapaz de reconstruirse moralmente a sí misma? ¿Qué Piura tan lotizada, canibalizada, rematada, depredada, despojada, olvidada, desintegrada de su propia esencia? ¿Qué Piura tan engatusada por la reconstrucción  cuando se avecinan las lluvias? ¿Qué Piura tan indiferente a las siete plagas? ¿Qué Piura tan desmemoriada y embalsamada al mismo tiempo? Ayer repetía el poeta José Ramón de Dolarea: “Bajo el cielo de Piura descansa el alma entre algarrobos verdes y arenas blancas” Hoy los algarrobos están tristes y las arenas desoladas.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA SEÑORA MUERTE

Por: Miguel Godos Curay

La muerte es un dejar de ser. El que muere ya no es. ¿Tiene sentido el morir humano? Morir duele porque  nos desconecta  de los sentimientos a los que amamos. El filósofo español José Luis López Aranguren (1909-1996), enumera  las actitudes humanas que despierta: Hay una muerte  eludida, la apropiada, la absurda, la negada y la buscada. Vivir sin pensar en morir es una ilusión. Todo pasa y todo queda, dice el poeta. Eludir a la muerte es un olvido aparente. En realidad somos transitorios y efímeros. Vana pretensión de atrapar el aire con la yema de los dedos.  La muerte apropiada es parte constitutiva del ser. El poeta Jorge Manrique (1440-1479) es muy explícito  al definirla:Nuestras vidas son los ríos /que van a dar en la mar,/que es el morir;/allí van los señoríos/ derechos a se acabar/y consumir;/allí los ríos caudales,/allí los otros medianos/y más chicos,/y llegados, son iguales/los que viven por sus manos/ y los ricos”.

Muerte absurda es una mirada de desconcierto ante el cuerpo sin vida de Marilyn Monroe. Es la muerte sin sentido que nos deja sin aliento. Es el pasmo frente al terror. La hemos sentido en la mesa de la morgue ante el cadáver  de un joven  suicida. La desolación golpea todo lo que toca. La muerte negada es otra manifestación visible de la elusión. Es la explicación inexplicable de la  universal costumbre de sacar a los muertos de los hospitales por el postigo. En Piura, el muerto entra al nicho de la misma forma con la que vino al mundo. El rezo dura nueve días en los que según la tradición no se barre. Y se mantiene un vaso con agua para la sed eterna del ausente.

Hoy los cadáveres son embellecidos y maquillados como si estuvieran  vivos. Abundan los analgésicos, ansiolíticos y anestésicos para que el moribundo no sea consciente de su muerte inminente. Peluqeros,  expertos en el arte de embellecer preservan su ajuar que atrae a los vivos.  A ello se suman las “mentiras piadosas” de los galenos para  esperanzar falsamente al moribundo atenuando la desesperación y vendiéndole expectativas de vida cuando la muerte está próxima.

Acuérdate de la virgen porque te vas a morir resuena el verso lorquiano. Sentir la muerte cerca es una experiencia humana inagotable. Sopor intenso que humedece el lecho, ronquera, sumada a los ruegos. La rigidez y la pérdida del aliento frente al espejo como prueba final de los abuelos. Mirar a la abuela y sentir su placidez envidiable. Mortaja según sus deseos. No hay lágrimas en los ojos. Es el rito postrero de la familia.

Francisco de Asís, agobiado por la enfermedad  y consumido por la ceguera advertido por los médicos de la proximidad del final prorrumpió: "¡Bienvenida, hermana Muerte!" era el  3 de octubre de 1226.  Después de escuchar la lectura de la Pasión del Señor según San Juan. Francisco quedó en total silencio. Tenía solo 44 años. Esperaba a la muerte como compañera al final del camino. Heidegger (1889-1976) distingue entre el arrebato físico de la vida y la pre-ocupación. Pre-ocuparse es anticiparnos a nuestra propia muerte. Con o sin angustia y hasta con ironía y humor.

El maestro Víctor Delfín recuerda que  era costumbre de familia comprar un ataúd a la medida el que envuelto en papel bolsa se colocaba en la tranca  de la casa de Bellavista, en el Bajo Piura, como una insólita encomienda. El depositario anualmente lo limpiaba con charol y trementina, lo probaba, hasta que llegara el día. Otros puntillosos de las decisiones postreras elegían  el lugar para descansar,  el paisaje acogedor sin mala compañía. Apuntando a un rincón preferido como expresión del último deseo.

Es la historia  vital de Joaquín Schwalb López Aldana. Se internó en el desierto de Sechura durante catorce años. Fue el visionario de su enorme riqueza. Se enamoró perdidamente de él y fue presa de sus arrobadores y misteriosos encantos. Muerto el 2 de junio de 1996,  las cenizas del zahorí, fueron esparcidas entre las dunas y  los arenales que mueven los vientos. El polvo de sus huesos se confundió con la tierra que amó irresistiblemente. Ese fue su último deseo. Morir para vivir ahí donde el mar besa la tierra.

La ironía frente a la muerte es refrescante. José Guadalupe Posada (1852-1913) el ilustrador y caricaturista mejicano hizo de la muerte el personaje risible de sus ocurrencias. Sus calaveras, calacas, catrinas son inolvidables. De sus manos  y pinceles surgieron calaveras montadas a caballo, en bicicleta,  que desnudaban las lacras sociales, la miseria y los yerros de los encumbrados políticos del país. 

La Calavera, fue también personaje de Diego Rivera, denunciando a través del grabado a los  indígenas enriquecidos por la corrupción. Despreciando sus orígenes y costumbres, subyugados por las modas europeas.  “La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida (…) Una sociedad que niega la muerte, niega también la vida" anota Octavio Paz en El Laberinto de la soledad. El mejicano no teme a la muerte sino la angustia de la vida llena de angustias y sufrimientos.

La muerte absurda es la inesperada. Llega sin que nadie la anticipe o la llame.  Sartre (1905-1964) se interroga abiertamente.  ¿La muerte es la continuación de mi vida sin mí o la nada? Una ausencia de posibilidades frente a un imposible. Nos quedamos entre la nada absoluta o la presencia de Dios. San Pablo dice: “ninguno muere para sí mismo, morimos para el Señor”.

La muerte eludida es una forma de evasión.  López Aranguren puntualiza “La muerte, hoy por hoy, no puede ser eliminada. Pero la preocupación por la muerte sí”. Por eso los viejos imitan y se comportan como jóvenes. No sólo utilizan atuendos coloridos y desencajados sino asumen formas de vida fuera de contexto. Hoy la prolongación de la vida hace prósperos a los grandes negocios farmacéuticos. El pobre se resigna a morir, el rico invierte en prolongar su vida por todos los medios. Poco a poco, nos olvidamos de la muerte cristiana con viático. Del rito familiar de consuelo y despedida. De la bendición postrera y de la oración conjunta. De la resignación esperanzada en la resurrección de Cristo. La muerte tiene un  sentido ético profundo como último acto humano. Un retorno irrepetible e ineludible. Un dejar concluida la tarea. Un se acabó y punto final.


viernes, 13 de octubre de 2017

EL CAUTIVO LINDO DE AYABACA

Por: Miguel Godos Curay

El Obispo de ChulucanasMonseñor Daniel Turley venera al Cautivo de Ayabaca
El frío mañanero de Ayabaca penetra hasta los huesos, cientos de peregrinos duermen en la anchurosa plaza. Ahí están los trajinantes de todos los caminos. Los devotos agradecidos, los cofrades que todo octubre lo consagran al Señor. No faltan los desahuciados por la ciencia, arrepentidos presidiarios que lo tienen tatuado en el pecho, niñas que al nacer entregaron su cabellera y se la cortaron a los quince años para entregarla al Cautivito. Por los caminos con el pensamiento puesto en Ayabaca marchan en busca de Cristo tantos hijos arrepentidos. El peregrinaje es una especie de atletismo de la fe. Se requiere voluntad férrea, si los paralíticos andan y los ciegos recuperan la visión  esta caminata es un ponerse en los caminos del Señor.

El Cautivito es un Cristo lacerado, su rostro condensa el dolor y el sufrimiento. Algunos lo llaman Negrito lindo, morenito, taitito Dios. Su efigie recorre el mundo. Estampas con rebordes bordados, detentes, composiciones fotográficas con bombillos para adornar salas, polos pintados, imágenes de yeso y palo santo. Pero también vienen de acrílico de buen acabado venidas de China. Medallas, llaveros, discos de CD. Ex votos, milagros, de oro y plata todo para el Señor. Conforme a la tradición arde la cera en el santuario de Ayabaca. La capital provinciana es un hormiguero humano, peruanos y ecuatorianos, dan vida a la feria pueblerina donde los viandantes compran bocadillos de Socchabamba, alfeñiques, calaveras y colasiones. Membrillos y manjares. Todos los dulzores se concentran en calles y callejones.

Ponchos granate, moros y color del cielo. El sol entre las nubes ilumina el amanecer andino. Emisoras de Perú y Ecuador se escuchan en Ayabaca. Albazos y cumbias alegran. Todo el fervor se reconcentra entre los cerros de Ayabaca. La iglesia está llena de  fieles que con lágrimas en los ojos vidriosos tienen puestos sus agradecimientos estremecidos ante el mismo Dios. El Perú es una nación de arraigada tradición cristiana. Taitacha de los Temblores es el patrón jurado del Cuzco.  Tarma venera al Señor Muruhuay. El Señor de los Milagros es expresión, en el Perú colonial, del mestizaje de indios y negros del barrio de San Lázaro.

En Piura el Cautivo es expresión de una antigua tradición popular cuyos orígenes son  ya una leyenda. Las abuelas cuentan la historia de dos santeros  a quienes los alcaldes comuneros dieron el encargo de tallar una imagen del Señor para la veneración. Tras 21 días de faena encerrados en la sacristía y sin  noticias ingresaron al recinto encontrando las provisiones intactas y la imagen del Señor ante quien se hincaron de rodillas. La efigie es hechura de ángeles.

Los ayabaquinos refieren las cabalgatas del Señor por el cerro Campanario para defender Ayabaca en plena guerra con Chile. Otros hablan de su mirada penetrante y respetosa que te abre el corazón. Otros dicen haberlo visto en el quirófano alentando a los médicos en su labor. Vientres estériles dieron fruto, aunque usted no lo crea, el Señor es milagroso. Una vieja conversadora en los pasillos del Hospital Reátegui cuenta que ella se levanta muy temprano para conseguir turno. En cierta ocasión un mototaxi se detuvo y bajaron dos sujetos para asaltarla. Ella solo atinó a sacar la estampa del Cautivo que estaba en su cartera y colocarla como defensa mientras gritaba a viva voz “¡Aléjate Satanás! Los sujetos salieron despavoridos. El señor me protege siempre. Muchas veces no tengo ni para el mercado, pero siempre, rebusco en la cartera y aparecen algunas monedas. Estoy segura que mi negrito se acuerda de  mí y me da. No me deja morir.

Octubre se viste de morado en el memorial de Cristo en el Perú andino. Todos los caminos conducen a Ayabaca. Es un pueblo que camina al encuentro del  Señor. Cristo de los pobres, Cristo de los Cautivos, Cristo que estremece a los descreídos y blasfemos. Sí Señor. Había un regidor que repetía que la religión es el opio del pueblo. Y verá usted que de pronto la camioneta que lo conducía rodó por una quebrada y el ateo  en este trance de muerte repitió: “Sálvame y perdóname  Cautivito”. Así es la historia. Hoy es uno de los asiduos de la procesión vestido de hábito morado. El Señor es milagroso. Te acaricia con sus dedos el mismo corazón.


martes, 19 de septiembre de 2017

CORREO DE LOS 55

Por: Miguel Godos Curay

Cuando los diarios cambian de dueño les sucede lo mismo que a los inmuebles recién alquilados o con nuevo propietario. Primero les cambian el rostro con algunas manos de pintura. Y posteriormente los transforman de acuerdo al personal interés del nuevo propietario. Es la misma impresión que le provocó a Mario Vargas Llosa la visión de la casa donde vivió junto a su abuelo convertida hoy en un concurrido chifa. Es lo que ha sucedido con Correo el proyecto periodístico de Luis Banchero Rossi puesto en marcha en Piura en 1962  por Raúl Villarán. La visión no puede ser más distante que un espejismo de recuerdos. El taller de impresiones en cuya rotativa alguien dejó la falange de sus dedos. Ya no existe. La placa inaugural del nuevo taller en la zona industrial en donde Correo confirmaba su apuesta por la regionalización es una reliquia de un pasado fascinante. Un sumergirse en la vida de un combatiente de causas imposibles nunca vencido. Una gloria tejida con recuerdos de ilusión pertinaz y de trajinada bohemia. El diario frecuentado por don Pedro Miguel Arrese el inolvidable compositor de Alma Mía. Ya no existe. La redacción trajinada por el P. Lau don Augusto Feijoó Sánchez en busca de los “jodedores de pruebas” - así llamaba a “los correctores”- que  a diestra y siniestra hacían puré de las rimas consonantes de sus versos es un recuerdo entrañable. Los reporteros de libreta y pluma. Los sabuesos de carne y hueso Los lectores insobornables y empedernidos. Los analistas destetados con jarabe de política. Los cronistas con vuelo de literatura y de novela. Los apasionados insobornables. Los soñadores con los ojos abiertos. Los dueños de las sonoras carcajadas a mandíbula batiente de felices ocurrencias. Los protagonistas del rito de la amistad en el café Zelada. Los asiduos concurrentes de la Mas-carita por su cerveza helada. Los devotos del sancochado y el caldo de pata de toro. Ya se fueron. Los amigos inolvidables que alimentaron el vehemente  afán por la lectura y   permitían a los novicios asomarse a las huellas de su trayectoria humana.  Ya no existen son dulce compañía de viejos recuerdos. Son más los muertos que los vivos como si fuera una contabilidad de los ausentes. Ayer el jirón Ica concentraba al pueblo en inolvidables serenatas. Hoy todo es silencio. Como si se tratase de un adiós a las armas. Como si en el estadio los del viejo equipo se hubiesen quedado sin camisetas.

Tantas anécdotas deshojadas.Poco o nada queda del ayer por esa conspiración negligente del fuego que consumió la hemeroteca y los archivos fotográficos. De Correo sólo quedan los ejemplares que conserva y preserva la Biblioteca Municipal y la hemeroteca del Cipca. Rescatar esta memoria de historia piurana es un desafío. Los nuevos redactores son una legión desmemoriada que con sus abrumadores y aburridos textos ignora que Correo siempre fue un diario de texto corto, ágil, ameno como el Daily Mirror. Con una titulación sugerente que animaba la lectura. Diario de campañas por la industrialización del departamento, la modernización de la agricultura. Su principal batalla fue el Proyecto Chira-Piura. Siempre estuvo a primera hora junto con el pan  en los villorrios de Piura y Tumbes. Hoy se imprime en Chiclayo por el prematuro vaivén de la modernidad. Y en eso le aventajan sus competidores que cierran la edición más tarde. Requejo advierte que su mayor pecado fue en algún momento el de ser un “diario a control remoto”. Las pretensiones  empresariales desbordan muchas veces el interés por los lectores. El profesor Carlos Soria señaló con reiteración que un diario de Piura y para los piuranos debe tener el sabor de un seco de cabrito. No el de un menú insípido del apuro. Como se dice en perfecto piurano “bueno es culantro pero no tanto”. Debe asumir con pasión las causas de esta Piura provinciana que reconstruye sus canales de riego y que aporta ingentes beneficios a la economía nacional. No quiere un diario que camine a pie juntillas, complaciente y timorato. Sino un genuino huracán en la opinión pública que despierte del ensueño a sus autoridades y ciudadanos. La Piura de Grau se ha convertido en un eufemismo medallero  para el lucimiento muy distante de la Piura que se coloca de pie ante un Estado que la mira desde lejos y a la que le exige lo que por justicia y derecho le corresponde.

Correo tiene invicta esa dignidad de diario popular voceado en todos los callejones por sus batallas de papel y tinta. Por el escozor que  provocaba en políticos y la indignación de sus lectores. Por el gracejo de sus comentarios con sal y pimienta. Por sus aciertos en los anticipos de la noticia. Por su servicio indeclinable a la cultura. Por su identidad a manos llenas con los de abajo que muchas veces repetían “a mí en el desayuno me bastan mi pan de Cotos, mi café de olleta y mi diario Correo” La redacción de Correo tenía el esplendor y la vitalidad de una olla de grillos. Sus causas irrepetibles fueron siempre nobles. Ahí el día a día, en las viejas Remington, con las cuartillas borroneadas se escribió la historia de Piura. La gramática habitaba la memoria y la ortografía era una consulta obligada a los viejos redactores. La redacción silenciosa de hoy es como una unidad de cuidados intensivos de hospital. La vieja redacción era nervio, latido y grito, Pasión y garra al mismo tiempo por la primicia. El silencio de las PC no tiene el ritmo del tecleado de una redacción en plena ebullición. La noticia se perseguía con los cinco sentidos. La letra impresa, la nota firmada daba cuenta de la audaz pluma. En la soledad reflexiva con el silencio mañanero llegaban los redactores ahí surgía el editorial en la dirección del diario. Correo del jirón  Ica 772 era un avispero. Un panal de curiosidad humana. Los talleres, los crisoles, las tituladoras Ludlow, los linotipos, las insoladoras, herramientas de esa alquimia de la palabra son un vaporoso memorial de aquel tiempo en que una cámara fotográfica era como un fusil con 36 tiros administrados por el cazador de noticias. Los periodistas no padecían ese mal del amaneramiento y las pestañas rizadas. Mañas de señoritas torturadas por la dieta y el deporte cojudo de pedalear bicicleta hasta la extenuación sin  desplazarse. Eran señores con una indescriptible capacidad humana de no sentirse pequeños con los grandes ni grandes con los pequeños. Caminaban  para sentir el aire de la calle.  Su encuentro cotidiano con las noticias era una gimnasia viva. La noticia compartida en aquel entonces  nunca fue noticia. La genuina noticia era la primicia que ocupaba las primeras planas. Las notas de prensa servían para secarse las manos. Y las conferencias de prensa un ritual desacomedido, un atropello a los periodistas zahorí que huían de los bocaditos. Los cazadores de noticias son hoy una especie extinta. Los condecorados por el decoro ya se fueron. Correo cumple 55 años me lo recuerdan con sincera gratitud los  viejos lectores que aún no olvidan esta hazaña inolvidable.