sábado, 11 de noviembre de 2017

UN ALGARROBO SIMBOLIZA LA VIDA


Por: Miguel Godos Curay
Desolador aspecto de la avenida Sánchez Cerro frente al mercado central
Un algarrobo simboliza la vida. Entre sus ramas, escribe Rafael Otero, se columpian nidos de aves que al amanecer trinan  y que hoy sin saber donde alojarse tiritan y mueren. Un árbol es mucho más que la apariencia.Es oxígeno puro. Es el aire que revitaliza y el frescor  durante el verano. Un algarrobo como los aserrados de cuajo, salvajemente,  convierte un metro cúbico de agua en cuatro kilos de madera. Es sombra cuando el sol se torna inclemente. Un árbol es vida que preserva la vida. Abastece el fogón del pobre con sus ramas secas.

Rafael Otero aún recuerda como se le pegaban los dedos con el cisco de las  carbonerías cerca al Club de Tiro. Los mataperros  de aquel entonces acudían  a la estación del ferrocarril a cargar  maletas a cambio de algunas pesetas. Diariamente acudían a la estación a verificar el arribo del tren de Paita. Los más diestros y expertos colocaban el oído en los rieles y vislumbrar la proximidad del tren. El lugar de espera favorito eran los bosques de algarrobos entre los arenales a inmediaciones del Club de Tiro, hoy Club Grau, allí echados en la arena disfrutaban del follaje hermoso de los algarrobos. Ahí surgió elemental  la emoción que dio vida a Mis Algarrobos, su terrígena composición. Fue una emoción irrepetible. Ahí  nació: “ Verdes mis algarrobos verdes….”

Las referencias de Miguel Gutiérrez en La Violencia del Tiempo son  ilustradamente exquisitas: “El doctor González caracteriza al algarrobo ( Prosopis chilensis y Prosopis limensis) como “una leguminosa de hojas caducas, tronco torcido, ramas abiertas en sombrilla, follaje de verde oscuro, cuyo fruto es una vaina  de amarillo espeso y de intensa dulzura; hunde sus raíces a una profundidad de quince o dieciocho metros y llega a alcanzar hasta veinte metros de altura; cubre miles de kilómetros entre el despoblado y las zonas situadas en  las riberas costeñas de los ríos Chira y Piura”. Si el algarrobo es el árbol prominente (“árbol milagroso”, lo llama  Sansón Carrasco, pues provee al hombre de madera, combustible y forraje), el término algarrobal o (algarrobal-zapotal) alude a arboledas o a bosques degradados propios del despoblado, Con el tratado del doctor González en mano y con la guía de los leñadores y pastores de la zona, Martín pudo reconocer una parte por lo menos de las variedades de árboles que crecen y conviven a la sombra de los algarrobos.”

Trepar un árbol en donde no existen las cumbres, para los churres, es una experiencia humana irrepetible. En Piura no trepan los caídos del guabo, los estultos, los tontos de capirote, los pisa huevos, los toma tu leche, los que no caminan sin zapatos, los que nunca se bañaron calatos en el río, los que no juegan con barro, los que nunca atraparon una sampapala  para atarla a un hilo y jugar con ella al  vuelo maravilloso de una avioneta con vida propia. Los juguetes de antes eran el trompo, el aro, el maromero, la pelota  y las muñecas de trapo. En tiempos de ventisca las cometas. Otros coleccionaban lagartijas y capazos. Guardaban grillos en Cajas de zapatos para vislumbrar la lluvia.  

Amar un árbol es amar la vida. Por eso en las incursiones por el despoblado apedreamos leñateros cuando salvajemente cortaban sus tallos. Nuestros abuelos colgaban hamacas para la siesta de sueños irrepetibles. Ayer, durante las vacaciones escolares, recogíamos algarroba para venderla como forraje por quintales. Y era bueno el ejercicio. De paso dejábamos la ciudad sin tamarindos para el jarabe de la raspadilla. Hoy nuestro antojo favorito sabe a tinta, tiene color pero le falta sabor. Eran otros tiempos. Atesorábamos pepas de tamarindo, y al cernir  la boñiga de las cabras nos quedaban las semillitas negras  del algarrobo listas para la siembra. Trajinaba Piura de norte  a sur y de sur a norte el manso piajeno del lechero, la verdulera o el aguatero. Hatos de cabras recorrían los despoblados para retornar al caer la tarde a los corrales. Se bebía hectolitros leche de cabra, propicia para que el queso y la natilla. La leche en polvo o en lata que se consumía en los campamentos de Talara era todo un misterio.

Crecimos entre algarrobos de troncos sarmentosos querendones como los abuelos. El algarrobo, tiene fuste y copa foliar. La copa es verde. Según nos dijeron entre los arenales resecos las raíces del algarrobo buscaban los invisibles torrentes freáticos para aplacar su sed y crecían. Hoy como las redes  de tubería de los roba agua están en la superficie, no extiende sus raíces al subsuelo y se nutre de las fugas de estas conexiones clandestinas. Entonces su enorme peso los trae por los suelos. No es un árbol malvado, sucede como en el dicho “en la cabeza del cholo cualquiera es peluquero” quienes los podan  nunca los han tratado con afecto y con ternura. Decía mi abuelo que tenía pasión por un añejo algarrobo frente a su casa del jirón Meléndez en Paita. Este árbol es una bendición. Refresca en el verano y sus ramas secas calientan el invierno.

Con su vidriosa goma me preparó mi primer gomero para pegar coloridos cromos, trabajos manuales, libros  deslomados. Juntaba goma en cantidades inimaginables  para preparar con cal pintura para blanquear la frontera de la casa. Con la goma y una pluma de gallina cubría las heridas porque en su costra no se reproducía ninguna bacteria. Con las ramas verdes hervidas había tisana para la higiene de las paridas. La flor de la ceniza cernida cicatrizaba ombligos de los recién nacidos antes de inventarse el polvo secante.

La vieja arquitectura piurana utilizaba durmientes de algarrobo. Las cruces de los cementerios incorruptas y centenarias eran de algarrobo. La mejor leña y el carbón  se obtenían de sus ramas secas. Los durmientes del ferrocarril que unía a Paita con Piura y Sullana fueron su incondicional aporte al progreso. De sus vainas doradas, que los niños mordisqueábamos por su dulzor se alimentaban cabras y piajenos. Las abuelas las hervían para preparar yupizín nutritivo y cuando no elaborar la melaza tonificante llamada algarrobina. Tónico para recién casados y dulce para las mejores ocasiones. El burro, o piajeno piurano debe su fortaleza muscular a la algarroba.

La remodelación de la Sánchez Cerro es una brutal masacre de algarrobos. Como observan los vecinos se están colocando bloquetas de cemento en todas partes. Los espacios para áreas verdes no existen porque según los inteligentes técnicos de Cosapi impedirán la visión de los conductores. El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de la obra es un documento inaccesible. Tampoco la Fiscalía del Ambiente interviene en este aleve arboricidio.

Un árbol necesita espacio, la tierra respira. Cuando por remodelar la Plaza de Armas de Piura y colocarle loseta se sacó el recoche, el ladrillo recosido, que sostenía las baldosas los viejos algarrobos, ficus y tamarindos sembrados por Don Francisco Reusche se vinieron por los suelos. Ayer, nuestra Plaza de Armas era fresca,parroquial, íntima y hermosa. Hoy con las justas mantiene en pie los pocos árboles que tiene. Lo acontecido en la remodelación de la Sánchez Cerro es  un desgarro del alma de Piura en el espinazo de la ciudad.

Anota Reynaldo Moya: “en el desierto de plata refulgen verdes las esmeraldas”. Son las copas de esos algarrobos añejos y centenarios que se resisten a morir. La ingratitud al galope es capaz del peor de los abusos. ¡Que Piura tan indiferente a la brutalidad! ¿Qué Piura tan despojada de sí misma? ¿Qué Piura tan estafada por los ilusionistas de la modernidad? ¿Qué Piura tan extraviada incapaz de reconstruirse moralmente a sí misma? ¿Qué Piura tan lotizada, canibalizada, rematada, depredada, despojada, olvidada, desintegrada de su propia esencia? ¿Qué Piura tan engatusada por la reconstrucción  cuando se avecinan las lluvias? ¿Qué Piura tan indiferente a las siete plagas? ¿Qué Piura tan desmemoriada y embalsamada al mismo tiempo? Ayer repetía el poeta José Ramón de Dolarea: “Bajo el cielo de Piura descansa el alma entre algarrobos verdes y arenas blancas” Hoy los algarrobos están tristes y las arenas desoladas.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA SEÑORA MUERTE

Por: Miguel Godos Curay

La muerte es un dejar de ser. El que muere ya no es. ¿Tiene sentido el morir humano? Morir duele porque  nos desconecta  de los sentimientos a los que amamos. El filósofo español José Luis López Aranguren (1909-1996), enumera  las actitudes humanas que despierta: Hay una muerte  eludida, la apropiada, la absurda, la negada y la buscada. Vivir sin pensar en morir es una ilusión. Todo pasa y todo queda, dice el poeta. Eludir a la muerte es un olvido aparente. En realidad somos transitorios y efímeros. Vana pretensión de atrapar el aire con la yema de los dedos.  La muerte apropiada es parte constitutiva del ser. El poeta Jorge Manrique (1440-1479) es muy explícito  al definirla:Nuestras vidas son los ríos /que van a dar en la mar,/que es el morir;/allí van los señoríos/ derechos a se acabar/y consumir;/allí los ríos caudales,/allí los otros medianos/y más chicos,/y llegados, son iguales/los que viven por sus manos/ y los ricos”.

Muerte absurda es una mirada de desconcierto ante el cuerpo sin vida de Marilyn Monroe. Es la muerte sin sentido que nos deja sin aliento. Es el pasmo frente al terror. La hemos sentido en la mesa de la morgue ante el cadáver  de un joven  suicida. La desolación golpea todo lo que toca. La muerte negada es otra manifestación visible de la elusión. Es la explicación inexplicable de la  universal costumbre de sacar a los muertos de los hospitales por el postigo. En Piura, el muerto entra al nicho de la misma forma con la que vino al mundo. El rezo dura nueve días en los que según la tradición no se barre. Y se mantiene un vaso con agua para la sed eterna del ausente.

Hoy los cadáveres son embellecidos y maquillados como si estuvieran  vivos. Abundan los analgésicos, ansiolíticos y anestésicos para que el moribundo no sea consciente de su muerte inminente. Peluqeros,  expertos en el arte de embellecer preservan su ajuar que atrae a los vivos.  A ello se suman las “mentiras piadosas” de los galenos para  esperanzar falsamente al moribundo atenuando la desesperación y vendiéndole expectativas de vida cuando la muerte está próxima.

Acuérdate de la virgen porque te vas a morir resuena el verso lorquiano. Sentir la muerte cerca es una experiencia humana inagotable. Sopor intenso que humedece el lecho, ronquera, sumada a los ruegos. La rigidez y la pérdida del aliento frente al espejo como prueba final de los abuelos. Mirar a la abuela y sentir su placidez envidiable. Mortaja según sus deseos. No hay lágrimas en los ojos. Es el rito postrero de la familia.

Francisco de Asís, agobiado por la enfermedad  y consumido por la ceguera advertido por los médicos de la proximidad del final prorrumpió: "¡Bienvenida, hermana Muerte!" era el  3 de octubre de 1226.  Después de escuchar la lectura de la Pasión del Señor según San Juan. Francisco quedó en total silencio. Tenía solo 44 años. Esperaba a la muerte como compañera al final del camino. Heidegger (1889-1976) distingue entre el arrebato físico de la vida y la pre-ocupación. Pre-ocuparse es anticiparnos a nuestra propia muerte. Con o sin angustia y hasta con ironía y humor.

El maestro Víctor Delfín recuerda que  era costumbre de familia comprar un ataúd a la medida el que envuelto en papel bolsa se colocaba en la tranca  de la casa de Bellavista, en el Bajo Piura, como una insólita encomienda. El depositario anualmente lo limpiaba con charol y trementina, lo probaba, hasta que llegara el día. Otros puntillosos de las decisiones postreras elegían  el lugar para descansar,  el paisaje acogedor sin mala compañía. Apuntando a un rincón preferido como expresión del último deseo.

Es la historia  vital de Joaquín Schwalb López Aldana. Se internó en el desierto de Sechura durante catorce años. Fue el visionario de su enorme riqueza. Se enamoró perdidamente de él y fue presa de sus arrobadores y misteriosos encantos. Muerto el 2 de junio de 1996,  las cenizas del zahorí, fueron esparcidas entre las dunas y  los arenales que mueven los vientos. El polvo de sus huesos se confundió con la tierra que amó irresistiblemente. Ese fue su último deseo. Morir para vivir ahí donde el mar besa la tierra.

La ironía frente a la muerte es refrescante. José Guadalupe Posada (1852-1913) el ilustrador y caricaturista mejicano hizo de la muerte el personaje risible de sus ocurrencias. Sus calaveras, calacas, catrinas son inolvidables. De sus manos  y pinceles surgieron calaveras montadas a caballo, en bicicleta,  que desnudaban las lacras sociales, la miseria y los yerros de los encumbrados políticos del país. 

La Calavera, fue también personaje de Diego Rivera, denunciando a través del grabado a los  indígenas enriquecidos por la corrupción. Despreciando sus orígenes y costumbres, subyugados por las modas europeas.  “La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida (…) Una sociedad que niega la muerte, niega también la vida" anota Octavio Paz en El Laberinto de la soledad. El mejicano no teme a la muerte sino la angustia de la vida llena de angustias y sufrimientos.

La muerte absurda es la inesperada. Llega sin que nadie la anticipe o la llame.  Sartre (1905-1964) se interroga abiertamente.  ¿La muerte es la continuación de mi vida sin mí o la nada? Una ausencia de posibilidades frente a un imposible. Nos quedamos entre la nada absoluta o la presencia de Dios. San Pablo dice: “ninguno muere para sí mismo, morimos para el Señor”.

La muerte eludida es una forma de evasión.  López Aranguren puntualiza “La muerte, hoy por hoy, no puede ser eliminada. Pero la preocupación por la muerte sí”. Por eso los viejos imitan y se comportan como jóvenes. No sólo utilizan atuendos coloridos y desencajados sino asumen formas de vida fuera de contexto. Hoy la prolongación de la vida hace prósperos a los grandes negocios farmacéuticos. El pobre se resigna a morir, el rico invierte en prolongar su vida por todos los medios. Poco a poco, nos olvidamos de la muerte cristiana con viático. Del rito familiar de consuelo y despedida. De la bendición postrera y de la oración conjunta. De la resignación esperanzada en la resurrección de Cristo. La muerte tiene un  sentido ético profundo como último acto humano. Un retorno irrepetible e ineludible. Un dejar concluida la tarea. Un se acabó y punto final.


viernes, 13 de octubre de 2017

EL CAUTIVO LINDO DE AYABACA

Por: Miguel Godos Curay

El Obispo de ChulucanasMonseñor Daniel Turley venera al Cautivo de Ayabaca
El frío mañanero de Ayabaca penetra hasta los huesos, cientos de peregrinos duermen en la anchurosa plaza. Ahí están los trajinantes de todos los caminos. Los devotos agradecidos, los cofrades que todo octubre lo consagran al Señor. No faltan los desahuciados por la ciencia, arrepentidos presidiarios que lo tienen tatuado en el pecho, niñas que al nacer entregaron su cabellera y se la cortaron a los quince años para entregarla al Cautivito. Por los caminos con el pensamiento puesto en Ayabaca marchan en busca de Cristo tantos hijos arrepentidos. El peregrinaje es una especie de atletismo de la fe. Se requiere voluntad férrea, si los paralíticos andan y los ciegos recuperan la visión  esta caminata es un ponerse en los caminos del Señor.

El Cautivito es un Cristo lacerado, su rostro condensa el dolor y el sufrimiento. Algunos lo llaman Negrito lindo, morenito, taitito Dios. Su efigie recorre el mundo. Estampas con rebordes bordados, detentes, composiciones fotográficas con bombillos para adornar salas, polos pintados, imágenes de yeso y palo santo. Pero también vienen de acrílico de buen acabado venidas de China. Medallas, llaveros, discos de CD. Ex votos, milagros, de oro y plata todo para el Señor. Conforme a la tradición arde la cera en el santuario de Ayabaca. La capital provinciana es un hormiguero humano, peruanos y ecuatorianos, dan vida a la feria pueblerina donde los viandantes compran bocadillos de Socchabamba, alfeñiques, calaveras y colasiones. Membrillos y manjares. Todos los dulzores se concentran en calles y callejones.

Ponchos granate, moros y color del cielo. El sol entre las nubes ilumina el amanecer andino. Emisoras de Perú y Ecuador se escuchan en Ayabaca. Albazos y cumbias alegran. Todo el fervor se reconcentra entre los cerros de Ayabaca. La iglesia está llena de  fieles que con lágrimas en los ojos vidriosos tienen puestos sus agradecimientos estremecidos ante el mismo Dios. El Perú es una nación de arraigada tradición cristiana. Taitacha de los Temblores es el patrón jurado del Cuzco.  Tarma venera al Señor Muruhuay. El Señor de los Milagros es expresión, en el Perú colonial, del mestizaje de indios y negros del barrio de San Lázaro.

En Piura el Cautivo es expresión de una antigua tradición popular cuyos orígenes son  ya una leyenda. Las abuelas cuentan la historia de dos santeros  a quienes los alcaldes comuneros dieron el encargo de tallar una imagen del Señor para la veneración. Tras 21 días de faena encerrados en la sacristía y sin  noticias ingresaron al recinto encontrando las provisiones intactas y la imagen del Señor ante quien se hincaron de rodillas. La efigie es hechura de ángeles.

Los ayabaquinos refieren las cabalgatas del Señor por el cerro Campanario para defender Ayabaca en plena guerra con Chile. Otros hablan de su mirada penetrante y respetosa que te abre el corazón. Otros dicen haberlo visto en el quirófano alentando a los médicos en su labor. Vientres estériles dieron fruto, aunque usted no lo crea, el Señor es milagroso. Una vieja conversadora en los pasillos del Hospital Reátegui cuenta que ella se levanta muy temprano para conseguir turno. En cierta ocasión un mototaxi se detuvo y bajaron dos sujetos para asaltarla. Ella solo atinó a sacar la estampa del Cautivo que estaba en su cartera y colocarla como defensa mientras gritaba a viva voz “¡Aléjate Satanás! Los sujetos salieron despavoridos. El señor me protege siempre. Muchas veces no tengo ni para el mercado, pero siempre, rebusco en la cartera y aparecen algunas monedas. Estoy segura que mi negrito se acuerda de  mí y me da. No me deja morir.

Octubre se viste de morado en el memorial de Cristo en el Perú andino. Todos los caminos conducen a Ayabaca. Es un pueblo que camina al encuentro del  Señor. Cristo de los pobres, Cristo de los Cautivos, Cristo que estremece a los descreídos y blasfemos. Sí Señor. Había un regidor que repetía que la religión es el opio del pueblo. Y verá usted que de pronto la camioneta que lo conducía rodó por una quebrada y el ateo  en este trance de muerte repitió: “Sálvame y perdóname  Cautivito”. Así es la historia. Hoy es uno de los asiduos de la procesión vestido de hábito morado. El Señor es milagroso. Te acaricia con sus dedos el mismo corazón.


martes, 19 de septiembre de 2017

CORREO DE LOS 55

Por: Miguel Godos Curay

Cuando los diarios cambian de dueño les sucede lo mismo que a los inmuebles recién alquilados o con nuevo propietario. Primero les cambian el rostro con algunas manos de pintura. Y posteriormente los transforman de acuerdo al personal interés del nuevo propietario. Es la misma impresión que le provocó a Mario Vargas Llosa la visión de la casa donde vivió junto a su abuelo convertida hoy en un concurrido chifa. Es lo que ha sucedido con Correo el proyecto periodístico de Luis Banchero Rossi puesto en marcha en Piura en 1962  por Raúl Villarán. La visión no puede ser más distante que un espejismo de recuerdos. El taller de impresiones en cuya rotativa alguien dejó la falange de sus dedos. Ya no existe. La placa inaugural del nuevo taller en la zona industrial en donde Correo confirmaba su apuesta por la regionalización es una reliquia de un pasado fascinante. Un sumergirse en la vida de un combatiente de causas imposibles nunca vencido. Una gloria tejida con recuerdos de ilusión pertinaz y de trajinada bohemia. El diario frecuentado por don Pedro Miguel Arrese el inolvidable compositor de Alma Mía. Ya no existe. La redacción trajinada por el P. Lau don Augusto Feijoó Sánchez en busca de los “jodedores de pruebas” - así llamaba a “los correctores”- que  a diestra y siniestra hacían puré de las rimas consonantes de sus versos es un recuerdo entrañable. Los reporteros de libreta y pluma. Los sabuesos de carne y hueso Los lectores insobornables y empedernidos. Los analistas destetados con jarabe de política. Los cronistas con vuelo de literatura y de novela. Los apasionados insobornables. Los soñadores con los ojos abiertos. Los dueños de las sonoras carcajadas a mandíbula batiente de felices ocurrencias. Los protagonistas del rito de la amistad en el café Zelada. Los asiduos concurrentes de la Mas-carita por su cerveza helada. Los devotos del sancochado y el caldo de pata de toro. Ya se fueron. Los amigos inolvidables que alimentaron el vehemente  afán por la lectura y   permitían a los novicios asomarse a las huellas de su trayectoria humana.  Ya no existen son dulce compañía de viejos recuerdos. Son más los muertos que los vivos como si fuera una contabilidad de los ausentes. Ayer el jirón Ica concentraba al pueblo en inolvidables serenatas. Hoy todo es silencio. Como si se tratase de un adiós a las armas. Como si en el estadio los del viejo equipo se hubiesen quedado sin camisetas.

Tantas anécdotas deshojadas.Poco o nada queda del ayer por esa conspiración negligente del fuego que consumió la hemeroteca y los archivos fotográficos. De Correo sólo quedan los ejemplares que conserva y preserva la Biblioteca Municipal y la hemeroteca del Cipca. Rescatar esta memoria de historia piurana es un desafío. Los nuevos redactores son una legión desmemoriada que con sus abrumadores y aburridos textos ignora que Correo siempre fue un diario de texto corto, ágil, ameno como el Daily Mirror. Con una titulación sugerente que animaba la lectura. Diario de campañas por la industrialización del departamento, la modernización de la agricultura. Su principal batalla fue el Proyecto Chira-Piura. Siempre estuvo a primera hora junto con el pan  en los villorrios de Piura y Tumbes. Hoy se imprime en Chiclayo por el prematuro vaivén de la modernidad. Y en eso le aventajan sus competidores que cierran la edición más tarde. Requejo advierte que su mayor pecado fue en algún momento el de ser un “diario a control remoto”. Las pretensiones  empresariales desbordan muchas veces el interés por los lectores. El profesor Carlos Soria señaló con reiteración que un diario de Piura y para los piuranos debe tener el sabor de un seco de cabrito. No el de un menú insípido del apuro. Como se dice en perfecto piurano “bueno es culantro pero no tanto”. Debe asumir con pasión las causas de esta Piura provinciana que reconstruye sus canales de riego y que aporta ingentes beneficios a la economía nacional. No quiere un diario que camine a pie juntillas, complaciente y timorato. Sino un genuino huracán en la opinión pública que despierte del ensueño a sus autoridades y ciudadanos. La Piura de Grau se ha convertido en un eufemismo medallero  para el lucimiento muy distante de la Piura que se coloca de pie ante un Estado que la mira desde lejos y a la que le exige lo que por justicia y derecho le corresponde.

Correo tiene invicta esa dignidad de diario popular voceado en todos los callejones por sus batallas de papel y tinta. Por el escozor que  provocaba en políticos y la indignación de sus lectores. Por el gracejo de sus comentarios con sal y pimienta. Por sus aciertos en los anticipos de la noticia. Por su servicio indeclinable a la cultura. Por su identidad a manos llenas con los de abajo que muchas veces repetían “a mí en el desayuno me bastan mi pan de Cotos, mi café de olleta y mi diario Correo” La redacción de Correo tenía el esplendor y la vitalidad de una olla de grillos. Sus causas irrepetibles fueron siempre nobles. Ahí el día a día, en las viejas Remington, con las cuartillas borroneadas se escribió la historia de Piura. La gramática habitaba la memoria y la ortografía era una consulta obligada a los viejos redactores. La redacción silenciosa de hoy es como una unidad de cuidados intensivos de hospital. La vieja redacción era nervio, latido y grito, Pasión y garra al mismo tiempo por la primicia. El silencio de las PC no tiene el ritmo del tecleado de una redacción en plena ebullición. La noticia se perseguía con los cinco sentidos. La letra impresa, la nota firmada daba cuenta de la audaz pluma. En la soledad reflexiva con el silencio mañanero llegaban los redactores ahí surgía el editorial en la dirección del diario. Correo del jirón  Ica 772 era un avispero. Un panal de curiosidad humana. Los talleres, los crisoles, las tituladoras Ludlow, los linotipos, las insoladoras, herramientas de esa alquimia de la palabra son un vaporoso memorial de aquel tiempo en que una cámara fotográfica era como un fusil con 36 tiros administrados por el cazador de noticias. Los periodistas no padecían ese mal del amaneramiento y las pestañas rizadas. Mañas de señoritas torturadas por la dieta y el deporte cojudo de pedalear bicicleta hasta la extenuación sin  desplazarse. Eran señores con una indescriptible capacidad humana de no sentirse pequeños con los grandes ni grandes con los pequeños. Caminaban  para sentir el aire de la calle.  Su encuentro cotidiano con las noticias era una gimnasia viva. La noticia compartida en aquel entonces  nunca fue noticia. La genuina noticia era la primicia que ocupaba las primeras planas. Las notas de prensa servían para secarse las manos. Y las conferencias de prensa un ritual desacomedido, un atropello a los periodistas zahorí que huían de los bocaditos. Los cazadores de noticias son hoy una especie extinta. Los condecorados por el decoro ya se fueron. Correo cumple 55 años me lo recuerdan con sincera gratitud los  viejos lectores que aún no olvidan esta hazaña inolvidable.

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿SOMOS COMO EL RIO PIURA? ¿HASTA CUANDO?

Por: Miguel Godos Curay

Los piuranos son fluviales. Tienen las mismas actitudes de
su río
La reconstrucción requiere vigilancia ciudadana para evitar el dispendio. El voluntarismo, en apariencia optimista de los reconstructores, no surte efecto cuando existe la desconfianza. Desconfianza en las licitaciones en donde las sobrevaloraciones, la repartija, las coimas son moneda corriente. La pasada experiencia demuestra que cuando las crecientes del río Piura arrastran los taludes de arena finalmente no queda nada. No queda huella de lo que mal se hizo. El robo descarado con nombre propio se diluye en la total impunidad. Basta mirar las obras públicas que el gobierno realiza en el Ecuador para en el contraste descubrir que aquí toda obra pública es perentoria. Nos sobra la negligencia. Somos indigentes de responsabilidad. 

Sobre el Estado flotan las malas prácticas de Odebrecht. La conclusión turbia y descarada que en toda obra pública se roba impunemente. La desconfianza muerde a los órganos de control. Una especie de parábola negra en donde los gatos deshonestos viven del cohecho con los ratones. Por eso necesitamos de vigilancia ciudadana para que la argamasa no sea más arena que cemento. Para que las obras públicas no sean la piñata de los corruptos. Para que los  constructores brinden  información pormenorizada de lo que hacen y lo que dejaron de hacer. Para que las licitaciones sean actos públicos a puertas abiertas y transmitidos en vivo y en directo por todos los medios posibles para no olvidar a los responsables. La cultura de la transparencia aún anémica con las telas asoma en los portales de las instituciones públicas. Es más expresión de ocultamiento que información verificable. 


Los dineros públicos, debe divulgarse, no son patrimonio privativo de los que los administran sino propiedad pública que tiene que ser cautelada en todo momento. Vigilar su buen uso es un deber ciudadano. Vencer la acomodaticia moral de quienes piensan que hay que dejar robar pero que hagan obra. Es una necesidad urgente. En la batalla contra la deshonestidad tiene que imponerse la honestidad. El respeto elemental a las personas y a sus decisiones conducentes al bien común. El bien común requiere  del ejercicio de la crítica y la expresión de la opinión en todo momento. La autosuficiencia arrogante no es buena consejera cuando se desoye a quienes participan en representación plural de la sociedad civil. Las críticas finalmente provocan reacciones y respuestas frente a problemas reales. Son llamadas de atención en el camino no zancadillas insuperables. 

En la India se han resuelto descomunales problemas de inundaciones escuchando a ancianos analfabetos que conocen los vaivenes de los torrentes en crecientes. La técnica escucha a los actores sociales e interpreta sus necesidades formulando soluciones eficientes. En tanto los problemas no se formulen partiendo de diagnósticos sobre causas reales los conflictos están a la vuelta de la esquina. Y su exacerbación tiene costos cuantiosos para el bienestar de las poblaciones. La arrogancia es como la mona que se viste de seda y en los días del diluvio colgada y a buen recaudo en un árbol ofrece su mano de ayuda a los peces invitándolos a que se encaramen en la rama. Cuando las soluciones no surgen del análisis de la realidad. Son irrealidad pura, consuelo de tontos, agua de malvas.  Definitivamente, no pueden tratarnos como masas obedientes al poder. 

Los piuranos son definitivamente fluviales. Tienen el comportamiento de su río en algunos momentos son lentos y pacientes, pero no están exentos de arrebatos como en las crecientes en donde con impaciente iracundia se convierten en un potente reclamo popular. Fue lo que pasó en  1983 con el Frente Cívico de Piura que conquistó el Canon Petrolero. Por eso no nos vengan con la historia de que somos el agua tibia del norte del Perú.


lunes, 19 de junio de 2017

ITINERARIOS DE PAPA


Por: Miguel Godos Curay

Mi padre Juan José Godos Atoche.
Siguiendo el mismo derrotero de mi padre la vida me condecoró de abuelo. Sin embargo, no dejamos de evocar esa heredad genética. Mi abuelo don José de la Rosa Godos Hernández, mi padre Juan José Godos Atoche. Si algo los distinguía era ese instinto por la letra escrita y las notas del diario La Industria de la que fueron suscriptores hasta que desapareció. Del silabario Mantilla de la escuela de barrio a las páginas del diario no había lejana distancia. El pequeño breviario  tenía viñetas indescifrables que a pesar de todo desbordaban la imaginación. La palabra kalmuko, correspondiente a la k. Era un enigma indescifrable. Según el Drae: el gentilicio sustantivo Kalmuko o Calmuco Corresponde a una persona: De un pueblo mongol establecido en Rusia, en la zona del curso inferior del río Volga  Aún no se había inventado el colorido libro Coquito. Y los jardines de la infancia eran un caro anhelo.

Las primeras letras las aprendimos en la escuelita del barrio, repitiendo la lección en voz alta y utilizando pizarrines rayados con lápiz de grafito. Los papás entonces tenían la costumbre de quitarse el sombrero para el rezo del Ángelus. Y a mirar el reloj genovés de la iglesia San Francisco de Paita. Mi padre obrero me iluminó con la yesca de la lectura. Gracias a él me pertreche de la biblioteca peruana de Peisa. Desde su aparición tuve lectura semanal, él compraba los libros y los dejaba junto a mi cama. No faltaban los periódicos de Piura y Lima los que se agenciaba en misteriosos itinerarios preservados con pasión por la letra impresa. Fuimos afortunados de la lectura. Atesoramos libros con ternura.

Otra de sus fascinaciones persistentes fueron las plumas fuentes de tinta. Las tuve desde que decidí escribir como premio. Varias me fueron robadas o nunca devueltas por el prurito malvado y la envidia por la letra. Hasta hoy escribo con tinta líquida Parker es un sutil homenaje a ese viejo tan curiosamente inescrutable. Contador de historias con un castellano sin estridencias pero siempre vigoroso. ¡Este sujeto es un carcamán!, era su frase lapidaria para  mostrar su antipatía por esos candidatos de vanas pretensiones.  Toda su vida disfrutó de la compañía de sus perros en las frías rondas nocturnas. Eran cafeteros como su dueño y puntuales en el desayuno. A ellos les hablaba como a personas y los canes entendían sus palabras. Nunca le faltó su inolvidable compañía.

Otras ocasiones decía: “No andes en la vida como el cangrejo” El cangrejo no avanza siempre retrocede. En la vida  vas a encontrar, advertía, cangrejos y cangrejas de todo tamaño y color. El paradigma se iluminó con la historia tantas veces repetida de la cesta de cangrejos coreanos y la cesta de cangrejos peruanos. Mientras unos se apilaban para salir de la cesta. Los nacionales, por el contrario tiraban de las patas del que se esforzaba para que no salga.

En sus prédicas laicas hablaba de la envidia. Según sus teorías no existe la envidia sana. La envidia es y será siempre esa señora inescrupulosa que muerde honras e instituciones sin comer. Le escalda el logro y el progreso ajeno. Los más envidian fortunas. Los menos colecciones de arte, libros, alhajas y objetos que importan un extraordinario valor emocional. Por eso la historia de Domingo Seminario Urrutia tiene un fascinante encanto.

Seminario Urrutia tenía una colección inimaginable de crucifijos de oro de todo tamaño, ceramios, pinturas, esculturas, vajillas coloniales de plata pura. Cuando lo visitamos con Ana Verde curadora del Museo América de Madrid develó todos sus misterios. Conservaba las insignias militares, las hebillas, espuelas y las llaves de palacio de gobierno, en oro puro,  del expresidente general Odría.  Domingo, era el último supérstite señor de las grandes haciendas costeras. Y sus potreros de Huápalas se perdían en lontananza hasta Lambayeque. Un viejo de voz estentórea que bebía whisky  como en los tiempos del  esplendor  algodonero de Piura.

Era un señor papá de viejo cuño. Incursionó en la política por la Unión Nacional Odriísta. La Reforma Agraria de Velasco, según su confesión,  no le dejó ni la tierra de las uñas. Entonces ensimismado y herido en el alma se refugió en su casona de dos aguas del jirón Loreto para matar las penas en la contemplación de sus colecciones. Para entretenerse jugaba partidas imaginarias en  un tablero de ajedrez con soldaditos de oro.

En este itinerario alucinado he conocido a padres que con sus manos sarmentosas plantaron extraordinarias semillas de progreso. Don Félix Aquino Valverde es el tronco de  reconocidos artistas cataquenses: Teófilo, Oscar, Manuel, Juan  son los continuadores en la escultura y en la pintura. Don Félix talló con sus manos en palo santo, cedro y guayacán los venerados cristos de los villorrios del Bajo Piura. Esta tradición artística de raíces populares se mantiene en cada uno de sus hijos.

Otro papá memorable es el  insigne maestro don Francisco Ramos Seminario, pasión intensa por la palabra escrita y declamador en las aulas de Lorca  y Darío en donde dejó profundas huellas. No sólo ejercitó el magisterio. Enseñó con el ejemplo de sus convicciones cristianas. Buena madera. Buenos hijos. Pancho, Ubaldo, Yayo , Pepe, Chana  y Milagros son herederos de este tronco familiar del que puedo dar vivo testimonio. Ubaldo, un hombre tan apasionado como su padre, hizo la carrera de ciencias de la información en la Universidad de Piura. Posteriormente se hizo cura jesuita. De él guardo un recuerdo vivo de experiencias incomparables. Lo escuché por teléfono poco antes de partir y se me partió el alma. Con él, el periodismo de la calle se hizo un rito para entender mejor, tras la rutina cotidiana, el caleidoscopio de la vida. Padre e hijo eran uno indivisible. Una oración espontánea a flor de piel.

El viejo Sabas  vivía sobre las aguas del mar de Paita en su vieja chalana. Ahí por escasas monedas transportaba desde el muelle de El Toril a los pescadores de las lanchas surtas en la bahía. Lo hacía con la fuerza de sus brazos moviendo los remos. Algunas ocasiones lo acompañaban sus hijos. A su chalana subían  los churres para lavarse las manos y la cara con agua fresca de mar. Otras ocasiones lata en mano le ayudaban a achicar  el agua que filtraba por las hendijas  de la embarcación a cambio de un paseo. Otros grumetes aprendían a remar. No faltaban las ocasiones en que el bote solitario era desamarrado y los improvisados marineros se alejaban  del muelle de El Toril. Sabas  iba al alcance de los pasmados por la travesura y los traía de vuelta del temerario garete.

Entonces repartía a los tripulantes, para balancear los pesos. Y repetía a viva voz a los improvisados bogas: “Ojo al pito mano al breque”. El más pequeño conducía la caña iniciando el retorno. Sus fascinantes lecciones sobre  cómo orientarse en la noche mirando las estrellas eran inolvidables. Contemplando la luna se aprendían de memoria las mareas.  En su humildad Sabas era una enciclopedia viva que desanudaba misterios. Como aquel día en que recogió  una gaviota herida alcanzada por un anzuelo. La curó, la tuvo como mascota en su bote hasta que pudo volar. La vida es así, repetía. A los hijos hay que enseñarles a volar. El cielo les pertenece.

Un padre es siempre un héroe de dimensiones extraordinarias. Y el tiempo que transcurre con sus hijos es un prodigioso recuerdo que no pueden derribar los años. Uno de mis alumnitos de la escuelita rural de El Yumbe en Santo Domingo de Morropón cuyo papá tenía la mano entumecida por un misterioso percance. Refería que este accidente se produjo enfrentando a un león (puma) que le mordió la mano. Finalmente la fiera fue derrotada por este hombre valiente. Esa era su historia personal. Más tarde, otros niños de inaudita crueldad sincera, le dijeron, que su padre no había enfrentado a ningún león y que la mano quedó atrapada en la rueda dentada del trapiche donde molía caña  producto de la borrachera. El pequeño no sucumbió al desengaño pero lloraba inconsolablemente. El héroe que hay detrás de cada papá tiene un monumento de orgullo  y de valentía en la conciencia. Papá es mi héroe favorito. Un viejo combatiente en mil y un batallas por la justicia y por la vida. En memoria de él mi homenaje a esos papás  que son la genuina energía que mueve al Perú.

jueves, 11 de mayo de 2017

¿DÓNDE NO ESTÁS MAMÁ?

Por: Miguel Godos Curay

Las mamás son expertas en ternura, maestras en renunciamiento, doctoradas en psicología, economía, educación, derechos humanos y democracia genuina. Por eso escuchan a los pequeños y a los grandes y autoritarios ni bola. Siendo pobres su mayor riqueza son los hijos en los que atesoran con dignidad lo más elevado de la grandeza humana. Antes de la invención de las cajas de ahorro y los bancos, con una lata con ranura se enfrentaban al futuro. Levantando los muros de la casa dieron una lección de arquitectura. Bordando la bandera de la escuela, el Perú, brotó en su esencia más pura.

Son verdaderos genios de la creatividad en todo lo que tocan. Elaboran preciosidades con retazos, bordan telas modestas para darles un encanto superlativo, tejen a croché sus buenos deseos. No hay mensaje de aliento tan poderoso e intenso como el de una madre que acomete con sus hijos esa empresa inagotable de hacerlos valiosos en la vida. Cuando recorriendo las librerías encuentran preciosas ediciones de precios inalcanzables las encuentran por bagatelas en el mercado. Ellas inventaron esa prédica que dice: Un libro roto es una alma llora. Un libro cerrado es un amigo que espera. Un libro abierto es un maestro que enseña. Su mejor plan de lectura se llama ejemplo.

Por eso en la soledad de su hogar junta todos los libros que sus hijos ya no usan y desinteresadamente los entrega a otros que los necesitan. Antes de inventarse las ediciones resumidas aprendieron una versión muy personal de la biblia y don Quijote. Su lección cotidiana de narrativa es como un caleidoscopio deslumbrante. La enseñanza del idioma es su primera tarea. Las mamás inventaron las sílabas y la contabilidad amontonando pepas de tamarindo. Memorizaron los poemas de Martí, Sarmiento y Campoamor del Almanaque Bristol. Sólo para demostrarnos que la consonancia de las rimas tiene una tonalidad perfecta.

Con sólo una mirada leen el rostro de sus hijos y se dan cuenta perfecta cuando se hacen los chanchos rengos y vislumbran en todas sus aristas las mentiras del carcamán. Su filosofía aborda los problemas de la existencia con generosa profundidad metafísica. La vida es como un río, repiten, pues se anticiparon a Heráclito. La sustancia del amor es la misma que la del sueño pues son expertas en soñar con los ojos abiertos. En su astronomía asombrosa descubrieron la armonía sideral contemplando el cielo. Y deslumbradas al fulgor de la luna, en silencio, emprenden imaginario vuelo.

Conversar con mamá es mucho más que un buen deseo. Es una sintonía humana frente a la que nada son  los bienes materiales. Joven, madura, remadura y vieja.  Una madre querendona siempre tiene una estatura enorme. Es un rascacielos de inmensidad. Una escalera para subir al cielo y descubrir la inmensidad de Dios. Con esa infinita humildad, haciéndolo todo en su casa, desde el filo de la madrugada, responden a la encuesta nacional de hogares. “Yo no trabajo, trabajan mi esposo y mis hijos”. Y la injusticia declarada ignora que la economía del país son sus mamás eternamente ignoradas.

En el Ministerio de Economía distribuirían mejor el presupuesto y no perderían de vista a los desposeídos. Con todo derecho les corresponde el Ministerio de Educación pues, en horario corrido, cimientan con su magisterio la heredad de la patria. Escuchando confesiones son una irreductible caja fuerte a prueba de intrigas. En el ajedrez de la vida sus jugadas son siempre maestras para cumplir con sus propósitos. Los pentagramas de la música más bella se los saben de memoria. Los repiten para conciliar el sueño de los críos tristes. En la jardinería del hogar seleccionan siempre las mejores semillas. Es tal su extraordinario talante que mezclando, papas, cebollas y otras coloridas verduras sucumben a la repetición del plato de sus hijos.

En puntualidad ganan por goleada a todos los funcionarios de la República. En voz de mando, frente a sus órdenes, el general más entorchado tiene voz de pito. En aseo se llevan de encuentro a la zafia Ministra de Salud. Si han conjurado todas las epidemias que abatieron a sus hijos. Si conocen las dosis  necesarias para sanar el alma. Si enseñan con lo que hacen. Escúchelas, convóquelas señora Ministra. Su receta prescribe mucho más que una hospitalización de emergencia, la mejor medicina es siempre la olla y la cebolla.

Son deportistas natas pues inventaron la pelota de trapo. Cuando no existían los drones fabricaban cometas con cimbreantes colas de trapo y surcaban los cielos. Por supuesto, muchas veces, arbitraban con silbato las contiendas del torneo inter barrios y con soberanos lapos hicieron del Perú una potencia de vóley. Son campeonas de lectura veloz. Leen los diarios cuando tú no los lees. Memorizan detalles con asombrosa fidelidad y con raptos de lucidez e inteligencia a todos nos sorprenden. Su inasible belleza es tan dulce como su compañía. Sus rorros tienen ese efecto milagroso de estremecernos y volvernos niños.