domingo, 24 de diciembre de 2017

CANTARES DE NOCHEBUENA

Abuela huanca con sus Niño Dios que le acompaña siempre en su soledad. En
reciprocidad al afecto lo saca a pasear por las calles de Lima.
Por: Miguel Godos Curay

Los arrullos cantados al Niño Dios en  Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú son anónimos. Los poetas populares los repiten de boca a oreja. Basta que los cantores los preserven en su memoria para hacerlos suyos o añadirles algunos aderezados versos propios. El cantar es espontáneo y se crea y recrea en la boca del juglar. El nacimiento de Jesús, por eso  sigue siendo motivo de peregrinaciones en donde comparsas de pastores recorren en los barrios los tradicionales nacimientos y rituales celebratorios. En las grandes urbes luces de neón en los recónditos rincones retazos de añeja tradición. 

Alfonso el Sabio en 1270 acopió manuscritos de los cantares populares los que deberían preservarse en la cámara regia para servir de viva inspiración a los cronistas a la hora de escribir la historia oficial. Gracias a esta previsión Alfonsina llegaron hasta nuestros días las cantigas recogidas en los cancioneros populares. Esta cultura oral trashumante se conserva aún en los villorrios más apartados del continente.

Algunas mantienen su naturalidad poética, su religiosidad ínsita y un buen humor y  jocoso y sin agravio. Los “miaditos” del niño  basta recordar no son otra cosa que la chicha y aguardiente que se consumen para la ocasión. Para los niños chicha de maní y mazamorras, pasteles del panadero del barrio y dulces de recetarios antiquísimos. Los panetones son de factura reciente. El pavo se consumía ayer con pastel de fuente aromado de canela por las abuelas. El chocolate  en tejas  venía de Loja o de Jaén y se encargaba con tiempo. Se batía con molinillo y al enfriarse quedaba recubierto con su costra de mantequilla.  Pese a los arrebatos de la modernidad, las luces coloridas y los villancicos registrados por la electrónica vive la tradición. Jackobson, advierte, que estas expresiones populares de la oralidad son genuinos tesoros de la lengua.

Los arrullos acompañan al Niño Dios, los entonan grandes y chicos. Son el complemento de los juegos infantiles. Estos arrullos compilados en el sur del Ecuador recorren también el norte del Perú. Los arrullos forman parte de esta tradición, son la respuesta  creativa al llanto del niño que llora. Otros son los “lloros” por el difunto ausente, la viuda o las plañideras convocadas refieren entre lágrimas y sollozos las virtudes y en algunos casos los defectos del difunto. También se acostumbran para despedir el Año Viejo exorcizándose  de sus cotidianas tragedias. En el mundo andino el canto y el jolgorio acompañan la siembra, las cosechas, los nacimientos, los matrimonios y la propia muerte. Esta compilación de arrullos corresponde a  Aragua (Venezuela) y a Macará (Ecuador)


-Señor San Joaquín
Señora Santa Ana
 acuésteme el niño
 que quiere dormir.

 –Señor San Joaquín
 señora Santa Ana
 porque llora el Niño?
– Por una manzana-

-Yo le daré una
 yo le daré dos
 una para el Niño 
y otra para vos- (Aragua)

La mata de higuera
florió en nochebuena.
como es tan hermosa
flores de azucena,

Hoy con tantas flores
los campos se alegran
los serafines cantan:
¡María gracia plena!.

A rru-rru mi niño
que parió la vaca
cinco borriquitos
y una garrapata.

No llore mi niño
no llore mi amor
que tu madre vela
con todo su amor. (Macará)

En la franja costera el Niño Dios se asocia también  con el Niño climático de la corriente cálida y el inicio de las lluvias que desbordan  las torrenteras. En las estribaciones andinas la navidad marca el inicio del invierno y el advenimiento de las lluvias con las que se inician las siembras. Dice el verso: “…las aguas bajan turbias/ ríos y fuentes también”.

“ Ya se va la Virgen pura
de viaje para Belén,
Y en la mitad del camino
Pide el Niño agua pa beber.

No te puedo dar, mi vida,
No te puedo dar mi bien;
que las aguas bajan turbias
ríos y fuentes también. (Cali)

Este niño tiene sueño
muy pronto se va a dormir
tiene un ojito cerrado
y el otro no puede abrir. (Quito)

Dulce, dulce nombre
nombre de Jesús
que en mi vida sea
tu nombre mi luz.

Agua, Dios agua,
Agua, por amor de Dios
Agua para los que te aman
y te veneran a vos. (Bolivia)

Los indiecitos pastores
trigo y quinua llevarán
José y la Virgen María
buena chicha tomarán.

Al niño Dios le llevamos
un ponchito de color
un chullito muy serrano,
botincitos de algodón.(Perú)

De la flor nace la rama,
de la rama nace la flor.
De la flor nace María
y de María, el Redentor. (Perú)

¿Qué tiene ese niño?
Con tanto llorar
querrá que le traigan
miguitas de pan.  (Sullana)

Como escribe el poeta Teodoro Garcés Negrón:

“El río Piura viene
como el Niño, en Navidad;
el río Piura juega
Como un joven Carnaval;
y el río de Piura muere
cansado de trabajar,
explotado por los dueños
de este vasto algodonal”.


En Ecuador y Perú era antes una arraigada costumbre la quema del año viejo y para ello  en esta despedida se escribían los testamentos que no eran otra cosa que un señalamiento colectivo de los errores del alcalde y de las malas costumbres de vecinos y ciudadanos. El testamento se leía en voz alta y con gran expectación por las ocurrencias y el tono satírico que deslizan los menudos folios de la voluntad del año agonizante. Ayer los testamentos del año viejo eran un verdadero azote de alcaldes y regidores. Y su contundencia era mayor que los hoy informes municipales de gestión.

No les dejo nada
a mis abogados
porque ya se quedan
bien acomodados.

Dejo a los rateros
que por caridad
les den posada
a los de la seguridad.

Ganas no me faltaron
de llegar a ser presidente
otros ya  se alzaron
los reales y  el billete.

Como por millones
me tiré plata ajena
escribo mi testamento
desde la Nochebuena. (Quito)

Arrullos, villancicos y testamentos son parte de esas expresiones intensas y sentidas de la cultura popular. Oracionales de difuntos, la celebrada “Salve de la vacas” entonada al filo de la madrugada en los velorios de Santo Domingo, Frías y Chalaco. La mágica oración para volverse invisible, o la tantas veces invocada para encontrar cosas extraviadas y perdidas. Son lo poco queda de un universo fascinante en donde  el  Niño Jesús sobrecoge e ilumina concepciones del mundo y relatos del imaginario andino. En las aldeas alejadas del vértigo urbano, abuelas y nietos, en el fogón de la cocina recogen flor de ceniza para arrojarla en el suelo con la inefable certeza que en ella quedarán registradas las dulces pisadas, las huellas del Niño Dios.


En la foto que ilustra esta nota aparece una venerable anciana huanca que en pleno siglo XXI me sorprendió en esa Lima de encantos y de brumas con su Niño Dios. “Mi fiel compañerito no me deja sola”.  Ella lo saca a pasear porque  es callejerito y se contenta. Lo abriga, le canta, lo pasea y le habla. Según refiere recorre la casa. “Me socorre en la necesidad y me acompaña. Mis hijos mayorcitos ya se fueron.  El niñito me acompaña. Yo le doy gracias a Dios por ese noble gesto”. Me permitió con admiración registrar esta foto. Y  Jesucito me sonrió. Lo ven.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL MORDER AUSENTE Y EL RIESGO REPUTACIONAL

Por: Miguel Godos Curay

Vínculos de PPK con Odebrecht al desnudo
No es para el escarnio la tragedia humana de ver a los empresarios y políticos del país convertidos en agentes activos y pasivos de la más descarada de las corrupciones. La que dilapida los dineros públicos. La que festina con alevosa ventaja beneficios personales en contra del bien común. La que aplasta la confianza ciudadana. La que cohabita con la inmoralidad y no se avergüenza. El mérito es socavado por el reproche, el escándalo, el desprecio y el vituperio. La constatación de los defectos morales arrastra la perversa cultura de la sospecha y la duda temeraria. Algo así como ese eufemismo de cerrar con llave todos los cajones y las puertas por temor a que nos roben. O el de  Piura ciudad segura y la mayor parte de los vecinos coloca para su protección rejas, candados y cercos electrizados. Los pobres colocan en sus puertas jaurías de rabiosos perros callejeros. No hay rincón de la ciudad sin voluntariosos cuidadores de vehículos en los estacionamientos. La inseguridad es ingrediente de la vida pública.

Entonces la detracción se apodera de las páginas de los diarios. La murmuración, el gusano de la duda, socava la posibilidad de reconocer a los honestos. San Basilio, afirma que la murmuración es como un proyectil que mata en un instante a tres personas: a quien la siembra, a quien la recoge y la propaga y  a la propia víctima.[1] La consecuencia inmediata es una sociedad privada de la posibilidad de tener paradigmas en su sistema educativo. Del campeón mundial de ajedrez Julio Granda, apenas algunas líneas en las páginas de los diarios. De los triunfos en los Bolivarianos de Gladys Tejeda apenas el asomo de un pálido reconocimiento. Todo lo acaparó la clasificación de Perú al mundial de Rusia. Frente a la euforia que hizo temblar la tierra la humildad de Gareca. En contraste, la angustia de Guerrero sobre un presunto consumo de drogas.

El sabio Agustín de Hipona hizo escribir en las paredes de su comedor estas palabras. “El que se complace en morder  con sus palabras la vida de los ausentes, sepa que aquí no hay comida para él”[2]. De este modo puso un  dique inteligente a ese, hoy, deporte tan peruano del raje. La peor amenaza de la detracción es que arrastra la mirada sobre los defectos ocultando en muchos casos las virtudes. Y cuando anida convierte en puré las reputaciones.

El riesgo reputacional,  es hoy el cáncer que afecta a las empresas señaladas públicamente por sus métodos corruptos, sus convites para lavado de activos y pago de sobornos. La fama perdida arrojada por la borda. Tiene un elevado costo económico y resta, sin embargo, el daño mayor se ha perpetrado a la confianza y a la credibilidad. La corrupción ventilada públicamente corroe y desalienta. Cuando la ética está ausente en las instituciones provoca vacíos insuperables. Las instituciones sin ética son faros ciegos que conducen a la sombra de la nada.

Si la iniciativa privada se pervierte el Estado interviene en la preservación del bien común. Y la administración de la justicia busca el restablecimiento del equilibrio afectado por la inmoralidad. La iniciativa privada cumple un rol cardinal en la economía de un país. Crea empleo y bienestar pero cuando se convierte en un festín de los dineros públicos y se colude con la inmoralidad afecta a la sociedad. No sólo económicamente, desalienta la participación y la inversión privada. En este escenario, como señala el periodista Gerardo Reyes: “Las cosas inmorales las perdona con mayor facilidad la gente en sociedades donde las ilegales son pana de cada día”[3]

La manida frase referida a los alcaldes “roba pero hace obra”, No es sino la entronización de una moral laxa. No es cierto que la conducta inmoral sea producto del desconocimiento. Los actores actúan de ese modo a sabiendas  de que sin son descubiertas serán pasibles de la acción de la justicia y de la sanción social. Junto a la rampante inmoralidad de los empresarios como cola de cometa se  arrastran los escándalos financieros que involucran a políticos e ingenuos gestores mediáticos. 

La moralina no tiene efecto. Los diablos predicadores se presentan como agitadores de la conciencia ocultando sus miserias. Y en esta circunstancia aciaga pululan los timadores, los vendedores de sebo de culebra. Quienes ejercitan cargos públicos tienen implícita la obligación de dar cuentas de su actuación. Por temor rehúyen la transparencia y sucumben a la tentación de los agentes publicitarios y periodistas  para maquillar sus gestiones.

No es cierto afirmar que todo aquello que no está prohibido está permitido. Este es el argumento fácil de quienes pisotean la ética y la moral. La moralidad está ausente en los inescrupulosos, los falsarios, los especuladores, los malversadores de todo pelaje. Los amorales, creen que la moral es un enunciado para los libros. Son los incipientes morales presumen que todo le está permitido y no es así. El inmoral a sabiendas transgrede la moral. La ética  es la ciencia que se ocupa de la moral del actuar humano[4]. Nuestros actos pueden ser buenos o malos. Los buenos educan y estimulan sirven de ejemplo. Los malos son argumento para el escarmiento, la sanción moral y penal.

La ética y la moral, la enseñanza de la deontología profesional no son un curso de relleno en  la vida universitaria. Son práctica cotidiana. El ejercicio de la libertad humana requiere de ese componente reflexivo de la genuina calidad humana. Muchas veces la  manipulación publicitaria exalta y construye perfiles humanos exitosos sobre la miseria humana de criaturas contrahechas y sin  moralidad. Las virtudes humanas permanecen relegadas y ocultas frente  al esplendor pirotécnico y repentino de figurones de relumbrón que finalmente desaparecen sumergidos en sus miserias. El hedonismo una característica de nuestro tiempo es el endiosamiento de la apariencia frente a la contundencia de la esencia. Ser es distinto que aparecer. El ser es esencial. La apariencia (Del lat. tardío apparentia) dice el diccionario: Cosa que parece y no es. Ese no ser es el sello de la inautenticidad. La ética es esencial en todas las actividades humanas. Nos ayuda a ser mejores personas.

Como señala Alfonso Quiroz el manejo corrupto de las finanzas y la economía peruanas han dejado una profunda huella en la vida nacional. “El costo de la corrupción para el desarrollo económico y social peruano en su historia republicana ha sido estructural y consistentemente alto o muy alto, pese a las variaciones cíclicas. Considerando que para alcanzar un crecimiento autosostenido se requiere de una tasa de crecimiento medio anual del PBI de entre 5 a 8 por ciento en el largo plazo, debido a la corrupción sistemática y descontrolada, el Perú perdió o distribuyó mal el equivalente de aproximadamente el 40 a 50 por ciento de las posibilidades de desarrollo”[5]. Como bien señala Rodríguez Luño preservar el derecho a la propiedad “no es la canonización de la avaricia”[6].  Sobre todo cuando la esperanza de los pobres del país se añicos.


[1] Diccionario Enciclopédico de TEOLOGIA MORAL.  Honor, Babbini.L p.461 yss, Ediciones Paulinas, 1974
[2] Diccionario Enciclopédico de TEOLOGIA MORAL.  Honor, Babbini.L p.461 yss, Ediciones Paulinas, 1974
[3] REYES Gerardo, PERIODISMO DE INVESTIGACION, Editorial Trillas,1996.
[4] RODRIGUEZ LUÑO  Ángel, ETICA, EUNSA , 1989
[5] QUIROZ W. Alfonso, Historia de la Corrupción en el Perú, IEP, Lima, 2013.
[6] RODRIGUEZ LUÑO  Ángel, ETICA, EUNSA , 1989

ELOGIO DEL JUGUETE TRADICIONAL

El maromero tradicional
Por: Miguel Godos Curay

El dron quedó atrapado en el árbol y su autonomía de vuelo se convirtió en estornudo. Una cometa de carrizo papel colorido e hilo templado y cordel se eleva en el firmamento y con su cola de trapo viejo se enfrenta al viento y coletea. El cielo poblado de cometas de todo tamaño evoca la experiencia de Benjamín Franklin en plena lluvia que lo convirtió en el inventor del pararrayos. La cometa era producto de las manos de la selección del carrizo más liviano y de pita encerada, para que tiemple, engrudo y papel cometa. Volar cometa es una experiencia humana irrepetible. Y utilizar el hilo, en pleno vuelo, para enviar una carta a Dios, una experiencia humana extraordinaria.

No hay niño de antaño que no haya sentido la emoción del maromero mostrando sus habilidades de modo interminable. Anne Marie Hocquenghem, la historiadora, en sus momentos libres se entretenía con sus  piruetas. Los maromeros eran fabricados por docenas en el establecimiento penal. Otros en la carpintería del barrio. La ventaja de tan menudo entretenimiento está en el no necesitar pilas y practicar de modo incansable sus habilidades atléticas en la barra.

Otro entretenimiento divertido era el aro. Con gancho en mano la rueda tenía un movimiento interminable. Lo hacía después de muchos intentos pues con el aro se afinaban los brazos se movían brazos y piernas. No son diversión paralizante como la de esos juegos electrónicos con pantalla que deforman el cuerpo humano por que el jugador empedernido juega y traga al mismo tiempo convirtiéndose  en trampolín a la obesidad.

Las pelotas tradicionales eran de buche de pavo, de medias viejas y de infinita creatividad. Como paso previo a la pelota de cuero corriendo el arenal. Todavía no se había inventado el fulbito versión ridícula del fútbol con arco de palos. Corriendo la cancha de punta a punta. Fortaleciendo los músculos, sudando la camiseta. Igual sucedió con el baloncesto con aro colgado para ensayar puntería. El baloncesto mueve piernas y brazos. Despierta la inteligencia del deportista. Quien jugaba básquet a fuer del ejercicio crecía centímetros, sus manos eran firmes y sus movimientos resueltos.

El trompo una primorosa enseñanza de astronomía
El trompo era una enseñanza de astronomía fabricada primorosamente con zapote  por los torneros del  barrio. Los mejores trompos tenían corteza de zapote o de duro algarrobo. Una cuerda de pabilo, destreza pura para exhibirlo en el barrio. La perseverancia y mil y un intentos convertían a cualquier churre en maestro y un portento para quiñar el trompo de un contrincante castigado. Había trompos de todos los tamaños, con un poco de pintura y magia creativa los trompos se convertían en pieza colorida irrepetible. La púa roma era el secreto para que baile en la palma de la mano. Los tromperos del barrio tenían los nudillos lastimados de tanto recoger al trompo. La lección inolvidable: La tierra gira como un trompo.

Primorosas muñecas de trapo mejicanas
El yoyo con el que se practicaban mil y un movimientos. El dormilón, el columpio, el zumbador se practicaban horas y horas para convertirse en un diestro maestro del yoyo hábil en las demostraciones. Cuando se ponía de modo todo el mundo lo tenía en los bolsillos era un juego zanahoria para grandes y chicos en el arsenal del entretenimiento. Durante estos tiempos los mataperros buscaban horquetas de algarrobo para fabricar con jebe un tirador mata pájaros o para esas guerras interminables a pedrada limpia entre los vagos del barrio como con puntualidad memoriosa recuerda Federico Helguero.

Las niñas se entretenían con primorosas muñecas de trapo que por docenas llegaban al mercado fabricadas con retazos, rostro sonrosado con chapas carmesí de tela y moños. Los nombres eran sugerentes Chabelita, Chonita, Mechita. Ningún retazo de la costurera quedaba inutilizado. Con pasmosa creatividad se enriquecía el imaginario infantil. A ello se sumaban la ollitas y tiestos de barro, jarritas y platos diminutos para aprender el trabajo de la casa. Los demás era  imaginación pura y la fantasía contagiosa de los niños.

Sumemos a ese territorio de las ilusiones el juego a los gallos con las pepas de la lúcuma entre los niños de la sierra. La sampapala atada a un fino hilo con la que  desafiaban el vuelo de un avión imaginario. Las bolichas de  vidrio de colores para jugar a los ñocos. Los canutos de hilo recogidos del taller del sastre daban vida a poleas creativas de ingeniería diminuta. Con el palo de  la escobas  fabricaban cangas arrojadizas. El máximo premio era la bicicleta Monark para correr y fortalecer las piernas por las calles empastadas de cemento. Grandes trechos se cubrían en bicicleta. Famosas por su función pública eran las bicicletas del cartero, el telegrafista, el distribuidor puntual de La Industria y del Policía Municipal. Siempre se consideró a la bicicleta un invento sabio para toda la vida.

Hoy a contrapelo juguetes sofisticados inundan los mercados. Muñecas que estornudan y hablan. Dinosaurios que emiten sonidos atemorizantes y se desplazan movidos por sensores electrónicos. Juegos electrónicos computarizados con audífonos y dispositivos virtuales para simular guerras espaciales o partidos de fútbol sin  moverte del asiento. Sin contar armas  e instrumentos agresivos para el juego manido de una contienda persecutoria con armas de fuego. Siguen el monopolio, el ajedrez y otros juegos de mesa pervertidos como el de la ouija para intentar una comunicación con el más allá.

El juego, la actividad lúdica tiene  un papel  insustituible en el despertar de la inteligencia pues nos prepara para la vida. El niño que juega simula lo que va a ser y hacer en el futuro.  El juego ilumina con potente energía la vida interior y alivia las tensiones cotidianas. Las sociedades con niños y adultos que no juegan se tornan esquivas e inhumanas. El juego nos conduce progresivamente en el entorno normativo que ordena la existencia en un clima de respeto y tolerancia. El tramposo en el juego infantil, no nos extrañe, puede ser más tarde un evasor de impuestos o un ladrón de cuello y corbata. El que juega aprende a administrar sus frustraciones y se prepara para un desempeño mejor. El juego es un método muy creativo de aprender y aprehender nuevo conocimiento. El niño que cuenta pepas de tamarindo o bolitas penetra en el mundo del número con sutileza y aprende. El que construye su cometa y la prueba en pleno vuelo, se graduó insospechadamente en aeronáutica, geometría y ciencia espacial.

Hablando en las calles de Lima con un avieso domador de ratas. Le preguntamos ¿cómo es que se inició en ese inusual oficio? Me respondió que siendo niño descubrió la inteligencia y solidaridad entre los roedores jugando con ellos. Tienen hábitos sociales en apariencia imperceptibles a los humanos. Les encanta el juego. Ese aparecer y desaparecer que suelen demostrar en el mundillo doméstico pone en juego su capacidad inteligente. Su memoria les permite pasar por alto cualquier raticida confundido con comida. Y cuando pierden el miedo a los humanos suben sin temor a las manos y acaban haciendo demostración de su habilidad para erguirse en dos patas. Y si les das de comer son agradecidas. De niño jugaba con los pericotitos… con ellos descubrió a un viejo acompañante de la progenie humana. La rata.

Estimular el juego en los niños es una necesidad urgente. En Israel, los niños juegan en los campos entre orugas  y maquinaria agrícola abandonada simulando su trabajo futuro en el campo. Lo hacen con pasión y en aparente ingenua disciplina. En otras ocasiones saltan a la soga y se divierten en columpios y subibajas. En Japón los niños  se divierten jugando al tenis, el Go y al ajedrez ensayando jugadas geniales, siempre compiten en todo. En habilidades musicales ejecutando instrumentos, en uso de patines y deportes audaces. En el Perú, los niños pertrechados de pistolas juegan a policías y ladrones. Los juegos electrónicos favoritos en Internet son de inaudita agresividad. Algunos papás adquieren juguetes sofisticados para sus hijos. Los deportes cada día vienen a menos. Nos faltan más estímulos al ajedrez, al baloncesto, al fútbol, al tenis de mesa. No a esos deportes convertidos en pretexto para el consumo sabatino de alcohol. El deporte despierta el afán de competir y  tener un  mejor desempeño. A los juguetes tradicionales, eternos, generosos, añorados, compartidos, creativos, ingeniosos y siempre dispuestos a abrir los caminos inolvidables de la felicidad nuestra inolvidable gratitud.


lunes, 4 de diciembre de 2017

MIRAFLORES, EL PUENTE Y LA AVENIDA

Por: Miguel Godos Curay

Clamor vecinal:¡Que no se repita la inundación!
La premura con la que se abren y se cierran zanjas en la inundada urbanización Miraflores deja en el aire serios interrogantes.  ¿Las nuevas alcantarillas funcionarán realmente? ¿Se ha previsto un sistema paralelo de evacuación de aguas pluviales que son las que finalmente provocan el colapso de las redes? ¿Soportan las redes de alcantarillado las descargas de los centros comerciales y los nuevos edificios residenciales? ¿Continuarán los vertimientos altamente contaminados del Hospital Cayetano Heredia al río Piura? ¿Continuarán los viveros favorecidos por el municipio utilizando agua potable para el negocio  jardinero? Las mangueras riegan todo el día. ¿Funcionan los medidores? ¿Se acabará por fin el hedor de alcantarilla que hace 9 meses agravia a los miraflorinos? ¿Se acabarán por fin los aniegos de aguas negras y los desvíos por todas partes?

Lo propio sucede en el río Piura. Los teodolitos de adorno. Los motoristas  estacionan las máquinas para la finta y el resto un acomodo de arena imperfecto. Un niño cuando juega con arena a ingeniero acaba su obra con detalles. Cuando se improvisa se ve ese paisaje contrahecho de arena acumulada en diversos frentes. Movimientos de hormiga. Van y vienen. Las obreras trabajan las otras se detienen.  Desorden a la luz del día. De las aguas emergen lo que quedó de los puentes y los vestigios prehispánicos del Tajamar de Tacalá que no pudo demoler  Energoprojekt. El Piura, río veleidoso, examen final de la ingeniería civil permanece indiferente a los rascados de arena. Y en la orillas la construcción de otro puente diminuto, según los expertos, para descongestionar el tráfico de vehículos.

El puente San Miguel que de puente viejo sólo tiene el nombre cumple función decorativa. Solo reemplaza en funcionalidad al añejo puente de palos por donde trajinaban piuranos y tacaleños en la foto de Arturo Davies. No tiene sentido la inversión realizada. Empleado para el paso de vehículos livianos tendría una utilidad práctica legítima. Los puentes (Del lat. pons, pontis) se construyen en las ciudades  para servir a las necesidades de los vecinos, no son decoración urbana.  

Un puente es: “Construcción de piedra, ladrillo, madera, hierro, hormigón, etc., que se construye y forma sobre los ríos, fosos y otros sitios, para poder pasarlos”.  Sólo en Piura  los puentes son para mirarlos. Sólo en Piura los accesos a  los puentes tienen una serie de barreras para  los peatones y el transporte liviano. Una ambulancia con una gestante en pleno parto  que requiere atención urgente no podría pasar por el puente San Miguel. Lo  peor de lo peor: Los accesos laterales están bloqueados.

El diseño de un puente varía dependiendo de su función y del lugar  donde se encuentre. Los puentes son símbolos de la capacidad tecnológica de sus ingenieros. El Golden Gate (Puerta Dorada) de California, puente colgante  de 7.9 kilómetros de largo que une la península de San Francisco al norte con el extremo sur es un portento de la ingeniería. El ingeniero jefe del proyecto fue Joseph Strauss. Strauss supervisó al detalle la construcción. 

La obra enorgullece al constructor y a su equipo humano. Dicen las crónicas que amanecía y anochecía contemplando los avances. Animando a los obreros tras los percances. Cuidando el mínimo detalle. Su pasión fue tal  que participó en el trenzado de los cables de acero de los soportes. Lo único que no pudo hacer fue oponer su constructiva pasión a la afiebrada pasión suicida de más de mil 600  furtivos transeúntes que se arrojaron desde el puente. El delirio de la muerte acabó por convertirse en el espectáculo gratuito de miles de turistas.

Ni en la opulenta Babilonia de los jardines colgantes los puentes estaban de adorno. Un puente decorativo subutilizado es como la arquitectura de maquetas. Son extraordinariamente bellas pero no cumplen una utilidad práctica y funcional. La realidad es distinta. Los aprendices holgazanes de arquitectura requieren  hoy a  maqueteros expertos para sus proyectos. No los hacen se los hacen. El crecimiento de las facultades de arquitectura y el boom inmobiliario  ha convertido en Piura, en próspero  negocio, el ploteo, el diseño y la copia y re-copia de proyectos escasos de originalidad más de lo mismo. El examen final de un sismo acabaría con estas versiones ordinarias de la torre de Babel por los suelos.

Así andamos atrasados  como el parpadeo de los semáforos. Con ninguna pista transitable, con las aceras agrietadas por la falta de cemento, con los árboles arrancados de cuajo. Con la facilona hipótesis de quienes sostienen que la avenida Sánchez Cerro sin árboles encaja con la mesa pelada de la avenida Vice. Mucho cemento ni un árbol que aplaste la monotonía insoportable del paisaje urbano.  Mientras tanto prosigue la siembra de bloquetas de menor grosor en la  Sánchez Cerro.  La obra  cuesta 77 millones 932 mil 914 soles. La descolmatación del río Piura cuesta 320 millones.  El equivalente aproximado  a cuatro remodelaciones de la avenida Sánchez Cerro. Como en el juego del chulo-chulo ferial …el diablo maldito se lo lleva todito.

Avanza la Sánchez Cerro. Según los mortificados vecinos sin aún espacio visible para áreas verdes. Junto al trajín de la constructora la basura acumulada por todas partes. Con los accesos inaccesibles. Con el principal centro de abastos convertido en el laberinto de una enorme ratonera. Pronto-dicen- se iniciará la construcción de la nueva piscina olímpica de Piura. El bypass en la desarbolada avenida. Pero ahí estamos respirando polvo en el carrusel de los desvíos con el cuento de la reconstrucción y el progreso urbano. Ay Miraflores…. Miraflores  sin flores  que mirar.


sábado, 11 de noviembre de 2017

UN ALGARROBO SIMBOLIZA LA VIDA


Por: Miguel Godos Curay
Desolador aspecto de la avenida Sánchez Cerro frente al mercado central
Un algarrobo simboliza la vida. Entre sus ramas, escribe Rafael Otero, se columpian nidos de aves que al amanecer trinan  y que hoy sin saber donde alojarse tiritan y mueren. Un árbol es mucho más que la apariencia.Es oxígeno puro. Es el aire que revitaliza y el frescor  durante el verano. Un algarrobo como los aserrados de cuajo, salvajemente,  convierte un metro cúbico de agua en cuatro kilos de madera. Es sombra cuando el sol se torna inclemente. Un árbol es vida que preserva la vida. Abastece el fogón del pobre con sus ramas secas.

Rafael Otero aún recuerda como se le pegaban los dedos con el cisco de las  carbonerías cerca al Club de Tiro. Los mataperros  de aquel entonces acudían  a la estación del ferrocarril a cargar  maletas a cambio de algunas pesetas. Diariamente acudían a la estación a verificar el arribo del tren de Paita. Los más diestros y expertos colocaban el oído en los rieles y vislumbrar la proximidad del tren. El lugar de espera favorito eran los bosques de algarrobos entre los arenales a inmediaciones del Club de Tiro, hoy Club Grau, allí echados en la arena disfrutaban del follaje hermoso de los algarrobos. Ahí surgió elemental  la emoción que dio vida a Mis Algarrobos, su terrígena composición. Fue una emoción irrepetible. Ahí  nació: “ Verdes mis algarrobos verdes….”

Las referencias de Miguel Gutiérrez en La Violencia del Tiempo son  ilustradamente exquisitas: “El doctor González caracteriza al algarrobo ( Prosopis chilensis y Prosopis limensis) como “una leguminosa de hojas caducas, tronco torcido, ramas abiertas en sombrilla, follaje de verde oscuro, cuyo fruto es una vaina  de amarillo espeso y de intensa dulzura; hunde sus raíces a una profundidad de quince o dieciocho metros y llega a alcanzar hasta veinte metros de altura; cubre miles de kilómetros entre el despoblado y las zonas situadas en  las riberas costeñas de los ríos Chira y Piura”. Si el algarrobo es el árbol prominente (“árbol milagroso”, lo llama  Sansón Carrasco, pues provee al hombre de madera, combustible y forraje), el término algarrobal o (algarrobal-zapotal) alude a arboledas o a bosques degradados propios del despoblado, Con el tratado del doctor González en mano y con la guía de los leñadores y pastores de la zona, Martín pudo reconocer una parte por lo menos de las variedades de árboles que crecen y conviven a la sombra de los algarrobos.”

Trepar un árbol en donde no existen las cumbres, para los churres, es una experiencia humana irrepetible. En Piura no trepan los caídos del guabo, los estultos, los tontos de capirote, los pisa huevos, los toma tu leche, los que no caminan sin zapatos, los que nunca se bañaron calatos en el río, los que no juegan con barro, los que nunca atraparon una sampapala  para atarla a un hilo y jugar con ella al  vuelo maravilloso de una avioneta con vida propia. Los juguetes de antes eran el trompo, el aro, el maromero, la pelota  y las muñecas de trapo. En tiempos de ventisca las cometas. Otros coleccionaban lagartijas y capazos. Guardaban grillos en Cajas de zapatos para vislumbrar la lluvia.  

Amar un árbol es amar la vida. Por eso en las incursiones por el despoblado apedreamos leñateros cuando salvajemente cortaban sus tallos. Nuestros abuelos colgaban hamacas para la siesta de sueños irrepetibles. Ayer, durante las vacaciones escolares, recogíamos algarroba para venderla como forraje por quintales. Y era bueno el ejercicio. De paso dejábamos la ciudad sin tamarindos para el jarabe de la raspadilla. Hoy nuestro antojo favorito sabe a tinta, tiene color pero le falta sabor. Eran otros tiempos. Atesorábamos pepas de tamarindo, y al cernir  la boñiga de las cabras nos quedaban las semillitas negras  del algarrobo listas para la siembra. Trajinaba Piura de norte  a sur y de sur a norte el manso piajeno del lechero, la verdulera o el aguatero. Hatos de cabras recorrían los despoblados para retornar al caer la tarde a los corrales. Se bebía hectolitros leche de cabra, propicia para que el queso y la natilla. La leche en polvo o en lata que se consumía en los campamentos de Talara era todo un misterio.

Crecimos entre algarrobos de troncos sarmentosos querendones como los abuelos. El algarrobo, tiene fuste y copa foliar. La copa es verde. Según nos dijeron entre los arenales resecos las raíces del algarrobo buscaban los invisibles torrentes freáticos para aplacar su sed y crecían. Hoy como las redes  de tubería de los roba agua están en la superficie, no extiende sus raíces al subsuelo y se nutre de las fugas de estas conexiones clandestinas. Entonces su enorme peso los trae por los suelos. No es un árbol malvado, sucede como en el dicho “en la cabeza del cholo cualquiera es peluquero” quienes los podan  nunca los han tratado con afecto y con ternura. Decía mi abuelo que tenía pasión por un añejo algarrobo frente a su casa del jirón Meléndez en Paita. Este árbol es una bendición. Refresca en el verano y sus ramas secas calientan el invierno.

Con su vidriosa goma me preparó mi primer gomero para pegar coloridos cromos, trabajos manuales, libros  deslomados. Juntaba goma en cantidades inimaginables  para preparar con cal pintura para blanquear la frontera de la casa. Con la goma y una pluma de gallina cubría las heridas porque en su costra no se reproducía ninguna bacteria. Con las ramas verdes hervidas había tisana para la higiene de las paridas. La flor de la ceniza cernida cicatrizaba ombligos de los recién nacidos antes de inventarse el polvo secante.

La vieja arquitectura piurana utilizaba durmientes de algarrobo. Las cruces de los cementerios incorruptas y centenarias eran de algarrobo. La mejor leña y el carbón  se obtenían de sus ramas secas. Los durmientes del ferrocarril que unía a Paita con Piura y Sullana fueron su incondicional aporte al progreso. De sus vainas doradas, que los niños mordisqueábamos por su dulzor se alimentaban cabras y piajenos. Las abuelas las hervían para preparar yupizín nutritivo y cuando no elaborar la melaza tonificante llamada algarrobina. Tónico para recién casados y dulce para las mejores ocasiones. El burro, o piajeno piurano debe su fortaleza muscular a la algarroba.

La remodelación de la Sánchez Cerro es una brutal masacre de algarrobos. Como observan los vecinos se están colocando bloquetas de cemento en todas partes. Los espacios para áreas verdes no existen porque según los inteligentes técnicos de Cosapi impedirán la visión de los conductores. El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de la obra es un documento inaccesible. Tampoco la Fiscalía del Ambiente interviene en este aleve arboricidio.

Un árbol necesita espacio, la tierra respira. Cuando por remodelar la Plaza de Armas de Piura y colocarle loseta se sacó el recoche, el ladrillo recosido, que sostenía las baldosas los viejos algarrobos, ficus y tamarindos sembrados por Don Francisco Reusche se vinieron por los suelos. Ayer, nuestra Plaza de Armas era fresca,parroquial, íntima y hermosa. Hoy con las justas mantiene en pie los pocos árboles que tiene. Lo acontecido en la remodelación de la Sánchez Cerro es  un desgarro del alma de Piura en el espinazo de la ciudad.

Anota Reynaldo Moya: “en el desierto de plata refulgen verdes las esmeraldas”. Son las copas de esos algarrobos añejos y centenarios que se resisten a morir. La ingratitud al galope es capaz del peor de los abusos. ¡Que Piura tan indiferente a la brutalidad! ¿Qué Piura tan despojada de sí misma? ¿Qué Piura tan estafada por los ilusionistas de la modernidad? ¿Qué Piura tan extraviada incapaz de reconstruirse moralmente a sí misma? ¿Qué Piura tan lotizada, canibalizada, rematada, depredada, despojada, olvidada, desintegrada de su propia esencia? ¿Qué Piura tan engatusada por la reconstrucción  cuando se avecinan las lluvias? ¿Qué Piura tan indiferente a las siete plagas? ¿Qué Piura tan desmemoriada y embalsamada al mismo tiempo? Ayer repetía el poeta José Ramón de Dolarea: “Bajo el cielo de Piura descansa el alma entre algarrobos verdes y arenas blancas” Hoy los algarrobos están tristes y las arenas desoladas.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA SEÑORA MUERTE

Por: Miguel Godos Curay

La muerte es un dejar de ser. El que muere ya no es. ¿Tiene sentido el morir humano? Morir duele porque  nos desconecta  de los sentimientos a los que amamos. El filósofo español José Luis López Aranguren (1909-1996), enumera  las actitudes humanas que despierta: Hay una muerte  eludida, la apropiada, la absurda, la negada y la buscada. Vivir sin pensar en morir es una ilusión. Todo pasa y todo queda, dice el poeta. Eludir a la muerte es un olvido aparente. En realidad somos transitorios y efímeros. Vana pretensión de atrapar el aire con la yema de los dedos.  La muerte apropiada es parte constitutiva del ser. El poeta Jorge Manrique (1440-1479) es muy explícito  al definirla:Nuestras vidas son los ríos /que van a dar en la mar,/que es el morir;/allí van los señoríos/ derechos a se acabar/y consumir;/allí los ríos caudales,/allí los otros medianos/y más chicos,/y llegados, son iguales/los que viven por sus manos/ y los ricos”.

Muerte absurda es una mirada de desconcierto ante el cuerpo sin vida de Marilyn Monroe. Es la muerte sin sentido que nos deja sin aliento. Es el pasmo frente al terror. La hemos sentido en la mesa de la morgue ante el cadáver  de un joven  suicida. La desolación golpea todo lo que toca. La muerte negada es otra manifestación visible de la elusión. Es la explicación inexplicable de la  universal costumbre de sacar a los muertos de los hospitales por el postigo. En Piura, el muerto entra al nicho de la misma forma con la que vino al mundo. El rezo dura nueve días en los que según la tradición no se barre. Y se mantiene un vaso con agua para la sed eterna del ausente.

Hoy los cadáveres son embellecidos y maquillados como si estuvieran  vivos. Abundan los analgésicos, ansiolíticos y anestésicos para que el moribundo no sea consciente de su muerte inminente. Peluqeros,  expertos en el arte de embellecer preservan su ajuar que atrae a los vivos.  A ello se suman las “mentiras piadosas” de los galenos para  esperanzar falsamente al moribundo atenuando la desesperación y vendiéndole expectativas de vida cuando la muerte está próxima.

Acuérdate de la virgen porque te vas a morir resuena el verso lorquiano. Sentir la muerte cerca es una experiencia humana inagotable. Sopor intenso que humedece el lecho, ronquera, sumada a los ruegos. La rigidez y la pérdida del aliento frente al espejo como prueba final de los abuelos. Mirar a la abuela y sentir su placidez envidiable. Mortaja según sus deseos. No hay lágrimas en los ojos. Es el rito postrero de la familia.

Francisco de Asís, agobiado por la enfermedad  y consumido por la ceguera advertido por los médicos de la proximidad del final prorrumpió: "¡Bienvenida, hermana Muerte!" era el  3 de octubre de 1226.  Después de escuchar la lectura de la Pasión del Señor según San Juan. Francisco quedó en total silencio. Tenía solo 44 años. Esperaba a la muerte como compañera al final del camino. Heidegger (1889-1976) distingue entre el arrebato físico de la vida y la pre-ocupación. Pre-ocuparse es anticiparnos a nuestra propia muerte. Con o sin angustia y hasta con ironía y humor.

El maestro Víctor Delfín recuerda que  era costumbre de familia comprar un ataúd a la medida el que envuelto en papel bolsa se colocaba en la tranca  de la casa de Bellavista, en el Bajo Piura, como una insólita encomienda. El depositario anualmente lo limpiaba con charol y trementina, lo probaba, hasta que llegara el día. Otros puntillosos de las decisiones postreras elegían  el lugar para descansar,  el paisaje acogedor sin mala compañía. Apuntando a un rincón preferido como expresión del último deseo.

Es la historia  vital de Joaquín Schwalb López Aldana. Se internó en el desierto de Sechura durante catorce años. Fue el visionario de su enorme riqueza. Se enamoró perdidamente de él y fue presa de sus arrobadores y misteriosos encantos. Muerto el 2 de junio de 1996,  las cenizas del zahorí, fueron esparcidas entre las dunas y  los arenales que mueven los vientos. El polvo de sus huesos se confundió con la tierra que amó irresistiblemente. Ese fue su último deseo. Morir para vivir ahí donde el mar besa la tierra.

La ironía frente a la muerte es refrescante. José Guadalupe Posada (1852-1913) el ilustrador y caricaturista mejicano hizo de la muerte el personaje risible de sus ocurrencias. Sus calaveras, calacas, catrinas son inolvidables. De sus manos  y pinceles surgieron calaveras montadas a caballo, en bicicleta,  que desnudaban las lacras sociales, la miseria y los yerros de los encumbrados políticos del país. 

La Calavera, fue también personaje de Diego Rivera, denunciando a través del grabado a los  indígenas enriquecidos por la corrupción. Despreciando sus orígenes y costumbres, subyugados por las modas europeas.  “La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida (…) Una sociedad que niega la muerte, niega también la vida" anota Octavio Paz en El Laberinto de la soledad. El mejicano no teme a la muerte sino la angustia de la vida llena de angustias y sufrimientos.

La muerte absurda es la inesperada. Llega sin que nadie la anticipe o la llame.  Sartre (1905-1964) se interroga abiertamente.  ¿La muerte es la continuación de mi vida sin mí o la nada? Una ausencia de posibilidades frente a un imposible. Nos quedamos entre la nada absoluta o la presencia de Dios. San Pablo dice: “ninguno muere para sí mismo, morimos para el Señor”.

La muerte eludida es una forma de evasión.  López Aranguren puntualiza “La muerte, hoy por hoy, no puede ser eliminada. Pero la preocupación por la muerte sí”. Por eso los viejos imitan y se comportan como jóvenes. No sólo utilizan atuendos coloridos y desencajados sino asumen formas de vida fuera de contexto. Hoy la prolongación de la vida hace prósperos a los grandes negocios farmacéuticos. El pobre se resigna a morir, el rico invierte en prolongar su vida por todos los medios. Poco a poco, nos olvidamos de la muerte cristiana con viático. Del rito familiar de consuelo y despedida. De la bendición postrera y de la oración conjunta. De la resignación esperanzada en la resurrección de Cristo. La muerte tiene un  sentido ético profundo como último acto humano. Un retorno irrepetible e ineludible. Un dejar concluida la tarea. Un se acabó y punto final.