domingo, 13 de mayo de 2018

UN RECADO AL CORAZÓN DE MAMA


Por: Miguel Godos Curay
Delia Curay de Godos, mi inolvidable madre

No podía dejar de escribir esta nota a  mamá. Es como un recado del corazón a ese ser maravilloso presente en lo más profundo del alma. No solo nos dio la vida. Nos ayudó a desenredar ese nudo gordiano misterioso de la cotidiana existencia. ¿Cuántas veces nos hizo fuertes en las contiendas? ¿Cuántas veces lo entregó todo simplemente porque la felicidad de los otros es su felicidad? Y así con la sustancia de su afecto existimos. Es como la luz del candil en la noche fría y su vida se extingue en parpadeos pero ahí está como el titilar de una estrella. Su memorable belleza, la piel tersa se arruga como el maracuyá reseco pero nunca pierde su aroma.

Nuestras madres están hechas de barro noble y tienen coraje a prueba de inflaciones en donde los ajustes monetarios empobrecen a los más pobres. Están galvanizadas de ternura y con pocos soles compran en el mercado, regateando con el casero, los  ingredientes para la sopa más deliciosa, el tamal que nos provoca, el postre que queremos repetir a cada rato y el cebiche que ningún chef ha podido igualar en delicia hasta el momento. Caballa, cabrilla, mero o camotillo, limón ají y ese toque tan propio de su amor convertido en sabor inolvidable. Su aritmética solo sabe de ahorro y si de chibilines se trata los preservan para urgencias y apuros.

Los rorros de cuna son un hit incomparable. Porque esos mágicos cantos provocan el sueño y la sonrisa del crío como el rocío vital de las mañanas que nos deslumbra. Es la belleza sublime de la mano de Dios. Para los bioquímicos es el derrame de oxitocina, la hormona de la confianza, que hace posible desde el momento de la fecundación la adecuación del cuerpo de mamá a ese rol sublime que le encargó la vida. Para nosotros es la arrobadora belleza de la maternidad.  Ese aroma de pañal que tienen los recién nacidos nada tiene ver con Pampers. Es una mezcla de ternura, cariño reconcentrado en la leche tibia de mamá.

Tenemos tatuado su nombre en la memoria y en la noche lo pronunciamos como evocación inolvidable. Para una madre no hay hijo viejo, los viejos son su heredad, su encarnación que camina sola por el mundo.  A las madres del Perú Dios las hizo con acero inoxidable para soportar todas las arremetidas del Ministerio de Economía y Finanzas. Y estamos plenamente convencidos que si las madres condujeran la economía del país le darían vuelta a la corrupción e invertirían los dineros del Estado en Salud, Educación y Viviendas para tener una población sana y útil para el trabajo que transforma al país. Si en el hogar estiran los magros presupuestos y alcanza para todos.  Con razonable e inteligente criterio de la justicia distributiva platónica compartirían con todos. Y con la justicia proporcional en orden a los merecimientos personales. Porque según mamá el que come el puré de zapallo tiene postre de premio. Y el que no que mire y practique para que aprenda.

La oralidad de mamá está viva en cada cuento que inventó para nosotros porque Caperucita Roja de pura vieja está jubilada. Y el desdentado lobo se cansó de devorar abuelitas de carne dura para sus mandíbulas. Ya no hay bellas durmientes porque en los cuentos de mamá habita un universo maravilloso de pescadores de carne hueso con faenas milagrosas. O la historia de la Virgen porteña que camina por las orillas de la playa. Historias de piratas y heroísmos. Historias de gratitudes por los milagros recibidos. ¡Mamá tu mereces el Premio Nobel de la humildad y la grandeza humana!.

Pero ahí estamos abriendo el baúl misterioso de la memoria, desentrañando recuerdos, contemplando viejas fotografías refrescando momentos. Cuando niños en la escuela o recorriendo los pasillos de la universidad. Porque cada acontecimiento feliz tiene la impronta de mamá. No pierdes la costumbre de rezar por todos y pedirle a Dios con el celular de tu imaginación que cumpla con los viejos pedidos para que les vaya bien a los que más quieres. Tu amor no tiene distancias y atraviesa los cinco continentes. Es un combustible maravilloso que inunda las galaxias de ternura.

Un río de emociones surge con tus recuerdos. Y un océano apacible de cariño nos sumerge en la esencia de tus más puros afectos. Sea este día una bendición para todas las madrecitas ausentes y presentes. Porque esa fecundidad que da frutos tiene matices maravillosos. Y así como hay la maternidad de las que paren hay otra maternidad de las que educan  y con la delicia de su amor nos cuidan, nos protegen y nos motivan  a  ser  mejores.

En este país rompecabezas los que deciden los destinos de la república aún no se han dado cuenta que es la energía de mamá la que mueve a la patria. Imperdonable olvido de la seguridad social, de la justicia y de los defensores de los Derechos Humanos. Un Estado que protege a sus madres  tiene una estatura de dignidad más grande que los opulentos rascacielos de Dubai. Realmente en el Perú en justicia y en dignidad reparadora a las mamás nos hemos quedado enanos. ¿Quién legisla en favor de las mamás si la violencia familiar es deporte nacional?

Y así andamos prontos a celebrar el bicentenario de la Independencia Nacional. ¡Terrible incongruencia! si aún dependemos de un Estado que para tapar los huecos del erario encarece las cosas y es tan ineficiente para sancionar a los que lo despojan impunemente. Madres del Perú, madres de mi patria, heroínas anónimas que no desfallecen conduciendo sus críos a la escuela, cuidando con desvelo a un vástago en los hospitales de la seguridad social. Madres que trabajan en los mercados, en los talleres, en las oficinas que con apurado paso son una lección de puntualidad. ¡Gracias por dar a esta nación de ingratitudes sentido para su existencia!

Madres del Perú son la sintonía perfecta para que el himno nacional no sea un canto de sirenas. ¡No desfallezcan! Vuestra gloria excelsa es superior a los laureles que condecoran los monumentos. El Perú existe por ti. Y ese amor que no tiene precio, ni fecha ni calendarios nos mantiene en pie. Gracias mamá porque no hay palabra para decirte que eres origen de la alegría de los niños, el recuerdo de tus hijos grandes y el silencio con el que hablan los tiempos.

Una procesión de recuerdos anida en la memoria. Y recorro con los ojos cerrados las calles desoladas llenas de misterios y estas ahí con tu sutil belleza como el agua para el sediento y el pan para el hambriento. Como un libro abierto pleno de sabiduría y de cuentos ante los que son nada los malabares tecnológicos porque son cuerpo sin alma. Tú eres el alma de las cosas, el origen de la vida. En ti Dios tiene un corazón enorme. Y tus palabras son una bendición. ¡Gracias mamá!


viernes, 6 de abril de 2018

LOS PERROS DUROS NO BAILAN DE PÉREZ REVERTE

Por: Miguel Godos Curay

Ayer jueves presentó Arturo Pérez Reverte en Madrid su nueva novela Los perros duros no bailan. Según Pilar Reyes, jefe editorial de Alfaguara, se trata de una novela policiaca narrada por perros al puro estilo revertiano. Tiene humor, tiene ironía y también tristeza y amargura: Las peleas de perros como escenario de crueldad. La novela pertenece a la saga de Perros e hijos de perra (Alfaguara) donde el escritor y reportero, muestra su entrañable afecto por los canes.

Las palabras del autor en la presentación evocaron la insuperable nobleza canina. “He perdido el respeto por muchos seres humanos, pero jamás por los perros. La lealtad y la dignidad son atributos que los perros aún poseen y encarnan”.  No hay nada que los perros hagan sin coraje –incluso hasta los cobardes- son luchadores y se redimen, en su atávica naturaleza, advierte. Es la llamada de lo salvaje. El instinto como espacio de libertad, enfatiza. En efecto en el mundo no hay criatura tan maltratada porque es fiel o es fiel porque es maltratada. Aunque algunos con desazón sostienen que el perro es un lobo sentimental. Es siempre, por donde se le mire, una expresión de ternura.

Aldous Huxley afirma que “Todos los hombres son dioses para su perro. Por eso hay tanta gente que ama a los perros más que a los hombres”. Mark Twain, se solazaba con la gratitud canina. “Si alimentas a un perro muerto de hambre, no te morderá nunca. Esta es la diferencia entre los perros y los hombres”. Nuestro imaginario infantil está poblado de canes. Rin-tin-tin, un Pastor alemán una aplaudida estrella del cine mudo. Lassie – la Collie más famosa del mundo- y inseparables amigos como Totó, la tierna mascota de la pequeña Dorothy en El Mago de oz ,Pluto y Snoppy, reputados y querendones compañeros de la infancia. Nuestro viringo, el can de Sechura, es un símbolo autóctono muy nuestro. Es un perro limpio, no tiene pulgas y por su original dieta alimentaria vegetariana no tiene caninos. Ceramios y ajuares funerarios precolombinos dan cuenta de su abolengo y estirpe. Doña Manola Sáenz, en su refugio de Paita, allá por 1856, utilizaba  su calor para aliviar el reuma. Los tenía numerosos y con nombres de los figurones de la gesta libertaria.

Pero tantos héroes del celuloide son nada ante “Chumbeque”  la chusca mascota que en 1977 evitó la detención de su amo el político, abogado y escritor Genaro Ledesma Izquieta,  recientemente fallecido. Luis Jochamowitz, el autor de la crónica Chumbeque, publicada en Caretas dedicada al memorable y leal amigo  publicada en Caretas, en abril de 1977. Escribe: “El momento decisivo de su vida llegó la noche de un jueves de mayo de 1977, cuando un grupo de policías se presentó en la casa de su amo para detenerlo. Ingresaron con violencia por la puerta delantera y se encontraron con Chumbeque. Se dice que esa noche mordió a un número indeterminado de investigadores, entre 4 y 17, según las fuentes. El hecho es que su ruidosa y decidida intervención, permitió que su amo escape por la puerta de atrás, que daba a un parque y a la clandestinidad”. Chumbeque, no hay duda, fue un héroe de carne y hueso. Hace algunos días reeditando la crónica su autor escribió:"Si existe un cielo para amos y perros, hoy deben haberse reunido. Chumbeque estará feliz"

Durante la conquista, en el siglo XVI, el perro fue un arma contundente de guerra. Jaurías de perros hambrientos se liberaban sobre los guerreros indios en las denominadas sangrientas perrerías. Los perros destrozaban y desgarraban la piel de los guerreros aborígenes sembrando miedo y terror. Perros, utilizaron también las nazis en sus carnicerías persecutorias. Hoy son famosos los perros de los narcotraficantes capaces de oler a distancia a los contingentes de la DEA. Y los perros de la policía que huelen la cocaína y perciben la ácida sudoración del miedo de los narcotraficantes en los aeropuertos. Muchos traficantes que utilizaron sobredosis de perfume para confundir los olfatos perrunos por el contrario fueron descubiertos en la cola de paso por los canes de los controles aeroportuarios.

Lejos están de Nipper el  perrito que atento escucha la voz del amo como recurso publicitario en los anuncios de los gramófonos de la  compañía estadounidense Radio Corporation of América (RCA). El poeta Arturo Corcuera en Fábula de Pluto y su declaración de principios dice:
“Seré perro de historieta,
un perro en technicolor,
hasta perro de Walt Disney
¡GUAU!
de pura rabia mía
-¿Pariente de Rin.Tin-Tin?
Merde!
¡Jamás perro policía!”

Una afición brutal y salvaje – como los toros y las peleas de gallos- son las peleas de perros que se practican ilegalmente en diversas partes del mundo. Es un ejercicio brutal de mandíbulas de raza –Pitbull, Boxer, Rottweiler Bull Terrier, Bulldog-  dispuestos al ataque y entrenados para embestir. Brutales entrenadores que los excitan y premian con sangre, despiertan su temperamento brutal para la agresión. Se dice que se les entrena para el combate con otros animales pero se refuerza su docilidad con humanos. Sin embargo, perros entrenados han acabado causando indecibles lesiones salvajes a inocentes víctimas. Otros usados como guardianes son ablandados por astutos ladrones con la orina de perras en celo. Por la traición del olfato sustrajeron los bienes en cautela en la punta de su nariz.

Los canes proyectan en cierta forma el modo de ser de sus dueños. A amos agresivos las mascotas tienen el mismo talante. Los hay atléticos que acompañan a su dueño que conduce bicicleta. Alguna vez me contaron que por la acera de la avenida Bolognesi paseaba todas las noches un señor, siempre vestido de negro con un enorme perro. El furtivo transeúnte provocaba el paso obligado a la otra acera. El propietario, gay declarado, provocaba temor. Hasta que se descubrió que el perro jugaba por el mismo equipo del propietario y huía despavorido al primer ¡guau, guau! a todo pulmón.

Mi padre nos enseñó a amar a los perros. Fueron nuestro juguete vivo en la infancia. Siempre al lado nuestro, junto a la cuna del crío recién nacido. Siempre moviendo la cola al retorno de la jornada escolar. En otros momentos acompañando las tareas cotidianas. Siempre compañeros en las excursiones. Los perros guardianes que acompañaban a mi padre disfrutaban de la pesca de anguilas y el café tibio. Los bañaba semanalmente y los paseaba en la playa. Tenían su mismo gusto para escuchar sus discos de carbón favoritos. A su muerte los sepultaba con lealtad humana. Años después en los caminos de la sierra, he dado sepultura junto a un árbol, a algún can extinto. Y durante las noches me he sentido seguro, acompañado y protegido por estos parajes.

Un can al que recuerdo con emoción fue “Mirage” un perro guardián en el campus de la UNP. Junto a él una legión innumerable de perros de todo pelaje. Vencido por la edad, quedó ciego. Pero la jauría en ningún momento le perdió el respeto. Y pese a no ver la luz del día se desplazaba con aplomo entre ladridos. No estaba solo era como un abuelo bien acompañado que enseñaba con aullidos. A propósito de este singular detalle escribí un artículo en el que sustenté que los perros guardianes de la UNP tenían su canino rector. La precaria lectura de las bestias burocráticas me sancionó con una resolución sancionatoria que conservo en la que me prohibía escribir y expresar puntos de vista justamente ahí en donde el debate inteligente es una obligación. De Mirage, preservo, una evocación de Washington Calderón, quien me refirió que los canes de los caseríos contiguos  al Campus Universitario se arremolinaban a inmediaciones del comedor universitario presas del hambre y de huesos que roer. Mirage que encabezaba la tribu. Se compadecía y permitía con sus ladridos que se acerquen y prueben bocado. Muchos hijos de estos canes y nuevas camadas descienden de esta estirpe noble de perros leales y dignos. Pérez Reverte, pintor de batallas, nos recuerda, nuevamente en Los perros duros no bailan, con su estilo fresco y vigoroso, esta inagotable fidelidad, aunque algunos persistan en sostener que el perro y el amor, cuanto más perros mejor.

LLUVIAS EN ABRIL, LLUVIAS MIL

El cambio climático provoca inusuales lluvias que afectan a los
piuranos

Por: Miguel Godos Curay

Decían nuestros abuelos: ¡lluvias en abril, lluvias mil! La frase alude a la primavera en España en la que suele llover. Lluvias sin turbulencia pero en abundancia. En América se emplea la frase para mencionar a las lluvias repentinas, inusuales y copiosas fuera de la estación. En efecto, la lluviecita de ayer nos ha demostrado en carne propia que no hemos aprendido la lección. Aniegos, lodo, basura remojada, lagunas y con esa sensación cruda e ingenua de no entender las perturbaciones que provoca el cambio climático. La misma desazón en los corredores intransitables. Salva el capote, por lo poco bien hecho, la avenida Progreso de Castilla. En el resto de la ciudad la misma vieja y tantas veces repetida historia. La ciudad no tiene sistemas eficientes de drenaje. Y en las obras de rehabilitación y reconstrucción más negligencias por lo mismo.

Los drenes que atraviesan la ciudad están colmatados de basura y como en apariencia el año es seco la prevención es tarea de última hora. La moneda tiene dos caras. Una la de los agricultores angustiados por la falta de agua y la otra la de los que miran el cielo con un injustificado temor al agua, a los truenos y rayos que ahora impactan en las inmediaciones de nuestras capitales rurales. El sonsonete de la lluvia sobre la calamina en los ranchos de los asentamientos humanos provoca desazón y miedo. Las goteras señalan las negligencias. En cualquier momento nubes de zancudos mortificarán a los vecinos como si Nergal el dios babilónico de las plagas hubiese establecido residencia en Piura. Noches de mosquiteros y zumbidos.

Llueve en la sierra, como de costumbre, porque acaba el invierno. Siempre llovió en abril en Morropón, Ayabaca y Huancabamba. Sucede que hoy los pobladores andinos pertrechados de celulares registran los diluvios andinos que impresionan a los costeños. En realidad son lluvias de la estación a vísperas del verano que se avecina pleno de sol y de abundantes naranjas y choclos para los tamales. Durante la temporada pluvial se organizaban las mingas comunales para abrir los caminos y trochas a punta de brazos, barretones y lampas.

Hoy no, el sentido del trabajo comunal se pervirtió cuando se empezó a pagar alimentos por trabajo y jornales por cuadrillas. Entonces las nóminas de voluntarios se convirtieron en planillas donde aparecieron jornaleros fantasmas. La minga ya no existe socavada por el asistencialismo y esos subsidios directos al consumo de cerveza y prósperos negocios de la usura. Hablar de la minga como trabajo comunal para el desarrollo de los pueblos es un viejo relato de otros tiempos. Hoy con la plata baila el mono.

Como consecuencia de la lluvia Piura tiene nuevamente llagas en carne viva. Basta recorrer la urbanización Miraflores o abordar un bus para darnos cuenta de la penitencia diaria de todos los piuranos. Ignoramos si será un buen ejercicio colocar al gobernador regional y consejeros en pleno en un bus para recorrer la ciudad de cabo a rabo. El experimento debería incluir alcaldes y regidores. En Piura, existe la sensación que las autoridades elegidas por el pueblo viven en la nube de la presunción. Se confunde autoridad con la indiferente levedad de quienes viven en la irrealidad absoluta.

Desconocemos si el alcalde y los regidores han realizado en lo que va de su gestión algún nutritivo tour ahí donde las papas queman. Es posible, de hacerlo, que sus actitudes cambien para bien. La gobernabilidad, cualidad de gobernable, exige tener los pies bien puestos sobre la tierra. Y una sensible preocupación para anteponer el bien común al bien personal. Cuando estos factores se invierten la consecuencia es tener autoridades para el escaparate, la notoriedad, el calentamiento de la silla y ojos cerrados al pueblo. No se necesita encuestas para medir la aprobación o desaprobación de nuestras autoridades. La insatisfacción flota en el aire, en el descontento colectivo, en esa rabia interior que cuando se convierte en palabras no deja títere con cabeza. El estado de ánimo de un pueblo es un espejo del desaliento y la decepción frente a las promesas incumplidas de sus gobernantes.

A estas alturas las lluvias son como una sutil llamada de atención existencial que nos recuerda lo mal que estamos. Abandonados a la rutina de la monotonía circular como el burro de la noria. Como advierte Sartori: “Porque un pueblo soberano que no sabe nada de política ¿es soberano? ¿Qué puede nacer de la nada? O de otra manera: de la nada nace el caos.” (1) El ciudadano ignorante en política no tiene capacidad de reclamo a sus autoridades. No fiscaliza, no exige, no vigila. En Grecia en la que la ciudadanía animaba los debates en el ágora. Y en donde a través de la doxa (opinión) expresaba su parecer sobre los acontecimientos públicos. Persuadir y ser persuadido es una condición esencial del debate. Pero hay quienes se desentienden de este atributo cardinal de la vida ciudadana. Bien porque se desentienden de sus obligaciones ciudadanas, bien porque aborrecen la política. En el mundo egeo se les llamaba idiotás. Porque el vivir en una ciudad sin ejercitar la ciudadanía es una especie insoportable de idiotez.

La lluvia tiene el vigor del agua que refresca y aplaca la sed de los campos. Es la vida que se expande en múltiples formas. Reverdecen los terrales polvorientos y el vaho húmedo se apodera de las habitaciones y los libros. Como ayer gotas de lluvia caen sobre mi cabeza esto no significa que debemos quedarnos paralizados ante quienes no son capaces de vislumbrar un mejor final para la historia.

(1)SARTORI Giovanni, Homo videns La sociedad teledirigida, Editorial Taurus, México, Segunda edición: 2001.


miércoles, 4 de abril de 2018

¡ESA PIURA QUE SE FUE PAISANOS!

Estatua de la Libertad en la Plaza de Armas que los piuranos llaman La Pola,
en memoria de la patriota colombiana Policarpa Salavarrieta.

Por: Miguel Godos Curay

Piura es escenario de acelerados cambios. Su matriz económica, ayer algodonera,  ha dado paso a nuevos productos como  la uva, la palta, el mango, el cacao, pimiento piquillo y espárrago para la exportación. Muchos de los ayer frutos silvestres como el aguaymanto y las moras silvestres  golosina natural  de los niños de la sierra son buenamente cotizados. Sucede lo mismo con los nogales que proveen corteza para teñir ponchos pero cuyas nueces nadie consume. Lo propio sucede con los y abundantes hatos de cabras ahora extintos. Allá por los 60 las góndolas y autos que venían de Paita hacían un alto en las inmediaciones del novelesco Congorá para dar paso a cientos de cabras. Ocasión para que los pastores del desierto ofrecieran a pasajeros en tránsito queso fresco.

Piura se nutría de leche de cabra, la que en su composición química es la que mejor se parece a la leche materna. Abundaban las natillas y los quesillos que en nada se parecen a los elaborados con leche en polvo o leche evaporada. No tienen la misma textura. En Belisario, asomándose al desierto de Sechura se bebía chicha y leche fresca de cabra. Las arcadas dentarias de los niños no mostraban las lesiones hoy abundantes de la caries. Y esa dieta de azúcar de caramelos y aire de las loncheras pertrechadas de chizitos.

La cabra, dice López Albujar, es la vaca del pobre. Ella brinda carne, leche, abono y es una gran reforestadora del desierto. Sus ácidos gástricos ablandan el tegumento de las semillas de algarrobo y la predisponen para la siembra. En la Piura colonial los inmensos hatos de cabras eran soporte de la economía de las jabonerías a dónde iban a parar sus sebos y la elaboración de cordobanes. Cinchas de cuero para los amarres de los durmientes y paredes de las antiguas casonas. El cuero se remojaba y a la hora del amarre los alarifes los templaban de tal manera que al secarse adquirían una consistencia para los siglos.

Por los antiguos callejones de Piura desfilaban piajenos y cabras en procesiones interminables. Al norte  de los Ejidos y al sur de Coscomba. La leche y el pan se distribuían  puntualmente al igual que los frutos de las huertas. Hoy no hay leche de cabra ni para remedio. El postre de quesillo con miel de chancaca -nos advirtieron- era con quesillo de vaca. En la industria lechera los quesos y yogures de cabra son altamente cotizados. En Piura no, porque hemos despoblado el desierto de este generoso rumiante que aporte carne deliciosa para los secos y piqueos. La afición andariega de la cabra piurana hace su carne magra deliciosa y apetecible.  Se nutre de algarroba y brotes. No ocupa grandes corrales y en majadas responde a las necesidades de las familias campesinas pobres.

Urge rescatar los hatos de cabras que antes eran una nota distintiva del paisaje piurano. La leche evaporada de tarro y la leche en polvo de los pervertidos programas vaso de leche han desplazado a un producto tan genuinamente piurano insumo de quesos y natillas como las que hacían chupar los dedos a la gomia de antaño. Lo propio pasa con los chifles piuranos. El chifle de ayer tenía cuerpo y  con un crocante logrado en el oreado al sol. Se les acompañaba con cecina y ají. Hoy tienen levedad para llenar la bolsa y son quebradizos. El de ayer tenía peso y cuerpo como para conjurar antojos y conversas. El de hoy es un extraño pariente del chizito. Bolsa y aire.

Advierte Vargas Llosa que en lo que queda del desierto piurano están ausentes los piajenos y las cabras. Ruidosas motocicletas ocupan  los espacios con sus estridencias. En este salto al vacío de la modernidad. Igual de resquebrajados están nuestros valores cristianos. Los fervorosos concurrentes a los ritos de la cuaresma fueron actores del pueblo llano. Aquellos personajes que con humildad mantienen viva su fe. Ni ápice de  las autoridades y la copiosa población de los colegios católicos. La catedral de Piura, sin embargo, no estuvo sola. Viejos, niños y jóvenes. Furtivos turistas y los piuranos de siempre aquellos que no huyen en estampida a las playas a divertirse en plena cuaresma besaron la cruz.

Sin embargo, la espiritualidad piurana tiene nuevos resortes. Una cristiandad emergente de creyentes en los abundantes grupos evangélicos y novedosas confesiones. Hoy los nuevos seguidores de Moroni no son rubios de ojos azules sino jóvenes autóctonos mestizos, serranos, cholos y negros persuadidos  para ejercitar su proselitismo en buses de transporte urbano y emprendiendo iniciativas cívicas que los habitantes de la urbe han olvidado. El otro día limpiaron postes y muros de esos empalagosos avisos que ofrecen pensiones  a estudiantes y sospechosas convocatorias a jovencitas para   castings  de modelaje. El piurano de ayer tenía la cortesía en la punta de la lengua el de hoy, con audífonos puestos, vive como un robot en la incomunicación pura,

Los evangélicos no pierden tiempo visitan casa por casa, conocen los vecindarios con plano en la mano. Pese a ser rechazados te desarman con una sonrisa. Oran y oran ahí en donde se derrama el pecado. Y la estrategia de enviar viejas porfiadas con sombrero, poco a poco, se muda a la irresistible tentación de jovencitas amables, educadas y persuasivas. Las ayer ridículas predicadoras han dado paso a una legión entusiasta y laboriosa de evangélicas venezolanas educadas, corteses, amables y con sonrisa de boca a oreja. Un gota de miel atrae más moscas que un litro de hiel.

El otro extremo del fervor piurano es una telaraña el diablo. Anuncios de “Amarres” en avenidas populosas y “unión de parejas” en zonas residenciales pueblan los postes de la desordenada ciudad desvencijada. Todas esas emisoras que interfieren en el dial están dedicadas a curanderos y brujos de todo pelaje. Nadie los sanciona ni los detiene. Otros son los predicadores y conversos del Centro Victoria, buen floro, tofes y bolsas para el recojo de la basura. Los testimonios te dejan sin aliento. Yo dormía en la basura cuando consumía drogas pero no hay nada imposible para Dios. Y aquí estoy buscando apoyo para otros que necesitan ayuda para abandonar el sórdido mundo del alcohol y las drogas. ¿Cómo lo hacen? Son un equipo de lenguaraces bien hablados y persuasivos. 

El transporte urbano sigue siendo un dolor de cabeza. El mercado central un centro de abastos desordenado e insalubre. No se ordenó el comercio ambulatorio por falta autoridad pero ya se vendieron los aires para construcciones inseguras y transgresoras de las disposiciones de Defensa Civil. El mercado central sigue siendo la promesa de todos los alcaldes y el desafío de todos los candidatos. Un problema gordo irresuelto.

Según Cosapi se plantarán mil 690 árboles nuevos a lo largo de la remodelada avenida Sánchez Cerro. En realidad y en verdad no existen ni en fantasía almácigos ni espacio para reforestar entre bloquetas de cemento y más cemento. Lo que hay es imparables ampliaciones de presupesto. No hay árboles en pie en ningún extremo. Lo mismo  se dijo al culminarse la avenida Vice. Hoy no hay área verde para la sombra y oxigenación de la ciudad. Lo que hay es un zanjón de cemento y bajo tierra el sistema de drenaje. No hay más. Con el tiempo que falta para la culminación de los trabajos en la avenida Sánchez Cerro resulta imposible que se logren plantar 2 mil 690 árboles.

Desconocemos si el gerente de Medio Ambiente de la Municipalidad de Piura Luis Araujo Gutiérrez inició, tal como anunció, la supervisión de la siembra de estos nuevos pulmones para la arteria más transitada de la ciudad. En Piura, todo es posible. Con esa anemia cívica que nos consume y esa anorexia de valores que nos deforma hemos quedado reducidos a una aldea ágrafa en la que sólo importan, por el momento, las pasiones desbocadas de los candidatos y la indiferencia de una ciudad sitiada por la basura.

lunes, 19 de marzo de 2018

CRÓNICAS DE CAFÉ

Pavo, chifles y tamales servidos con proverbial cordialidad piurana. 

Por: Miguel Godos Curay

La puntualidad de los asiduos concurrentes al Café Central es sorprendente. El café ubicado en el jirón Loreto  abre sus puertas a las 7.30 de la mañana religiosamente pero los cafeteros se congregan en sus puertas desde las siete. En la entre mesa previa  e íntima al café retinto y la patasca no falta la conversación sobre los históricos y diluvianos problemas que  aquejan a Piura. Últimamente llegaron a la conclusión que la avenida Progreso de Castilla está mucho mejor que las avenidas Grau y Sánchez Cerro de Piura, destrozadas cada esquina, como si la ingeniería fuera una obcecada y contumaz  exacción contra los vecinos. Los trabajos empiezan pero nunca se sabe cuándo acaban. Nadie informa sobre lo que hacen y deshacen. Cierran calles abren zanjas colocan señales de tal manera que entre desvío y desvío venir desde el hospital santa Rosa al  hospital regional demora lo que un avión de Piura a Lima una hora y quince minutos y con mala suerte una hora y media.

Advierten los avisados cafeteros que todo va de mal en peor en Piura. Hay una vía de evitamiento  pero el transporte pesado sigue ingresando a la ciudad. Todos coinciden en señalar que Piura -la ayer acogedora ciudad norteña- es un gigantesco basural. Nadie limpia.Los vecinos arrojan  diariamente  basura en todas partes la que nadie recoge. De las casi 400 toneladas que produce diariamente Piura con mucho esfuerzo se evacuan  el 30% y 40%. El resto permanece en calles y callejones, a inmediaciones del centro de abastos. Y la ayer parcela de la zona industrial en donde se encuentran instalados los madereros está sobrepoblada de clubes nocturnos, de solapados puteríos como si se tratara de una floreciente industria liviana. Nuevamente los desvíos nos han mostrado el gigantesco basural que es este lugar.

Lo propio sucede con esos cartelones murales estridentes de Agua Marina, Corazón Serrano, Corazón Sensual, Besito …Caricia entre otras denominaciones chicheras que afean el ornato pero que dejan al desnudo la falta de autoridad en la materia. La guerra  perdida del municipio es contra el comercio ambulatorio. La informalidad ha convertido el mercado central en una tierra de nadie. La informalidad se ha apoderado hasta de los aires del mercado Central y el Anexo. El aspecto es desolador y deprimente. Hemos retrocedido a los tiempos de la aldea sin ley ni orden.

Todos recuerdan con gratitud al Alcalde Antonio Leigh al frente del Honorable Concejo  Provincial de Piura. Quienes lo acompañaron recuerdan que pagaba con su bolsillo hasta los consumos personales de agua con un sentido cívico y profundamente humano de la austeridad. Vivía la ciudad en carne propia y recorría en su propio auto su territorio. Hoy la adicción a la dieta ha poblado los municipios de  buenos para nada. Que conste, el colmo de los colmos, a algunos municipios se les ocurrió proponer el pago de dieta por asistir a sesiones solemnes. Algo así como pagar por perder el tiempo.

Todos los problemas desfilan uno tras otro. El desorden del transporte urbano. Los aniegos en el flamante sistema de alcantarillado de la urbanización Miraflores. Las colas en la seguridad social, el nuevo puente de 51 millones de soles. El paso de desnivel que atraviesa la vía a Catacaos. Los candidatos de turno y sus interminables bailes. La inseguridad  como vulnerabilidad urbana persiste. Pocos se sienten seguros en su casa.  Aunque no hay lluvias,advierten, no se dejen sorprender por san José. Por supuesto que entre café, patasca,  tamales, sándwich de lechón o de pavo  afloran las soluciones, las propuestas, los recuerdos, las anécdotas.

El piurano conversa, es memorioso y es esquivo del celular que finalmente  usa como reloj y alerta. Otros lo utilizan para solicitar turnos a Essalud y otros “para que me recojan mis hijos”. Pocos jóvenes desfilan  en este itinerario aromático de café pasado, los pocos mozos que concurren  son buena muela. La patasca es  una sopa de maíz pelado con pellejo de puerco. El maíz ablandado por el hervor es delicioso acompañado de yerba buena y el pellejo salado  que suma  a esta eclosión de sabores andinos. La patasca piurana es hoy parte de la tradición culinaria y sólo se prepara los domingos. Los chicharones son parte de la piuranidad de la cuchara e ingrediente de las cachangas mantecosas y crocantes.

El Café Central, en el jirón Loreto es uno de los reductos de la tradición culinaria local. Viernes, sábado y lunes expenden pavo con chifles o con ensalada. Los chifles que aquí preparan son los mismos  que elaboraban las abuelas. Redondos y oreados con dureza de galleta. Son, sumamente deliciosos y distintos de los chifles finos y quebradizos que abundan en los mercados. Tienen cuerpo y en las sesiones de trabajo interminables acompañan al café con deliciosa cancha. Hemos probado los chifles en el cine y superan creces al pop-corn. Las palomitas son más aire que nuez que morder. Resaladas buscan descoser  la sed. Los chifles no son un invento reciente Concolocorvo (1715-1783)  en su Lazarillo de Ciegos y Caminantes, los menciona como fiambre de arrieros y trajinantes. Los chifles se acompañaban de cecina, ají. Y mates de chicha para abreviar la sed.

Los asiduos concurrentes del Café Central se tratan con cordialidad. Algunos son abuelos sin remilgo como el coloquial compañero de esa vieja que acompaña su taza de café retinto con empanadas de la Panadería de Navarro en  la avenida del San Teodoro. Y son tantas sus maledicencias que sobre la carne de puerco endilga a su marido. Que el viejo, con socarrón humor piurano, desconecta los audífonos para decirle finalmente sonriente: Ya te escuché.  Son inolvidables piuranos de carne y hueso incapaces de renunciar a una caliente y humeante taza de café.

domingo, 24 de diciembre de 2017

CANTARES DE NOCHEBUENA

Abuela huanca con sus Niño Dios que le acompaña siempre en su soledad. En
reciprocidad al afecto lo saca a pasear por las calles de Lima.
Por: Miguel Godos Curay

Los arrullos cantados al Niño Dios en  Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú son anónimos. Los poetas populares los repiten de boca a oreja. Basta que los cantores los preserven en su memoria para hacerlos suyos o añadirles algunos aderezados versos propios. El cantar es espontáneo y se crea y recrea en la boca del juglar. El nacimiento de Jesús, por eso  sigue siendo motivo de peregrinaciones en donde comparsas de pastores recorren en los barrios los tradicionales nacimientos y rituales celebratorios. En las grandes urbes luces de neón en los recónditos rincones retazos de añeja tradición. 

Alfonso el Sabio en 1270 acopió manuscritos de los cantares populares los que deberían preservarse en la cámara regia para servir de viva inspiración a los cronistas a la hora de escribir la historia oficial. Gracias a esta previsión Alfonsina llegaron hasta nuestros días las cantigas recogidas en los cancioneros populares. Esta cultura oral trashumante se conserva aún en los villorrios más apartados del continente.

Algunas mantienen su naturalidad poética, su religiosidad ínsita y un buen humor y  jocoso y sin agravio. Los “miaditos” del niño  basta recordar no son otra cosa que la chicha y aguardiente que se consumen para la ocasión. Para los niños chicha de maní y mazamorras, pasteles del panadero del barrio y dulces de recetarios antiquísimos. Los panetones son de factura reciente. El pavo se consumía ayer con pastel de fuente aromado de canela por las abuelas. El chocolate  en tejas  venía de Loja o de Jaén y se encargaba con tiempo. Se batía con molinillo y al enfriarse quedaba recubierto con su costra de mantequilla.  Pese a los arrebatos de la modernidad, las luces coloridas y los villancicos registrados por la electrónica vive la tradición. Jackobson, advierte, que estas expresiones populares de la oralidad son genuinos tesoros de la lengua.

Los arrullos acompañan al Niño Dios, los entonan grandes y chicos. Son el complemento de los juegos infantiles. Estos arrullos compilados en el sur del Ecuador recorren también el norte del Perú. Los arrullos forman parte de esta tradición, son la respuesta  creativa al llanto del niño que llora. Otros son los “lloros” por el difunto ausente, la viuda o las plañideras convocadas refieren entre lágrimas y sollozos las virtudes y en algunos casos los defectos del difunto. También se acostumbran para despedir el Año Viejo exorcizándose  de sus cotidianas tragedias. En el mundo andino el canto y el jolgorio acompañan la siembra, las cosechas, los nacimientos, los matrimonios y la propia muerte. Esta compilación de arrullos corresponde a  Aragua (Venezuela) y a Macará (Ecuador)


-Señor San Joaquín
Señora Santa Ana
 acuésteme el niño
 que quiere dormir.

 –Señor San Joaquín
 señora Santa Ana
 porque llora el Niño?
– Por una manzana-

-Yo le daré una
 yo le daré dos
 una para el Niño 
y otra para vos- (Aragua)

La mata de higuera
florió en nochebuena.
como es tan hermosa
flores de azucena,

Hoy con tantas flores
los campos se alegran
los serafines cantan:
¡María gracia plena!.

A rru-rru mi niño
que parió la vaca
cinco borriquitos
y una garrapata.

No llore mi niño
no llore mi amor
que tu madre vela
con todo su amor. (Macará)

En la franja costera el Niño Dios se asocia también  con el Niño climático de la corriente cálida y el inicio de las lluvias que desbordan  las torrenteras. En las estribaciones andinas la navidad marca el inicio del invierno y el advenimiento de las lluvias con las que se inician las siembras. Dice el verso: “…las aguas bajan turbias/ ríos y fuentes también”.

“ Ya se va la Virgen pura
de viaje para Belén,
Y en la mitad del camino
Pide el Niño agua pa beber.

No te puedo dar, mi vida,
No te puedo dar mi bien;
que las aguas bajan turbias
ríos y fuentes también. (Cali)

Este niño tiene sueño
muy pronto se va a dormir
tiene un ojito cerrado
y el otro no puede abrir. (Quito)

Dulce, dulce nombre
nombre de Jesús
que en mi vida sea
tu nombre mi luz.

Agua, Dios agua,
Agua, por amor de Dios
Agua para los que te aman
y te veneran a vos. (Bolivia)

Los indiecitos pastores
trigo y quinua llevarán
José y la Virgen María
buena chicha tomarán.

Al niño Dios le llevamos
un ponchito de color
un chullito muy serrano,
botincitos de algodón.(Perú)

De la flor nace la rama,
de la rama nace la flor.
De la flor nace María
y de María, el Redentor. (Perú)

¿Qué tiene ese niño?
Con tanto llorar
querrá que le traigan
miguitas de pan.  (Sullana)

Como escribe el poeta Teodoro Garcés Negrón:

“El río Piura viene
como el Niño, en Navidad;
el río Piura juega
Como un joven Carnaval;
y el río de Piura muere
cansado de trabajar,
explotado por los dueños
de este vasto algodonal”.


En Ecuador y Perú era antes una arraigada costumbre la quema del año viejo y para ello  en esta despedida se escribían los testamentos que no eran otra cosa que un señalamiento colectivo de los errores del alcalde y de las malas costumbres de vecinos y ciudadanos. El testamento se leía en voz alta y con gran expectación por las ocurrencias y el tono satírico que deslizan los menudos folios de la voluntad del año agonizante. Ayer los testamentos del año viejo eran un verdadero azote de alcaldes y regidores. Y su contundencia era mayor que los hoy informes municipales de gestión.

No les dejo nada
a mis abogados
porque ya se quedan
bien acomodados.

Dejo a los rateros
que por caridad
les den posada
a los de la seguridad.

Ganas no me faltaron
de llegar a ser presidente
otros ya  se alzaron
los reales y  el billete.

Como por millones
me tiré plata ajena
escribo mi testamento
desde la Nochebuena. (Quito)

Arrullos, villancicos y testamentos son parte de esas expresiones intensas y sentidas de la cultura popular. Oracionales de difuntos, la celebrada “Salve de la vacas” entonada al filo de la madrugada en los velorios de Santo Domingo, Frías y Chalaco. La mágica oración para volverse invisible, o la tantas veces invocada para encontrar cosas extraviadas y perdidas. Son lo poco queda de un universo fascinante en donde  el  Niño Jesús sobrecoge e ilumina concepciones del mundo y relatos del imaginario andino. En las aldeas alejadas del vértigo urbano, abuelas y nietos, en el fogón de la cocina recogen flor de ceniza para arrojarla en el suelo con la inefable certeza que en ella quedarán registradas las dulces pisadas, las huellas del Niño Dios.


En la foto que ilustra esta nota aparece una venerable anciana huanca que en pleno siglo XXI me sorprendió en esa Lima de encantos y de brumas con su Niño Dios. “Mi fiel compañerito no me deja sola”.  Ella lo saca a pasear porque  es callejerito y se contenta. Lo abriga, le canta, lo pasea y le habla. Según refiere recorre la casa. “Me socorre en la necesidad y me acompaña. Mis hijos mayorcitos ya se fueron.  El niñito me acompaña. Yo le doy gracias a Dios por ese noble gesto”. Me permitió con admiración registrar esta foto. Y  Jesucito me sonrió. Lo ven.