martes, 13 de febrero de 2007

PIURA,VARGAS LLOSA Y LA INAGOTABLE PASION


Por: Miguel Godos Curay
Universidad Nacional de Piura


En este ambiente provinciano llega Mario Vargas Llosa en 1946 para culminar la primaria en el Salesiano en cuyas aulas conoce a Javier Silva Ruete, los mellizos Checa, los Hilbeck, los Romero, los Artaza y Seminario. Los colegiales acudían puntualmente a sus clases y posteriormente a la salida se solazaban en mataperradas innumerables en las orillas del río y fundos vecinos. Tal como refiere Vargas Llosa los aplicados colegiales se tomaban sus licencias como repetir palabras impronunciables y liquidar todas las historias vinculadas al vuelo de la cigüeña. En Piura los niños eran producto de la gimnasia humana y la urgencia fisiológica. Un tópico vargallosiano es el del descubrimiento de la sexualidad adolescente. La doble moral muy piurana que salta del pecado mortal y la condenación del infierno al arrepentimiento pío. Finalizado el colegio Vargas Llosa retorna a Lima. Tras un accidentado tránsito por el Colegio Militar Leoncio Prado vuelve en 1952 para culminar el quinto de secundaria en el Colegio San Miguel. Mario ya se ha curtido en la redacción de La Crónica. En Piura es acogido por don Miguel Cerro en La Industria. Posteriormente continuará bajo la dirección de Pedro del Pino Fajardo, un bohemio y fogueado periodista casado con una nieta de Ricardo Palma..

En La Industria comparte impresiones con Néstor Martos, Luis Ginocchio y Owen Castillo. San Miguel es ocasión para entusiasmos literarios. Aquí estimulado por Carlos Robles Rázuri y con la anuencia del doctor Luis Marroquín director del San Miguel puso en escena “La Huída del Inca” con la participación de los hermanos Raygada, Juan León, Ruth y Lira Rojas, Yolanda Vilela y Walter Palacios. El debut previsto para el 17 de Julio de 1952 fue anunciado en las páginas de El Tiempo y La Industria. Javier Silva Ruete perifoneó por las calles lo que denominó “ el acontecimiento del siglo”. Esta segunda estancia piurana fue decisiva para Vargas Llosa. La curiosidad juvenil se expandía hasta las quinchas de “ La Casa Verde” el memorable prostíbulo ubicado entre Tacalá y Catacaos en donde con democrático igualamiento se derribaba la distancia social entre los piuranos. “La Casa Verde” no sólo provocaba los sermones sulfurosos del Padre Jesús Santos García sino incontenibles pasiones juveniles. En “La Casa Verde” entre secos de cabrito, trovadores empedernidos y un legión de parroquianos dispuestos al trato carnal Vargas Llosa trazó las coordenadas de una de sus mejores novelas. Piura también aparece en la obra de teatro “La Chunga” y en ¿Quién mató a Palomino Molero?. Cuya trama fue urdida sobre el asesinato no resuelto del avionero José Abad cuyo cuerpo torturado fue abandonado entre los chopos de las inmediaciones de la base militar.

Gracias a Vargas Llosa son universales los tradicionales barrios “La Mangachería” y “La Gallinacera” que polarizan no sólo los estratos sociales de una Piura cuya economía estaba sostenida en la vida de la hacienda. El “oro blanco”, el algodón pima piurano era muy bien cotizado en los abatidos mercados internacionales de la post guerra. Refiere Miguel Gutiérrez que por aquel entonces en la Plaza de Armas los soldaditos se contentaban con contemplar de lejos los apetecidos frutos de las bíblicas familias piuranas. La bonanza duró poco porque la burguesía se encandiló en el espejismo de una existencia muelle transcurrida entre los wiskys del Centro Piurano y los veranos estridentes en Yacila y Colán.

La Piura de Vargas Llosa con autos último modelo, wiskys, cinematógrafos y excursiones a La Casa Verde es hoy un espejismo. Los ricos de ayer han empobrecido. Formas salvajes de acumulación como el narcotráfico y la emergencia de placer han trastornado la economía. Las industrias languidecen. Un estudio de ordenamiento del suelo realizado por el profesor Clarence Minkel de la Universidad de Tennesse revela indicadores dramáticos: las industrias de Piura agonizan. Piura con 500 mil habitantes tiene no más de cien industrias. A contrapelo crecen la informalidad y los tugurios. La Piura que encontrará Mario Vargas Llosa es otra pero con los mismos pecados.

La Universidad Nacional de Piura por decisión unánime le conferirá el Doctorado Honoris Causa como reconocimiento a una fecunda actividad literaria y a una vocación irreductible de defensa de la libertad de expresión. La literatura es para Vargas Llosa una pasión, es la vida misma. Vargas Llosa pertenece a esa especie humana de criaturas prodigiosas que tienen tinta en las venas y como un cuchillo entre los dientes el don de la palabra. Piura es para el escritor motivo de inspiración una especie de isla en la que quedaron sumergidas las vivencias de una infancia en retirada y una juventud plena de inquietudes, urgencias y pasiones.

Piura ha marcado a fuego la vida de Vargas Llosa como ese sol rubio e intenso que provoca el suicidio de las iguanas al filo de las carreteras. Esa Piura que se nos fue es la que guarda en su memoria el escritor. Es la misma Piura que recuerda con sonora carcajada Alfredo Bryce cuando mata la sed con potitos de chicha y añoranzas salinas de Colán. O como Miguel Gutiérrez anota en el paisaje urbano en el que agonizan las casonas y el esperpento de una publicidad incontrolada que nos obliga a pellizcarnos la carne y recordar que se nos va la tierra. Este será un reencuentro íntimo, por ello profundamente humano, noble, entrañable y reconfortante, en la cartografía de los afectos como bien señala Pascal el corazón tiene razones que la propia razón no entiende.

Fue en Junio de 1987 cuando llegó Vargas Llosa a Piura liderando la campaña cívica contra la estatización de la banca. El mitin concurrido y sonoro se realizó en el frontis de la Catedral de Piura. Mario Vargas, no acostumbrado a estos menesteres había preparado en metódicas fichas un emotivo discurso en donde desfilaban por el esfuerzo de evocación los viejos amigos, el paisaje, la transitoria presencia en el Salesiano y el centenario San Miguel. No se si por la euforia del momento tras la firme y contundente posición frente a las pretensiones estatistas las fichas se perdieron. Una copia de este original documento me alcanzó Guido Ayala que conservaba como inapreciable tesoro. Las originales con la caligrafía del escritor las guarda como una valiosa reliquia Armando “Ñato” Burneo.

He tenido la ocasión de entrevistar a Vargas Llosa en dos ocasiones. Una sobre el tema siempre exquisito de los orígenes de la marinera y el tondero piurano en los frescos ambientes del Club Grau. Y otra sobre la presencia de Piura en su producción literaria después de recibir el homenaje del Alcalde Frank Mc Lauchlan.. Alguna vez escuché de primera fuente el testimonio de Carlos Robles Rázuri sobre el escritor. Piura tiene una significación extraordinaria en la vida de Vargas Llosa. En Piura estuvo en el año 1946 para acabar el quinto de primaria en las aulas del Salesiano y en donde descubrió que Piura es otro país en donde los churres disfrutan con desenfado del verbo florido y la contemplación gozosa de los piajenos en plena fornicación. Otra es la lectura piurana de Miguel Gutiérrez. A ambos ha marcado a fuego la vida colegial y los arrebatos piuranos de reprimida virilidad. Son recuerdos indelebles. Atados a la existencia de una vida rural extasiada en la contemplación del río y la frágil prosperidad de las haciendas.

Sinesio López, hoy Director de la Biblioteca Nacional, recuerda que los hacendados ricachones recorrían las extensiones de sus fundos en avioneta y para consolar su deleznable piedad ayudaban con sus contribuciones a la Iglesia y el Seminario Diocesano. Pero el piurano tiene una personalidad controvertida enciende una vela a Dios y otra al diablo. Es piadoso de gestos conmovedores pero al mismo tiempo se “florece” en los menjurjes supersticiosos y brujeriles de las Huaringas. El abuelo bíblico, don Pedro Llosa Bustamante, era Prefecto de Piura. Tras esta presencia efímera pero con muchos recuerdos y con innumerables amigos como el gordo Javier Silva Ruete, los Checa, los Artaza y Shapirito Seminario. Mario retorna a Piura en 1952 para acabar la secundaria en el San Miguel. Son sus profesores Néstor Martos, Carlos Robles Rázuri, Jorge Moscol Urbina, Manuel Aldana, don Ramón Abásolo y el inolvidable cura don Jesús Santos García.

Era el Director el doctor Luis Marroquín, autor de las innovaciones pedagógicas en la evaluación que provocaron la protesta estudiantil que posteriormente recoge en “Los Jefes”. No se puede hablar de Vargas Llosa sin una alusión a “ La Casa Verde” en donde el escritor contempló de cuerpo entero al propio Prefecto Jorge Checa disfrutando de la hospitalidad de las chuchumecas y los trovadores que con guitarra y cajón en la hipnótica tarde interpretaban valses, pasillos y tonderos. “La Casa Verde”marca el inicio del deslumbrante despertar sexual. Recuerda Vargas Llosa que los parroquianos acababan, por la falta de barbacoas, disfrutando del placer en noches plateadas de luna sobre los arenales tibios y el titilar de las luces de la ciudad. No tengo noticias certeras de la ubicación exacta de “La Casa Verde”. Los cierto es que estaba ubicada en el trayecto de Castilla a Catacaos.

Doña Rosita, la regenta del memorable Viduque alguna vez me afirmó que los muros que habitaba eran parte de la vieja casa en donde hacendados y caporales disfrutaban de todos los placeres. “La Casa Verde” en efecto nos ha hecho universales. Como sucedió con “ El Viejo Saurio se retira” y “ El Mundo sin Xochilt” Gutiérrez muchos piuranos no han leído estos libros por pacatos y otros por sus desafectos con la lectura. Los tres son sabrosos y desnudan de cuerpo entero a los piuranos a los que han elevado a la dimensión inmortal. Piura tiene un encanto seductor. Lo he sentido tras los íntimos recorridos por los recovecos del desaparecido Malecón Eguiguren, el puente viejo o contemplando con admiración la tumba en San Teodoro de personajes como Gaspar Vásquez de Velasco a quien una pluma socarrona caricaturizó con un pasquín venenoso titulado “Gasparito en Miniatura”. Piura está presente en “ La Chunga” y en ¿Quién mató a Palomino Molero?, que refiere las desventuras de la dolorosa y patética historia del avionero Pepe Abad que ocupó las primeras planas de Correo.

Lituma y Sahapirito Seminario son personajes que están presentes en esta narrativa que se asoma a los arenales y al corazón de la selva. No podemos olvidar el debut literario de Vargas Llosa con la puesta en escena de “ La Huída del Inca” en el desaparecido teatro Variedades. En el diario La Industria de don Vicente Cerro escribió Vargas Llosa. Su presencia en la redacción era compartida con los estudios en el San Miguel y los encargos de don Pedro del Pino Fajardo. No escapa a la memoria de Vargas Llosa la singularidad del poeta Joaquín Ramos Ríos quien se paseaba por la Plaza de Armas acompañado de una cabrita querendona. Joaquín, bohemio empedernido se había dedicado de cuerpo y alma a la poesía. Alguna vez Sofocleto sentenció que Piura es el lugar donde el sol nunca se devalúa, la chicha nunca se evapora, la amistad nunca se extingue y las mujeres nunca se olvidan. Piura dejó huella en la vida del escritor no sólo por la admiración al temple bizarro del Almirante Grau, la inagotable amistad de los piuranos sino por acontecimientos humanos y dolorosos que son decisivos en la vida de cualquier alma juvenil. Aquí Mario descubrió con pasmoso dolor que su padre no era la reencarnación de un fantasma extinto sino la imagen que no encajaba en su universo personal.

Piura tiene una vieja deuda con Vargas Llosa. Una deuda de gratitud aún no pagada porque los piuranos no supieron mostrarle en las elecciones de 1990 la voceada admiración y lealtad. Este compromiso sólo podrá saldarse con la lectura de sus obras, con el descubrimiento personal de que las cosas no son lo que parecen y el entender que la lectura ejerce un liberador influjo en las las almas que exorcizan de su conciencia la ignorancia. Mario Vargas Llosa recibirá el homenaje de la Universidad Nacional de Piura que por unánime decisión le conferirá el Doctorado Honoris Causa. Paradójicamente, la UNP hace algunos meses tuvo la valentía de decidir purgar su conciencia retirándole por “causa de indignidad” el Doctorado Honoris Causa al sátrapa Fujimori.
TEXTOS DE VARGAS LLOSA SOBRE PIURA
"El Pez en el agua", Memorias, Seix Barral-Biblioteca Breve

MI PRIMER ENCUENTRO CON EL SALESIANO “

Mi primer encuentro con el Salesiano y mis nuevos compañeros de clase no fue nada bueno. Todos tenía uno o dos años mas que yo, pero parecían aún más grandes porque decían palabrotas y hablaban de porquerías que nosotros, allá en La Salle, en Cochabamba, ni siquiera sabíamos que existían. Yo regresaba todas las tardes a la casona de la prefectura, a darle mis quejas al tío Lucho, espantado de las lisuras que oía y furioso de que mis compañeros se burlaran de mi manera de hablar serrana y de mis dientes de conejo. Pero poco a poco me fui haciendo de amigos –Manolo y Ricardo Artadi, el Borrao Garcés, el gordito Javier Silva, Chapirito Seminario- gracias a los cuales fui adaptándome a las costumbres y a las gentes de esa ciudad, que dejaría una marca fuerte en mi vida. A poco de entrar al colegio, los hermanos Artadi y Jorge Salmón, una tarde que nos bañábamos en las aguas ya en retirada del Piura – entonces río de avenida- me revelaron el verdadero origen de los bebes y los que significaba la palabrota impronunciable: cachar..

La revelación fue traumática, aunque estoy seguro, esta vez, de haber rumiado en silencio, sin ir a contárselo al tío Lucho, la repugnancia que sentía al imaginar a estos hombres animalizados, con los falos tiesos, montados sobre esas pobres mujeres que debían sufrir sus embestidas.” “Las explicaciones del sacerdote que me confesaba, el único ser al que atreví a consultar sobre este angustioso asunto, no debieron tranquilizarme pues el tema me atormentó días y noches y paso mucho tiempo antes de que me resignara a aceptar que la vida era así, que hombres y mujeres hacían esas porquerías resumidas en el verbo cachar y que no había otra manera de que continuara la especie humana y de que hubiera podido nacer yo mismo”.

LA DULCE MORADA DEL ABUELO PEDRO “

La prefectura tenía dos patios y unos entretechos legañosos donde anidaban los murciélagos. Mis amigos yo los explorábamos, reptando, con la esperanza de cazar alguno de estos ratones alados y hacerlo fumar, pues creíamos a pie juntillas que el murciélago al que se le ponía un cigarrillo en la boca se lo despachaba a pitazos como un ávido fumador. La Piura de entonces era pequeñita y muy alegre de hacendados prósperos y campechanos –los Seminario, los Checa, los Hilbeck, los Romero, los Atrasar, los García- con los que mis abuelos y mis tíos establecieron unos lazos de amistad que durarían toda la vida.”

“En la hacienda Yapatera, de los Checa, monté por primera vez a caballo y oí hablar de Inglaterra de manera más bien mítica, pues el padre de mi amigo James Mc Donald era británico, y tanto él como su esposa- Pepita Checa-veneraban ese país, al que de algún modo habían reproducido en esas arideces de las serranías piuranas ( en su casa-hacienda se tomaba el five o’clock tea y se hablaba en inglés)” “Tengo en la memoria como un rompecabezas de ese año piurano que concluiría en el malecón Eguiguren con la revelación sobre mi padre: imágenes inconexas, vívidas y emocionantes. El guardia civil jovencito que cuidaba la puerta falsa de la prefectura y enamoraba a Domitila, una de las muchachas de la casa, cantándole, con voz muy relamida. Muñequita linda, y las excursiones en pandilla por el cauce del río y los arenales de Castilla y Catacaos para observar las prehistóricas iguanas o ver fornicar a los piajenos, escondidos entre los algarrobos.

Los baños en la piscina del club Grau, los esfuerzos para entrar a las películas para mayores en el Variedades y el Municipal y las expediciones, que nos llenaban de excitación y de malicia, a aguaitar desde las sombras aquella casa verde, erigida en los descampados que separaban Castilla de Catacaos, sobre la que circulaban mitos pecaminosos. La palabra puta me llenaba de horror y fascinación. Ir a apostarme en los parajes vecinos a aquella construcción, para ver a las mujeres malas que allí vivían y a sus nocturnos visitantes, era una tentación irresistible, a sabiendas que cometería pecado mortal y que tendría luego que ir a confesarlo.”

LA TEMPERATURA POLÍTICA

“Los malos eran los apristas, que habían traicionado al tío José Luis y le estaban haciendo la vida imposible allá en Lima, y cuyo líder, Víctor Raúl Haya de la Torre, había atacado al abuelo en un discurso, aquí, en la plaza de Armas, acusándolo de ser un prefecto antiaprista. (Esa manifestación del APRA la fui a espiar, pese a la prohibición de la familia, y descubrí ahí a mi compañero Javier Silva Ruete, cuyo padre era apristón, enarbolando un cartel más grande que él mismo y que decía:"Maestro, la juventud te aclama”.)

“Enemigos mortales de los apristas eran los urristas de la Unión Revolucionaria, que presidía el piurano Luis A. Flórez, cuya ciudadela era el barrio de La Mangachería, célebre por sus chicherías y picanterías y por sus conjuntos musicales. La leyenda inventó que el general Sánchez Cerro –dictador que fundó la UR y que fue asesinado por un aprista el 30 de abril de 1933- había nacido en La Mangachería y por eso todos los mangaches eran urristas, y todas las cabañas de barro y caña brava de ese barrio de calles de tierra y llenos de churres y piajenos ( como se llama a los niños y los burros en la jerga piurana) lucían bailoteando en las paredes alguna descolorida imagen de Sánchez Cerro. Además de los urristas habían los socialistas, cuyo líder, Luciano Castillo, era también piurano “.

EL HIPNÓTICO DESIERTO ESCENARIO PARA TODAS LAS EPICAS

“Esos arenales que rodean Piura, con sus médanos movedizos, sus manchones de algarrobos y sus hatos de cabras, y los espejismos de estanques y fuentes que se divisan en él, en las tardes, cuando la bola rojiza del sol en el horizonte tiñe las blancas y doradas arenas con una luz sangrienta, es un paisaje que siempre me emocionó, que nunca me he cansado de mirar. Contemplándolo, mi imaginación se desbocaba. Era el escenario ideal para hazañas épicas, de jinetes y de príncipes que rescataban a las doncellas prisioneras o de valientes que se batían como leones hasta derrotar a los malvados.”

EL COLEGIO DE SAN MIGUEL

“El colegio San Miguel de Piura estaba frente al Salesiano, y no tenía, como éste, un amplio y cómodo local; era una vieja casa de quincha y calamina, mal adaptada a sus necesidades, pero el San Miguel, debido a los esfuerzos del director – el doctor Marroquín, a quien di tantos dolores de cabeza-, era un magnifico colegio. En él convivían muchos piuranos de familias humildes – de la Mangachería, de la Gallinacera y otros barrios periféricos- con chicos de clase media y hasta de familias encumbradas de Piura, que iban allí porque los padres del Salesiano ya no los aguantaban atraídos por los buenos profesores”.

LOS PROFESORES DEL SAN MIGUEL

“Teníamos también un excelente profesor de Historia, Néstor Martos, que escribía a diario en El Tiempo una columna titulada “Voto en contra” sobre temas locales. El profesor Martos, de figura desbaratada, bohemio impenitente, que parecía llegar a clases, a veces directamente de alguna cantinilla donde había pasada la noche entera tomando chicha, despeinado, barbicrecido y con una bufanda cubriéndole media cara – ¡una bufanda, en la tórrida Piura!-, en la clase se transformaba en un expositor apolíneo, un pintor de frescos de los periodos preincaico e incaico de la historia americana. Yo lo escuchaba embelesado y me sentí un pavo real una mañana, en aquella clase en la que, sin mencionarme, se dedicó a enumerar todos los argumentos por los que ningún peruano de casta podía ser un “hispanista” ni elogiar a España) que era lo que había hecho yo, ese día, en mi columna de La Industria con motivo de la visita a Piura del embajador de ese país. “ El profesor de literatura resultó algo desangelado –teníamos que memorizar los adjetivos con que calificaba a los clásicos: San Juan de la Cruz “ hondo y esencial”; Góngora “barroco y clasicista”; Quevedo “alambicado, festivo, imperecedero”; Garcilazo “italianizante, malogrado precozmente y amigo de Juan Boscán“- pero una buenísima persona: José Robles Rázuri. El ciego Robles, cuando descubrió mi vocación, me tomó mucho aprecio y solía prestarme libros. los tenía forrados con un papel color rosa y un sellito con su nombres, entre los que recuerdo los dos primeros que leí Azorín: Al margen de los clásicos y La ruta de don Quijote”. “ A la segunda o tercera semana de clases, en un gesto audaz, le confié al profesor Robles mi obrita de teatro. La leyó y me propuso algo que me causó palpitaciones.

El colegio ofrecía uno de los actos con que se celebraba la semana de Piura, en julio.¿Por qué no sugeríamos al director que el San Miguel presentara este año La Huida del Inca?. El doctor Marroquín aprobó el proyecto y , sin más, quedé encargado de dirigir el montaje, para estrenar la obra el 17 de julio, en el teatro Variedades.” “Aunque sólo fuera por haberme permitido ver, en un escenario, viviendo con la ficticia vida del teatro, algo inventado por mí, mi deuda con Piura sería impagable. Pero le debo otras cosas. Los buenos amigos, algunos de los cuales duran hasta ahora. Varios de mis viejos condiscípulos del Salesiano se habían pasado al San Miguel, como Javier Silva y Manolo y Richard Artadi, y entre los nuevos compañeros había otros, los mellizos Temple, los primos León, los hermanos Raygada, con los que nos hicimos compañeros del alma. El quinto de secundaria resultó un año pionero, pues por primera vez se ensayaba en un colegio nacional el régimen mixto. En nuestra clase había cinco mujeres; se sentaban en una fila aparte y nuestras relaciones eran formales y distantes. Una de ellas, Yolanda Vilela, fue una de las tres “vestales” de La Huida del Inca, según el descolorido programa del espectáculo que llevo en la cartera, como amuleto, desde entonces.”

EL AMIGO JAVIER SILVA “

De todo ese grupo de amigos, el más íntimo fue Javier Silva. Era ya entonces, a sus dieciséis años, lo que sería más tarde multiplicado: gordo, goloso, inteligente, incansable, inescrupuloso, simpático, leal, siempre dispuesto a embarcarse en todas las aventuras y generoso como nadie” “ Su apetito era descomunal y los días de propina – vivía a la vuelta de mi casa, en la calle Arequipa. venía a invitarme a El reina , un restaurante de la avenida Sánchez Cerro, en el que pedía un piqueo y una cerveza para compartir. Íbamos al cine – al Municipal, al Variedades o a ese cine de Castilla, al aire libre, con un solo proyector, de modo que a cada fin de rollo se interrumpía la película, y al que había que llevarse el asiento-; a bañarnos en la piscina del Club Grau, a la “casa verde”, en el camino a Catacaos adónde yo lo arrastre la primera vez después de quitarle el miedo que su padre, un médico muy querido en Piura, le había inculcado, asegurándole que si iba allí le contagiarían una sífilis”

LA CASA VERDE “

La “casa verde” era una cabaña grande, algo más rústica que una casa, un lugar mucho más alegre y sociable que los prostíbulos limeños, generalmente sórdidos y a menudo pendencieros. El burdel de Piura conservaba la función tradicional de lugar de encuentro y de tertulia, al mismo tiempo que de casa da de citas. Allí iban los piuranos de todas las clases sociales –recuerdo haberme llevado la sorpresa, una noche de encontrarme al Prefecto, don Jorge Checa, conmovido con los tonderos y las cumananas de un trío mangache. A oír música, a comer platos regionales –secos de chabelo y de cabrito, cebiches chifles, natillas, claritos y chicha espesa-,o a bailar, conversar y también a hacer el amor. El ambiente era campechano, informal, risueño, y rara vez lo afeaban las broncas. Mucho más tarde cuando descubrí a Maupassant, no podía dejar de asociar esa “casa verde” a su hermosísima Maison Teller, así como la Mangachería, barrio alegre, violento y marginal de las afueras piuranas se identificaba siempre en mi memoria con la Corte de los Milagros de las novelas de Alejandro Dumas.”

“Ir a esa casa pintarrajeada de verde, en las afueras de Castilla, camino a Catacaos, me costaba mi magro sueldo de La Industria, de manera que fui apenas unas cuantas veces a lo largo del año. Pero cada vez salí de allí con la cabeza llena de imágenes ardientes, y estoy seguro de haber vagamente soñado desde entonces con inventar alguna vez una historias que tuviera como escenario esa “casa verde”. Es posible que la memoria y la nostalgia embellezcan algo que era pobre y sórdido -¿qué podía esperarse de una pequeño prostíbulo de una pequeñísima ciudad como Piura?, pero, en mi recuerdo la atmósfera del lugar era alegre y poética, y quienes estaban allí se divertían de veras, no sólo los clientes, sino, también los maricas que hacían de camareros y guardianes, las putas, los músicos que tocaban valses , tonderos, mambos o huarachas y la cocinera que preparaba las viandas a la vista de todos, haciendo pasos de baile junto al fogón. Había muy pocos cuartitos con barbacoas para las parejas, de modo que a menudo era preciso salir a hacer el amor a los arenales del contorno, al aire libre, entre los algarrobos y las cabras. La incomodidad restaba compensada por la tibia atmósfera azulina de las noches piuranas, de tiernas lunas llenas, y sensuales curvas de médanos entre los que se divisaban titilando, al otro lado del río, las luces de la ciudad.”

LOS JEFES “

Ya avanzado el semestre, un buen día el doctor Marroquín nos comunicó a los de quinto año que, esta vez, los exámenes finales no se tomarían de acuerdo a un horario preestablecido, sino de improviso. La razón de esta medida experimental era poder evaluar con mayor exactitud los conocimientos del alumno. Estos exámenes anunciados, para lo qu lo estudiantes se preparaban memorizando la noche anterior el curso en cuestión, daban una inexacta de lo que habían asimilado. Cundió el pánico en clase. Eso de que uno se preparara para química y fuera al colegio y le tomaran geometría o lógica, nos puso los pelos de punta. Empezamos a imaginar una catarata de cursos aplazados. ¡Y en el último año del colegio! Con Javier Silva alborotamos a los compañeros para rebelarnos contra el experimento) mucho después supe que aquel proyecto había sido la tesis de grado del doctor Marroquín). Celebramos reuniones y una asamblea en la que se nombró una comisión, presidida por mí, para hablar con el director. Nos recibió en su despacho y me escuchó educadamente pedirle que pusiera horarios.

Pero nos dijo que la decisión era irrevocable. Entonces, planeamos una huelga. No iríamos a clases hasta que se levantara la medida. Hubo noches sobrexcitadas discutiendo con Javier y otros compañeros los detalles de la operación. La mañana acordada, a la hora de clases, nos replegamos al malecón Eguiguren. Pero allí algunos muchachos asustados – en esa época, una huelga escolar era insólita-, comenzaron a murmurar que podían expulsarnos. La discusión se envenenó y un grupo por fin, rompió la huelga. Desmoralizados con la deserción, los demás acordamos regresar para las clases de la tarde. Al entrar al colegio, el jefe de inspectores me llevó a la oficina del director. Al doctor Marroquín le temblaba la voz mientras me decía que, como responsable de lo ocurrido, yo merecía que me expulsaran ipso facto. Del San Miguel. Pero que, para no estropearme el futuro, sólo me suspendería siete días.” “Cito el episodio de la frustrada huelga porque sería tema del primer cuento mío publicado (“Los Jefes”), y porque en él se vislumbran los primeros brotes de una inquietud. No creo haber pensado mucho en política antes de ese año piurano.”

PIURA Y LA ESTATIZACIÓN DE LA BANCA

“Cuando la batalla contra la estatización de la banca en 1987, hicimos en Piura uno de los tres mítines de protesta, y Piura fue la primera ciudad a la que acudí a hacer campaña, luego del lanzamiento de mi candidatura en Arequipa, el 4 de junio de 1989. Piura fue el departamento del que más provincias y distritos recorrí y al que más veces volví durante la campaña. Estoy seguro de que en ello intervino mi subconsciente predilección por lo piurano y los piuranos. Y, sin duda por esto mismo sentiría esa decepción, en junio de 1990, al descubrir que los electores piuranos no correspondían a mis sentimientos pues votaron masivamente por mi opositor en la elección del 10 de junio, a pesar de que aquél apenas había hecho una furtiva visita a la ciudad en el curso de su campaña”.

1 comentario:

MARIA ANTONIETA dijo...

Quisiera se hiciera una rectificación importante, ya que Pedro del Pino Fajardo nunca estuvo casado con la nieta de Ricardo Palma, tuvo dos hijos con ella Miguel Angel y Pedro Igor del Pino Palma. Pedro amo la vida, la belleza, la poesia, las mujeres que tuvo varias, siempre amandolas, prometiendoles vida eterna, sin por ello poder casarse, apenas la ilusion de tenerlas como esposa. Vivio en un tiempo donde todo ello provocaba algunos incomodos. En memoria a la verdad, a la unica esposa, que nunca quiso darle el divorcio, que fue Renee Luna, una cusqueña que lo amo por ser ella tambien poetisa de la cual tuvo una hija llamada Katia del Pino Luna. Cuando murio lo velamos la familia, mi madre su hermana, su cuñado, sus sobrinos y claro sus varios hijos, de multiples relacionamientos, no falto flores de colegas, asociaciones y de sus amantes. Tal vez, él haya vivido creando y como aquellos personajes de Pedro Camacho el escribidor de la tia Julia... escrito por nuestro nobel Mario Vargas Llosa.
María Antonieta Pezo del Pino