Por: Miguel Godos Curay
La demolición (derribo, destrucción,
derrumbamiento, derrumbe, asolamiento, arrasamiento) está de moda. Es lo que hacen
hoy alcaldes y gobernadores. En sus desbocadas ambiciones políticas han
encontrado en la sobrevaloración de obras públicas una indiscreta forma de
desviar y dilapidar fondos públicos para financiar sus campañas reeleccionistas
y perpetuarse en los cargos. Una forma eficaz y descarada de robo.
Como en los tiempos de Al Capone poco
o nada importa el daño perpetuado. El mafioso engrosaba sus arcas con el
contrabando de alcohol y corrupción de funcionarios. Cuando la putrefacción
parecía incontrolable, Eliot Ness, agente federal del Departamento del Tesoro,
lo capturó y los puso entre rejas por fraude fiscal. Los fraudes requieren
fiscales, contralores y jueces que pongan al descubierto a los corruptos y sin
miramientos desnuden los delitos y a los responsables. Una especie de coraje
cívico valeroso y una fortaleza contra todas las formas de chantaje, coimas, influencias
perniciosas interesadas. Por encima de todo integridad moral y ética.
Frente a la lenidad de la Contraloría
y la indiferencia ciudadana. A todos los buitres se les ocurrió demoler en
diciembre todas las arterias de la ciudad para asegurar el botín navideño. En
tiempos electorales las campañas se financian con dineros públicos sustraídos
de los presupuestos. Nadie pone la suya. Alí Babá y los cuarenta se quedaron
cortos. La leche bautizada, el pan sin peso, los productos vencidos, la cutra
de los pulperos que estafan con kilos de 800 gramos son un guiño en el hoy
festín de la corrupción. Hoy sólo los indignados protestan, nadie vigila, nadie
reclama, ni nadie sanciona. ¡Piura es tierra de nadie!
La lista de ladrones y vuelteros se
engrosa perversamente. Empieza con las tesoreras de las promociones, las obras
inconclusas, las Apafas (Asociaciones de Padres de Familia) se escaldan y
enferman cuando rinden cuentas. Los municipios y los gobiernos regionales son
hoy la cartera abierta para endilgarse con sutileza burocrática muchos soles
sin rendir cuentas. Todo lo encubre el velo de la impunidad. La gusanera empieza en la cabeza y se
prolonga en las extremidades. Ni las ofrendas florales para los fallecidos
institucionales se salva de la repartija, todas las boletas “bien emitidas” están
infladas es la ley del oeste en los mercados. De cada diez comprobantes de pago
nueve son truchos.
Están infladas las rendiciones de
gastos congresales. Los gastos de los comisionados a todos los ministerios. El
Perú institucional es un choclo agusanado que no tiene granos para preparar un tamal
de honestidad. Igual sucede con el programa vaso de leche en sus inocultables
desvíos a las heladerías. Igual el combustible de los vehículos del Estado sin
bitácora ni registro de provisión. Igual los servicios de mantenimiento que nunca
se realizan pero cuestan un ojo de la cara. Todos los mantenimientos están
amarrados con talleres de los recomendados y favoritos. Realmente cobran por no
hacer nada. Por eso reparten.
El descarado negocio tiene sus guiños
pervertidos y perversos. Establecimientos en donde se consume cerveza y piqueos
pero el comprobante, para la finta, anota alimentos. Esta forma sutil de
corrupción menudea en todas partes, compromete a grandes y chicos, a gordos y
flacos, a uniformados y sin uniforme. La honestidad no existe, la honradez es
la virtud de los cojudos. El Perú está infestado por la incertidumbre de la
corrupción y el dispendio. Cuando se presumía que la informática iba a
destronar la corrupción pocos imaginaron que los sistemas informáticos iban a
enfrentar una descomunal y cuantiosa descomposición.
Fallan en las obras públicas los
diseños, los estudios de suelos, las supervisiones, los cronogramas sujetos a
la sobre valoración. Sí Piura no se desploma por los suelos es por milagro. Al
viejo casco urbano le han arrancado los cimientos. Los estudios de geología y
de mecánica de suelos hacia el lecho del río no existen. La resistencia de
materiales es un indicador nominal de información irreal. La destrucción de la
ecología y el ambiente es irreversible en tiempos de cambio climático. ¡Nadie
repara el daño!
Nadie repone los cientos de algarrobos
talados y arrancados por la ingeniería cementera y dilapidadora de recursos.
Los técnicos y los ingenieros dicen que ellos obedecen sin miramientos al que
manda. Ignorando que el único
mandatario, en este extremo, es el ciudadano de a pie, las amas de casa, el
pueblo llano, las empresas que pagan sus impuestos. La civilidad entera en
donde no se admite a los come echados y sinvergüenzas.
En la vigilancia de la calidad de las obras públicas tienen cuota ineludible de responsabilidad los Colegios Profesionales que reúnen a ciudadanos con formación técnica y profesional competente. Igual los gremios y las instituciones barriales con coraje y agallas para el reclamo. Sí organismos como la Contraloría de la República, el Ministerio Público brillan por su pasmosa indiferencia no queda sino la protesta y el reclamo. Piura, se ha quedado sin prensa para expresar su protesta y opinión. El corifeo de ayayeros y lameculos no es una expresión de opinión libre. Lo que no significa que el consenso comparte el silencio. No son pocos los ciudadanos que en el hazmerreír electoral viciarán su voto pues no están dispuestos a elegir inelegibles. Esa especie bucanera que se disfraza de honestidad. Y tienen legítima razón.
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