Por: Miguel Godos Curay
La campaña electoral sabe a cebiche de
mango verde. Los candidatos no tienen propuestas atractivas para los electores.
Pintar muros y colocar coloridos cartelones con la retocada faz de los
pretenciosos no atrae a nadie. Los misios utilizan retorcidas pancartas con
faltas de ortografía. El desbocado uso de las redes sociales empacha hasta la
saciedad. Una ciudad desvencijada con problemas irresueltos es una cruda
demostración de incapacidad y grosero descaro. Los ciudadanos comunes y
corrientes sienten que la cédula electoral de la contienda es un cojudo
laberinto de rostros retocados y símbolos sin atractivo e identidad. No existen
propuestas ni debates saca chispas que confronten propuestas.
Las encuestas son como los inolvidables
horóscopos de diario. Repiten los cuentos de años pasados. Los sondeos de
opinión a los vecinos que hacen malabares por calles y callejones destrozados
en donde las cisternas se desploman finalmente condensa la rabia cívica. Las opiniones individuales son de unánime
indignación. La opinión pública es de absoluto rechazo un arroja piedras
verbales contra todos los partidos. Ni jabonarse en las heladas aguas de las lagunas
de Las Huaringas surte efecto. Las campañas
consumen recursos de los gobiernos regionales y locales. Los aparatos de
propaganda electoral son la vaca lechera de las oficinas de imagen y relaciones
públicas. Es probable que acabada la contienda los contingentes avezados de
chupamedias y adulones se queden en la calle,
Igual sucede con las encuestas y
sondeos de opinión. Los votos el día de las elecciones serán extravíos y desengaños
con el desanimo a cuestas. En la comunicación política no es suficiente maquillar
al candidato. Los electores esperan propuestas posibles frente arrebatos
demagógicos. En política la comunicación tiene dos direcciones de los
ciudadanos hacia los candidatos al poder que se expresa en votos y del poder
hacia los ciudadanos con propuestas legítimas y puntuales.
Lo que se vive a vísperas de las
elecciones es una indiferencia incurable. Los sectores populares viven en carne
propia crudas decepciones. Lo que aparece en las redes es jarabe de guaba
despojado de realidad e inteligencia. Los electores vinculan los candidatos a
su trayectoria oronda y lironda. Distinguen perfectamente entre la realidad y
los cuentos repetidos. Menudean en todo momento crisis y conflictos. La
violencia producto de la inseguridad ciudadana, el deterioro de los servicios públicos,
la trayectoria de los candidatos es también sutilmente una potente forma de
comunicación.
Por supuesto, el manoseado recurso de
regalar polos, almanaques, útiles escolares, bolsas de víveres ya no surte
efecto. La gente recibe todo lo que le dan y todo eso no significa adhesión
incondicional. Hoy el reclutamiento de personeros para garantizar la pachanga
de los votos cuesta buenos soles. Con tal presencia de candidatos los conteos
serán aburridos y tediosos. Es probable
que organizar la defensa del voto en mesa demandará la inversión de un
ojo de la cara. En teoría el personero se
moviliza, requiere refrigerio, un equipo telefónico para sus despachos y
obtener el acta de resultados cuya entrega requiere el pago inmediato. Lo demás
es puro cuento.
Vivimos una etapa de severa crisis de
los partidos, más gente reclutan los grupos evangélicos y las sectas populosas.
Los locales partidarios no tienen la vitalidad de otros tiempos hoy parecen
rezos de ánimas políticas. No se piense que los electores jóvenes han madurado
su decisión política. La decepción cívica es descomunal. No se piense que quienes
pintarrajean la ciudad son los candidatos
favoritos. Los usuarios del celular tienen inhóspitas preferencias: una
balacera en las oficinas de Hidrandina en Trujillo; un accidente con muerto en
el puente de la Quebrada de Las Monjas en Piura o la presentación con la cabeza
rapada del “Monstruo” con sus estúpidas declaraciones de arrepentimiento. Justo
en el día de su repatriación en el estado de Texas, en los Estados Unidos, se
ejecutó con inyección letal a un homicida. En el Perú las redes sociales han
popularizado un avezado criminal. Y no
faltó un oficial de la Policía Nacional ávido de popularidad que declarara que
el indeseable anuncia su arrepentimiento. Canto de sirenas de un asesino. La escasez
de noticias y la falta de criterio periodístico llena páginas y confiere
espacio a lo peor de lo peor de nuestra sociedad. Hasta la inconducta de Jerí
se ha diluido en ese culto pervertido y morboso del extraviado sensacionalismo.
Esencial en todo proceso político electoral es el debate, la confrontación de propuestas persuasivas. La ignorancia, el denuesto y la incapacidad para debatir son atributos que los ciudadanos ponderan. No es suficiente la exhibición de una cara de cojudo, un adefesiero símbolo partidario y un número que se olvida inmediatamente. En el reino de los desmemoriados el desinterés flota en el aire. En ciudadanos despojados de cultura política y civismo el desinterés es clamoroso. La indiferencia de los jóvenes por las propuestas electorales es evidente. A vísperas de elecciones la indiferencia activa es el esplendor visible de la contienda electoral.

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