domingo, 28 de agosto de 2011

MONSEÑOR TONDERO


Por: Miguel Godos Curay

Morropón, tiene un nombre curioso. Dicen que es el nombre de un ave que cuando anida conjura en un santiamén la sequía. Por eso los agricultores cuando lo contemplan en su raudo vuelo le dicen “Morro pon”. Ahí nació Monseñor Pablo Alvarado Arrate. En su propio decir “bajando de Pambarumbe”. Vio la primera luz en la mentada calle de Los Ángeles. Fue hijo de de don José del Carmen Alvarado Lamadrid y de doña Elvira Arrate Córdova, morropanos de pura cepa.

Según refieren, siendo churre, estando en la hamaca lo sorprendieron cara a cara con un macanche. El ofidio finalmente saltó sin hacerle daño a la criatura. Su padre maestro de Capilla le inspiró desde su niñez amor por la música. Pero ignorando su vocación le advirtió que un cantor de iglesia no puede andar haciendo gorgoritos y requiebros en los chicheríos. Los estudios religiosos en la secundaria los hizo en el seminario Santo Domingo Savio de Piura al lado de cultos y entusiastas sacerdotes salesianos. Sinesio López, quien también estuvo por estos predios espirituales evocaba el sonoro latín de los profesores y fragmentos de poemas de D’anunnzio. “La diestra espiritual sobre un salterio, / solemne y taciturna,/ una mujer vigila en el misterio / de la hora nocturna.

Pablo Alvarado, realizó luego estudios teológicos en el Seminario santo Toribio Mogrovejo (Lima). Posteriormente estudió pedagogía en la Escuela Normal Superior Guzmán y Valle. El entonces Obispo de Piura Monseñor Hinojosa Hurtado lo envió a la Universidad Católica de Chile. En 1963 viajó a Roma al seminario Pío Latino uno de sus recordados paisanos y más querido amigo fue el padre Eduardo Palacios Morey. Con quien fue testigo de las deliberaciones del Concilio Vaticano II. Luego continuaría por Madrid y luego de retornar al Perú.

Fue en la estancia europea en donde surgieron sus mejores composiciones musicales. Valses y tonderos, himnos y tonadas en las que estaba presente el Morropón de la ausencia. La música le brotaba del alma, con el solo golpe de las manos surgían las composiciones de la santa tierra. Tonderos y tristes que tarareaba con lágrimas en los ojos. Alguna vez en el atelier piurano de Engelberto Ramírez, contemple un retrato de Monseñor sonriente. En la tiniebla y con la luz de la vela le repliqué al artista “sólo falta que cante”- Y en efecto Monseñor tenía en sus oídos las tonalidades y los requiebros del tondero.

De Morropón es también Felipe Cossío del Pomar, nuestro insigne pintor de cuyo pincel brotaban angelitos de rostros mestizos y encarminados como los de los altares de los talladores indios. Al escritor Enrique López Albújar, que también vivió en estas tierras yungas, le brotaron historias surgidas en las noches de conversa de las bíblicas abuelas y los lances valerosos de los bravos.
Recuerda don Enrique que a toque de reloj marchaba con unción a recibir su ración de alimento intelectual en la escuela. Morropón era como hoy no un pueblo con escuela sino una escuela con pueblo. Anota el ilustre escritor: “Lindo pueblo, bravo pueblo, rico pueblo, tanto, que nunca le faltó pan para poner raya el hambre, para apostar sombrereadas de plata por un gallo de pela, regar puñadas de cuatros y pesetas en un golpe de arpa…” Monseñor tondero cerró sus ojos. “Ay tondero, ay tondero de mi tierra/ en mis venas, en mis venas vives tú”. Eternamente añado yo.

domingo, 21 de agosto de 2011

ZURCIR LA CONFIANZA EN EL PERU


Por: Miguel Godos Curay

El éxito de la administración de justicia no es un asunto privativo de jueces. Lo es en mayor proporción de ciudadanos vigilantes dispuestos a señalar la corrupción en todas sus formas. La indiferencia ante lo podrido es finalmente la anomia que socava instituciones. Hace algunas horas el Presidente de la Corte Suprema de Justicia doctor César San Martín Castro, lo señaló puntillosamente en el acto de otorgamiento del Doctorado Honoris Causa en la Universidad Nacional de Piura. El juez soporta todo tipo de presiones antes de emitir una sentencia en la que razonablemente devuelve la confianza en la justicia y en el respeto a la ley.

El corrupto, finalmente penalizado. Es producto de un largo y sistemático proceso de transgresiones, sacadas de vuelta, convertidas en una bola de nieve que arrastra y arrasa. Los ciudadanos requieren y exigen garantías suficientes para confiar en la justicia reparativa y en la proporcionalidad de las sanciones. No es cierto que la corrupción sea un leve pecadillo de omisión en donde la ingenuidad resulta sospechosa. En realidad existe un propósito deliberado de enriquecimiento, de daño, de dolo y de robo descarado que a consecuencia de la repetición se convierte en una verdadera gimnasia pervertida e incontrolada que pulveriza presupuestos y que se nutre de los sobre costos en el gasto público.

La corrupción priva a muchos de lo que por justicia y legitimidad les corresponde. Señalaba el doctor San Martín Castro que por eso el proceso de administración de justicia reúne varios componentes que precisan con meridiana claridad la responsabilidad de lo presuntos autores. Hay finalmente una criminalidad fundada cuando con las suficientes pruebas se emite una sentencia justa. Toda sentencia responde a un conocimiento empírico de los hechos y a una confrontación de leyes y criterios de otros jueces frente a circunstancias análogas. La ciencia jurídica desemboca por ello en el territorio de los principios, de la moralidad y la conciencia.

No se trata definitivamente de sostener que la justicia está mal porque alguno de sus integrantes actúa contra lo esperado y establecido. Existe también una responsabilidad ciudadana e institucional que permite reconstruir la confianza de la sociedad. El Estado de derecho no sólo preserva el bien común sino la posibilidad de que los reos tengan la posibilidad de socialización y el cumplimiento de su pena sin la frustración que significa estar privados de su libertad.

Tras un juez empujan con inusitada fuerza una serie de presiones de todo tipo. El interés político, el poder económico, el tráfico de influencias, los medios de comunicación y otro tipo de presiones con nombre propio. Corresponde al juez la serenidad suficiente y madurez para actuar con objetividad moral. De este modo no traiciona la fidelidad a la conciencia y a los principios. Pero ¿podemos pedir objetividad a un juez o a un periodista que por su naturaleza son subjetivos? A lo más existe una aproximación a la fidelidad de los hechos. La justicia es un valor cuyas hermanas próximas son la verdad, la belleza y la integridad personal. Y como tal resplandece. Este puede ser un problema de profundidades filosóficas. En cualquier latitud la calidad moral no tiene precio. El doctor San Martín Castro, tiene una foja impecable y supo ser firme sentenciando con suficientes argumentos a Fujimori. Con esta actitud moralmente valerosa es posible reconstruir la confianza en la administración de justicia. Para los juristas esto significa que el sistema funciona. Para los niños pobres, la esperanza en un Perú mejor.
Foto: Dr.César San Martín Castro, Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la República.

domingo, 14 de agosto de 2011

PERU, ROUBINI Y LA CRISIS


Por: Miguel Godos Curay

Nouriel Roubini es un popular economista nacido en Estambul pero descendiente de judíos iraníes. Es autor del libro “¿Cómo salimos de esta?” en donde desarrolla la idea de que las crisis son “animales de costumbres” y guardan similitud con los huracanes. Se anticipan de algún modo, cambian de dirección, se diluyen pero reaparecen sin avisar arrasando todo lo que encuentran a su paso. El ejemplo grafica la crisis financiera de los Estados Unidos, que más tarde se convirtió en crisis económica, se exacerbó como crisis fiscal y actualmente es una crisis de divisas. El problema más carnudo es la conversión de la deuda privada en deuda pública. La consecuencia inmediata es la crisis fiscal. El pronóstico Roubini corresponde al 2010 pero parece una mirada al comportamiento climático del día.

La economía mundial es un juego de dominó. Las economías que marchaban a todo tren. De pronto pierden impulso por un brusco freno. Economías como la de China, Brasil, Argentina y Perú van a crecer pero no en el ritmo esperado. Estados Unidos y Europa sufren actualmente el proceso crítico de reconstrucción de sus estructuras fiscales. A ello se suma el lento proceso de recuperación del Japón tras el terremoto de marzo. El menor crecimiento es similar a una bicicleta embalada frenada en seco. El súbito freno equivale a la caída. Esto es lo que ocurre en la economía.

El Perú no va a detener su crecimiento pero las expectativas de impuesto a las sobre ganancias mineras no es muy optimista. El Perú posee actualmente más de 47 mil millones de dólares en reservas. El Fondo de Estabilización Fiscal asciende a los 6 mil millones de dólares. Sin embargo la fragilidad de nuestra economía es la dependencia de los commodities (materias primas, en especial minerales sin valor agregado) que vienen experimentando variaciones de precios. Otro aspecto que debe tenerse en cuenta es la dolarización de la economía peruana. El dólar es un activo que compite con la moneda nacional en la función de depósito de valor. En el Perú la riqueza de los bancos, las empresas y las familias está en dólares. El dólar en crisis palidece repentinamente.

Pese a todo no se va detener el ritmo febril de la construcción y el explosivo crecimiento de la minería formal e informal aurífera estimulada para la elevada cotización en el mercado internacional, mil 780 dólares la onza. ¿Cómo afecta la crisis mundial los bolsillos de la ama de casa? Indudablemente que en tiempos de crisis no se puede ni se debe gastar más de lo que se tiene. Hay que frenar ese afán desproporcionado de tener una o más tarjetas de crédito que generan deudas y son fuente seductora y artificiosa de bienestar. Finalmente se acaba pagando más. Algo así como sonríe hoy y puja mañana. El manejo responsable de los ingresos y los gastos obliga a medirlos para no llegar a un drástico apretón de cinturones que resulta siempre mortificante doloroso.

Realmente nuestra economía carece de un mercado de acciones y de deuda pública que permita apalancar inversiones. Nuestra estructura financiera está en manos del sistema bancario que financia las inversiones y provee de capital de trabajo. El BCR regula la oferta monetaria y los encajes legales. En el Perú la enseñanza de un curso de economía que explique de modo práctico a niños y jóvenes cómo debemos comportarnos para el mejor uso del dinero y a la necesidad de ahorrar y trabajar para vivir en mejores condiciones y educarnos para alcanzar oportunidades de desarrollo sigue siendo una tarea pendiente.
Foto: Nouriel Roubini.

domingo, 7 de agosto de 2011

SOBRE BRUJOS, TAMALES Y FRACASOS


Por: Miguel Godos Curay

No hay en Las Huaringas, por el momento, ningún maestro curandero que haya inventado en su genialidad un antídoto efectivo contra el visceral miedo de los estudiantes piuranos a las matemáticas. Este temor acompaña también los indecorosos temores a las ciencias. Últimamente, lo muestran los puntajes obtenidos, los bajos rendimientos son desoladores. En los exámenes los estudiantes balbucean de memoria claves. “Clavetear” significa repetir de memoria soluciones. Nunca pensar, razonar, indagar una verdad demostrada y demostrable. Por eso los bancos de preguntas son el monte de piedad de la indigencia académica. De algún modo son el fracaso educativo en el suelo.

No se piense que nos va a mejor en letras y humanidades. La horrenda ortografía, la incultura a flor de piel y la ignorancia brotan por los poros. Muchos docentes, por ejemplo, no han leído El Quijote ni en resúmenes. Peor le va a autores esenciales de la peruanidad como al Inca Garcilaso de la Vega y sus “Comentarios Reales”. La consolación de los tontos son los cientos de monografías pegoteadas y pirateadas de Internet de fuentes tan sórdidas como “El rincón del Vago” en donde los estudiantes en un menudo e inconexo injerto de barbaridades finalmente, con apariencia impecable, imprime una monografía. El producto no tiene pies ni cabeza. Contados son los estudiantes con una afortunada cita bibliográfica.

Hay una crisis de lectura y de lectores. Hay una crisis de docencia y de decencia para admitir que no se lee y no se investiga con seriedad. Hay en nuestros estudiantes una frescura de lechuga para admitir y tolerar con astucia, la inteligencia orientada hacia el mal, la “copia” en los exámenes como un acto natural. Existe una dislexia para las ciencias pero también para los carnudos asuntos éticos y morales. Por eso, no nos extraña, que los proyectos de mejora de la calidad de la educación sean más de lo mismo. Partituras pirateadas para músicos inexpertos y estudiantes sordos. Estamos haciendo las cosas mal y presumimos que vivimos en la región de las maravillas. Lo despistes se suman en cadena.

Muchos educadores y padres de familia con criterio erróneo y con inaudita superficialidad confunden la forma con el fondo. Se preocupan más por los uniformes, el cursito de chefs, la hora loca, equívocos ejercicios de representación donde los niños dejan de ser niños para jugar el papel de adultos. Muchos padres babean de felicidad viendo a sus hijas contorneándose sensualmente como “chaquiras”. Por supuesto que es numeroso el tamal de incongruencias que se observan en la educación pública y privada. En la escuela que antepone las apariencias a los contenidos esenciales. El fracaso está cantado.

¿Qué hacer? Son muchos los caminos que se pueden abrir para innovar nuestra educación. El primero de ellos es partir de la realidad. No se puede dislocar la educación inicial, de la primaria, la secundaria y la universitaria. Innovar requiere abandonar ese fracasado modo de hacer las cosas. Y entender que la educación no es repetir lo ya tantas veces repetido hasta la saciedad. Sino echar al tacho de las inutilidades humanas las viejas frustraciones, los bancos de preguntas y reencontrarnos con el conocimiento fresco y el afán crítico de obtener mejores resultados. Como diría el genial Sérvulo Gutiérrez: “La luz de los grandes pintores (maestros) está en la mente, la inteligencia y en la imaginación”.

lunes, 1 de agosto de 2011

NO JURAR SU SANTO NOMBRE EN VANO


Por: Miguel Godos Curay

El preámbulo de la Constitución de 1979 representó en su momento una absoluta novedad. Se trata de una declaración expresa de intenciones en la que se reconoce la primacía de la persona y que ésta tiene derechos anteriores y superiores al Estado. Reconoce el valor del trabajo, la justicia y la creación de una sociedad libre y culta, sin explotadores ni explotados y a un Estado democrático con plena vigencia de los derechos humanos. Tal declaración surgió de los proyectos presentados por Andrés Townsend Ezcurra (Partido Aprista) y Roberto Ramírez del Villar (Partido Popular Cristiano). La alusión a la Constitución de 1979 del Presidente Ollanta Humala en su fórmula de juramento no es casual. Según Domingo Faustino Sarmiento, el preámbulo refleja el espíritu de una carta política.

En principio hay una reafirmación democrática. No olvidemos que el preámbulo fue una propuesta del 62% de la constituyente conformada por los Partidos Aprista y Popular Cristiano. La izquierda radical se opuso a la sustancia declarativa. Para el constitucionalista José Pareja y Paz Soldán se trata de una “Declaración hermosa, elevada y generosa que refleja las legítimas aspiraciones de los peruanos”.

La Constitución de 1979, tiene 307 artículos y 18 disposiciones transitorias y complementarias. Es una constitución demasiado extensa y reglamentarista. Luis Alberto Sánchez, señaló, que en efecto se dictaron normas exageradas para fijar proposiciones concretas. La Constitución española (1978) tiene 169 artículos, la francesa (1958) 92, la italiana (1947) 139. La Constitución vigente de 1993 tiene 206 artículos.

Toda constitución tiene como fin primordial garantizar el Imperio del Derecho y actuar como freno frente a los excesos del Ejecutivo. Si como señala Sartori las palabras son los anteojos y también, en parte, los ojos de lo que pensamos. Podemos señalar que el gesto presidencial tiene el relieve de un compromiso que no transita por los excesos autoritarios y estatistas que es lo que todos los peruanos esperamos.

Anthony Giddens, advierte que la democratización de la democracia es hoy una necesidad que requiere una activa participación de la sociedad civil para renovar la conducción de la esfera pública con transparencia, eficiencia administrativa y mecanismos efectivos de la democracia directa. Los gobernantes tienen que zurcir y restablecer la confianza de los ciudadanos. Para ello se requieren mecanismos de salvaguardia contra el mal uso de los recursos públicos mediante la vigilancia ciudadana. Hoy la legitimidad del Estado sólo se consigue mejorando la calidad de la administración pública en todos los niveles. De acuerdo al vigente principio ecológico de “obtener más por menos”. No es necesario crear pánico laboral en la burocracia sino mejorar su eficiencia en todas las instituciones del Estado.

Pasados los mensaje retóricos y el colorido de los desfiles. El país necesita moverse con señales muy claras en la conducción económica y política. La euforia evanescente nos deja ahora cara a cara con la realidad. La economía no espera y gatilla los resortes de la confianza o la desconfianza. Todos queremos un país que no interrumpa su rumbo económico y en donde las señales de la buena conducción del Estado se sientan en los campos del empleo, la salud y la educación. El Perú definitivamente ya no es un país de constitución débil.

lunes, 25 de julio de 2011

¿QUE NECESITAMOS LOS PIURANOS?


Por: Miguel Godos Curay

Piura, es un cataclismo potencial. Un capricho de la improvisación. Un caos producto de la incontrolable informalidad. Una sacada de vuelta a Defensa Civil. Un vivir en la cuerda floja todos los días. Una grieta abierta donde se hurtó el cemento. Un artificio cosmético que se descascara en cualquier momento. Una técnica sin técnicos. Una escalera inservible porque el diseñador desaprobó geometría plana. Un sentido común sin sentido. Una racional irracionalidad. Una demostración de lo que no se debe hacer. Si el Perú es una locura geológica. Piura es una esquizofrenia de la geografía. En Piura se podrían resolver los problemas siguiendo los cursos de agua como lo hacen los andinos. Pero no los técnicos se extasían con techos planos donde se acumula la lluvia. El cambio climático trastorna nuestra vida. Los que nos cambiamos somos nosotros a un costo inimaginable.

En Piura el cuco se llama lluvia y agua. Hoy el mundo cosecha agua de lluvia para alimentar los resecos bolsones de los acuíferos. En Piura no. Lejos de buscar drenar el agua al despoblado o de buscar una evacuación superficial del agua de la lluvia nos empecinamos en lo mismo de siempre. Improvisar. Con una lluvia de 70 milímetros en un probable Niño como el que se anuncia para el 2012. ¡Plop….. sistema de alcantarillado! Tanta plata, tanto tiempo perdido, tanta mortificación se irían al agua. A no ser que como señalan los técnicos se selle la redes de desagüe. Un imposible en una ciudad mal educada para cuidar las redes de agua potable. En donde las alcantarillas sirven para todo. Para deshacernos de la grasa de los refritos y todo aquello que humanamente no sirve.

Los piuranos han p3erdido la costumbre de beber agua fresca filtrada en piedra y preservada en tinaja. Mientras el mundo anda en búsqueda de jarritas de barro para conservar el agua. Los piuranos full agua coloreada y energizantes que desencadenan pavorosas estadísticas de diabetes infantil y juvenil. Sólo los pobres beben agua. Hasta en el propio Catacaos se bebe chichas en baldecitos y galoneras de pintura. Mates, sombreros y pañuelos son decoración escénica para actuación patriótica. La modernidad nos arrebató de cuajo nuestro vínculo con la tierra y con la vida.

Tenemos vergüenza usar sombrero. Necesitamos sombra pero cada día talamos salvajemente un árbol. El colmo de esta salvajada impune es el cortar el algarrobo o el ficus para que se luzca la gigantografía huachafa de un negocio nuevo. Ahí donde falta un árbol aparece como conejo de mago una tienda de baratijas o productos bamba venidos de rincones tan insólitos como la china.

Piura desaprueba en aseo y educación física. Nos hemos acostumbrado a viajar encogidos en la combi y preferimos acomodarnos como sardinas en lugar de caminar algunas cuadras lo que resulta una saludable práctica para grandes y chicos. La Plaza de Armas, cosa curiosa, en Piura está inerme y desarmada. Con algunos algarrobos enclenques y unos cuantos tamarindos resecos. Estos árboles se mueren todos los días de pena. Ni los brujos de Las Huaringas podrían conjurar esta desolación que provoca la moderniad. Una voracidad por la tierra y el espacio para negocios inciertos. Recorriendo Piura sentimos que la ciudad se nos esfuma la ciudad que ya no es nuestra. No son nuestros los callejones. No son nuestros los parques. No son nuestras las playas. No somos dueños de nosotros mismos. Ni de los paisajes de piajenos y hatos de cabras. Ni de los chilalos, ni de las chirocas, Ni de las ardillas que enteradas del poder de Internet se comieron las redes de fibra óptica de sus universidades.

¡Ay Piura – como diría el poeta Juan Luis Velásquez- que trincheras tan altas sin altura! ¿Qué inventario de batallas perdidas sin ir a la guerra?. ¿Qué coraje para cruzarse de brazos todo el día? ¿Qué café tan retinto para conjurar el sueño? ¿Qué raspadilla sin jarabe de tamarindo para aliviar este calor amodorrante? ¿Qué esquina tan desolada para juntar a los amigos? ¿Qué bullicio tan insolente para profanar el sueño en San Teodoro? ¿Qué semáforos tan inteligentes sin inteligencia? ¿Qué agua caliente tan helada? ¿Qué insoportables picanterías aromatizadas con desinfectante? ¿Qué fuerzas del orden tan desordenadas? ¿Qué ciencia tan avanzada para las pizarras? ¿Qué cerebros tan resecos como maracas que no suenan a cumbia?

¿Qué deportes tan indigentes de agilidad? ¿Qué agilidad tan buena para vivir la siesta? ¿Qué fatiga tan agotadora para levantar la cuchara? ¿Qué desdén tan perfecto para engañar a los dioses? ¿Qué potentes bólidos para rugir en una cuadra? ¿Qué camino tan infortunado para trepar las cordilleras de Ayabaca purgar faltas y regresar con la memoria en blanco a pecar de nuevo? ¿Qué lógica tan apresurada en la que la mujeres malas resultan tan buenas y provocadoras en el jirón Loreto?

¿Qué ceguera tan ciega para no ver los pecados públicos y continuar con el deporte nacional de la pendejada (Drae)?. ¿Qué homenajes a la patria tan despatriados? ¿Qué conmoción tan grande por la libertad de los esclavos? ¿Qué patriótico desfile de nuestras acongojadas miserias? ¿Qué amor tan sin amor por el Perú? ¿Qué rito patriótico tan vacío ese de levantar la pierna y encoger el cerebro? ¿Qué homenaje tan despojado de admiración por la señora papa, el señor camote, el señor maíz, el señor olluco del Perú profundo? ¿Qué silencio tan infame para el huayno, el vals y lo genuinamente peruano? ¿Qué coraje tan despojado de Túpac Amaru que contagió su rebeldía hasta a las piedras, el aire y los cuatro elementos de la naturaleza? ¿Qué comunión tan necesaria necesitamos para que el rico y el pobre comulguen con una sola hostia y sin miramientos? ¿Qué necesitamos para que lo que nos venden como universidad no sea un “cuenta cuentos”? ¿Qué necesitamos para que nuestra fe en el Perú crezca como las montañas y la justicia anide en nuestras conciencias? ¿Qué necesitamos Señor Ministro de Salud para que la salud no se nos enferme? ¿Qué necesitamos para que los maestros se sacudan de la pereza y nuestros estudiantes sin temor a las matemáticas y a las letras sepan decir “amo al Perú”? ¿Qué necesitamos para que la Sunat no clausure pulperías de barrio y se haga la loca con el proveedor millonario? ¿Que necesitamos para darnos cuenta que Dios es peruano? ¿Qué necesitamos?

domingo, 17 de julio de 2011

¿LOROS PARLANTES O CEREBROS PENSANTES?


Por: Miguel Godos Curay
El sistema nervioso planetario es Internet. El mundo se conecta, en tiempo real, en segundos. Sin embargo, para muchos es más fácil comunicarse con Alaska, Nairobi, California o Kyoto que con los vecinos de la otra cuadra. Mientras los padres ingenuos imaginan a sus hijos en una inocente comunicación con sus compañeros de clase. Los avisados críos ya han dado cinco veces la vuelta al planeta. Y recorrido el infierno superando al propio Dante. Quienes creen que existe una crisis de lectura no pueden imaginar cuantos millones e criaturas en cada fracción de segundo leen la pantalla de su blackberry o computadora. No existe tal crisis. Lo que sucede es que la burocracia que administra los sistemas de conocimiento en la escuela y la universidad ignora los códigos del ordenador y su novedoso lenguaje.

Internet, desnuda el lenguaje balbuceado, la mala sintaxis, la incoherencia lógica y la mala ortografía de las vacas sagradas. De ello se dan cuenta internautas que despliegan con asombro zahorí esa posibilidad de explorar todo y de leerlo todo. Los profesores con libro en el sobaco para dar la apariencia de ciencia marchan por escalera. Los estudiantes que navegan por las autopistas de la información lo hacen en veloz ascensor y de acuerdo a su capacidad ascienden y descienden con velocidad de rayo por inéditas parcelas el conocimiento humano. Mientras unos se cierren en su estrechez mental. Otros se abren a posibilidades inimaginables de aprender.

Las aulas han desaparecido. Un aula abierta es el Facebook en el que se pueden intercambiar conocimientos cada fracción de segundo. No hacerlo es un desperdicio. Utilizarlo para pedos cibernéticos y balbuceos tontos es una franca estupidez. Algo así como utilizar el telégrafo Morse para narrar cuentos. O pretender saborear la riqueza semántica de la literatura con resúmenes y sin haberse asomado a un autor a través de su obra en una librería convencional o virtual. Si la economía mueve billones de dólares diarios por clicks de computadora. ¿Qué hacen los centros de saber y conocimiento subordinando las posibilidades de aprender a programas absolutamente inútiles? Perdiendo el tiempo en procesos de razonamiento y cálculo absolutamente coloniales.

La sociedad de los loros parlantes ha sido remplazada por la de los cerebros pensantes más allá de las fronteras nacionales. Lo inocultable se revela hoy para desmoronar ese afán de censura de los políticos cuyos actos son vigilados por posibilidades de información totalmente insuperables. Periódico de ayer serán siempre los diarios que tiene entre sus manos porque la mayor parte de las noticias fueron dadas de modo simultáneo al momento de acontecer. Los periodistas tenemos que reinventarnos con capacidad analítica. El territorio de los periodistas es la prospectiva. El conjeturar futuros apelando a la capacidad de anticipación. Eso requiere otro tipo de preparación y otro tipo de destrezas. Más allá del saber redactar y utilizar correctamente el lenguaje. El periodista del futuro necesita mucho de política, economía, geografía, ciencia, derecho, idiomas y sutileza lógica para interpretar los códigos de esta nueva era que se abre sorpresivamente con menudos desafíos.

Los acontecimientos cotidianos corresponden a inadvertidos ciudadanos que cruzando la calzada descubren y registran con su celular el mal uso de los bienes del Estado. O se dan cuenta de las deficiencias constructivas de una obra pública. O a estudiantes que se percatan de la precariedad de sus docentes. O a pacientes que siguen con impaciencia los saltos de un médico de la seguridad social que migra en fuga de tondero a su consultorio.

Hoy existe una mayor posibilidad de vigilancia de la cosa pública para los desdeñosos comportamientos de los gobernantes. Los ciudadanos tienen la suficiente inteligencia para darse cuenta cuándo es buena o mediocre una gestión pública y no es necesario que estrategias oficiosas pretendan afirmar lo contrario. Las tormentas de la opinión pública son incontrolables y minan la confianza de los vecinos próximos al poder y los de la periferia. Hoy la sociedad dispone de mayores herramientas de información que antes estaban fuera de su alcance. Las tiene tan cerca que una vez descubierta la posibilidad exploratoria e indagatoria no hay quien la detenga.

Las redes sociales han demostrado ser muy eficaces en la lucha contra el Sida y el delito en el Brasil y una resistencia eficaz contra la dictadura en Venezuela. Nosotros no somos ajenos a esta posibilidad. Las redes facilitan la intermediación social actuante que se convierte en valioso capital social. De lo contrario Alexis Humala hubiese pasado piola en Rusia. La noticia de la desaparición de la Cruz de Motupe no hubiese tenido impacto planetario y la proeza médica del cirujano piurano José Miguel Núñez Castañeda, egresado de la UNP, no hubiese sido la noticia del día en Yahoo.