sábado, 2 de agosto de 2008

EN MEMORIA DE PEPE AGUILAR


Por: Miguel Godos Curay
*El texto corresponde al discurso de homenaje al ciudadano José Aguilar Santisteban en el Municipio de Castilla.

Me adhiero con la palabra y el pensamiento a este homenaje que el pueblo de Piura tributa al ciudadano José Aguilar Santisteban. Este es un acto de justicia que revela la cordialidad de los piuranos para con un vecino que en su vida demostró relevantes méritos propios. Nadie que expurgue en la historia documentos fehacientes encontrará en la historia de Piura un personaje que como Aguilar haya demostrado talante en el ejercicio de los siguientes cargos públicos: Prefecto, tres veces Alcalde y congresista. Nadie como él puede exhibir tal trayectoria política con un genuino espíritu de servicio. Cuando aludo aquí a la política lo hago desde la orilla de ese “estar entre hombres” que define la acción humana de la que nos habla Hannat Arendt. No hay hombre por eso que despliegue esfuerzos en esos tres ámbitos arendtianos: La labor, el trabajo y la acción política. Ese espíritu cívico de servicio que hace que un hombre se entregue a los menesteres del gobierno obedeciendo al mandato del consenso y la legitimidad.

Pienso y estoy convencido que una persona con tales atributos necesita en su sustancia germinal de una familia que lo nutra con el ejemplo y un maestro que esculpa con el cincel ese materia prima viva que viene del hogar. Lo primero fueron sus padres el hogar natural y el espacio de la familia. Las vivencias infantiles y los recuerdos, que los tiene, abundantes y sabrosos como recuerda mejor que yo Carlos Espinoza León su amigo de la infancia. El segundo lugar corresponde a los maestros que educan con sus enseñanzas y que hacen que del hombre emerja una criatura con aspiraciones superiores de grandeza. Este efecto deslumbrante lo logró Haya de la Torre a cuyo magisterio Pepe se adhirió con incondicional devoción y pasión. No se si por los ancestros trujillanos que caminan genéticamente en su sangre o por el magnetismo que despierta la inteligencia del maestro. Pepe es aprista hasta el tuétano. Aprista convicto y leal.

Es un prodigio humano y realmente conmovedor ejemplo de adhesión e incondicional lealtad el alimentarse con una ideología y el pensamiento vivo de un hombre. Pepe sabe bien que así como la fe de los creyentes a la palabra de Cristo, la fidelidad al partido y a los principios no se expresa palabras sino con acciones, la propia vida y el movimiento. Mejor dicho no se puede decir como Haya: la política “es docencia y decencia” y en el actuar, traicionar al maestro. Alguna vez escuché decir al viejo Fidel Castro en el ardor de su prédica por Radio Habana: ¡Traicionar al pobre es traicionar a Cristo!. Yo rescataría, con clara alusión a Pepe Aguilar que tiene a Haya en la punta de la lengua, estas palabras para parafrasearlas y decir: Que engañar al pueblo con promesas incumplidas, el dejar de hacer las cosas con limpieza, el fomentar el dispendio en la conducción de la cosa pública y el enriquecerse en los cargos es traicionar al maestro. Traicionar a Haya que murió pobre de solemnidad pero rico y afortunado en el cariño y en el fervor esperanzado de su pueblo. Resulta proverbial que Pepe haya elegido para partir el mismo día en que se fue Haya de la Torre. Este no es un acontecimiento casual sino también adhesión humana postrera inigualable.

Pepe Aguilar, probablemente no gozó de las oportunidades de la academia, de lo contrario hubiese sido un tribuno distinguido o un erudito de nombre resonante. Pero no, él con su vida nos demuestra que aprendió de Víctor Raúl la moral elemental para conquistar el corazón del pueblo que lo admira y lo acompaña con sinceridad. El no es un político que oculta cuentas en un banco con nombre de un pariente lejano o una abuelita sospechosa. Tampoco es un mercader de tierras porque su conciencia lo hubiese acusado y no hubiese tenido esa sinceridad de saludar con las manos abiertas. No es rico, ni se ha enriquecido con el ejercicio de la función pública. El bien podría decirnos con nítido sentido del humor: mi única fortuna son una colección de juicios producto de la vindicta política y ese tesoro sin precio que es la confianza leal y generosa del pueblo. Ese pueblo lloroso que hoy nos conmueve con lecciones de solidaridad en la puerta de su casa.

Adhesión popular en el barrio norte, en el sur, en el oeste, en el barrio de San José o en el Bajo Piura. Adhesión unánime de todos los piuranos. Ahora entiendo mejor su delicadeza humana de dada navidad al filo de la madrugada recorrer las calles, de buena gana, en la noche buena para entregar panteones a los policías de servicio. O para llevar camisetas y balones de fútbol a los pandilleros olvidados de los que nadie se acuerda. Talante humano para escuchar y ayudar a resolver problemas con lo que tuviera en sus manos. Ahí están los Coliseos Deportivos a los que se sembró de dificultades para que abandonados y entregados a la rapiña no pudiesen funcionar. ¡Funcionan y se mantienen de pie!.

Pepe Aguilar, siente verdadero amor por los libros los que valora con un cariño incomparable. No sólo los comercializaba como ejercicio de trabajo honesto sino que los leía para recomendarlos en su conversación amena. Sólo a él, al frente del Municipio, se le ocurrió editar 20 libros para que los piuranos retomen los hilos de su identidad y sean mejores piuranos. Aún recuerdo una frase que siempre repite y que fue consignada en las carátulas de las ediciones de formato menor: “Haz con los libros los que las abejas hacen con las flores les sacan la miel pero no las destruyen”. Estos libros abrieron los ojos a muchos alcaldes que sentían temor apostar por la cultura. Se editaron libros en Sullana, Paita, Tambogrande, Vice y Sechura. Tengo el pleno convencimiento que un hombre que es amigo de los libros es una garantía de buen gobierno para su pueblo. No en vano se reunieron en Piura los bibliotecarios del mundo para conocer a este hombre que siembra la grandeza de su pueblo con alforjas llenas de libros.

Creo que hay una razón mayor en el liderazgo de Pepe Aguilar. Con él hay un cambio de rumbo en la clasista sociedad piurana. Como señala Miguel Gutiérrez, la sociedad piurana: “era una sociedad cerrada, estrictamente jerarquizada y estamental, en la cúspide de la cual se hallaba el sector de los grandes propietarios de haciendas que se consideraban a sí mismo “blancos”… El mito de lo piurano o lo que solía llamarse “piuranidad”, reflejaba en gran parte una autoconciencia sublimada de este sector privilegiado, lleno de orgullo y prejuicios raciales, de la sociedad piurana…” Con Pepe Aguilar se derribaron los mitos tan descascarados de pensar que un piurano hijo del pueblo pudiese llegar a la Alcaldía de Piura sin más fortuna que la adhesión del pueblo y un coraje extraordinario por el cambio.

José Aguilar marcó una sintonía perfecta con el pueblo. De su gobierno hay obra visible cuyos detractores se empecinan en ocultar. Pero hay obra invisible que vive en la memoria del pueblo que lo acompañó en el defensa del Canon Petrolero. Me consta que tuvo el coraje de enfrentarse a Fujimori que transformó la carita del chinito sonriente por la autoritaria del dictador. Lanzó un memorable spot que el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) analizó en detalle. La marcha desde Piura a Lima recorriendo pueblos con un reclamo a viva voz dejó una indeleble huella. Aún resuena su voz en el aula Sánchez Carrión del Congreso donde Torres Lara quedó impresionado por la vehemencia de unos alcaldes de todos los distritos del bajo Piura que en realidad no eran Alcaldes sino seguidores de Aguilar que no podían mostrar debilidad ante el Presidente del Congreso Carlos Torres y Torres Lara. Muchos alcaldes intimidados por el fujimorismo sólo aparecieron cuando la victoria fue públicamente declarada. Hubo otros que la historia rescatará en su memoria.

Esta jornada fue una gesta memorable a decir de Pedro Planas, el politólogo prematuramente desaparecido y de Manuel Dammert que lo acompañó en este momento de coraje. Confieso que no he visto persona tan preocupada por los problemas históricos de Piura y tan apasionada por sus problemas. De él tengo muy gratos recuerdos como cuando fue interceptado por avezados pistoleros en plena carretera Piura Chiclayo pero resultó indemne frente al ataque artero. En otra ocasión se emocionó hasta las lágrimas cuando fe testigo de la entrega de los restos de las víctimas de La Cantuta y Barrios Altos a sus familiares en cajas de leche. ¿ Qué Perú es este en donde los Derechos Humanos son los menos humanos de los derechos?. En este ocasión lo acompañaba José Manuel uno de sus hijos.

Otra ocasión lo acompañé a Villa Mercedes, en Vitarte, en donde concurrimos con Jorge Idiáquez a una mañana y tarde familiar en la morada postrera de Haya. Ahí pude visitar la biblioteca en donde se conservan los libros y los papeles del maestro. Rincones insospechados que Pepe recorría de memoria. Idiáquez lo trataba con filial amistad. Aún recuerdo que Pepe me mostró la cama de Gonzáles Prada, entregada por su viuda a Víctor Raúl. Aquí tras las tertulias con el maestro mucha veces durmió Pepe y el propio Haya al verlo dormido lo cubrió con su abrigo. Esos privilegios irrepetibles tiene la historia. Nadie en el Perú los ha tenido. Descansar en el lecho de Gonzáles Prada que fue un incendiario de conciencias y cubierto con el abrigo de Haya, un hombre que lo dio todo por el Perú no sólo provoca una intensa emoción y admiración humana sino que acuna un memorable sueño de justicia por Piura y por el Perú.

A Pepe Aguilar reitero mi admiración y gratitud profunda, que también es la gratitud de los piuranos. No podría olvidar que con cariño le decimos: Loro. Y por eso con versos del poeta Manuel Ibáñez Rosazza decirle: “Aquí están los pajaritos/ de esta tierra tan querida/ cada uno con su nombre/ cada uno con su vida”. Aquí estamos en este último adiós José Aguilar.

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