martes, 12 de agosto de 2008

VARGAS LLOSA: ITINERARIO DE UN HIPOPOTAMO












Por Miguel Godos Curay
La sede de la casona O´Higgins, en pleno centro de Lima, es diariamente visitada por centenares de curiosos, turistas y admiradores de Vargas Llosa. Ahí se muestra con profusión de fotografías y valiosos documentos personales la génesis del escritor. Se recrea en cada uno de los ambientes de la espaciosa casona los escenarios de sus obras. Una alcoba austera del Leoncio Prado el escenario de “La ciudad y los perros”. Un bohío selvático con su hamaca en la penumbra que recuerda a “Pantaleón y las visitadoras”. Los hipopótamos cuyas imágenes le seducen siempre. Todo recogido con una crinográfica curiosidad que muestra las libretas, los apuntes, las fichas minuciosas de ese ritual de la palabra propio del escritor.

Vargas Llosa. Admítanlo o no sus denostadores es un escritor peruano que brilla en el firmamento planetario de las letras y la política. Está entre los escasos veinte personajes públicos reconocidos e influyentes en el mundo. Con o sin el Nóbel es un valor peruano que nos enorgullece. Particularmente a los piuranos nos ha inmortalizado en esa caracterización tan genuina de lo que realmente somos. Un desafío del desierto inhóspito. Un hazaña entre los chopos calcinados al filo de las carreteras y ese oasis poblado de algarrobos verdes. Cuyo aroma recuerda la santa tierra. Dulces tan exóticos como los bocadillos, las colasiones, las natillas y el quesillo de cabra nutritivos pero esquivos a los mafiosos de los programas vaso de leche que lo pulverizan todo para llenar sus bolsillotes de desnutrición infantil.

Vargas Llosa, tiene ese privilegio misterioso de haber capturado ese momento bullente de le economía piurana en donde las alforjas repletas de panllevar, olorosas frutas y fríjoles conducidas en grises piajenitos atravesaban los callejones calenturientos de la ciudad hoy arruinada por la desidia. El pima era una mostración visible de la fugaz prosperidad. Por eso no dejábamos de ser pecadores solemnes en lupanares legendarios como los que describe la Casa Verde. En aquel entonces las orgías eróticas eran matizadas previamente con tributos al paladar: piqueos olorosos, secos de chavelo glorisos, cachemas fritas crocantes en las ramadas humeantes. Potazos de chicha y potitos de clarito que no se embotellaban como ahora. Ramadas memorables en donde pizpiretas y chuchumecas con nombres de flores perdurables daban vida a romances alucinantes bajo es sol nunca devaluado de los piuranos y esa luna que iluminaba las insomnes faenas de los tejedores de sombreros. Esa Piura que se nos fue de las manos fue la que encontró Vargas Llosa.

La muestra, que se exhibirá hasta octubre habla por sí sola de las luchas libradas por el escritor en defensa de la libre expresión y su incursión en la política. Se ha incluido un pormenorizado itinerario que muestra desde un pasaporte hasta fotografías inocultables. Hay una en especial de su debut en el periodismo cuando aún era un colegial con muchas inquietudes juveniles pero sin mayores estridencias académicas. De su paso por la política quedan muchos testimonios y la no resuelta interrogante de qué hubiera pasado en el Perú con Vargas Llosa frente a la Presidencia de la República. ¿Nos hubiéramos adentrado a todo trote en la modernidad?. ¿Se hubiese privilegiado la educación en el país? ¿ Hubiese tenido el escritor el coraje de enfrentarse a la corrupción?. ¿Estaba el Perú preparado para tener como conductor de la nación a un intelectual de la talla de Vargas Llosa?. Después de probar la dictadura nauseabunda de Fujimori, al que con una ceguera insoportable muchos admiran. No sabemos cuál hubiese sido el destino del Perú. Las ucronías en política son como esa definición certera de lo que es el amor: “dar lo que no se tiene a alguien que no lo quiere”. En efecto. Perdimos la posibilidad de intentar un cambio de rumbo al lado de una liberal inteligente con estatura propia. De la honestidad de Vargas Llosa no hay ápice de dudas. Su sinceridad inclaudicable y su integridad no tienen punto de quiebre. De eso no hay dudas. Así lo confirman quienes gratuitamente lo detestan pero también quienes con sinceridad lo admiran.

No hay comentarios: