sábado, 8 de marzo de 2008

INVERTIR EN LAS MUJERES Y LAS NIÑAS


Por: Miguel Godos Curay
Universidad Nacional de Piura


Desde tiempos inmemoriales la humanidad se sostiene en la polaridad de lo masculino y lo femenino. La oposición entre el día y la noche, la dicotomía entre lo que permanece y de lo que pasa como las nubes. Dice Schiller: “Ellas tejen y trenzan celestes rosas en la vida terrena.” En América, se cree con convicción, “que si los hombres son árboles las mujeres son flores del jardín de Dios”. Balzac reconoce que: “La mujer casada es un esclavo que debe ser colocado en un trono”. La belleza física de la mujer se convierte con el tiempo en una inasible belleza espiritual. Si el hombre está llamado a trabajar en un mundo de resistencias y contrariedades. El trabajo de la mujer es el cuidar y preservar lo más valioso de la sociedad.

Realmente conmueve hasta las lágrimas ver a esas madres hambrientas en Africa o en Bangladesh con sus pechos en carne viva amamantando, en su agonía, a sus hijos enseñándonos que el dar la vida no es solamente una proeza humana sino un mensaje de amor escrito por Dios en el código genético. No hay otra explicación satisfactoria.

La lucha por la reivindicación de la mujer no es reciente. Uno de sus hitos fundamentales, fue la publicación en 1869 del ensayo “El sometimiento de las mujeres del pensador inglés John Stuart Mill. En España fue divulgado por Emilia Pardo Bazán como: “La Esclavitud de la Mujer”. Stuart Mill analiza la educación femenina y sostiene de modo concluyente que “la mujer es como ese árbol al que se le podan todas las ramas, para finalmente mirar el ascenso social del marido y los hijos”.

En 1848 Seneca Falls publicó en Nueva York la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. En Francia en plena revolución la girondina Olympe de Gougues borroneó la Carta de los Derechos de la Mujer. Stuart Mill rompió el pacto infame de hablar a media voz gracias a Harriet Taylor una entusiasta feminista. Según Stuart Mill la situación de la mujer tienen que analizarse desde los horizontes de la felicidad, la justicia y la libertad.

En principio, la desigualdad entre hombres y mujeres, es el “prejuicio de los prejuicios” y causa de infelicidad. La felicidad es ante todo la posibilidad de escoger el propio modo de existencia. Privar a una persona de la dirección de su vida es una lesión a la dignidad humana. La felicidad sólo es posible partiendo de la igualdad entre hombres y mujeres. Todos los sistemas educativos y religiosos argumentan moralmente que lo esencial del ser mujer es vivir para los demás, renunciar a ser sí mismas y no tener mas vida personal que sus sentimientos. Por eso se llega a decir que si el espacio público es masculino el territorio privado es femenino y no es así.

Se repite líricamente que los atributos femeninos son la entrega, la abnegación, la intuición intelectual, la agudeza y el ingenio. Se dice que las mujeres son la reserva moral de la humanidad, sin embargo, no se permite la participación activa de la mujer en la política y en la sociedad. Muchas veces los homenajes a la mujer no son otra cosa que el maquillaje de una injuria, advierte Stuart Mil.

Como ha señalado Ban Ki Moon , Secretario de la ONU, “el progreso de la mujer es el progreso de todos” por eso se ha propuesto como tema de reflexión este año el tema:”Invertir en las mujeres y las niñas”. Actualmente los discursos de los políticos no guardan correspondencia con la asignación de recursos para promover la educación y la salud, la prevención del Sida y la reducción de la mortalidad materno-infantil. Pese a las dificultades, poco a poco se promueven líneas de micro crédito a empresas de mujeres. Empoderar económicamente a la mujer mejora su calidad de vida y dependencia hostil con los varones.

Aún demanda mucho esfuerzo a los gobiernos reconocer el trabajo no remunerado de las mujeres reproduciéndose la inequidad de género.Es el caso de las madres campesinas que diariamente se levantan a las 4.00 de la mañana acabando sus labores más allá de las 10.00 de la noche, pero, que sin embargo al momento de la encuesta censal sostienen que no trabajan cuando en realidad duplican con creces el esfuerzo de sus maridos.

La lucha reivindicatoria de la mujer no puede dejar pasar de largo la trayectoria combativa de mujeres como Hannat Arendt pensadora genial fundadora de la solidaridad social y elcivismo en nuestro tiempo. Mujeres como Frida Khalo que sobreponiéndose al dolor de un cuerpo lacerado, pintaba con una genialidad superior a la de su marido, el pintor mexicano Diego Rivera. O una irreverente Isadora Duncan cuyo cuerpo expresaba audacia irrepetible el encanto de la belleza femenina. Mujeres bizarras como la Manuela Sáenz que brindaba con chicha y pólvora con Bolívar. Mujeres como Dora Mayer capaces de declarar su amor en las paginas de un diario sin importar el que dirán.

Mujeres consagradas a la ciencia como Maria Rotsworowski o Josefina Ramos de Cox, indagadoras apasionadas del pasado. Mujeres como Marylin Monroe cuyos labios carnosos y sus piernas esbeltas eran el sueño de los combatientes en la guerra de Corea. Mujeres como Sor Juana Inés de la Cruz que desde su infancia soñaba con ir a la Universidad en traje de hombre porque la cultura era imposible para la mujer durante la colonia. Sor Juana de una belleza esplendida se corto al rape sus hermosos cabellos anotando en su diario: “me parece inconveniente que una cabeza vacía lleve adorno tan rico”. Era tan inteligente, que al decir del Virrey, sometida a un examen por eminencias. “Se defendía como una galera real en medio de un tropel de chalupas”.

Mujeres como la mestiza Micaela Bastidas, que según los testimonios del abultado expediente de enjuiciamiento: “daba órdenes por escrito y por palabras a las provincias con más vigor que su propio marido”. Mujeres valerosas que tras el develamiento de la revolución tupacamarista fueron condenadas al destierro perpetuo en México y Africa. En Piura no podemos dejar de evocar a Francisca Otoya, quien guardó en su casa del jirón Lima, durante dos años, los restos del Presidente La Mar. Doña Francisca dedicada al comercio entre Paita y Costa Rica recibió los restos del General Francisco Morazán y gestionó ante Castilla se reparara la imperdonable ingratitud. Mujeres como la Polita, la Polonia, Policarpa Salavarrieta, la heroína de Guaduas fusilada un 14 de Noviembre de 1817 por orden del español Morillo. Cuya memoria se conserva en Piura como un perenne homenaje a una mujer que tuvo como sueños y pasión la libertad.