sábado, 6 de octubre de 2007

APOLOGIA DE LOS FEOS


Por Miguel Godos Curay

Umberto Eco, el famoso semiólogo, escritor y ensayista italiano, acaba de presentar en la Feria del Libro de Frankfurt (Alemania) su libro “Historia de la Fealdad”. Una controvertida reflexión sobre un tema pocas veces tratado con profundidad. La belleza no se explica sin su antípoda la fealdad. Como sostiene Eco en la vida: “Las sombras contribuyen a que la luz resplandezca mejor”. No en vano la historia del patito feo de Andersen de nuestra infancia anidó en nosotros la leve esperanza que todos tenemos una porción inocultable de belleza física o espiritual.

Uno de los temas que aborda Eco es la atracción fatal que muchas mujeres feas ejercen sobre algunos varones apuestos. Citando la “Anatomía de la Melancolía” de Robert Burton sostiene que tras la aparente fealdad física se oculta la belleza sutil de una mujer cultivada experta en acariciar el ego de su consorte. Diariamente el mundo gasta un dineral para ocultar el desencanto de un cuerpo despojado de atractivos. Un mal de moda es la dismorofobia, que no es otra cosa que el sentimiento subjetivo de fealdad que afecta a la personas al extremo que creen que su apariencia es causa de su fracaso existencial. Por eso se deprimen y sufren inconsolablemente. Otros recurren a las torturas de la cirugía y la cosmética. Sin embargo como dice la frase: “Aunque la mona se vista de seda mona se queda”.

Eco, en su “Historia de la Fealdad” convoca a innumerables autores, citas, textos históricos, poesías, novelas y ensayos para explicar que la fealdad y la belleza corresponden a un momento histórico y a los cánones estéticos dominantes en cada época. De las divinas celulíticas de Rubens, por ejemplo, hemos arribado a modelos despojadas de carne como Twiggy. "Para entender los gustos de una era no es justo escuchar sólo a los filósofos, es necesario entender qué significa fealdad para la gente común" cuyas extendidas ideas y creencias forman parte de las corrientes del pensamiento, reconoce Eco.

Si en la pintura lo feo se relaciona con el desgarramiento y el dolor, en el lenguaje escrito, sobran los sinónimos para referirse a la fealdad: horrendo, desagradable, monstruoso, odioso, espantoso, fétido, sucio, repelente, vil, deforme, repugnante, antiestético, asqueroso, inmoral. La historia de la fealdad es decididamente un tema apasionante porque compromete toda la actividad humana.

Etimológicamente el concepto de belleza está asociado a lo acabado y perfecto. Al orden y la armonía (sintonía perfecta). A lo bueno. En nuestra lengua, el castellano, la palabra “bello” deriva del latín “bellus” que es diminutivo de “bonus” (lo bueno). Lo bueno en grado sumo es lo excelente. Lo que se eleva por encima del promedio y se distingue de lo gracioso. La hermosura como sinónimo de belleza viene de “formosus”. Lo bien formado. Lo que guarda armonía, proporción, medida y simetría. La palabra “feo”, proviene del latín “foedus” (lo fétido e impuro).También se sobrentiende: lo repugnante, desagradable.

En la Edad Media se concibe a la belleza como “splendor formae” el esplendor de la forma. La belleza se asocia a la claridad, a la luz. Al orden y la proporción. La oscuridad y tiniebla se asocian a lo feo, a la privación y a la imperfección. Eco recoge, al respecto, una anécdota atribuida a Leonardo da Vinci.:"Preguntado el pintor por qué siendo el creador de figuras tan bellas, tenía unos hijos tan feos y poco agraciados, éste respondió sencillamente que las pinturas las hacía de día y a los hijos de noche". Para Heráclito en el siglo VI antes de Cristo no existe correspondencia entre lo sensible y lo inteligible. El orden del mundo es consecuencia del azar. La belleza esencial está siempre oculta a los ojos y requiere un esfuerzo de descubrimiento. La fealdad física hiere los sentidos. La fealdad de las malas acciones es una infalible ruta a la infelicidad humana.

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