sábado, 1 de junio de 2013


LOS SECRETOS DEL  OMBLIGO
Por: Miguel Godos Curay

En el mediodía de la edad media muchos artistas se enfrascaban en  grandes discusiones respecto a si debían representar a Adán y Eva con o sin  ombligo. Esa cicatriz redonda que queda en medio del vientre después de romperse y secarse el cordón umbilical. Para preservar su valor estético por aquellos tiempos se colocaba bolitas de plomo y fajas pronunciando su oquedad. Nuestras abuelas recurrían a los checos. La oriental danza del ombligo popularizada por Shakira nos recuerda que el ombligo femenino tiene una enorme fascinación erótica. En el mundo árabe el ombligo ejerce el encanto de un seductor atractivo. Por eso las jovencitas se empecinan en el piercing para exhibirlo. Las viejas impúdicas y ombligudas lo muestran gratis para consolar la última escena  de su trajinada existencia.
El ombligo piurano salta con la vergüenza del shucaque entonces hay que rezarlo, santiguarlo y sobarlo con un panecillo de jabón blanco, un limón o un peseta gorda. Entonces dejará de saltar y el paciente recobrará la salud. Conforme a su diagnóstico el rezador quebrará el shucaque. Si se trata de vieja lengua larga y chismosa le mentará la madre  tantas veces  sea necesario para conjurar el mal.  Una fórmula para neutralizar el shucaque es la rezondrada a boca de jarro. Dependiendo del daño provocado nuestras abuelas recurrían a curiosos tratamientos como una tortilla frita en aceite rosado colocada encima del vientre. Con la popularidad alcanzada  por la sinvergüencería  y la conchudez el shucaque ha quedado disminuido al pudor inocente del que sabe que ha actuado mal y tiene que rectificarse.

El  topónimo Cuzco significa en quechua “ombligo”. En el mundo mágico andino era considerado el ombligo del universo y como tal el centro del mundo conocido. Lo propio sucede con la palabra  México que en lengua náhuatl significa  “ombligo de la luna”. Meztli significa luna y  xictli ombligo. Otros dicen que se trata de una isla ubicada en el centro del ombligo del lago de Texcoco en la que los aztecas vislumbraron al águila devorando la serpiente.  El ombligo tiene una profunda significación en las civilizaciones de todos los tiempos. En Australia las madres lo arrojan al mar con la confianza que sus hijos serán buenos pescadores y hábiles navegantes. En África se le entierra junto a los árboles para garantizar longevidad.
Encogérsele el ombligo a alguien significa amedrentarse o desalentarse. Cortarle el ombligo significa ganarle la voluntad. Mirarse  el ombligo significa asumir la actitud autocomplaciente y narcisista de sentirse el centro de todo. Algo así como ensimismarse en el espejo del egoísmo.  Ombligo de Venus se denomina a la porción calcárea de algunos moluscos bivalvos. Aunque algunos anatomistas sostienen que el ombligo es un parte inútil del cuerpo. En realidad el cordón umbilical es una fuente de células madre  que permite tratar la leucemia y otros males hematológicos. Se puede obtener glóbulos rojos y glóbulos blancos para salvar la vida de muchos pacientes. Es también el recuerdo de nuestras madres y la huella del origen en todos los mamíferos.

Los ombligos tienen variadas formas: profundos y candorosos, largos y encogidos, salidos y pronunciados como una oblonga nariz. Diminutos y proporcionados, desproporcionados y salientes como ojo de buey. Los hay tímidos y abnegados por el valioso y desinteresado servicio que prestan a sus dueños. En el arte, el ombligo ejerce una mágica atracción que lo convierte en epicentro visual de la belleza humana. Hay ombligos de abuela venerables y sabios que explican el curso de la vida humana y la existencia. Hay otros desgarrados por el esfuerzo físico  que provocan las hernias. No existen dos ombligos  iguales en la misma proporción que no hay dos rostros iguales. Últimamente se ha puesto de moda el ombligo exhibido sin recato a consecuencia de las prendas diminutas que eligen las jovencitas y las no tan jovencitas. Otro es el ombligo que en sus lúbricos movimientos se asoma para tomar el sol.  Buda muestra el ombligo rascado tantas veces  con la secreta convicción  que al sonreír  la fortuna tocará la puerta.

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