domingo, 24 de octubre de 2010

INCERTIDUMBRE Y RESPONSABILIDAD SOCIAL


Por: Miguel Godos Curay

Los dilatados escrutinios de las actas electorales están a punto de concluirse. Lo que se viene no es para reírse ni para celebrar. Las papas queman en la mayor parte de municipios. Muchos electos alcaldes estarán atados de manos los primeros meses de gestión. Otros encontrarán una “caja” china” de sorpresas: incrementos remunerativos aprobados en la hora undécima, obras inconclusas, legiones de contratados con sus demandas en mano y la inminente paralización de servicios públicos como la evacuación de desperdicios en la ciudad. Esta es la sorpresa de año nuevo para los electos alcaldes. Sumemos a ello el pago de la gratificación a todos los servidores y la planilla adicional de cesantes y jubilados. Y el agotamiento de recursos en programas sociales como el “vaso de leche”.

Cuando culmina una gestión edil. Las primeras golondrinas en partir vuelo son los funcionarios de confianza. Los eficientes y los negligentes. Los que vienen tardan mucho en aprender. El problema es desmontar un aparato administrativo para montar otro sobre la marcha. No es suficiente una comisión de transferencia, generalmente, calientan la silla. El pedido a contraloría para deslindar la vieja gestión con la nueva tarda y demora en llegar. El desconcierto y la incertidumbre provocan climas de súbito e inesperado temor en servidores y funcionarios de carrera. Los contratados las ven negras. A contrapelo la flamante autoridad marcha con una legión de integrantes del equipo de campaña que esperan una colocación inmediata e impostergable.

Realmente estamos en cuenta regresiva. Y urge estar precavidos para que el trauma del cambio no paralice la administración de nuestras ciudades. Piura, en este momento está convertida en una trinchera insoportable, con zanjas y huecos por todas partes. Vehículos con materiales interrumpen el tráfico en cualquier momento. Arboricidios, como el perpetrado en el San Miguel revelan que el afán demoledor deja pingues ingresos en quienes aprovechando la circunstancia venden desde las varillas de hierro de los muros desplomados hasta la última raja de leña de añejos algarrobos traídos por los suelos. ¿Cuesta tanto el progreso?. Sin duda que en este arriba flores y abajo temblores la vigilancia ciudadana es una necesidad.

Piura parece un cuerpo humano al que el escalpelo y el bisturí han sometido a una intervención quirúrgica interminable. Pos supuesto que una ciudad con las vísceras en remiendo huele mal porque los trabajos, en muchos casos, no se realizan con la celeridad debida. Y a nadie, absolutamente a nadie se le ocurrió publicar un cronograma con plano adicional en donde se efectúan estas paralizantes intervenciones. El correlato son amontonamientos de basura justo en el momento en que arrecia el calor y el ciclo de propagación de las moscas por millones se cataliza irremediablemente. ¡Válganos Dios!.

Preocupante resulta que los candidatos, aquellos que pintan muros y empapelan la ciudad con su rostro y sus manidas ofertas electorales, salvo contadas excepciones, hayan tenido el coraje de dejar la ciudad limpia. Piura es un asco. Y nos falta la energía cívica para no ensuciarla más. Igualmente, hasta el momento, no hay autoridad que pueda detener esa grosera ocupación publicitaria de la ciudad que ha convertido el espacio urbano en un cancel de la huachafería y el consumismo salvaje.

El centro de la ciudad, realmente da pena. Ni la avenida Grau, el mentidero solaz de los piuranos se salva de los roba tapas y los roba losetas, que centímetro a centímetro, destrozan lo que nos queda de calzada. Mientras tanto, prosiguen nuestros males frente a la indiferencia que anonada y paraliza.

Ya es hora que todos pongamos freno a estos abusos que hacen de Piura un tugurio indigno para vivir lejos de la ciudad que todos soñamos. No es una tarea imposible, por ejemplo, ser limpios. No es una tarea imposible respetar las áreas verdes. Hoy en el mundo la arquitectura y la ingeniería respetan la naturaleza y con plasticidad respetan sus contornos. Bien se señalaba, hace poco, que nuestras autoridades se empecinan en hacer calles de avenidas amplias para que transiten vehículos pesados lo que no está mal. Pero es mucho más importante el preservar, defender y proteger una ciudad para sus habitantes. Ello demanda que las empresas que inundan la ciudad de cartelones gigantescos no atropellen nuestro derecho a mirar el cielo y a tener un paisaje urbano limpio. Sepan los salvajes taladores de algarrobos del Colegio San Miquel, que con saludable criterio, en la Universidad de Piura el rincón más hermoso es el que procura un viejo y vencido algarrobo que se cayó pero nadie, por puro amor a la naturaleza toco y ni siquiera afeitó con el filo de un hacha. Es una reliquia viva que fomenta el amor por la vida. En cambio hay quienes se empecinan por derribar todo. Son los nuevos bárbaros de esta errónea y falsaria modernidad.

Hace poco los vecinos de Sechura organizados cívicamente en un impecable acto de coraje cívico lograron en los tribunales una sentencia ejemplar que dispuso el retiro de una antena que con toda desfachatez se había erigido a unos metros de la antigua iglesia de San Martín de Tours con la complacencia de las autoridades municipales y los sinvergüenzas. En Piura, contradictoriamente, hasta el momento no se ha podido retirar uno de estos armatostes y ni siquiera uno de esos cartelones que afean la ciudad. Que conste que muchos de estos son un peligro público porque sostenidos con endebles pernos y cuatro alambres templados pueden caerse en cualquier momento.

Piura está cambiando, pero preservémosla para sus niños, sus jóvenes y para sus mujeres. Se yerguen centros comerciales en los cuatro puntos cardinales. Es hora de exigir a éstas apresuradas inversiones inmobiliarias que ejerciten la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) devolviéndonos en justa compensación parte de lo que no quitan. Si quieren una relación amable con Piura inviertan en su contorno, en las zonas de impacto directo pero también en las del indirecto. No se trata de que nos coloquen un colorido e iluminado arbolito de navidad. Sino que se acuerden que Piura y los piuranos existen. Y es preferible dar antes que con coraje y energía cívica tengamos que pedirlo. ( Foto: Arcangel Adrianzén Carrasco-Comunicación UNP)

domingo, 17 de octubre de 2010

COMUNICACIÓN Y BUENAS NOTICIAS


Por: Miguel Godos Curay

Todo el mundo aplaude el rescate de los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados, desde el pasado 5 de agosto, en la mina San José (Chile). Un yacimiento de cobre a 700 metros de profundidad. El accidente fue calificado como una conmovedora tragedia después del terremoto del pasado 27 de febrero. Tras la infructuosa búsqueda un breve mensaje desde las entrañas de la tierra devolvió la esperanza. Todos los ojos de Chile y el mundo concentraron su mirada en esta circunstancia humana crucial y dolorosa. Periodísticamente el interés humano fluye en la ausencia, la tristeza, la angustia y la melancolía. En estos casos la realidad desborda a la ficción. Las circunstancias extremas como alicientes iluminan con significaciones profundas la vida y nos recuerdan que somos humanos con sentimientos, con convicciones y con valores extraordinarios. Personalmente un hecho que nos conmovió es cómo a partir de un casi imperceptible mensaje el esplendor de la vida fluyó con un vigor extraordinario sobre la perplejidad planetaria. Este hecho en apariencia anecdótico demuestra el valor extraordinario de la comunicación humana.

Lo propio se siente en la comunicación entre personas. Existen familias, instituciones y sociedades que no necesitan 700 metros de distancia para incomunicarse y llenarse de desolación e incertidumbre. La soledad de los ancianos, la de los niños colocados salvajemente frente al televisor, o la de los adolescentes intentándose comunicar con interlocutores desconocidos que les dispensen afecto y ternura en el ordenador, porque no lo tienen en el hogar, a un riesgo indecible resulta tan dramático como el vivir sepultado en una mina.

Es increíble la forma como construimos barreras infranqueables entre nosotros para incomunicarnos. A contrapelo existen verdaderas patologías en sujetos dedicados a usar el ciberespacio con desconocidos propósitos para el delito y la injuria. Pocas veces valoramos lo que realmente significa comunicar. Existe una práctica inveterada, entre políticos y malos estudiantes, el de dar la sensación que escuchan pero no lo hacen. Quien no escucha no comprende. Comprender es necesario para comunicar. Comprender, hay que advertir, no significa coincidir. Comunicar y saber comunicar exige compartir. En efecto, como señala Javier Fernández Aguado, existe una “sordera” que perturba la comunicación fluida en las organizaciones. Existe una sordera para oír las demandas insatisfechas. Existe una sordera que surge de la arrogancia y del abuso.

La comunicación es un lubricante del entendimiento humano. Tanto a nivel familiar, laboral y en la propia sociedad, la comunicación es el ingrediente íntimo que cohesiona y fortalece la buena relación humana. No existen distancias entre lo que acontece al interior de una familia o en el interior de una empresa. La comunicación fortalece y cohesiona. La incomunicación mina progresivamente los valores e infecta con desesperanza e incertidumbre las posibilidades de realización.
La comunicación tiene como punto de partida la realidad. Si se alimenta de irrealidad se convierte en diálogo de humo, en ficción, en deformación, en alucinación que es una percepción vacía o en espejismo que es la falsa percepción. Por ello la comunicación no puede cifrarse en los esfuerzos de emisión de un boletín. La comunicación requiere un diálogo interactivo, un saber escuchar. La comunicación es como el agua para una planta. En gotitas resulta insuficiente pero en exceso y desproporción puede provocar una sobredosis de conocimiento no compartido. El retener información muerde la confianza y detiene el desarrollo personal y organizacional.

Por este motivo, resulta mucho más eficaz, comunicar con adhesión a la realidad. Está demostrado que niños alimentados por sus madres con amor viven mucho más saludables que los que son tratados por nodrizas antisépticas pero con frialdad de robot aunque reciban una mayor porción de alimento. La salud de los ancianos mejora cuando el lubricante de una amena conversación deshoja sus recuerdos. En Cuba, en donde el horizonte de vida humana se ha expandido a los 120 años, se valora a los abuelos y se estimula que como bibliotecas vivientes y parlantes vuelquen sus conocimientos a los niños y a los jóvenes. Un abuelo que se siente útil alimenta sus ganas de vivir. Una palabra amable, un saludo y un abrazo cordial devuelven las ganas de vivir. Théophraste Renaudot (1586 – 1653), célebre médico y periodista francés, descubrió que las buenas noticias sanan y curan. Una buena noticia enciende el ánimo. Es una lotería de felicidad que nos refresca las ganas de vivir y hacer. Casi todas las buenas noticias son parientes cercanas de la verdad. La amargura y el desencanto son hijas putativas de la mentira, la falsedad y el engaño. Las malas noticias tienen que se tratadas como el empaque desechable y ser colocadas en el trastero en el que deben colocarse.

Piura, necesita buenas noticias. No sólo en las páginas de los diarios que son vehículos públicos de lo que nos acontece. Sino en el seno de sus instituciones, en las escuelas, en las universidades, en los clubes, en los gremios, en las familias ahí donde menudea el chisme y la voracidad por la vida ajena. Piura necesita de buenas noticias que despierten de su pereza a la burocracia. Y que nos hagan mirar con luz de sol primaveral que tenemos una ciudad que puede volver a ser limpia, en donde cada uno de nosotros puede contribuir al cambio que todos esperamos. Realmente de malas noticias estamos hartos. Esta semana que pasó hubo buenas noticias respecto a la marcha económica de Piura. Seguimos creciendo económicamente con dos sectores vigorosos: la manufactura y la construcción. Sume a ello el Nóbel de Mario Vargas Llosa tan entrañablemente ligado a Piura. Un valor intangible extraordinario para Piura que no ha sido aquilatado en su justa dimensión. Una buena noticia sería que los candidatos limpien sus pintas y su propaganda que afea la ciudad.

Una buena noticia es como un bálsamo de esperanza que da ganas de vivir. Una mala noticia es un veneno que enferma la conciencia e inyecta a la vena la desconfianza, el rencor, la envidia, el orgullo, la mentira, la miseria y el fracaso. Quien fabrica veneno y esparce veneno acaba nutriéndose de su propia inmundicia que es algo así como adquirir un pasaporte eterno a la infelicidad. Nosotros creemos en el poder iluminador de las buenas noticias.
Ilustración:Théophraste Renaudot (1586 – 1653)

domingo, 3 de octubre de 2010

¡AL MOMENTO DE ELEGIR NO SE EQUIVOQUE!


Por: Miguel Godos Curay

Hoy es un día de responsabilidad cívica para todos los peruanos. El elegir a nuestros presidentes regionales y alcaldes requiere la sensatez suficiente para evitar el error de elegir a ciudadanos ineptos para el ejercicio de la función pública. No son suficientes las buenas intenciones, las promesas, las improvisaciones, la presunta experiencia, la declaración personal de bienes, los armatostes políticos o los afanes vindicadores de plausibles causas. Necesitamos alcaldes y presidentes regionales transparentes y coherentes con lo que dicen y lo que hacen. Esto significa que deben ser transparentes en cada una de sus decisiones y mostrar con los instrumentos que provee la tecnología ¿cuánto gastan?, ¿cuánto ganan?, ¿quiénes los asesoran?, ¿cómo es su situación económica al momento e iniciar su función pública y finalmente cómo se van al culminarla?

Los pecados de los ciudadanos alcaldes y presidentes regionales son por todos conocidos. Aunque todos anuncian que practicaran políticas de puertas abiertas finalmente se encierran bajo siete puertas y siete llaves. El diálogo democrático es bloqueado por barreras impenetrables. Luego se produce inevitablemente el vicio manido del nepotismo. Monseñor Cantuarias señalaba con puntualidad que el piurano nepotismo socava a todas nuestras instituciones públicas. La palabra nepotismo es de origen italiano y proviene de “nepote” que significa sobrino. El nepotismo no es otra cosa que el colocar a los familiares y allegados en cargos públicos. Así según el ilustrado Monseñor existe un nepotismo de la sangre, el colocar a familiares directos e indirectos en cargos del aparato administrativo, luego viene el nepotismo del afecto que desliza a los amigos en cuánto cargo puedan ocupar para garantizar una lealtad sumisa y cómplice. Finalmente viene el nepotismo del partido porque el candidato ganador coloca, como retribución feliz, a quienes gastando las suelas lo apoyaron en su campaña. Así con este malentendido modo de hacer las cosas las planillas pujan y la burocracia muelle se multiplica.

A la gimnasia democrática no sólo le importa el elegir. Es necesario informarse oportuna y adecuadamente para no improvisar. A todo ello se suma el vigilar a los ciudadanos que resulten electos, Vigilar significa exigir información periódica sobre los actos de gobierno. Vigilar significa pedir cuentas. Vigilar significa también, si fuese menester, exigir revocatorias. Vigilar significa también concurrir a las sesiones de concejo porque son públicas. Y no hay argumento legal para que existan “sesiones secretas” en donde se aprueban dietas y la conformación de directorios violentando la ley y la legitimidad. Igualmente se nos debe informar exhaustivamente en qué condiciones inician su gestión. Los deslindes son necesarios.

La democracia exige diálogo. Según el profesor Georges Vedel (5.07.1910-21.02.2002) el funcionamiento de la democracia necesita de cinco diálogos imprescindibles. El primer diálogo es el que debe existir entre el poder constituyente y el poder constituido. La constitución no sólo es un elenco de derechos posibles sino una limitación a los abusos del poder. El segundo diálogo es el que debe existir entre el poder ejecutivo y el poder legislativo. Los atascos decisionales que enfrenta Piura tienen en gran medida causa en el diálogo inexistente entre nuestra representación parlamentaria nuestras autoridades municipales y regionales y el propio ejecutivo. La alfalfa parlamentaria menudea por doquier. Muchos de nuestros congresales, salvo contadas excepciones, se han dedicado a saludos por aniversario institucional y a la extensiva y cantinflesca práctica del “yo te condecoro tu me condecoras”. Que conste que entre los más condecorados está el propio señor Cautivo de Ayabaca que ostenta el grado de Coronel de la desaparecida Guardia Republicana. (¿?) Nos consuele la opinión de Palmiro Machiavello, diplomático peruano. “Las condecoraciones son los tatuajes del hombre civilizado”.

El tercer diálogo es el que debe existir entre las mayorías y las minorías. Lastimosamente lo que se observa es un irreconciliable revanchismo entre los que ganan y los que pierden. Pasadas las elecciones se produce una venganza apache entre los hinchados de soberbia triunfadores y los que fueron derrotados. Si se trata de funcionarios o servidores públicos están condenados a la Siberia de la “mesa de partes” o “el archivo”. La democracia legítima no tolera estas malas prácticas. Ahí donde la democracia funciona la minoría fiscaliza a la mayoría y le señala el rumbo cuando se desvía de camino. La democracia parlamentaria británica, por ejemplo, tiene previsto el funcionamiento de un gabinete en la sombra conformado por la minoría que representa la “leal oposición” a su majestad.

El cuarto diálogo que urge la democracia es el que debe existir entre gobernantes y gobernados. Si el gobernante no oye a su pueblo no tiene brújula y no tiene rumbo para conducir la cosa pública. Lo que hemos visto hasta hoy es un diálogo de sordos. Y una acentuada torpeza en el buscar soluciones a las crecientes demandas ciudadanas de los piuranos. El diálogo que necesitamos no es el que se monta teatralmente con el nombre de audiencia sino que el surge espontáneo, natural y fluido ahí donde las papas queman y en donde las obras públicas muestran la negligencia de las empresas constructoras. Diálogo cara a cara y sin temores como dice el vals. Necesitamos alcaldes que recorran las calles de sus ciudades y los mercados ahí donde bulle la agenda invisible de las demandas ciudadanas. No necesitamos alcaldes que remodelen plazas y demuelan locales municipales para pulverizar presupuestos. Queremos alcaldes que inviertan en salud, educación y en calidad de vida,

El quinto diálogo es el que debe existir entre el gobierno las corporaciones profesionales y los sindicatos. Tienen los gobernantes que escuchar a aquellos que por su formación profesional conocen mejor de las ciencias y las artes. Los colegios profesionales no son convidados de piedra ni una cofradía de timoratos con medalla en el pecho para celebrar aniversarios institucionales o la incorporación de un nuevo miembro. Tienen una responsabilidad cívica en señalar con puntualidad cuándo se cometen inexcusables yerros en una gestión pública. O cuando las malas prácticas de un colegiado muerden con vergüenza un presupuesto público. Mucha impunidad anda suelta. El gobernante tiene también que dialogar con los sindicatos pero no para preservar capellanías y privilegios. Sino para mejorar la calidad de los servicios públicos, agilizar la burocracia y oír sugerencias que puedan dar solución a problemas urgentes. La democracia no es una solución a todos los problemas, pero es un camino posible que requiere energía ciudadana y entereza moral. Bien dicen en Piura que al que gobierna no sólo hay que mirarle la cara bonita sino las uñas y las manos.

Pasadas las elecciones cuando el ruido de la campaña se convierte en silencio. El electo presidente regional, sus consejeros, los alcaldes y sus regidores vivirán en carne propia lo que es el ejercicio de la autoridad y el poder. De ellos depende ser responsablemente transparentes. De ellos depende aterrizar en la realidad cuando la ebriedad de la soberbia y arrogancia se les sube a la cabeza. De ellos depende hacer de Piura y de nuestras provincias ciudades prósperas en donde vivir humanamente es posible. De ellos depende cerrar las puertas o abrirlas a un diálogo perenne. El viejo Perícles decía que el mejor gobernante para la pólis (ciudad griega) es el que engrandece a su ciudad y su ciudad se engrandece en él. Esa es nuestra búsqueda. Ojala sea nuestra mejor elección.

domingo, 26 de septiembre de 2010

¿ENTRE EL ESTADISTA Y EL OPORTUNISTA?


Por: Miguel Godos Curay

Esta semana que pasó, invitado por la Universidad César Vallejo, me pidieron hablara a un teatro municipal lleno de estudiantes sobre dos temas puntuales y vigentes: gobernabilidad y responsabilidad social. Mi primera reflexión surgió del repensar el territorio regional. Piura con 35 mil 962 kilómetros cuadrados de extensión territorial es más grande que Israel que tiene 22 mil 145 kilómetros cuadrados y Bélgica que tiene 30 mil 528 kilómetros cuadrados. De modo que siendo Piura, territorialmente “un país” encajado en el Perú, necesita de un gobernante con perfil de estadista. No puede ser un gobernante improvisado dedicado a las menudencias domésticas o a las repartijas. Tiene que ser un gobernante dedicado a mover los engranajes de la economía regional y por ello tendrá que optimizar la asignación regional de recursos y asegurar que en el cuadro de la política económica nacional no traten a Piura como una hija de vecino. Además debe estar conectado a las organizaciones sociales de la región lo que en política significa gobernar con todos y para todos. No puede ser ni debe ser la vedette de su partido.

Debe hablar perfectamente inglés para que los operadores del capital y la inversión extranjera no lo hagan cholito y tener la suficiente capacidad para convocar al empresariado, la sociedad civil y a las diversas dependencias del Estado, que en Piura, a mil kilómetros de Lima son organismos disminuidos, simples mesas de partes incompetentes que no resuelven absolutamente nada. Deberá coordinar estrechamente con la representación parlamentaria en asuntos tan serios y carnudos como la descentralización fiscal. Piura es un buen puerto para las inversiones. Con empresas que hacen aportes fiscales significativos. Pero estos lamentablemente no se hacen en Piura sino en Lima. De tal manera que el gordo centralismo sigue siendo alimentado por regiones muy ricas como Piura. Sin embargo en la redistribución de los beneficios siempre nos toca el hueso y el pellejo. Lima come siempre lomo fino.

Similar rol corresponde a los consejeros, a los alcaldes y regidores, cuyas desarticuladas gestiones son la causa de la ingobernabilidad y su causa inmediata, el caos, desorden y falta de autoridad en la que se sume Piura y sus provincias. Los señalamientos ciudadanos a gestiones corruptas no pueden ser desoídos. Es tal dimensión de la ineficiencia que la desconfianza ciudadana está presente en los procesos de licitación de obras públicas, en estudios técnicos observados, en las provisiones de enriquecidos lácteos de escaso valor nutritivo sostenidos por redes mafiosas en los municipios, en el nepotismo descarado y grosero. En la falta de indicadores efectivos de logro que permitan establecer si avanzamos o nos encontramos estacionados en el atraso como consecuencia de deficientes gestiones públicas.

Las paradojas se extienden a muchos sectores como el sector educación. Según la Defensoría del Pueblo, el más corrupto y quejado. Realmente no hay logro educativo y este se refleja en la precariedad del rendimiento en los exámenes de ingreso a la universidad, en el poco interés por la lectura, y en el extendido pánico emocional a las ciencias. Estudiantes de centros educativos públicos y privados. Enfrentan el mismo mal. Si los gobernantes se desconectan de un sector de crucial importancia para el futuro de la región estamos fritos. ¿Cómo transformamos los impulsos de crecimiento en estadios de desarrollo si la educación se encuentra en el rasero? En poco o en nada han contribuido los esfuerzos de capacitación emprendidos por el propio Ministerio de Educación. Las evaluaciones realizadas no reflejan la realidad porque son arregladas con cosmética de eficiencia para el cobro mensual. El maquillaje se cae por sí solo cuando se analizan críticamente los resultados en la escuela.

La construcción social de una región requiere de perfilar con nitidez la relación con el Estado y con todos los sectores sociales, sin exclusiones, en el propio territorio regional. El primer vínculo es político y requiere coraje para exigir lo que por justicia y por derecho nos corresponde. El segundo es social y requiere con todas las provincias un trato equitativo frente al superlativo peso de los enclaves urbanos y costeros. Instituciones como los colegios profesionales, los sindicatos tienen que ser oídos. No es posible, por ejemplo, que lo padres de familia no tengan expedito el derecho de participar como escuchas de una clase de matemática que reciben sus hijos en una escuela pública porque el Sutep se opone.

No es posible que se haya abandonado en la escuela pública la educación cívica que permite formar ciudadanos reconocedores de sus derechos fundamentales, ni que se haya abandonado el deporte que enseña a competir, ni la educación por el arte que nos asoma a la belleza. No es posible que tengamos servicios públicos deficientes y que las quejas no sean oídas oportunamente. Problemas como la inseguridad ciudadana tienen que ser tratados desde la raíz. La estadística señala que en Piura hay un efectivo policial por cada 800 ciudadanos. A la inseguridad social se suma la inseguridad jurídica y la falta de respeto a la propiedad pública y privada pues nos estamos exentos de las invasiones o las apropiaciones producto del mafioso negociado de tierras que ha acabado con los espacios públicos como nuestras playas. Vivimos enfrentando consecuencias mientras las causas, persisten ignoradas.

En Piura hablamos de desarrollo humano pero lo que se observa es “desarrollo inhumano” del trabajo de niños, que deberían concurrir a la escuela, en el mercado, en fundos agrícolas y en los socavones mineros. Igual sucede en los grandes mercados de los capitales transnacionales en donde se eluden beneficios sociales. Aún existe maltrato a los ancianos y el deambular de nuestros enfermos mentales es parte del paisaje urbano local. Sumemos a ello la trata de personas y el surgimiento de negocios prósperos producto de la acumulación sucia de la corrupción, el narcotráfico y la trata de personas. El desarrollo es también reducción del desempleo, la pobreza y la inequidad.

El gobernante que elijamos debe tener una visión clara del territorio regional y provincial no puede ni debe ser ajeno a la necesidad de aprovechar los variados capitales que tenemos y que en su calidad de bienes públicos deben utilizarse en armonía con las poblaciones. Los piuranos no hemos desarrollado aún capital simbólico, que es esa capacidad de pensar y asumir una imagen territorial y tener la capacidad de proyectarla en el espacio y en el tiempo. Todo ello bebiendo de las fuentes de la cultura, de la historia y asumiendo los desafíos de la geografía que no nos son esquivos. Queremos un estadista con visión que nos represente con legitimidad en la construcción de la región que queremos.

domingo, 19 de septiembre de 2010

LA DECENCIA POLITICA DE SANTO DOMINGO


Por: Miguel Godos Curay

Santo Domingo de Morropón tiene seductores encantos. No sólo la hermosura de su paisaje sino la bonhomía de su gente. No hay otro rincón de Piura en donde la cortesía, esa expansión del corazón, sea tan patente. Te conozcan o no los campesinos te saludan con un sonoro. –Buenos días de Dios- y un ¿Está Ud. alentadito? Por decir <>. Diariamente es un hormiguero humano. Por todos los caminos desde los caseríos vecinos. Quinchayo, Tiñarumbe, Chacayo, San Agustín, san Miguel o Chungayo se desplazan los alumnos a los colegios. La alegría se expande en las fiestas donde hermosas “bailonas” se divierten con sanjuanitos, albazos y tonderos. Las noches prosiguen animadas por globos aerostáticos, vacas locas de astas humeantes, golpe de arpa y baile de tierra, desfiles de gobernadores y reparto de conserva. Un dulce de achira, chancaca y frejol.
Cuando se trata de las obras comunales la minga, el trabajo colectivo de la comunidad es elocuente. Todo el mundo apoya, hombres y mujeres, grandes y chicos, jóvenes y viejos. Así se han construido las obras públicas visibles. La iglesia, las escuelas, la posta médica, el tambo comunal, los locales de los ronderos. Su propio himno dice: “Si loar provocan las proezas/ de pueblos que sólo se levantan/loor a tí mi Santo Domingo/ orgullosos tus hijos te cantan.” Así progresan. En los momentos electorales viven con pasión las contiendas.
Los animadores de esta lucha democrática son los partidos políticos. Militar por la izquierda, el Apra o Acción Popular es cosa seria. El trabajo político se realiza caserío por caserío y pueblo por pueblo. Y aunque las opciones políticas sean diferentes. Finalizada la contienda ganadores y perdedores se juntan dejando abierta la colaboración cívica. Eso fue lo que vi en tres personajes, hoy ausentes, a quienes conocí en mi periplo por la sierra. Braulio Calle López, simbolizaba al aprismo y junto a él venerables viejos seguidores de Haya. En su casa del jirón Comercio nunca dejaron de reunirse para animar la conversa y en tiempos de tregua política unirse para celebrar al santo patrón Santo Domingo. No sólo se pegoteaban los globos aerostáticos para las noches de la víspera sino que se acondicionaba la vieja y recorrida arpa para animar el baile de tierra.
Don Luis Amaro García Berrú, ex alcalde y madrugador agricultor, tenía un molino ahí concurrían con sus almudes de trigo todos los vecinos. Mantenía indeleble su lealtad a Belaúnde y de su cepa hay toda una generación de maestros y profesionales distinguidos. Don Ignacio Castillo Berrú, era el amanuense de la comuna. Su caligrafía obra en los libros de actas y en las partidas de nacimiento y matrimonio de todos los santeños. Su adhesión al socialismo es de vieja data. Estos tres personajes, a quienes conocí, se han ido en septiembre. Siento que en Santo Domingo en donde trajiné cinco años de mi vida me quedan pocos amigos como los dedos de la mano.
Aún conservo el recuerdo fresco de mis cotidianas caminatas al caserío El Yumbe. El aroma a vida del barro amasado en la morada de doña Quirina la alfarera en donde una tarde encontré a José Sabogal Wiesse. Mis diálogos vespertinos con el padre Juan Mc Knniff, agustino cuyo proceso de santidad está en camino. El diálogo ameno con Sinesio López Jiménez más tarde director de la Biblioteca Nacional.
Entre helechos, guayabos, higuerones y naranjos siento el bufido de los toros en las bravas peleas de la inverna El Jazmín. La sonrisa de los niños en el recreo penetra en mis oídos al cerrar los ojos. La alucinada presencia de doña Margarita Paz conversando con los pajaritos. Tantas historias contadas, tantos yaravíes deshojados en la tarde por el viejo Braulio Calle. Una luciérnaga se posa en el dintel de la puerta. “Veinticinco limones carga una rama/carga una rama/ y amanecen cincuenta/ cada mañana, cada mañana. Suena y resuena el arpa jaranera en mi memoria. En este camino tachonado de recuerdos y silencios.

sábado, 18 de septiembre de 2010

PERIODISMO CON EL CORAZON


Por: Miguel Godos Curay

El periodismo desapasionado es un oficio de difuntos y almas en pena. El periodismo light es anorexia intelectual. El periodismo adulador es pecado mortal. El periodismo es apasionado como el fútbol. Pleno de emoción humana, intenso, garra y coraje al mismo tiempo. Exige tener la camiseta puesta y la valentía suficiente para vivir intensamente la búsqueda de la noticia. Quienes tenemos puesta la camiseta de Correo la sentimos sobre la piel. Nuestros recuerdos son un puente tejido de gratitudes y recuerdos. Este tabloide fue un proyecto visionario de Luis Banchero y maqueta del genio Raúl Villarán. Nació para dar voz a las provincias que no tenían voz. Desde sus primeros momentos asumió los proyectos de Piura y se convirtió en una trinchera de causas valientes, nobles y memorables. Por la dirección de Correo, desfilaron, periodistas que Piura evoca por su personal manera de decir las cosas. Están ahí Gonzalo Añí, Rafael Vega, Juan Zúñiga, Carlos Manrique, Renán Estrada, Feddy Viveros, Teddy Montúfar y Rolando Rodrich. Modestia aparte me incluyo en esta lista.

El viejo local del jirón Ica 772, en donde estuvo el primer taller de Correo, es todo un hato de recuerdos. Ahí en las viejas Remignton se tecleaban las noticias. Y el diario se imprimía en una trajinada rotoplana. Hoy está en la era del offset y con fornidas máquinas. Correo consolida su presencia en el norte, centro y sur del país. No es el diario más viejo pero es posible encontrarlo en todos los rincones apartados del Perú. Un diario con personalidad es siempre fuente de información y generación de opinión. No es un diario que se siente grande con los pequeños ni tampoco se empequeñece frente a los grandes. Numerosas batallas de tinta no le han sido esquivas porque con la verdad nadie miente ni ofende. Tiene 48 años de madurez, los suficientes, para desgranar con orgullo su propia historia. Es un diario moderno porque tiene la agilidad del Internet y no anda con remilgos y achaques de vejez. Si algo caracteriza a Correo es llamar a las cosas por su nombre No es un diario excluyente y con banderías. Es un diario de todos, para todos y con todos. En sus páginas están registrados los acontecimientos que mañana serán la historia. Es un diario inclusivo que leen con avidez desde Octavio Zapata hasta el candidato afortunado por las encuestas.

Es un diario con convicciones claras respecto a lo ¿qué es? y lo ¿qué no es? la descentralización pues se acunó en las provincias. A los políticos, muchas veces, puede saberles a ají rocoto. Pues tiene un directo e impecable estilo de decir las cosas. Y un modo sorprendente de mirarlas de cabo a rabo. Sus nuevos redactores, en la hoy silenciosa redacción, viven su propia pasión por el periodismo. Son jóvenes egresados de la Escuela de Comunicación de la UNP y Facultad de Comunicación de la UDEP. Si un diario fuese como las pócimas curativas de Joaquín Córdova, bastaría, un <> y santo remedio. Un diario es una idea nutrida de una insobornable adhesión a la libertad y puro afán de servicio. Un diario no se hace para satisfacer la vanidad de sus editores sino para satisfacer a sus lectores. Un diario es una creación humana y por la tanto no está exento de errores. Importante es su propósito de enmienda. Un diario es alegre porque el esplendor de la felicidad es exultante. Un diario es un potente grito de reclamo cuando se atropella la justicia. Un diario educa y enseña porque la cultura y el conocimiento son parte de la diaria obligación. Un diario tiene publicidad porque es la sangre que lo nutre. Pero no confunde publicidad con impunidad. Un diario es una sintonía perfecta de cerebros y voluntades, pero no es un territorio privativo de hegemonías intelectuales. Un diario no es caprichito de los que lo escriben. Ni un mastín que ruge por sus propietarios.

Un diario es una tribuna abierta en donde las ideas se combaten con ideas, porque, los golpes bajos son el cabe de las bestias. Un diario es la palabra que predica, pero también la palabra que enciende la hoguera. Un diario es un atisbo de esperanza pero también el escozor, que en el estadio, provoca una derrota. Un diario dice lo que tiene decir y por pudor ubica en su reducto a la inmundicia. Un diario tiene amigos porque tiene lectores. Un diario sin lectores es la orfandad de los que se quedan solos. Un diario denuncia pero no es el tribunal que administra justicia. Un diario señala la llaga pero no cura, es la sociedad la que tiene que resanar sus heridas. Un diario es la memoria escrita en el mismo instante que pasa. Y es recuerdo en la memoria. Un diario es como un faro de luz que orienta en la noche tenebrosa. Un camino señalado, pero no el único camino, porque la libertad de las conciencias no tiene cortapisas. Un diario es una construcción humana que preserva a la democracia de los tiranos. Es una ventana donde asoma la justicia para quienes se sienten en su orfandad la injusticia.

Un diario es la esperanza que camina cuando con valor enerva una aspiración social de cambio que todos esperan. Es un abecedario de derechos cuando los niños recortan los caracteres de sus titulares para anotar sus sueños. Cuando, al filo de la madrugada, los canillitas lo vocean junto al pan, es alimento para las conciencias. Cuando lo leen en la intimidad del hogar es como el mensaje que recuerda la cotidiana existencia. Y cuando envejece en un rincón tiene la venerable dignidad de los papeles viejos, ocultan las glorias del pasado y las miserias que sacuden el presente. Cuando no, prosigue su humana utilidad como envoltorio. Hemos visto papel de diario cubriendo en la carretera el cuerpo humano con la vida despojada. Recortado y subrayado para conjurar el olvido. Un diario, es papel, que antes fue árbol. Vida que entregó la vida que aún camina por el mundo. Un diario es un esfuerzo humano. Un trofeo de dignidad para quienes su vida entregaron por esta causa llamada periodismo. Un diario es una experiencia humana inagotable. Una conquista literaria para un bardo al que consuelan las letras de imprenta. Un diario no es un tesoro de pirata legado como heredad. Sino insignificante papel que cuando el viento lo sacude puede estremecer, en su aparente debilidad, la humanidad. No en vano Bolívar dice que el periodismo es la artillería del pensamiento. Yo me adhiero a los 48 años de Correo. En mi memoria se agolpan los recuerdos. Correo, son sólo seis letras que significan con genuino orgullo dignidad.
Foto: Luis Banchero Rossi y Raúl Villarán artífices de Correo

domingo, 12 de septiembre de 2010

PIURA: ¿QUE CIUDAD QUEREMOS?


Por: Miguel Godos Curay

Piura, nuestra querida Piura es una ciudad con la vida en un hilo. Recortada con tijera por niños traviesos y faltosos que se empecinan en poblarla de invasiones, vulnerando el derecho a la propiedad y fomentando la aparición de tugurios ahí en donde deben ubicarse áreas verdes. En tolerar, hasta el extremo del abuso, la publicidad ahí en donde antes había cielo limpio. El colmo de los colmos es la autoridad perdida. Las empresas que colocan armatostes son como los malos vecinos a quienes poco importan las ordenanzas ediles. No somos el lejano oeste porque estamos peor que esas películas de pistoleros donde siempre se impone la ley.

La ciudad, nuestra ciudad es un asco, un vaho de estercolero hediondo invade el desordenado y hacinado mercado pero nosotros acostumbrados a la mierda potable no lo percibimos. Los puteríos autorizados no están el kilómetro siete. Están en el centro de Piura y a menos de cien metros de un colegio estatal de niñas. Nuestra zona industrial no debe llamarse así sino zona “prostibular”. Y eso que hemos clamado a Dios en el Estadio Miguel Grau que perdone nuestros pecados y que de ahora en adelante seremos como los arrepentidos buenos aunque tenemos fama de pendejos.

Últimamente, somos atractivos para la inversión y con ritmo febril se construyen no uno sino cuatro centros comerciales gigantescos. Por supuesto hay nuevas demandas de servicios públicos. Habrá impactos deseables pero también indeseables. ¿Qué pasará con los desordenados mercados? ¿Soportarán el marketing de los agresivos vendedores? Frente a la UNP se ha destrozado la cinta asfáltica y el jirón Ayacucho es un nuevo embudo. De la vieja Piura sólo queda las cinco letras de su nombre. Somos una ciudad en donde sus antañonas y hermosas casonas han sido demolidas. Somos una ciudad molida, hecha polvo y en escombros por las obras públicas que se realizan en todos sus extremos. Las empresas telefónicas, las contratistas del agua potable y alcantarillado compiten en este concurso interminable de zanjas y huecos. Según nos dicen para mejorar. Nuevos pozos para almacenar agua hay en Micaela Bastidas, en Santa Rosa y Chiclayito. Habrá suministro de agua pero hay que administrarla bien con micro medición para que no haya desperdicio.

Los amantes del turismo de aventura deben venir a Piura y recorrer el tenebroso circuito entre el mercado, la Sánchez Cerro una avenida que no es avenida porque los propietarios de los establecimientos comerciales con inaudito afán de notoriedad arrancan los árboles de cuajo y el jirón Loreto convertido, durante las peligrosas noches, en un burdel callejero. Según los “expertos en seguridad” es el corredor favorito de los rateros, de la polución, la basura, el agua de alcantarilla y el comercio ambulatorio. Este año para el desfile del 28 de julio se escogió una avenida menos hedionda. Aquí entre claxones se respira aire inmundo cargado de plomo.

Piura cambia cuando se ilumina. Pero al mismo tiempo se hacen visibles sus linduras. Esos contrastes de la incapacidad para administrar una ciudad. En Piura, sólo en Piura y en sus provincias, se remodelan plazas de armas en buen estado por sumas cuantiosas para perforar presupuestos. Finalmente se altera el paisaje urbano y surgen empresas constructoras expertas en coludirse descaradamente con la autoridad para robar. Lo mismo sucede con los proveedores del vaso de leche. Las vacas corruptas tienen nombre propio. Todos lo saben y consienten. Nadie absolutamente nadie ha tenido el coraje moral de la denuncia por el temor fundado en la administración de justicia. Todo se amarra en una trenza inagotable de inmoralidad.

Como somos amantes de la inseguridad reubicamos poblaciones sobre territorios inundables cerca al centro de la ciudad. Somos una ciudad con estadio pero parecemos un estadio con ciudad. Nuestro deporte favorito ya no es el fútbol sino el amor a Dios. Las iglesias nos quedan chicas y llenamos a bote el estadio. Somos una provincia con dos tumores cancerosos producto de la irresponsable actividad minera informal aquella que usa cianuro y mercurio. La que contamina las fuentes de agua y la agricultura. Las Lomas y Tambogrande, se envenenan velozmente. Ningún candidato toca el tema. Mañana nuestras verduras tendrán alto contenido de veneno. Ahí donde no se permitió la minería formal la informal se destornilla de risa.

Cuando hablamos de ¿cómo enfrentar la inseguridad? estamos a punto de llamar a la Fuerza Armada porque a decir de los expertos ediles ya no tienen con quien pelear y que por lo menos debería estar espantando malandrines. Se habla de patrulleros, legiones de policías, cámaras filmadoras, las que probablemente como los semáforos no funcionen cuando más se les necesite. Se enfrentan las consecuencias y no las causas. Las causas son la escasa inversión municipal en los colegios de la periferia. Muchos no tienen ni agua potable. Ahí la frustración incuba y las drogas y el alcohol detonan el pandillaje. En muchos sectores de Piura el Municipio ahorraría muchos soles comprando y reciclando basura. En Curitiba (Brasil) el arquitecto Jaime Lerner reunió al municipio, la empresa privada y la sociedad civil y logró una ciudad limpia, ordenada y oxigenada con áreas verdes a partir de la basura acumulada. El serenazgo, nuestro serenazgo es un artificio municipal porque con funciones tan limitadas poco se puede hacer. Perseguir ambulantes no es seguridad ciudadana. Después de eso nada. Estamos igual de inseguros.

La ciudad es un verdadero dolor de cabeza para un alcalde y sus regidores. Sin ordenamiento territorial no es posible recuperar el río contaminado ni ordenar el crecimiento de la ciudad. Sin autoridad no es posible preservar el orden, el respeto, la calidad de vida y los valores cívicos que hacen que los ciudadanos sientan afecto por ciudad. Con regidores capaces una sesión de concejo deja de ser un convite de peleles engordados por la dieta y la corrupción. Cada gestión edil, pese a las promesas del primer día acaba convertida en una procesión de nuevos funcionarios que desplazan a los anteriores. Así la comuna se convierte en un ghetto de profesionales desplazados por los nuevos contratados que engordan la planilla y el gasto. Por supuesto que los que llegaron con la anterior gestión no se van. La planilla puja.

“Piura: La ciudad que queremos” se denomina el forum convocado por el Colegio de Arquitectos para el próximo 18, el que me han pedido moderar. El panel está conformado por los arquitectos Augusto Ortiz de Cevallos, César Rojas Tafur, el sociólogo Pablo Vega Centeno, la periodista Teo Zavala Palacios y el ingeniero Luis Zegarra Caminatti. Será una exposición de planteamientos técnicos para una ciudad que crece pero no desarrolla. Para una ciudad que todos queremos y soñamos. Una ciudad moderna, amable, segura, pacífica y con alta calidad de vida. La ciudad que queremos existe mientras pensemos en cada uno de nuestros niños los que extrañamente no aparecen en las propuestas electorales ganadas por la voracidad de votos.
(Plano de Piura, en Truxillo del Perú, del Obispo Martínez de Compañón)