sábado, 19 de septiembre de 2009

POLITA EN EL CORAZON DE LOS PIURANOS


Por: Miguel Godos Curay

La Pola es parte de la tradición de Piura. Piura guarda una vieja devoción por la patriota colombiana Policarpa Salavarrieta (1795-1817). Pola nació en Guaduas (Bogotá). Siendo de clase media desde niña deslumbró por su habilidad para la lectura y escritura. Las pinturas de la época la muestran de natural belleza y el cabello ensortijado, con vivaces ojos negros y labios encarnados. Los biógrafos de Polita refieren que la valerosa jovencita animada por las corrientes separatistas que dieron lugar al grito libertario del 20 de julio de 1810, decidió viajar a Santafé de Bogotá. Ahí se empleó como costurera pues era diestra con la aguja y el bordado. Fue colaboradora de los patriotas y también se desempeñó como maestra. En 1816, conoció a Alejo Sabaraín, de quien se enamoró y con quien vivió un intenso romance. Los enamorados se dedicaron a la conspiración patriótica en la capital.

Provista de pasaportes falsos, ella y su hermano llegaron a Santafé, considerada un núcleo realista. Como empleada del servicio doméstico de la casa de Andrea Ricaurte Lozano, centro de la sedición, desplegó una amplia labor de espionaje a favor de la causa republicana. La historia y la leyenda refieren que llegó a organizar destacamentos militares para apoyar a Francisco de Paula Santander y a Simón Bolívar. Sus milicias se disolvieron por la traición de Facundo Tovar. Razón por la que fue perseguida y descubierta. Fue fusilada en compañía de su amado Alejo Sabaraín, un 14 de noviembre de 1817, por orden del español Pablo Morillo.

Con relación a su nombre, existen varias hipótesis. Su padre la llamó Polonia y con ese mismo nombre la registra el presbítero Salvador Contreras al formalizar el testamento, el 13 de diciembre de 1802. Sin embargo, su hermano Bibiano, el más cercano a la heroína la llamaba Policarpa; también la llamaba así Andrea Ricaurte, en cuya compañía se hallaba en el momento de ser conducida a prisión.

Policarpa la llamó también Ambrosio Almeyda, quien conspiró a su lado. En su falso pasaporte, expedido en 1817, consignó su nombre como el de Gregoria Apolinaria. Quienes conspiraron a su lado la llamaban Pola o Polita que es el nombre con el que la llaman todos los piuranos. En cuanto al lugar de nacimiento, algunos afirman que nació en Guaduas y otros en Bogotá. Sus biógrafos coinciden en afirmar que nació en 1795. Polita tenía sólo 22 años cuando marchó al patíbulo.

Su padre, Joaquín Salavarrieta, era un hombre de regular fortuna, próspero en la agricultura y el comercio. Su madre, Mariana Ríos, registra un inventario de ropas abundantes, alhajas y menaje doméstico. La casa de la familia: Salavarrieta Ríos en Guaduas, se conserva aún, convertida en un concurrido museo. Los Salavarrieta Ríos se trasladaron a vivir a Bogotá en 1789 estableciéndose en el barrio de Santa Bárbara. En 1802 se extendió una epidemia de viruela en Bogotá, a causa de la cual murieron el padre, la madre y dos hermanos. Después de esta tragedia, la familia Salavarrieta Ríos se disolvió. Catarina, la hermana mayor, resolvió trasladarse de nuevo a Guaduas con sus dos hermanos menores: Policarpa y Bibiano.

Según las crónicas el arresto de Alejo Sabaraín fue decisivo para la captura de la Pola, pues fue sorprendido con el correo para los patriotas que Pola le había entregado. El Consejo de Guerra la condenó a muerte, el 10 de noviembre de 1817, junto con Sabaraín y otros patriotas más. La hora y fecha determinada para el fusilamiento fueron las nueve de la mañana del 14 de noviembre de 1817. La Pola marchó con dos sacerdotes al lado. Colocada en el banquillo, se le ordenó ponerse de espaldas porque así deberían morir los traidores; ella solicitó le permitieran postrarse de rodillas. Así murió. Su cuerpo fue reclamado por sus hermanos sacerdotes y lo guardaron en la iglesia de San Agustín.

La actual estatua de la Libertad de estilo clásico esculpida en mármol fue colocada gracias a una suscripción de piuranos notables encabezados por Miguel Grau en 1875. Antes existía una estatua de madera de “La Pola” por lo que los piuranos continuaron llamándola con ese nombre. López Albújar en su poema “Anoche estuve en Piura” la dedica estos versos: “Y en el centro como una diosa griega, La Pola,/ de pie, simbolizando hasta la eternidad/ a la que los libertos de Bolívar/ llaman, cuando la necesitan, Libertad”. El fusilamiento de Policarpa Salavarrieta, fue un crimen político que conmocionó a todo Bogotá y enardeció a la resistencia. El recuerdo de Pola alimentó la devoción popular. A su muerte inspiró a poetas y escritores que inmortalizaron su historia de valentía y coraje. Su recuerdo acompaña las noches piuranas en las que un fantasma dulce y apasionado recorre leve el corazón mismo de la ciudad.

El fusilamiento de Policarpa Salavarrieta, fue un crimen político que conmocionó a toda la población y enardeció a la resistencia. El recuerdo de Pola alimentó la devoción popular. A su muerte inspiró a poetas y escritores que inmortalizaron su historia de valentía y coraje. Su recuerdo acompaña las noches piuranas en las que un fantasma dulce y apasionado recorre leve el corazón mismo de la ciudad.

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