martes, 2 de febrero de 2016

ENTRE PRONOSTICOS TREMENDISTAS E INTELIGENTES CHILALOS


Por: Miguel Godos Curay
El chilalo y sus previsiones anuncian la proximidad de las lluvias.

A consecuencia de los agoreros anuncios de la inminencia del Niño Godzilla que ensoparía con sus lluvias monzónicas las calles de Piura  e inundaría villorrios con sus cauces incontenibles. Los mayores gastos de la canasta familiar en los últimos cinco meses del 2015 se destinaron a la impermeabilización y cambio de techos, a limpieza de drenes y a la colocación de canaletas en las cenefas de las construcciones. Tuvimos la ocasión de acudir a las reuniones del colectivo Piura que promueve la Cámara de Comercio con la Presidencia del Consejo de Ministros y el tremendismo copaba de pesimismo las reuniones. Sin duda, el diluvio universal estaba a la vuelta de la esquina.  

La arrogancia de los funcionarios de Agricultura, se estrelló, con su ingenua percepción de la realidad. “Los drenes y canales están listos El Niño puede empezar”. En realidad ignoraron observaciones puntuales del ingeniero Mario Montero, docente de la UNP, quien señaló que lo que estaba limpio hoy mañana estaría profusamente cubierto de totora. La totora, advirtió Montero, crece dos centímetros diarios bajo sombra y cuatro en presencia de la radiación solar. Alejandro More, científico de la UNP que monitorea el niño. Señaló con cautela “que después de  9 meses de residencia como Niño Fuerte en la  zona 1+2 éste sufrió un enfriamiento repentino, al empezar el verano boreal de nuestro Hemisferio. Y así ha abandonado su  estatus de Niño Fuerte para ubicarse como un Niño Moderado”.

Los indicadores biológicos a los  que siguen de buena fe nuestros agricultores señalaron que los chilalos y la floración del mango advertían un año agrícola bueno  sin desestimar un año seco. En efecto El Niño, tremendo de Abraham Leví se diluyó y las posibles lluvias serán estacionales. Sin embargo, aún no llueve como se espera para conjurar la sequía. La crisis hídrica salta a la vista. Talara y Paita, las provincias que son ejes de la producción regional tienen agua por cuentagotas. Porque a la línea de captación en El Arenal  se suman ahora los equipos de bombeo de las cañeras productoras de etanol voraces captadoras de agua.

Bien advertía Jean Martínez Alier, el padre de la economía ecológica  en la UNP: la producción de etanol sintoniza con los impulsos del mercado global y poco importa que poblaciones enteras padezcan sin misericordia de sed. En Talara un cilindro de agua para beber puede llegar a costar 10 soles. El agua para el lavado de trastos 5.  Mientras tanto, se moderniza la refinería con la inversión de 3 mil 500 millones de dólares. Las expectativas laborales son enormes. El  precio del barril del crudo, pese a los esfuerzos de la OPEP sigue cuesta abajo.  Y agua no hay ni para remedio.

El gasto inesperado en protección de techos, realizado por las familias piuranas, duplica y cuadruplica al de la canasta navideña. En promedio, los proveedores de materiales de construcción tuvieron diciembre en septiembre, octubre y noviembre. Quienes concurrimos al Estadio Miguel Grau al X Congreso Eucarístico fuimos testigos de la indoblegable  confianza en Dios de los piuranos. Algunos con gozosa resignación dijeron “será lo que Dios quiera”. Otros “para las lluvias estamos preparados”. 

Sin embargo, resultan irrecuperables las horas perdidas en un año escolar culminado en noviembre, con muchos sábados sin hacer nada y el incumplimiento de los planes de estudio en más de un 40%. También urge preservar el buen uso de la ayuda almacenada porque se les hace la boca agua a los inescrupulosos y   traficantes del dolor ajeno. Tal fue la premura que el almacén del COER a la vera de la carretera a Sullana se descascara por la pobreza de la mezcla.

Aún recordamos la tragedia de Piura en 1983. Los daños fueron cuantiosos y los robos descarados. Aún recuerdo al Senador Francisco Vásquez Gorrio (AP) un invidente enviado a Piura para investigar los latrocinios de la rehabilitación. Entrevistado al momento de su arribo dijo “voy a poner a buen recaudo a los buitres de la rehabilitación”. Una semana después, a su retorno a la capital. Señaló: “los presuntos buitres son en realidad personas honorables en las que confía el gobierno”. Los robos fueron descarados en todos los frentes. Se cobró por obras no ejecutadas, por materiales nunca utilizados y por ayuda nunca entregada.  El torbellino del desencanto se produjo cuando las familias pobres de Piura languidecían hambrientas y los alimentos  fueron encontrados bajo tierra a inmediaciones del campo ferial. El Piura se desbordó por donde quiso arrasó con pueblos enteros. Y en la defensa de la ciudad se batió como un león ante la indiferencia piurana el Monseñor Cantuarias Pastor.

De esa lucha por la reconstrucción  surgió como potente energía ciudadana el Frente Cívico de Piura y excepcionales dirigentes como  Luis Paredes, Robespierre Bayona, Marcial Quintana, César Zapata,  Jorge Gamio y Javier Urteaga. Una conquista alcanzada con la movilización de los piuranos fue el Canon Petrolero hoy reducido a la mínima expresión.  Hoy en Piura no llueve. De los pronósticos los piuranos se ríen a carcajada batiente. “¡Ni que fueran Dios para adivinar todo!” “¿Y de la inversión realizada en los cauces y drenes? Igual que el 83 “ responden,  los piuranos. Las predicciones resultan difíciles e inciertas porque El Niño puede variar como consecuencia del cambio climático. Sin embargo, los indicadores no dejan de ser preocupantes. Lo real es que tenemos que prepararnos  para un clima poco predecible e inusual en los próximos meses y años.


lunes, 1 de febrero de 2016

LA TIERRA DEL SEÑOR DE CHOCAN

Por: Miguel Godos Curay

 Venerada imagen del Señor de Chocán de
Querecotillo
La festividad del Cristo de Chocan es inmemorial. Antiguamente congregaba feligreses del Perú y el Ecuador que trajinaban desde Alamor y Loja con limosnas  y cera para las imponentes velaciones y rezos. Tradicionalmente, era una fiesta campesina por aquel entonces fieles venidos de Piura cruzaban el Chira en canoas y pernoctaban en el atrio del templo de Querecotillo.  La efigie corresponde a un Cristo moreno a consecuencia del penetrante humo de las velas. Para otros es un Cristo del mismo color que el  Cautivo de Ayabaca y el Cristo de Esquipulas en Guatemala. En estos escenarios los devotos son mayoritariamente indígenas. Los cristos blancos y de marfil corresponden a la ceremoniosa iglesia oficial. El Cristo indígena es cobrizo y oscuro, la dureza de su agonía se refleja en la expresión desgarradora del rostro. Los vecinos de Sullana veneraban al Señor de la Agonía y los querecotillanos, en la otra orilla del río, al Señor de la buena muerte de Chocán.

Carlos Camino Calderón llama a los sullanenes y querecotillanos los “ecuatorianos” del  Perú porque antaño, en los tiempos de leva, no reparaban en pasar una temporada en el vecino país en donde también tenían nacionalidad y familia. Las fronteras eran más un artificio político para contener el contrabando de ganado. El intercambio de productos era posible y los comerciantes partían un billetito por la mitad para resolver el problema del vuelto. Muchos de los renombrados apellidos de Loja  son los mismos de Piura y Sullana. Querecotillo es hoy una zona productora de banano orgánico para exportación. Insertado en medio de platanales y cocoteros, es un pueblo transformado por la grosera siembra de cemento. Las viejas bancas de madera de su plaza han sido reemplazadas por otras duras cubiertas de colorida loseta en las que, los soleados mediodías nadie se sienta bajo pena, a decir de los pobladores, “de quemarse el culo”.

Los milagros del Cristo de Chocán, ante el que también acudían salteadores y galleros siete suelas, son numerosos. Entre los favoritos están la cura de la ceguera del comerciante lojano don José Bustamente que desahuciado  por los médicos de Lima se dirigió a los pies del señor rogándole la devuelva la luz, lo que en efecto sucedió, ante la admiración de los fieles. Desde entonces el fervor se extendió por todas partes. Y el señor desparramó milagros por todos los caminos.

El 11 de diciembre de 1930, a consecuencia de las persistentes velaciones, el templo ardió en llamas y la venerada imagen del Señor fue consumida por el fuego. Algunos sostienen que el siniestro fue provocado para acabar con una festividad religiosa que congregaba a galleros y ganaderos con más ánimos para las cotejas, las apuestas, el comercio de ganado robado, los bebes de chicha y las jaranas a golpe de arpa que para la oración.

Según los cronistas, las vecinas se cerraron de luto por el dolor de la tragedia. Y los tuitiros, callejeros y pedigüeños, con tono lastimero, acompañados de chirimía y tamboril, repetían la historia de lo acontecido con el señor. “Líbranos del mal Señor de Chocán… de rodillas imploramos extiendas tu bondad”. El mangache y Presidente de la República don Luis Miguel Sánchez Cerro, devoto del Señor de Chocán dispusom tras la tragedia, entrega de materiales para la reconstrucción del derruido templo.

Entre los escombros carbonizados se encontró solo un dedo del Cristo, conservado entre algodones por el sacristán don José de los Dolores Arévalo. Fue lo único que quedó de la venerada imagen tras el espantoso siniestro. Gracias a erogaciones y colectas de los fieles se encargó al ciudadano español don Francisco González Aguirre-Gaviria y gracias a las fotografías obtenidas por muchos fieles reponer la imagen del Cristo.

Don Paco González, recorrió en España, talleres de escultores y restauradores  que con  el concurso de las fotografías  y descripciones reprodujeron con admirable fidelidad el gesto de la desaparecida imagen. La imagen conserva intacto el único  dedo que se halló entre las cenizas.  La nueva imagen atravesó el Atlántico y en 1932  arribó a Panamá a bordo del vapor “Orbita”. Dicen, los viejos tripulantes paiteños, que a  pesar de las dificultades de la travesía el vapor llegó a su destino sin contratiempos. Gracias a ellos corrió la noticia de los portentos del Cristo moreno al que llamaron, como decía el despacho de aduana: “De la buena muerte de Chocán”. Su fervor creció nuevamente y conducido en numerosa comitiva a Querecotillo fue mostrado al pueblo el que de rodillas le pidió perdón y la bendición. Cada 2 de febrero en el memorial de su pueblo se recuerda este día y se le venera en concurrida procesión.

domingo, 17 de enero de 2016

LOS CARNAVALES DE PIURA

Por: Miguel Godos Curay

El bien y el mal enfrentados en tradicional comparsa de carnaval en Bernal
Refiere Jorge Moscol Urbina que los carnavales de la mangachería, al extremo norte de la ciudad eran memorables. No sólo por la aguerrida pasión de sus vecinos sino por la exaltación memoriosa de los testamentos de Ño Carnavalón con velorio acompañado de viudas y deudos por las calles. Por las tardes remojones de agua no siempre limpia y rostros pintados con anilina y betún. Inolvidables los reinados con la elección, tras venta de votos, de una soberana agraciada. Inolvidables los bailes donde se arrojaban serpentinas con sutiles mensajes amatorios, chisguetes de éter y polvo en el rostro. El carnaval era el relajo previo a la cuaresma. El saturnal romano que recorría las calles de la ciudad  con jocosa celebración. Algunos barrios con las tradicionales yunzas y otros con bailes animados por  la música que interpretaban pueblerinas bandas que recorrían las calles, acompañando jaranas y divirtiendo al populacho.
La palabra carnaval viene del italiano  carnelevare  que significa “quitar” la “carne”. En el calendario romano refiere los tres días que preceden al comienzo de la Cuaresma. Tradicionalmente es una estridente festividad de mascaradas, comparsas, bailes y otros regocijos bulliciosos en donde se elige a un rey fantoche  el Rey Momo y su embustera corte de los milagros y la comedia.  En el carnaval todo estaba permitido. El refrescante remojón, la burla y la diversión, las declaraciones furtivas de amor como antesala de la cuaresma del calendario. El carnaval se inicia tradicionalmente el 20 de enero, conmemoración de San Sebastián, en Piura llamado San Chabaquito que preside las comparsas y velaciones. Los campesinos le piden agua para las siembras,  por eso simbólicamente los remojones del carnaval. Los tradicionales carnavales eran una celebración estridente y popular  en donde era posible derribar la seriedad de la autoridad y el orden establecido. Algunos cronistas deslenguados refieren que era tal el desenfreno y la ebriedad, que muchas veces faltaban los petates para la lujuria. Acabada la celebración muchas mujeres quedaban preñadas y no conociendo al progenitor acababan por llamar al hijo “de Dios”. No teniendo padre conocido la paternidad se trasladaba al cielo.

El carnaval para chicos y grandes, es una ocasión para el juego, la chanza y el divertimiento sin la aburrida solemnidad de la autoridad. Religiosamente, en carnaval, el pecado estaba a la vuelta de la esquina, todo estaba permitido hasta  el recordatorio penitencial del miércoles de ceniza. Luego, la cuaresma, el recogimiento de la pasión  de Cristo y el perdón de los pecados. Hoy los carnavales se mantienen tradicionalmente vivos en el Bajo Piura, Los carnavales de Catacaos, Sechura, La Unión y Bernal con sus tradicionales yunces coloridos : el rojo encarnado, el verde campestre, el crema imperial. Las sociedades yunceras son un verdadero rito anual que moviliza mayordomos y adherentes para levantar el árbol que será vestido con todo tipo de presentes. Finalmente concentran a todos los vecinos en las misas devocionales a San Chabaquito y en todos los festejos. Un “yunce calato” es indeleble señal de mal año. Un “yunce vestido y florido” anticipa la abundancia y la plata en el bolsillo. Hoy los festejos culminan con corsos y desfiles de carros alegóricos que no son sino la imitación local de los fastuosos carnavales de Río (Brasil) y Medellín (Colombia). Durante las celebraciones del carnaval se come, se baila, se juega y se gasta como si fuese el último día de la infeliz existencia hasta el primer día de la cuaresma que es el miércoles de ceniza.
Personajes de las comparsas son “el negro viejo”, “la mariquilla”, “el oso peludo” y en el propicio escenario “los candidatos”, “el comisario amoroso”, “el médico de la posta” cuyas recetas te mandan al cielo. La jocosidad no tiene límites pues en carnaval nadie falta respeto a la autoridad cuando se canta la verdad. El rito penitencial con el que culmina el carnaval  y se inicia  la Cuaresma se resume en la admonitoria sentencia del Génesis 3, 19: “Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”. La genuina interpretación piurana es muy clara. Somos polvo irremediablemente. 

jueves, 3 de diciembre de 2015

HISTORIAS INOLVIDABLES DE NAVIDAD

Por: Miguel Godos Curay
El Padre Juan Mckniff con niños legionarios en la Parroquia del
Santo Cristo Viajero de La Habana (Cuba)
Mi madre ora mucho, tiene un corazón enorme con sabor a galletita de maicena y canela, mi madre es capaz de perdonarle la vida al pavo porque se encariño con él y no merece ser la víctima propiciatoria de la nochebuena. Hoy debe estar muy feliz porque sus sueños de la familia unida, a pesar de los pesares, se hicieron realidad en la víspera. Fue lo que sentí cuando la hermana ausente tocó la puerta me abrazó  y me inundó de recuerdos, de sueños, de cariño frente al nieto que es copia fotostática de su padre. Frente a la abuela y el calendario de ausencias. La navidad nuestra no tiene nada que ver con los consumos desbocados sino con la fibra interior del afecto y la ternura. Ya está aquí y para mi madre la próxima noche de pascua será inolvidable.

 
Padre Eduardo Palacios: No hay navidad sin Jesús
Hay detalles que no podemos olvidar y siendo recuerdos nos llenan de energía vital amable y bondadosa. Una  navidad de esas que te arrebatan el alma tras la misa de nochebuena contemplé como varios tripulantes de los pesqueros polacos,  ese día en la rada de Paita, de rodillas pidieron al Padre Eduardo Palacios su bendición. Sus seres queridos estaban en la Europa fría y ellos desde Paita utilizaban con muchas oraciones el telégrafo del amor. Pero la noche de la bondad tenías muchas sorpresas cuando doña Meche Mena, con su primoroso vestido nuevo puso en manos del cura el paneton más delicioso de la tierra. El que le había enviado uno de sus hijos ausentes. Todo no quedó ahí. La navidad del cura de pueblo se sintoniza en su soledad con la de toda su grey. El Padre Eduardo me dijo  <>. Y me pidió que le acompañara al campanario de San Francisco y justo a las 12.00 de pascua repicamos las campanas hasta quedar extenuados. Los enérgicos repiques aún resuenan en mi alma.

Niño Jesús "El Doctorcito" Iglesia La Merced (Lima)
Otra navidad en Santo Domingo de Morropón, en plena lluvia, con la celebración al mediodía porque el aguacero no amainaba. Y para aprovechar las agüitas primeras se realizaba la siembra. Sentí la navidad con David Petraitis, un agustino venido de Lituania. Monseñor Daniel Turley me dijo: Pero sus gestos de nobleza resultan inolvidables frente al fuego ardiente para conjurar el frío. Otro inolvidable amigo fue el Padre Roberto Dueweque, hombre de grandes ideas y proyectos. Generoso y humano. No puedo olvidar al Padre Juan Mckniff, el viejo párroco del Santo Cristo del Buen Viaje en La Habana (Cuba) cuyo proceso de canonización ya se inició y cuando me dio la estampita de la Virgen de la Caridad del Cobre, en la sierra de Morropón, me transportó a la isla en la que estuve años después. Don Juan nos permitió conocer a un santo de carne y hueso. Ya estaba en la redacción de Correo cuando Dionisio Alberca, aún seminarista, un extraño virus la paralizó el cuerpo y tras las lluvias y huaycos era imposible su evacuación desde el Yumbe, en Santo Domingo. El pedido de mis amigos Agustinos de ayuda llegó. Era 1983, el Coronel Armando Llosa, me escuchó, pese a las severas críticas periodísticas por el hallazgo de alimentos enterrados en plena emergencia. Y un helicóptero de la FAP permitió salvar una vida que es hoy promesa de la cristiandad en el Perú. Todos estos recuerdos vivos se anudan en la navidad.

Fascinante, sin embargo, es la historia de la abuela Margarita, dona Marga que a sus casi cien años ensartaba agujas y sus dedos sarmentosos cosían con una vieja Singer de manivela los encargos de las campesinas. La abuela Marga, un día amaneció rebosante de alegría, pero se le ocurrió que a la centuria ya era hora de partir. Uno de sus deseos era recorrer Santo Domingo, de bordo a bordo. Una silla de ruedas en caminos tan culebreros no sirve para nada. Pero el pedido no podía quedar como un recado sin retorno. La solución fue prestar una vieja anda de guayacán de la Iglesia y ahí se le acondicionó una silla amarrada con cabuyas. En donde la abuela centenaria, como un viejo soberano inca, recorrió el pueblo. La abuela cargada por los más jóvenes era como un santo vivo que repartía bendiciones y sus ojos de postrero brillo llenaban los corazones de alegría. No era Papa Noel de la tradición nórdica. Sino una mujer de carne y hueso, partera, costurera, componedora de huesos, devota del santoral y cultivadora del arte adivinatorio con su vieja baraja española. Me cuenta Ovidio Calle, uno de los cargadores de que con su mirada extasiada se despidió feliz del mundo. Sus últimas palabras fueron consejos y el primero de ellos al tenor decía: <No se olviden de Dios. Ama a Dios> y >. Días después cerro sus ojos y como en los tangos el mundo sigue andando. O como en los cuentos de hadas. En la noche estrellada su carita de ángel, convertido en una arrugada y dulce pasa, nos dejó el dulce sabor de la gratitud y la bondad.

No puedo olvidar a Armando Burneo Seminario, que nunca olvidó a la familia de Correo. Recuerdo que a horas de la noche de pascua repartía pollos a la brasa entre los redactores y los canillitas que ahí se encontraban. Los gestos de nobleza emergen en la memoria como una película inolvidable. En otra ocasión encargue un perrito chusco a Isaías “chiquito” Benites y se apareció en plena navidad con un chivito de leche  con el que encariñaron mis hijos. Los juguetes de pilas quedaron abandonados y esa criatura con alma  llenó de ternura el hogar.

Otra nochebuena inolvidable la pasé con Octavio Zapata Albán. A la pollería que concurrimos, en un primer momento, no nos quisieron atender. Argumentando  el estado de abandono de mi convidado. Apelando a todas las misericordias posibles nos enviaron a comer a la cocina entre menaje y el movimiento de mozos y cocineros que reconcentraron de calor humano nuestra mesa. Fue una ocasión en  la que a  Octavio con modales finos lo vimos comer entusiastamente. Una mente extraviada por los laberintos de la enajenación no pierde, en su esencialidad, la dignidad y el decoro. Mario Navarro, el pintor, que hizo el milagro de hacer visibles a los invisibles me ha dado la razón. Octavio, el Greco, Héctor y todos los habitantes invisibles de la ciudad son como ángeles insomnes cuyos sueños son la letra menuda de los derechos humanos y los recovecos del egoísmo muchas veces disfrazado de felicidad.

Hay un recuerdo grato que me acompaña siempre. La representación navideña en el atrio de la Iglesia San Francisco de Paita. Teddy Montúfar, hizo el papel de San José. Luisa Sánchez, de María. A nosotros nos tocó ser los ángeles que acompañaban el pesebre del niño Dios. Aún recuerdo las primorosas alas hechas con plumajes juntados todo el año. El niño propicio para la ocasión fue Chichi Victoria de algunos meses de nacido. La vieja fotografía es un recuerdo inolvidable. El cortejo angelical tenía su propio parlamento. Tenía diez u once años pero de lo que dije no me olvido: Tenemos el recuerdo indeleble de haber sido, alguna vez en nuestra vida, ángeles de carne y hueso.

Aldo Cango cuenta la historia navideña de un club de madres pobres camino a La Legua que no tenía como celebrar la nochebuena. Dios providente no tuvo reparos en abrir la jaba de un camión de una empresa avícola que iba repartiendo pollos por todo el camino. Las aves caían a la pista y las madres, una a una, tuvieron su provisión de pollo vivo para disipar sus angustias. Fueron como una docena de hogares que tuvo que comer y los pollos saciaron el hambre de los pobres. Todos recuerdan a una de las vecinas que preparó aguadito de pollo y lo repartió, entre los pobres más pobres. ¡Para todos amanece Dios en navidad!.


sábado, 28 de noviembre de 2015

PELAO...PELAO...CON CUATRO PELITOS EN CADA LAO

Por: Miguel Godos Curay

Los abuelos son el tesoro más valioso de nuestras familias y nuestra sociedad
El abuelo José no tenía un pelo en su cabeza.  Y sonreía cuando sus nietos le decían al oído: “Pelao…pelao con cuatro pelitos en cada lao”. Vestía con ternos de drill blanco en cada festividad y beige todos los días del año. Nunca perdió  el lustre de sus zapatones de cuero negro. Los domingos concurría a la misa muy temprano y leía las páginas de La Industria para que lo escuchara como un pregonero de buenas nuevas.  Así me enseñó a deletrear los titulares del periódico. En las tardes cuando salía de la escuela me llevaba a recorrer el malecón y el muelle fiscal de Paita. De ahí partían los botes  con sus lamparines a la pesca de arenques frente a la playa de Colán.

Mi abuelo era zapatero remendón de oficio lo que no resentía su afecto por la lectura. Con sus leznas y suelas  reparaba los zapatos  de todos los vecinos. A veces del alcalde del pueblo, otras del subprefecto, otras del  policía municipal que recorría todo el mercado. Las prendas estimadas eran de los peloteros del barrio que convertían el calzado escolar en chimpunes. Entonces las mamás pedían cambio de media suela, refuerzo de los talones, zurcido de las grietas abiertas y parchado de huecos. Sus manos mágicas debían dejarlos como nuevos para continuar su trajín por el mundo. Él distinguía por sus pisadas y trancos a todos los habitantes del puerto de Paita al norte del Perú.
Los zapatos del Alcalde tenían desgastado el taco, los del Subprefecto pedían con  angustia reemplazo y estaban recocidos a mano. Los del señor Sears  del alto mando de la Policía Municipal despedían aroma de tinta negra de almendra. En algún momento fueron zapatos de oficial de la Armada Peruana pero  él los tiñó de negro brillante y con  el sonar de sus tacos saludaba a todo el mundo.

Mi abuelo José aprendió de su abuelo el oficio de zapatero. Cuando estaba alegre sonaba su martillo con su mágica musiquita para ablandar las suelas. Cuando escaseaba la tarea de clavos y leznas. Se entretenía con los cinturones y los aperos en la talabartería. Entonces incrustaba con primor remaches de plata de nueve décimos y estrellitas  para las sillas de montar caballo. Sus cinturones de cuero tenían una utilidad inimaginable. Servían como medida de longitud oportuna. En caso de urgencia  para ahuyentar  los perros. Algunos papás con su  sola presencia persuadían a los melindrosos a comer el puré de zapallo y el caldo de pata de toro  con garbanzos. Pero también para corregir las malacrianzas. Este era un escarmiento ingrato reservado sólo para los incorregibles y malvados.
Un primor eran los zapatitos de badana para los bebés, eran primorosamente delicados y con ojales y  brochecitos dorados. Mi abuelo decía: Son zapatitos de ángel y ellos acompañaban a los críos en sus sueños. Eran fabricados a pedido y la tarea empezaba dibujando una plantilla de cartón a la medida del piesecito. Eran cosidos  con paciencia en las noches de luna. Según mi abuelo para animar los sueños de los pequeñitos. Muchas veces, lo sorprendimos, en pleno sueño, con los zapatitos acabados en sus manos.  Su rostro era dulce y sobre su nariz aún pendían los espejuelos de vidrio grueso. Según su explicación las hadas madrinas le daban el toquecito final para poder entregarlos.

Los camioneros consideraban un portento el hallar un zapatito  de niño para colocarlo  del espejo retrovisor porque trae suerte. En cierta ocasión, después de una agotadora jornada de menudo trabajo, el abuelo con lágrimas besó los botines que tantas noches le habían quitado el sueño. Eran unos botines de cuero cabritilla de ojales de cobre. Cuando le pregunte a mi abuelo. ¿Abuelo por qué te entristeces  con esos botines nuevos? Me dijo son para un niño  que no puede caminar y su madre me ha pedido se los haga a la medida porque  ganas no le faltan de mover sus piernas enclenques.
Al día siguiente cuando al retornar de la escuela con curiosidad fui a mirar los botines del niñito triste. Y no los encontré en el aparador. Nadie supo darme razón hasta que retornó el abuelo. Según sus palabras los botincitos partieron hacia el hogar del niño en una hacienda vecina. Según me dijo, estos zapatitos  facilitarán al pequeño pueda dar sus primeros pasos y jugar a la ronda como todos los niños. Mi curiosidad se alimentó todos los días con la esperanza de que aquel niño triste pudiera ser feliz como todos los niños. Tanta era mi infantil curiosidad que imaginaba el rostro del pequeño. Corriendo en el patio de su escuela. ¿Cómo se llamaba es niño? ¿Por qué no podía caminar como todos los niños? ¿Cómo era?

Las conversaciones en los menesteres de la cocina de las tías hablaban de un pequeño que  había nacido tullido y sus piernecitas no podían sostenerse a consecuencia de la debilidad o de la polio.  El doctor le había recetado baños de arena caliente para tonificar los músculos y emplastos para recobrar la fuerza perdida. También le habían prescrito caldos de huevos de angelota y cabeza de albacora para la debilidad. Así pasaron los días y las noches sin noticias de la criatura.

El abuelo era un asiduo concurrente del cine Grau donde se proyectaban  películas los fines de semana. Nunca dijo no para llevarme al cine. En especial a los estrenos en blanco y negro de Tarzán. Para que la función no fuese aburrida llevaba un bolso de pasteles que gustaba compartir. Otras veces se dormía con sonoro ronquido. Cuando despertaba se inventaba los capítulos dejados de ver. De modo que su entendimiento de la serial le era singularmente propio.
El abuelo cumplía diariamente con el rito de afeitarse la barba espesa con la navaja. Entonces con pulso rejuvenecía. Algunas veces me jabonó al rostro con su espuma de jabón de Reuter rallado  y me decía: -Usted es ya un hombre- . En aquellos instantes con fervor multiplique mi admiración por su sentido tan intenso de la vida.

No puedo olvidar los trompos de zapote que me regaló en mi cumpleaños. Me dijo: “Da vueltas como la tierra”. Con su cuerda de pabilo aprendí a hacerlo bailar        sobre la tierra. En otras ocasiones me explicó el origen de las mareas y su relación con los ciclos lunares. “Al mar no hay que temerle porque su nombre es femenino”. Mi abuelo era amigo del chalanero Sabas y diligente me llevó a recorrer la bahía a fuerza de remo. Aquel día me sentí tripulante de las carabelas de Colón. Imaginé viajes por los siete mares, me sentí piloto de bajel pirata. Ahí estaba el abuelo dirigiendo con su vozarrón el navío. ¡Ojo al pito mano al breque! Ordenaba a todo pulmón. Así conocí al mar y aprendí a sentir devoción por el Almirante Grau. Otras veces recitaba los poemas de Rafael Alberti. “Branquias quisiera tener/ porque me quiero casar/ mi novia vive en el mar / y nunca la, puedo ver/.De    aquella tarde  de navegación nunca podré olvidarme. Sentí la misma emoción al contemplar el mar con los prismáticos. Antes mis ojos pelicanos, gaviotas, piqueros y guanayes  mostraban detalles de su vuelo en busca de peces. Ágiles lobos se sumergían y los bufeos corrían olas.  Mientras los botes al caer la noche retornaban con su pesca.
Gracias a mi abuelo crecí contemplando el mar. Todo lo aprendí de buena gana. Sabía amarrar anzuelos y ensartar los muy-muy como carnada. Aprendí a pescar, con paciencia, anguilas y cabrillitas. En las tardes cuando soplaba el viento de agosto era una diestro confeccionista de cometas que desafiaban los vientos. Con los cromos de viejas figuritas se sentía nuevamente niño y las golosinas le   fascinaban porque endulzaban la vida, las compraba en la confitería de don Francisco Ipanaqué por onzas. La felicidad soplaba por el lado del abuelo. Las clases en la escuela fiscal resultaban interminables frente a sus explicaciones prácticas y puntuales.

Una tarde rompió la monotonía de la entre siesta el niño de los botines con su madre. Carlitos, daba ya sus primeros pasos los  que completaría con un tratamiento  especializado en Lima. El niño parecía contento con sus progresos.  El demostrar el movimiento de sus extremidades era una señal  de que con una intervención quirúrgica él podría volver a caminar. La buena señora estaba agradecida. En una alforja había traído ciruelas y frutas de su huerta. El pequeño se acercó hasta mi abuelo y la extendió diciendo – Gracias don José- . Mi abuelo estaba emocionado y llegó a responder. “Ya verá usted como con la ciencia y su buena voluntad seguro que va a caminar y hasta jugar el fútbol”.La tertulia se prolongó con los recados de las tías. Carlitos, podía mover sus piernas con sumo cuidado y ensayar  sus pasos. No podré olvidar esta escena registrada como la cámara fotográfica del corazón, que detiene los más hermosos recuerdos de mi niñez. Muchos años después murió el abuelo. Su rostro era apacible. Como si en sus manos se hubiese posado la ternura de Dios.
(Cuento Finalista en el Concurso Mi Nieto y yo  promovido por SURA) 

LA MUJER EN LA HISTORIA PIURANA Y PERUANA

Por: Miguel Godos Curay
Universidad Nacional de Piura

Recreación del encuentro entre la señoras capullanas y la hueste perulera
Piura desde tiempos inmemoriales fue tierra de las señoras Capullanas, mujeres con poder político efectivo que gobernaron las vastas extensiones de los hoy territorios de Piura y Tumbes. Cuando los carabelines de Pizarro asoman  por las costas de Tumbes, en 1528, quedan sorprendidos por las enormes balsas tumbesinas con enormes velámenes de algodón. Un principal dio cuenta, en efecto, que “una señora que estaba en aquella tierra que se llamaba la Capullana, oída la nueva que de ellos decían, tenía gran deseo de verlos y les rogaba que saltasen en tierra, y que serían proveídos de lo que fueses menester”[1]

En la Crónica Rimada de Diego de Silva Guzmán, compuesta alrededor de 1540, por un amigo de los Pizarro describe este encuentro y el deslumbramiento del paisaje de tierra firme:

CXCV

A vista de un puerto pudieron llegar, /
Adonde una india hera señora,/
Que en viendo al avío luego a la ora/
Sus balsas inbíaa hazelle llamar./
Del buen capitán se inbía a quexar,/
Porque no quiere en su puerto surgir,/
Que le rruega que quiera (a) su tierra venir,/
Porque le quiere ver y hablar.

CXCVI

El Buen  Capitán de aquesto espantado,/
Dixo que el puerto no lo savía;/
Que de su gente inbiase un guía;/
De la india fue luego en un punto ordenado./
Quando ella misma con gran compañía/
Entró en el navío con mucha alegría,/
Que fue atrevimiento sin duda estremado.

CXCVII

Del Buen Capitán fue bien rrecevida,/
Rregocijándose mucho con ella,/
Estando espantados todos de vella,/
Sintiendo placer en gran demasía,/
Ella se fue con su compañía/
Él, queriendo otro día la tierra tomar ([2])

Las siguientes incursiones de los españoles en los territorios tallanes fueron bastante amables y permitieron el suministro de provisiones. Incluso Pizarro dispuso que españoles escoltasen a la curaquesa. Nicolás de Rivera, Pedro de Halcón, Francisco de Cuéllar y Alonso de Molina cumplieron en efecto la compañía de tan hospitalaria señora. Halcón anotan las crónicas “preciole bien la cacica y echóle los ojos (y) mientras más la miraba más perdido estaba de amores”[3]

Refieren los relatos que tras acoger a la Capullana con todo los honores en el navío Pizarro ofreció visitarla en tierra lo que se verificó días después. Con abundante comida, les dieron de comer mucho pescado y carne acompañada de la chicha. Hubo fiesta  y los principales indios que estaban con sus mujeres bailaron. El suceso tiene un final sorpresivo  pues Pedro de Halcón enloqueció súbitamente, en una mezcla de desafío a su capitán e incontenible pasión erótica. Tal fue su estado de delirio y afiebrada pasión que  Bartolomé Ruiz lo derribó con un certero golpe de remo. Lo cierto es que Halcón nunca se recuperó. Estos acontecimientos se registraron en 1528.

Sobre lo sucedido con Halcón menudean las especulaciones pues las señoras Capullanas tenían un dominio completo  sobre los hombres. Sin duda que eran expertas en filtros de amor y vivían con naturalidad en un sistema poliándrico. Tenían muchos maridos y según advierta Reynaldo de Lizárraga aborrecían al que dejaban amar y deleitaban al nuevo elegido con grandes fiestas de borrachera. En el antiguo Perú asevera el historiador quinientista Juan José Vega las mujeres para mantener la lealtad de sus maridos recurrían al chamico, el guanarpo y el guacanqui. Según  las crónicas la bella capullana, a bordo del carabelín, dio de beber néctar  de chicha a todos los tripulantes. Pizarro con discreción se abstuvo con su habitual prudencia. Halcón, el más entusiasta fue víctima de algún insuperable hechizo.

El Obispo Baltazar Jaime Martínez de Compañón, Obispo de Trujillo, registró en su visita pastoral a San Lucas de Colán, en Paita, en acuarelas, el traje de las últimas capullanas. Parecido al albornoz árabe y arrastraba cola según l a autoridad de ls señora. En pleno siglo XX, Andrés Townsend, anota lo siguiente: “Hay una circunstancia sugestiva y excepcional en esta épocas del antiguo Perú: la del matriarcado ejercido en la costa norte por las capullanas que tuvieron “dominio autoritario” en pueblos de  la actual comprensión d Piura, con las cuales trataron los conquistadores. I si capullana viene de capuz (etimología dudosa a mi juicio) cabe recordar que ese tipo de túnicas se han usado hasta hace poco en Eten y Monsefú, aunque la institución matriarcal hubiera desaparecido hace cuatro siglos” son doña Leonor, Cacica de Menon[4]

Los cacicazgos gobernados mujeres se mantuvieron durante la colonia. Aparecen en  los documentos coloniales el Cacicazgo de Nariguala. El de doña Luisa Capullana de Colán y de doña Isabel de Sócola la Capullana de Sechura. Otras son doña Leonor, Cacica de Menon (Catacaos) y doña Latacina, Cacica de Colán. Doña Pancatil, Cacica de Punta Aguja quien obtuvo su título en 1640 tras un pleito por la posesión de Punta de la Aguja Nonura y Pisura cerca de la Isla Lobos, hoy jurisdicción de Sechura. Memorable resulta la acción de  doña Paula Piraldo y Herrera. Encomendera de Colán que en 1615 se enfrentó a la escuadrilla holandesa de Jorge Sipilberguen. El Conde la Granja elogió su valentía al decir: “Que el Perú defraudara de esta gloria, si el con la suya no honrare su memoria”

Sin duda, que la mujer en el Perú, está personificada en figuras contrapuestas. La colonia nos legó a Santa Rosa de Lima, a la vuelta de la esquina asomaba Micaela Villegas la amante del Virrey Amat conocida como la Perricholi. Pero insuperable en su heroísmo es Micaela Bastidas mujer combativa y mártir esposa de Túpac Amaru. Otra peruana inolvidable fue Flora Tristán socialista en la pepa del alma y de acrisolado amor por el Perú desde Europa. No tuvimos una Sor Juana Inés de la Cruz pero desde Huánuco nuestra Amarilis Indiana envió su epístola versada superior en lirismo al Fénix de los In genios. Hubo mujeres de memorable coraje como Isabel Barreto de Mendaña que el 16 de junio de 1595 partió de Paita a la Polinesia..
   
Piura, está íntimamente vinculada a Pola Salavarrieta cuya escultura de madera al ser reemplazada por la de la Libertad de mármol en 1872 siguió llamándose Pola por la pura devoción piurana a la libertad. Lo propio nos sucedió con Manuelita Sáenz la Julieta Huracanada de Neruda que en su extraordinaria grandeza hizo votos de pobreza y humildad en Paita. Ayer recordamos precisamente 159 años de su ausencia. Pero quienes la admiramos sabemos que está viva en la conciencia de América. Ayer fue un día de convocatoria planetaria por su memoria en la Cofradía Manuelitaria. En París donde se encuentra Anne Marie Hocquenghem, en Bogotá de Otto Morales Benites, en  La Habana de Xamara de la Osa, en Quito, en Nicaragua la patria de Sandino. En Paita y hoy en Piura en donde en un peregrinaje  de admiración concurren ustedes. Manuela es el rostro de la madre aguerrida que trabaja, la estudiante que se forja en las aulas para conquistar derechos. Manuela es el abecedario de la patria. Heroica combatiente, conspiradora del salón y la tertulia, guerrillera sin tregua. Pendón de libertad del continente.

Quisiera acabar mis palabras con los versos de un Yaravi sentido que dice:

Mientras me dure la vida,/
Seguiré tu sombra errante,/
Aunque a mi amor se opongan
Agua,fuego, tierra y aire.”[5]

 





[1] Herrrera Antonio, Historia de los Hechos de los Castellanos en las Islas y Tierra Firme de la mar océano, Buenos Aires, 1944, Década II, Lib. I cap. VI


[2] Silva de Guzmán Diego de, La Conquista de la Nueva Castilla o La Crónica Rimada, Lima, Biblioteca Peruana, 1968, Primera Serie, Tomo I, estrofa XXVII


[3] Vega Juan José, Pizarro en Piura, Colección SEC, Gobierno Local de Piura, 1993


[4] Prieto de Zegarra Judith, Mujer Poder y Desarrollo en el Perú, Editorial Dorhca,1980


[5] Traducción de Sicramio, Mercurio Peruano 101, Lima 22 de diciembre de 1791.

SE SOLTO CATON EN PIURA

El periodista es lo que no es: Ni juez, ni
fiscal, ni cura. Es un simple espectador de
la realidad

 Por: Miguel Godos Curay
Una revieja lección de periodismo enseña  que el pecado favorito de los periodistas es creerse en sí mismos un poder y como tal someter a su antojo y beneplácito a  quienes según, su presunción,  merecen un juicio mediático. En este juego de apariencias, como se puede apreciar, quien tiene la navaja por el mango nunca se corta. Este es el argumento de la escandalogía. El provocar remolinos y tormentas en vasitos de agua. Por lo demás nunca observan con detalle los hilos que los sostienen, las sacadas de vuelta a la Sunat para la evasión fiscal, la doble contabilidad, el mal trato laboral y el abuso contra sus propios empleados de la redacción obligados a la renuncia por contratos onerosos e indignos, las planillas fantasmas, los lobbys lubricados para bien de la empresa depositaria de la verdad. Son como la pandilla de don gato expertos en urdir pendejadas para aumentar las ventas cuando la devolución se incrementa todos los días. Realmente nunca juegan limpio. Presumen ser discípulos de Catón, censores severos que cautelan la moral pública. Sin embargo, a contrarias se ceban con el mal. ¿Quién moraliza a los moralizadores?

La lógica del esperpento tiene sus límites. Pues los anunciadores  no disfrutan colocando sus avisos en páginas donde asoma una lectura contrahecha de la realidad. El que sólo consume pesimismo, desencanto, desilusión, violencia como si se tratara de un basurero colectivo, tarde o temprano, se enmierda, no se enmienda, como se esperaba. La amargura y la soledad finalmente les consumen. Alguna vez un  gurú de la prensa francotiradora, me dijo: “Mi oficio es el de un juez que sentencia, un cura que sostiene la moral y un juez responsable de la salud de la sociedad”. Definitivamente, la descomunal burbuja, nos permitió concluir que tal señor no entendió nunca que el periodista ético y consecuente no es ni fiscal, ni cura, ni juez de nada. Es un simple espectador de la realidad y que como tal debe una fidelidad  inclaudicable e insobornable  a la verdad. Lo demás es retórica y cosmética

Las maromas, la posición de equilibrista en el cable, la presunción, la suspicacia ésa urdimbre sospechosa de mentiras. Ese regateo con la verdad para aderezar sus infamias en la ocultación. Esa falsa lealtad para adular y obtener una verdad. La felonía químicamente pura no le viene bien  bajo ninguna circunstancia. Hay quienes intimidan con arrogancia de gladiador otros con la chaveta en la mano. Y hay también los que valiéndose de su contumacia aguerrida presumen que todos los que ejercitan función pública son una legión de delincuentes. No es así. Y esa es la razón de la energía paralizante por la que se devuelven presupuestos que no se gastan por temor.

Pero hay también los expertos en tergiversaciones, se han graduado en interpretaciones torcidas de las cosas. Son los que escupen el chocolate en navidad, se mean en el refresco, sin reparar que pertenecen a la legión de los pedigüeños. Y se nutren de su propio veneno. Otros son los que viven de la injuria, parienta cercana de la difamación y la calumnia. No han de faltar los perjuros que mano en la biblia y por la memoria de su abuela  prometen cumplir con los códigos de ética cuando su práctica inveterada es la imprecación, el pecado de la soberbia, el señalamiento abusivo, la cultura de la sospecha. Es probable que  en su bolsillito junto al Cautivito de Ayabaca  coloquen  el colorido almanaque de la bataclana de turno. Así, estas señoritas estrechas de conciencia que ejercitan el periodismo fingiendo integridad resultan las pizpiretas esmirriadas de este boom empresarial de la prensa concentrada. Milagros Leiva, ante ellas es la inmaculada concepción del nuevo periodismo. No faltaba más.