sábado, 5 de mayo de 2007

EL SARAMPION DEL ATRASO


Por Miguel Godos Curay
El sarampión del atraso de Piura se expresa de modo eruptivo en la incapacidad del gobierno regional por concebir el desarrollo como el mejor aprovechamiento de las ventajas socio-territoriales de la región en el mercado globalizado. Sin esta visión la inserción competitiva seguirá siendo paja químicamente pura. Posicionarnos globalmente exige reafirmar las ventajas locales. Aún no hemos entendido la dimensión socio-espacial de los mercados y la necesidad de una descentralización efectiva de los procesos de gestión.

Los esfuerzos por atraer o retener nuevas inversiones que promuevan desarrollo humano (de las personas), social (de todas las personas) y sostenible (de las que hoy habitan el territorio como de las que vendrán mañana) no adquiere la suficiente claridad transparente como para generar confianza y tranquilidad en las poblaciones. Todavía creemos que una región desarrollada es una región grande (Piura tiene 32,850 kilómetros cuadrados, Bélgica 32,545). Y no una región buena para vivir donde es posible el acceso de las personas al empleo, la riqueza, el conocimiento y el poder como posibilidad de influir en las decisiones públicas. Una región productiva capaz de emprender inversiones.

Construir una región posible necesita del ingrediente del capital humano potenciado por la educación, el acceso al conocimiento y a la posibilidad de generarlo, regenerarlo en aspectos vinculados con la salud, nutrición, economía y cultura. A un bajo nivel de capital humano corresponde un bajo nivel de desarrollo humano. Nosotros estamos en IDH en el puesto 15, después de San Martín. Lambayeque está en el 6 y La Libertad en el 8. Mientras la burocracia regional engorda nosotros seguimos cuesta abajo.

Otro aspecto fundamental es el capital social que se funda en la organización de la sociedad en base a la asociatividad, confianza y cooperación mediante la participación sustentada en el ejercicio de la ciudadanía, buena gobernabilidad y busca de la prosperidad económica. Otro es el capital natural las condiciones ambientales y físico territoriales heredadas y el bagaje de conocimientos tecnológicos para hacer frente a los desafíos de la geografía.

Nosotros necesitamos un proyecto desarrollo que involucre al gobierno, a los empresarios y a la sociedad. El gobierno regional no tiene porque seguir subsidiando la ineficiencia productiva y el perro muerto de las condonadas deudas de la agricultura del monocultivo. Ni convertirse en convidado de piedra respecto a las inversiones y al ejercicio de autoridad. Su propósito no es perpetuar la pobreza sino generar renta, multiplicar el número de propietarios productivos, elevar la calidad de la educación y favorecer la pluralidad de organizaciones de la sociedad civil.

Un caso patético es el de la minería artesanal altamente contaminante cuyo incierto futuro es una amenaza para las fuentes de agua pues se trata de una labor marginal e informal. La autoridad regional lejos de proceder a una erradicación ordenada y justa de esta forma incontrolada de minería ha optado por ejercitar una timorata indiferencia con la consecuencia inmediata de un elevado costo ambiental y social. El futuro de la minería depende hoy de la forma como responda a los condicionantes ambientales y sociales. Hoy los ciudadanos necesitan conocer los proyectos de desarrollo que se instalan en su región y conocer directamente como éstos afectarán sus vidas. Conocer las oportunidades que estos representan y finalmente que sucederá cuando se proceda al cierre de las minas. Sobre estos aspectos y otros como el de la importancia de la educación para Piura el Presidente, los consejeros y la frondosa burocracia regional están en la calle.

No hay comentarios: