martes, 25 de junio de 2019

LOS OCTÓGONOS DE LA SALUD


Por: Miguel Godos Curay

Malarabia en mate, arroz, frejol blanco, plátano dulce, queso y pescado. Tardicioal
plato de cuaresma. Un genuino pecado.
El recorrido semanal en pos de antojos se convirtió en un océano de advertencias para una dieta saludable gracias a los benditos octógonos.  Los quesos están saturados de sodio. Los salames, jamones, mantequilla y tocinos. Todos los embutidos contienen grasas saturadas. No se escapan la leche entera y derivados.  El yogurt sabor  fresa y lúcuma no es más que un aparente veneno. Las bebidas carbonatadas (gaseosas) en apariencia, neutrales y sin azúcar acabaron también con la alerta: Alto contenido de azúcar. La medida es recontra buena porque finalmente acabamos comprando una mano de plátanos y una tajada de sandía. Ahorro total y salud a la vuelta de la esquina.

Desde el 17 de junio de 2019 todos los alimentos industrializados que se expendan en el Perú están obligados a llevar octógonos de advertencia que informen a los consumidores que su contenido excede los parámetros establecidos por  Salud para el sodio, azúcar, grasas saturadas o grasas trans. La advertencia es mandato de la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable para Niños, Niñas y Adolescentes que dispone entre otras medidas un sistema de alerta en alimentos procesados.

Piura por su dieta desparramada es un culto a la obesidad  mórbida y a la diabetes. La estadística sostiene que por cada cien piuranos hay diez diabéticos sintomáticos y asintomáticos. Unos saben que la padecen y otros se conducen como si tuvieran brevete contra la quebrantada salud. En realidad la diabetes mata y sin compasión. Es la causa de mutilaciones de las extremidades que van en aumento. Confesaba un sin piernas “es mejor que me hubiesen cortado un brazo así hubiese dejado de comer lo que me dijeron perjudica la salud”.

Hoy el diagnóstico de diabetes demora segundos porque glucómetros (el aparatito para medir la glucosa en sangre) hay en todas las farmacias en donde usted amigo lector puede confirmar que su mal genio repentino, su sed incontrolable,sus ganas de orinar a cada rato, la súbita pérdida de peso no son otra cosa que la confirmación de un diabetes incontrolada. Piura tiene altos indicadores de diabetes en la familia a consecuencia de desórdenes metabólicos aunque hay diabéticos por factor genético y diabéticas a consecuencia de la gestación. Si algún familiar cercano padece diabetes no pierda tiempo y acuda al facultativo para un diagnóstico que preservará su vida.

La situación es dramática en Piura en donde hoy para obtener un turno semanal para diálisis a consecuencia de la insuficiencia renal provocada por la diabetes en la seguridad social demanda paciencia, tiempo y onerosos gastos imposibles de sostener. La diabetes es causa también de neuritis que inmoviliza las extremidades,  los desplazamientos diarios y la actividad  laboral. El desempeño eficiente disminuye todos los días porque la retinopatía diabética dificulta la visión y es causa de ceguera. El diabético se crispa emocionalmente por su mal carácter y afecta a la familia que tiene que soportar todas sus incontroladas rabietas. La mala rabia es una consecuencia de altos índices de glucosa en sangre.

La diabetes no es cosa de juego y tampoco puede ser curada por curiosos y conceptos tradicionales. Requiere de un médico que ordene la vida del paciente. Fundamental es la dieta libre de grasas y azúcar. Necesario es el ejercicio diario las caminatas en horas libres de sol porque de este modo se sintetiza el glucógeno acumulado en las extremidades.

Comer sano requiere disposición y buena voluntad. Comer menos chicharrones, piqueos, sudados salpimentados, majados y chavelos, menos chicha y cerveza preservan la vida. Consumir verde y saludable. Consumir pescado, verduras, menos arroz y pastas. Menos pan, más fibra y afrecho de trigo contribuye a la buena salud. Por eso los octógonos de advertencia son un semáforo de lo mal o bien que come usted. La medida debería extenderse también a los negocios que expenden comidas en donde los venenos silenciosos y nocivos están al alcance del regusto cotidiano. Si ama su vida y su familia protégela y protéjase comiendo sano.

En Piura se tiene el erróneo concepto que se puede tragar bien y posteriormente  controlar la elevada glucosa con los glicemiantes prescritos por el médico. No es así, el mayor perjudicado es el paciente. Los diabéticos mal llevados sufren de impotencia y falta de apetito sexual lo que desencadena un desordenado consumo de agentes estimulantes que finalmente causan infarto al miocardio. Los diabéticos carretones que acuden a la pepita azul y la consumen desaforadamente como bocadillo acaban muertos y extenuados patas arriba como las cucarachas. ¿Les parece poco?



lunes, 24 de junio de 2019

PIURA: CIUDAD DE MAROMEROS

Geógrafo Mateo Paz Soldán y Unanue, advirtió,
que Piura sería sepultada por las arenas del
desierto.

Por: Miguel Godos Curay

Una de las mayores vulnerabilidades de Piura son sus casonas ruinosas  las que no se  mantendrían en pie con un sismo entre los 6.1 a 6.9  grados de la escala de Richter. El movimiento telúrico puede ocasionar daños severos en áreas donde vive mucha gente.  La antigüedad de las edificaciones, la humedad de los cimientos y el colapso de las estructuras conspiran contra la seguridad en el centro urbano pero los riesgos se multiplican a los nuevos asentamientos donde predomina la  auto-construcción sin el elemental  respeto a las normas de seguridad.

La vieja Piura es una genuina ciudad de maromeros. Durmientes de algarrobo, quincha, barro, adobones recubiertos de yeso de Congorá. Las trancas tienen amarres de cinchas de cuero de chivo templadas  diestramente por alarifes que después de dejarlas remojando las ataban hasta adquirir la firmeza del acero. Las construcciones de madera son recientes y corresponden a la prosperidad algodonera del siglo XIX. Prima el pino de Oregon en las escaleras, salones amplios y elevados aires para que circule el  fresco de la tarde. Son casonas de dos a tres pisos con paredes de quincha, soportan el movimiento pero por la falta de cuidado y mantenimiento podrían desplomarse al primer seísmo.

El envejecido adobe y la torta de barro mampostera no soportan el paso de los años. Invisible en apariencia con impactos estructurales es la mecánica de los suelos con perenne movimiento y dirección al lecho del río. Las excavaciones de los cimientos descubren  agua y filtraciones. La nueva Piura es un capricho del desorden urbano, la imprevisión y la improvisación por donde se le mire. Lo poco que se mantiene en  pie es un malabar sostenido por la cosmética urbana. La lepra del abandono consume la vieja arquitectura como si se tratara de una conspiración artera contra el pasado.

Resultan contradictorias en esta ciudad de la aridez las nuevas urbanizaciones como El Chilcal, Ignacio Merino y todas las ubicadas mordiendo el cauce de la margen derecha del río. Estos espacios van a seguir inundándose con las inusuales lluvias del estío y los desbordes del Piura. Los ríos como los caprichos  humanos se avivan en cualquier momento y causan daños indecibles. La Piura segura contra los diluvios camina ahora hacia el oeste en donde la plusvalía urbana construye  diminutos departamentos, casitas de muñecas en donde un piurano ordinario que tiene perro, gato y perico y una prole numerosa sencillamente no cabe con todos su bártulos.

La San Miguel de Tangarará fundada en 1532 por Pizarro, a decir de Porras, a orillas de las cananeas aguas del Chira. Tuvo un  designio de andariega ciudad de gitanos. Aquí duró poco y en 1534 Almagro tuvo que autorizar su traslado al sitio de Piura en el sitio de Monte de los Padres junto a la anchurosa e inimaginable Quebrada de las Damas. Aquí estuvieron hasta 1570 en que probablemente por los efectos de las plagas que convirtieron al poblado en una ciudad de ciegos y purulencias se fueron en busca de aires sanos hasta Paita. Ahí encontraron brisa, pescado y el asedio de corsarios y piratas. El agua escasa era transportada en botijas desde Colán. Sin agua la vida no es fácil y sin huertas ni sementeras la existencia se tornó imposible. 

Por eso los vecinos solicitaron al unísono al Virrey don Fernando Torres de Portugal el traslado a las inmediaciones del sitio de El Chilcal, cerca de Catacaos en donde hoy se encuentra. Ahí se fundó como San Miguel del Villar de Piura el 15 de agosto de 1588. Sin que su pasión de mudanza se detuviera por completo. Refiere Mateo Paz Soldán y Unanue que la otrora Piura temía ser sepultada por la arena que arrastran los vientos del desierto. Por eso una fina arenisca besa todos lo que tocamos con las manos: los libros, los escritorios y todos los rincones porque somos hechura del viento y la arena.

Aún se observa, en Piura la vieja, lo que quedó de los primeros cimientos urbanos y algunos muretes de piedra depredados por los acopiadores de piedra de construcción. Es el trazo hispánico. Cuando recorrimos con Juan José Vega en 1996 aún asomaban vestigios del trazo de la antañona urbe hispánica. Anne Marie Hocquenghem la descubridora del insepulto Canal del Tongo levantó un plano con el auxilio del topógrafo  Urbina. Curioso testimonio revelador de nuestro pasado.

El silencio sísmico de las placas continentales es una amenaza que se cierne sobre lo mal  y lo bien construido. Hay sectores urbanos erigidos sobre las sepultadas celdas del relleno sanitario al este y potenciales pantanos en el sector sur. Los pocos edificios existentes son inferiores a los doce pisos. El control urbano tiene poca eficacia en una ciudad con el vigor informal de una creciente necesidad de vivienda y el tráfico de lotes en los sectores populosos de la ciudad. Las áreas invadidas  y las mafias de los traficantes sin la principal causa del desorden y el caos urbano. Trafican con las tierras  en las bermas de las pistas, afectan la propiedad privada y reparten la tierra a su antojo.

Si esta ciudad de maromeros se empezara a mover todo se vendría por los suelos. Como sucedió el 24 de julio de 1912, Piura tembló y quedó totalmente arruinada. Como señala el ingeniero Julio Kuroiwa, la mayor preocupación es el silencio sísmico lo que incrementa las posibilidades de un impredecible desastre. La preocupación por el uso de la tecnología antisísmica es reciente, sin embargo, la prevención debe ser una obligación de todos los ciudadanos.


sábado, 22 de junio de 2019

SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO Y DESAFÍO MORAL


Por: Miguel Godos  Curay

Hannah Arendt: La escuela forma ciudadanos
En la sociedad del conocimiento advierte Alvin Toffler las personas no valen por lo que tienen o poseen como acumulación material sino por lo que saben. Sus conocimientos cultivados. Sin embargo, hay que advertir: si una persona sabe leer y no lee por infundadas o fundadas razones deviene en analfabeto funcional.  En la vida las habilidades y destrezas no ejercitadas se pierden irremediablemente. Hoy, por ejemplo, es difícil encontrar jóvenes diestros para el cálculo aritmético. Todos, grandes y chicos, recurren a la calculadora del celular. El escribir bien es otra carencia notoria. El usuario del celular es experto en enviar mensajes sincopados como le suenen, sin la elemental corrección ortográfica y pasando por alto la sintaxis. La experiencia docente revela siempre que un estudiante que escribe bien, habla bien.

El celular y las redes sociales hoy lo penetran todo. El copión de los exámenes ya no utiliza reducciones fotográficas o manuscritos con letra diminuta sino celulares finísimos y costosos que manipula y oculta groseramente. Los hay con audífonos inalámbricos desconectados del mundo y de la realidad. Los jóvenes de la era digital abdican a la cordialidad y se conducen sin la posibilidad de una comunicación fluida, humana y amable. Las ayer chismosas del barrio conectadas de boca a oreja hoy se enteran de la vida ajena en el bus. Usuarios de todo pelaje y a boca de jarro usando el móvil vociferan y te convierten en testigo de mentiras universales, infidelidades inauditas, amenazas de cobrador y de inoportunas y temerarias declaraciones de amor por altavoz.

La última audiencia de Osiptel confirmó el nuevo escenario de los sistemas de comunicación digitales. El ayer apetecido teléfono fijo no sirve para nada. Hoy es una decoración inútil y precaria que nos ata a servicios que no son servicios prácticos y funcionales. El móvil lo gana en velocidad y en respuesta. Hoy la forma de comunicación directa y personal es el whatsapp. Hoy es imprescindible ver el rostro del interlocutor sin importar la distancia. Los mensajes de texto son una alerta puntual. Las capturas de imágenes comprometedoras de situaciones indeseables  de efectivos policiales y funcionarios públicos están a la orden  del día. Cualquier expresión de conducta deshonesta puede saltar con garrocha a las redes.

Otra abrumadora carga social son las fakenews (noticia falsas) sin verificación ni contraste que han impuesto una cultura insoportable de la sospecha sobre todo y sobre todos. Una lectura crítica revela una desaforada actividad de opinólogos, politólogos en apariencia desinteresados. Hoy el webeo es un deporte contagioso de baratos agentes de influencia expertos en envenenar las redes.  Denostadores y difamadores destetados con bilis  son parte de esta nueva jauría de bestias mediáticas. Se trata de patentes de corso digital incubadas por la amargura y la frustración. No se trata de Catones de la tercera ola. Son sicarios a sueldo que pulverizan honras y a personas con nombre propio.

Al otro extremo están los vendedores de sebo de culebra, los buenos para nada, los mal encaminados periodistas sin ética inescrupulosamente peores que los males que dicen señalar. Tras el espejismo virtual aún se mantiene indeleble la plena vigencia de la libertad y el respeto a la verdad. La mala información y la desinformación tienen un correlato ético y moral cuya antípoda son la inmoralidad (la transgresión deliberada de la moral), la amoralidad (insipiencia moral). Otros optan por la moralina esa moral de jebe que se acomoda a todas las circunstancias sin establecer con claridad sus linderos y límites.

La corrupción ingrediente de la viveza criolla lesiona el bien común y  a la moral como ingredientes cardinales de la actividad humana.  La corrupción  y  la inmoralidad caminan juntas. La primera es una lesión que destroza el tejido social y la segunda el escozor insoportable que aquella procura. Pocos admiten  que los valores, la estimativa de los mismos nace en la institución familiar su cuna legítima es el hogar  y se pone en movimiento en la escuela.

Los valores no son notas de cuaderno olvidado sino obligaciones para practicar en todo momento. Señala Hannah Arendt  la escuela es fermento civismo y formadora de ciudadanos y por ello merece un trato preferente en las sociedades democráticas. La ciudadanía activa importa el conocimiento y la práctica de valores. Todas las acciones humanas, aquellas en las que interviene la voluntad, son sopesadas en la escala de valores que cada uno tiene. El acto elícito o voluntario se ejercita en todo momento. De tal modo que la inmoralidad contumaz es la expresión visible de la deshonestidad y la infelicidad pura convertida en una miserable forma de vida.

¿Cuesta realmente ser honesto? La honestidad como el aprender a leer requiere una práctica cotidiana. Así como hay analfabetos funcionales los hay morales y ocupando cargos de responsabilidad. Cuando se dejan de practicar los valores la acción humana se subordina a la comodidad y al relajo de la conducta social. En la pedagogía  egea el eje  de la formación  personal es la educación de la voluntad. La axiología no es un presupuesto filosófico para los textos. La práctica de valores es una aspiración humana que se fortalece todos los días. No se puede educar personas sino se educa voluntades. No sólo somos sujetos de derecho sino también de deberes que hacen posible la convivencia pacífica y soportable.

La crisis ética que arrastra la corrupción no sólo despoja de preciados recursos económicos al Estado bajo todas las formas de apropiación ilícita sino que se priva del bien a muchos en sus urgentes necesidades. El mayor daño perpetrado a la sociedad es el despedazamiento de la confianza ciudadana con esa abrupta sensación de impunidad y desaliento. Por eso hay que zurcir con buenos ejemplos los huecos de la desconfianza. No son escasos los esfuerzos por ser mejores se nos presentan como invisibles. Hay que visibilizarlos en una cruzada que empezando en las familias preserve los mejores frutos de la sociedad. No hay tiempo que perder.

domingo, 12 de mayo de 2019

CONJURANDO OLVIDOS POR MAMÁ


Por: Miguel Godos Curay

Madre mural de Alfaro Siqueiros (México)
Anotan los cronistas memoriosos que en la vida sólo se regocijan con su soledad los niños extasiados en sus juegos interminables y los viejos que viven hilvanando y desanudando recuerdos del pasado. Las abuelas categoría “madres superiores” zurciendo en el telar de su memoria las ingratitudes que viven con estoicismo cuando los hijos se van. Hay en esta aparente soledad un misterioso diálogo imaginario entre el niño y el abuelo y la abuela que hablan solos en sus olvidos repentinos de lo que iban a hacer y no atinan a recordar y se detienen para empezar de nuevo.

Eduardo González Viaña refiere que una bíblica abuela de su familia trujillana rezaba el rosario con su gato y el minino que hurtaba el calor del fogón respondía con ronroneos a sus preces. Por eso es admirable el olvido que practican las madres de los peores momentos de su existencia. Olvidan el prontuario de ingratitudes de sus hijos, del marido y de la hostil familia mírame y no me toques ni me hables. A  todo le echan tierra. Perdonan y derraman su ternura con  toda el alma. Se saben de memoria la parábola del hijo pródigo y lo engríen a pesar de los pesares con su  inagotable amor.Hay momentos en la vida en que las viejas mamás hablan con sus sombras. En otras conversan  con sus mascotas. Sucede como me dijeron “cuando uno piensa con el corazón antepone siempre su amor y olvidan. No es la vida acaso borrones y cuentas nuevas a cada rato. Como ayer,  en la tienda del chino de la esquina a cuenta saldada una nueva deuda empezada. Es la vida.”.

Sucede también que hay hijos con amnesias repentinas que diluyen el amor recibido como edulcorante sin calorías para no engordar. Hay una descarnada conspiración contra los abuelos producto de la modernidad brutal de los celulares que sorbe  los pequeños y grandes cerebros y los distrae sin misericordia sin lugar para las palabras y los afectos. En el itinerario de la vida. He sido testigo de patologías irremediables de los que se olvidaron de la cortesía y les cuesta decir –Buenos días- -gracias-, -por favor-. Muchos hijos  hoy no hablan mugen como reses silenciosas y desconoces cuándo te van atacar con su remordida indiferencia. No sé  si será la consecuencia de la tiranía tecnológica o la deshumanización desbocada irrefrenable.

La vida, sin embargo, nos ha enseñado que se aprende a borbotones de las abuelas siempre remilgosas. Y sus sonrisas nos nutren de energía humana. Los abuelos son el mejor cimiento de las buenas costumbres, la ética puntual, la memoria histórica de esa institución irreductible que es la familia. Hoy los abuelos viven con asombro ese desplazamiento inhumano al zaguán de las cosas anticuadas y al rincón de las ánimas de una sociedad en el vértigo ilusorio del progreso.

Otros me repiten: “sólo almorzamos juntos – cuando se puede- los domingos pero no hablamos mucho porque todos están pendientes de su celular”. Otros “todos comemos fuera de casa”. Otros con anuncio previo en los avisos económicos dicen “vendo una mesa grande de comedor porque no cabe en el nuevo departamento además este tipo de muebles ya no se usan”. Hoy el cocinar los domingos es de mal gusto resultan mucho más económicos los delivery en los que los miembros de la tribu eligen lo que quieren comer”. En este fabuloso escenario las ollas están de huelga, los platos, ahora, adornan las paredes. Se usan cubiertos de plástico usar y desechar. Poco a poco, estamos disolviendo los ingredientes del vínculo familiar. Ya no hablamos, hoy chateamos que  es bueno cuando estamos lejos. Niños y adultos webeamos. Y el webeo cuando estamos cerca es contagioso es una especie de sarna colectiva que antepone la tecnología a la, poco  a poco, olvidada conversación familiar.

Esta conspiración  silenciosa contra la familia aniquila a los abuelos, convierte en objetos para olvidar en las azoteas: los libros. No se lee, se mira. El mal hablar y el mal escribir tienen su origen en esta epidemia que cree que para el día de las viejas es suficiente un peluchito, un tarjetón o una rosa que nunca se seca porque fue cosechada en las maquiladoras chinas que las producen por millones. Además vienen ahora con spray incluido con aroma de rosa fresca.

Por eso la resistencia heroica contra a modernidad la lidera Carmencita Lara con su ya clásico: “Cementerio, cementerio devuélveme a mi madre/cementerio, cementerio devuélveme a mi madre/abre pronto esas rejas, señor sepulturero/abre pronto que quiero rezarle a mi madre/y ponerle estas flores de blancas azucenas/ y coronas hermosas que adornaran su altar”. Genuino himno del pueblo a la madre ausente que recorre todos los villorrios. Y provoca inundaciones de lágrimas.

Otro clásico que no pierde su vigor juvenil entre los sesentones  es esa canción de la ya vieja nueva ola: “Se parece a mi mamá” de Palito Ortega. Son notas frescas y fáciles de tararear.  “Esa flor que está naciendo,/Ese sol que brilla más./Todo eso se parece/A la sonrisa de mamá./ Esa rosa que despierta,/Ese río que se va.../Todo eso se parece/A la sonrisa de mamá.” ¿Cómo es la sonrisa de mamá? Como ese recuerdo de vieja que me llama a veces por los siempre nombres distintos de mis once hermanos. Pero la cortesía no hace distingos. Es espontánea, emotiva e intensa.

Los viejos cantineros se sabían de memoria la letra del bolero “Cabellos blancos” de Ramón Avilés. Canto callejonero de añoranza que evoca las esquinas del barrio y las ausencias. “Cabellos blancos, los de mi madre/hilos de plata, sagrados son/sus tersas manos me acariciaban,/aquella tarde que me aleje,/sus ojos tristes hay me miraban/cuando partía del dulce hogar/barrio querido, barrio del alma/cuida a mi madre que volveré.” ¿Retornan los hijos? Son retornos siempre esperados en la sierra de Morropón, en Paita, en cada rincón que huele a hogar.

Un vals inolvidable es “Madre” de Manuel Acosta Ojeda. Refiere don Manuel que la letra del vals, balbuceante y balbuceada, fue escrita  el sábado 12 de mayo de 1951, víspera de Día de la Madre. En plena madrugada de mayo, después de recorrer rincones de bohemios como El Botellón,  Acosta aterrizó con sus amigos el bar El Silletazo. Dice don Manuel  que en ese momento, entre Pisco y Nasca, brotaron del el corazón esas sentidas notas.
Dijo el poeta: “Mareado escribí sobre la envoltura de una cajetilla de cigarrillos estos versos para mi madre, que me había dado todo. Sentí pena y remordimiento. A las diez de la mañana, cuando terminé mi  confesión, fui a mi casa y le canté a mí viejita”. En 1956, el tema “Madre” fue grabado por el grupo Los Cholos. Pero fueron Los Chamas quienes lanzaron a la eterna popularidad este vals de la sinceridad. Los Chamas lo estrenaron en Radio La Crónica y fue interpretado con tanto sentimiento por "Pajarito" Bromley  ante un enmudecido escenario que no ocultó la íntima humedad de sus ojos.

La conmovedora e inolvidable letra dice:   “Madre, cuando recojas en tu frente mi beso /todos los labios rojos, que en mi boca pecaron /huirán como sombras cuando se hace la luz.  Madre, esas arrugas se formaron pensando /¿Dónde estará mi hijo, por qué no llegará? /Y por más que las bese no las podré borrar. / Madre, tus manos tristes como aves moribundas /¡Déjame que las bese! Tanto, tanto han rezado, /por mis locos errores y mis vanas pasiones./  Y por último, Madre, deja que me arrodille, / y sobre tu regazo, coloque mi cabeza. / Y dime: ¡Hijo de mi alma!, para llorar contigo.” En efecto evoca el poeta lloré como macho. No sientes amigo lector esa misma e intensa emoción. Ahí me quedó con un nudo en el corazón.

jueves, 2 de mayo de 2019

LOS PRIMEROS 50 DE LA UDEP


Por: Miguel Godos Curay

Una foto del recuerdo Diana Celi en pantalla,Miguel Godos, Fabiola Morales
Rosy Ruesta, Billy Montufaar y Carla Balarezo de la Facultad de CC de la
Información
Entre arenales, algarrobos y cholitas soberanas en sus piajenos con sus serones cargados de verduras de la huerta nació la Universidad de Piura hace 50 años. Un hato de recuerdos acompaña siempre nuestro paso por sus aulas. Los entrañables desafíos de este crecer brindando una tarea formativa realmente inolvidable. En ese paisaje de recuerdos están Agapito  y Zoilo con su uniforme de drill gris y el nombre de la Alma Mater bordado al lado del corazón. Las puntuales encargadas de la limpieza y los profesores cuya huella permanece en la inteligencia. Como tesoro al alcance de todos los estudiantes la biblioteca ordenada por María Martha Bello,  enriquecida con los aportes de José María Desantes, José Antonio del Busto Duthurburu y el desprendimiento piurano de los Ginocchio.

La Universidad de Piura es una universidad inspirada en los afanes de un santo. San Josemaría Escrivá de Balaguer cuya presencia espiritual está presente en todo de lo que aquí se hace. Una visión cristiana del trabajo bien hecho. Tenemos en las pupilas la imagen de la transformación del paisaje piel de zorro de la arena en el espléndido verdor de los algarrobos. Los nuevos edificios y laboratorios del Campus, las aulas en donde  como evocación perdurable se siente la palabra comedida  de los maestros. Todo al servicio del Perú y a una región potencialmente próspera como Piura. Desde sus orígenes la UDEP es una universidad ecuménica, una versión  puntual  de una comunidad de la ONU que congrega gracias a la cooperación internacional a profesores venidos de diversas partes del mundo.

En este medio siglo, como en todos los proyectos humanos, hay ausencias y presencias inevitables. A todos los profesores que dejaron profundas huellas en la juventud piurana y peruana nuestra profunda gratitud. Hace 50 años el viento convocaba  a las arenas a un tondero de remolinos interminable. Hoy el frescor de los algarrobos es una lección de ecología viva para la ciudad frente a los desafíos del cambio climático. Todo ahí tiene una viva inspiración cristiana. La tarea formativa personalizada confiere un relieve humano irrepetible en cada uno de sus estudiantes. Muchas pasiones por la lectura y por los libros surgieron en sus aulas. Muchos proyectos surgieron del asombro científico y el hincar codos con esfuerzo.

Crece la universidad. Tiene la dimensión de los sueños posibles que se tejen como las medias que con pasión urden las manos de una madre. Esfuerzo, entrega, ternura, pasión por las cosas alcanzadas con esfuerzo.  Hoy es un sueño realizado y un milagro que crece cotidianamente para bien del Perú. No es casual su ubicación en el norte, su norte es el progreso de una región que crece y debe ser mejor en pleno significado de la palabra. Las universidades como todas las asombrosas construcciones humanas requieren de pasión por la verdad por encima de la arrogancia altanera y la presunción absoluta. Cuando la verdad nutre las inteligencias asoma la fidelidad como ingrediente de la genuina calidad humana. La verdad es combustible de emprendimientos extraordinarios.

Por eso el saber requiere de una adhesión incondicional a la certeza de la verdad para de ahí en un clima de libertad  y  respeto cimentar la formación humana de profesionales comprometidos con sí mismos, con su región y con su país. Ese vigor cívico y patriótico anima logros y proyectos de futuro consistentes. El Perú -lo demuestra el curso de la historia- requiere  de esa energía cívica y  de valores genuinos frente a la arremetida de la corrupción y la inmoralidad pública. Vivimos momentos de una intensa tensión ética y moral. No es casual que los ladrillos mal cocidos y corroídos por la inmoralidad, la amoralidad la anomia se desmoronen ante nuestros ojos.

La responsabilidad, la dignidad, el decoro, la deontología, la decencia no son teoría pura sino lección de vida. Los valores son en la vida como los ingredientes de perfección humana a la que todos estamos convocados. Una lección viva de la UDEP es la formación en valores. La armonía en la que transcurre  la vida del Campus es reflejo de esa plausible serenidad inteligente. Todos, los que enseñan  y los que aprenden, los que con sus fatigas dan el color a los jardines del Campus sin distingos, son una sintonía perfecta de voluntades. La armonía egea es ahí una comunidad de maestros y alumnos que viven la inspiración Alfonsina de la universidad. El saludable vínculo académico entre maestros y alumnos, ingrediente de la formación personalizada, brindan buenos frutos.

Quienes plantaron sus raíces y  procuraron agua fresca para su sed deben estar orgullosos de este umbrío algarrobo que brinda buenos frutos. Nuestra profunda admiración a los profesores que en este primer medio siglo demostraron con coraje y sintiendo en sus labios la arena movida por el viento que las grandes aspiraciones y sueños son posibles. Don Ricardo Rey saluda a los jóvenes universitarios. Recita el poeta Dolarea, el Padre Pepe Navarro lee un poema en griego, Ronald  Escobedo penetra en los vericuetos de la historia. Mugica contempla el océano con certeros pronósticos sobre el Niño. La mirada azul de don Javier Cheesamn, la sonrisa de Tere Turel, la mirada de Miguel Samper desde el pabellón de ingeniería. Don Rafael Estartús rebatiendo los paralogismos matusianos. Buen amigo Víctor Morales Corrales. Gestores con acierto Antonio Mabres y Antonio Abruña. Sabio don Vicente Rodríguez Casado. Espirituales y diligentes Don Vicente Pazos,  Don Juan Roselló, Don Esteban Puig, Monseñor José Antonio Ugarte. Inolvidables Luz González, Carmela Aspillaga, Marisa Aguirre, Isabel Gálvez y muchos más que son parte de ese trasfondo en apariencia invisible en donde  se suman los benefactores. La gratitud es propiedad de las cosas que nos hace amarlas atardece en el Campus y asoma el crepúsculo interior.

jueves, 21 de marzo de 2019

A PROPÓSITO DE LUNA LLENA


Por: Miguel Godos Curay

“La luna de Paita y el sol de Colán” es un inolvidable decir en Paita. La  repetían mis abuelos como si fuera parte del silabario. La frase la acuñó con gentil admiración el  florentino Franesco Carletti  en su libro de crónicas “Mi viaje alrededor del mundo (1596-1606)”. Carletti  se quedó lelo con la sorprendente belleza  lunar en el plenilunio y dejo expresa constancia de lo que vio. La luna da en Paita mayor luz que en cualquier otra parte del mundo. En efecto, Paita es un puerto lunar. Con los movimientos de la luna se ordenan las mareas y cada uno de los actos de la vida misma de sus pobladores.

El paisaje lunar en Paita tiene una extraordinaria belleza según el
testimonio del mercante florentino Francesco Carletti
En luna llena don Pedro Vargas, “el sombrerón” con diestra maestría, mentol y manteca de macho trataba fracturas mal soldadas con pericia de entendido traumatólogo. De su sabiduría dan fe los porteños que acudían a su rancho del jirón Alianza. Doña Hermelinda Villacrez,  una sabia partera, acomodaba nonatos hasta la culminación feliz del parto. No existían las ecografías ni las prestobarbas, los pañales descartables que exigen hoy a las parturientas. Bastaba con una tijera Solingen Germany de  fino acero, pabilo encerado para atar el ombligo, jabón de pepa, agua tibia, una vieja estampa de San Ramón Nonato para acompañar el trabajo de parto y el Calendario Bristol para bautizar como buen cristiano al recién nacido.

El nombre, para gracia o para sorna, era como la marca de fábrica. Los Juanes, los Josés,  los Migueles y los Abrahames  abundaban  en mi añeja tribu.  Las Isabeles, las Rebecas, las Mercedes y las Petronas en la rama femenina. Mi abuelo José se hubiese muerto de infarto con esos retorcidos reveses semánticos que son los nombres hoy de moda como Doogy (perrito), Chester (queso), Brayan (fortachón), Pool (pisicina), entre muchos otros alejados del santoral. De acuerdo al mandato familiar, la cristiana costumbre es la de dar a cada recién nacido un santo de cabecera. La ausencia de santidad es una desgracia insoportable. El santo del día estaba registrado en el Almanaque Bristol infaltable en el hogar. En el Bristol aparecían las lunas crecientes y menguantes, los cuartos, las lunas nuevas y llenas. Todas marcadas con lápiz por las escrupulosas abuelas soberanas del detalle.

La vida doméstica tenía un sorprendente orden en donde se cumplía estrictamente con las fiestas de guardar y los ayunos de la cuaresma. Hoy no, la orgía perpetua,  el desenfreno, el poco aprecio de sí mismo han hecho añicos la vieja tradición. Aún recuerdo las previsiones humanas  que anticipaban las  noches de luna llena. Junto a la cama de los epilépticos no faltaba un acero protector, una tijera bajo la almohada. Y cinchas fuertes para los perturbados mentales. Los locos de mi pueblo este día podían perpetrar hazañas inolvidables como el pasearse desnudos por toda la ciudad y a su paso eran invisibles porque nadie recordaba lo acontecido en plenilunio. Se alejaba de   los obsesivos toda clase de pastillas, cuerdas y venenos. Se imposibilitaba a toda costa se produjera un suicidio.

Pasada la luna llena volvía la calma. La tranquilidad apacible del mar. La serenidad trastornada por el magnetismo lunar. Aún recuerdo, como se esperaba la luna llena para recortar la cola a las mascotas finas, capar  a los berracos, elaborar la tinta china con anilina para que no se corte, el charol con gomalaca, alcohol y trementina para devolver la lozanía a los viejos muebles. La luna llena alunaba a los amantes y descosía a manos llenas las pasiones intensas. Entonces las viejas cuidaban a las mozas inquietas en previsión de la incursión furtiva de pretendientes no consentidos.  Así era la vida lunar del puerto.

Y las noches de luna leía insomne frente al ventanal del malecón doña Ventura Artadi. Leer era entonces un oficio prohibido para los lancheros del puerto pero contra todos los pronósticos despertaron a la lectura con kilos de chistes alquilados en los kioskos de don Jorgito o don Polito. Otros los más cultos leían Life, Bohemia y el Reader´s Digest.  Aún saboreo el tamarindo con cola de las raspadillas convidadas por viejos iletrados que querían desentrañar los parlamentos de las historietas de Mandrake, Memín y Dick Tracy. Los ojos alucinados de los viejos sentían la misma emoción de los niños con la lectura en voz alta. Las angustias y los pesares de la familia se resolvían con la baraja española. La interpretación de los sueños persistentes y la espera sin angustias de la muerte.

Así era ese irrepetible mundo lunar en donde las tijeras, el pan de azufre, el alcanfor, el 
jabón de pepa, el alumbre, el bicarbonato, el carbón, el vinagre de piña, la leche magnesia y el kerosene resolvían todos los problemas de la casa.  El mayor tesoro un viejo prismático, una lupa y un potente imán para rascar la arena. Una vieja caracola de galápagos bajo la cama para escuchar el mar cuando te provoque. Y contemplar la luna de plata sobre los grises farallones iluminados. Aún recuerdo la delegación de profesores de Baltimore University detenido el bus contemplando la belleza lunar hasta el éxtasis en el tablazo de Paita. Esa balbuceada sensación de atisbo de la belleza. El memorial de Lorca esa pasión inextinguible entre la luna y los gitanos. En el Romancero gitano que empieza con el Romance de la luna, luna. El poeta la menciona 33 veces. Once en el romance esplendido que empieza con estos versos: “La luna vino a la fragua/con su polisón de nardos. / El niño la mira mira. /El niño la está mirando”.  La invocación indeleble dice: “Huye luna, luna, luna./ Si vinieran los gitanos,/harían con tu corazón/collares y anillos blancos.”

Pero la luna es espejo de la luz solar. Tiene las veleidades y los caprichos de la mirada a sí mismo. Luna de vida y luna de la muerte. En Paita los huesos duelen con la luna y para aliviar los achaques se cubren los espejos. En el mundo andino quechua  la Mama Quilla, es la compañera de Inti, el sol, la luna es femenina. Anne Marie Hocquenghem, advierte que en los adoratorios costeros la luna es masculino y la fascinación de su culto es un misterio que oscila entre la vida y la muerte. La luna habita la noche y la puebla de fantasmagorías, simbolismos y recuerdos. La preciosa señora de Guadalupe la tiene a sus pies. No es casual que el topónimo México -en náhuatl “Metz – xic – co” – signifique  “en el centro de la luna”. La luna en la cosmogonía popular es símbolo de fecundidad, nacimiento, vida, fertilidad de las madres y fecundidad de la tierra. Recorro en la noche de luna los desvencijados callejones del puerto y  la voz del caminante dice en la noche. Luna, lunera…ojos azules boca morena.

viernes, 8 de marzo de 2019

MUNDOS PARTIDOS DE MARÍA JESÚS FLORESTA VÁSQUEZ VÉLEZ

Presentación del libro Mundos Partidos de Mary Vásquez, en el
Club Grau (07.03.2019)
Miguel Godos Curay
Universidad Nacional de Piura

Advierte el crítico Ricardo González Vigil en su libro “Poetas peruanas de antología” que se dice atleta y no atletisa; gimansta, y no gimnatisa. Una de esas palabras resistentes a la determinación del género  es “poeta” que incluye a mujeres y hombres y aunque el Diccionario de la Lengua Española de  Real Academia Española registra “poetisa” para el género femenino resulta contundente emplear la palabra poeta cuya íntima connotación significativa es “creador” y “hacedor”.

Ya en el siglo XIX el término “poetisa” se usó de manera peyorativa en los cafés literarios y con propósito descarado de burla y escarnio para aludir a  aquellas mujeres cursis que escribían poesía melosa.  En Lima adquirió dimensiones tremebundas la ridiculización ofensiva perpetrada por Alberto Guillén contra la poeta Magda Portal, pese a que se autoproclamaba innovador y vanguardista. En efecto, en los Juegos Florales organizados por los estudiantes de la Universidad de San Marcos en 1923  que ganó Alberto Guillén. Por su calidad literaria y por ser la única mujer en la contienda el jurado estimó conveniente  otorgar un premio extraordinario a Magda Portal.

Guillén presa de un rapto de procaz vanidad y egolatría no soportó que se dijera de Magda Portal que estaba a la altura de Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. Tampoco admitió la decisión del Jurado para otorgar un premio de excepción a una mujer que competía con los poetas hombres a postrimerías de 1923 e inicios de 1924.

Cumplidas estas aclaraciones paso a abordar a vísperas del Día Internacional de la Mujer, el libro “Mundos Partidos” de la poeta María de Jesús Vásquez Vélez. Confieso que el mismo nombre del libro provoca profundas cavilaciones: Mundos partidos. Me recuerda ese rito cotidiano de cortar por la mitad una manzana. Algo así  como asomarse a un mundo dividido en dos partes. Confieso que Piura mismo encaja en esta división.

En días pasados con los diarios en la mano comentábamos con estudiantes de la universidad que esta división es real y no aparente. Así por ejemplo existe un carnaval de blancos celebrado en Colán y un carnaval de indios, de cholos o de cobrizos en Bernal, La Unión y Sechura. Este mundo dividido se perpetúa en las colas de un hospital del Minsa y  la comodidad de una clínica privada. El mundo partido existe a todo nivel. Una es la educación de los establecimientos públicos y otra la educación en los privados. El mundo partido tiene singulares matices para los chamanes y curanderos de Huancabamba. Como en las sociedades andinas prevalece el “hurin” lo bajo y el “hanan” lo alto. El mundo partido reconoce en el Perú dos tipos polarizados de aficionados al fútbol. Los de la U cremas y los de la Alianza Lima, negros retintos.

Un escritor tan nuestro  y poco leído como Miguel Gutiérrez Correa, profundo conocedor de la vida piurana, admite que la Piura del siglo XX dividía el mundo entre los señores de la hacienda y los cholos y mestizos claramente caracterizados en el linaje de los Villar protagonistas de la novela La Violencia del Tiempo. Nuevamente mundos partidos. En Piura, advierte el escritor, están presentes aún las odiosas jerarquías de la semifeudalidad rural. Es la misma sensación que provoca hoy en unos y otros el nuevo gobernador regional que no encaja ni por angas ni por mangas con la sucesión de los Atkins y los Hilbck.  En el desaparecido internado del San Miguel los piuranos nos distinguíamos, entre costeños y serranos, por el modo de hablar. Hoy no. Pese a que la radio satelital nos aplanó a todos. Teníamos patentes las diferencias del mundo partido. A unos les agradaban las tortillas de trigo con queso y a los otros las caballas saladas.
Mundos Partidos, de Mary Vásquez, siendo un libro de poesía con 61 poemas tiene un nombre reflexivo y provocador. Pensamos con legitimidad y con justicia que es un homenaje al Día Internacional de la Mujer.

Una lectura prolija del poemario permite el hallazgo de significaciones intensas y profundas en sus versos. Los motivos que aparecen en cada uno de sus poemas tienen una intensa apelación humana. En Mundos Partidos, el poema que abre el libro emerge una soledad que no es solamente falta de compañía. Sino una soledad desgarrada y como dice la poeta: “Siento la soledad de tu lejanía”. Es una soledad de cuatro paredes, soledad de las noches insomnes, soledad existencial insoportable, soledad poblada de silencios, soledad que destruye puentes. La soledad es un motivo patente en estos versos. Acompañan al motivo de la soledad tópicos como el paisaje del desierto, despoblado pero en el que reverberan espejismos, otro es el silencio un tópico esplendido en la letras castellanas. No olvido la magistral clase del profesor y poeta José Ramón de Dolarea en la Universidad de Piura para hablarnos del silencio. Neruda dice en el poema XV: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente,/y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca./Parece que los ojos se te hubieran volado/y parece que un beso te cerrara la boca”.

Rabindranath Tagore, el excelso poeta de la India dirá: “Llena mi corazón con tu silencio y lo tendré siempre conmigo”. Este es un silencio místico, silencio de Dios que se siente y se transmite con el roce de las manos.
Otro es el silencio de Juan Ramón Jiménez: Cállate, por Dios, que tú/ no vas a saber decírmelo./Deja que abran todos mis / sueños y todos tus lirios./
 Mi corazón oye bien/la letra de tu cariño. /El agua lo va temblando/entre los juncos del río,/ lo va extendiendo la niebla,/lo están meciendo los pinos/(y la luna opaca) y el/ corazón de tu destino.../¡No apagues por dios, la llama/que arde dentro de mí mismo!/¡Cállate por dios, que tú no vas a poder decírmelo!”

El silencio de Mary tiene un estremecedor vigor de grito, una antinomia entre el sosiego y el clamor ensordecedor y es por ello pleno e intenso.
Otros motivos que aparecen en los poemas guardan un vínculo abierto con el amor apasionado a decir de su autora “que me enloquece y me convierten en hoguera de lujuria”. 

En otro de los poemas dirá “te amo como ave de rapiña, te amo en la miseria, en la rabia.” 
Hay versos que por sí solos son un poema completo: “El engaño es una hebra de cabello en tu camisa” El poema XI refuerza la cabalgata erótica en la que se sumerge la poeta: “Esta distancia no me impide/ cabalgar tu cordillera, / asirme fuerte de tus cabellos,/ entrar en tus pensamientos,/ ordenarte que vuelvas / a explorar mi orificios”.

Este último verso de una temperatura erótica incomparable nos recuerda una de las cartas del Libertador Bolívar a Manuela Sáenz donde remataba la misiva con esta frase: “Manuela…beso todos tus orificios”. Y como decía Juan José Vega esa sensualidad a borbotones del Libertador emergía en las más perdurables de sus epístolas eróticas. Con esta correspondencia erótica y amorosa sucede lo mismo que con las sonoras proclamas patrióticas que aparecen en los textos escolares totalmente dislocadas de la realidad. La mayor parte de las tropas libertarias estaban  conformadas por mesnadas de indios, mestizos analfabetos y negros sumisos. Una proclama retórica no provocaría efecto en estos escenarios en donde sólo surte efecto la lisura oronda y lironda.

Hay audacia alucinada en versos como el que dice: “Fuiste tú palomo de mirada lasciva / el que me despertó a la vida.”  O los “sordos gritos de nuestra pasión agónica”, “Sacié la sed de mi desierto”. La mención al desierto es reiterativa. “casas desiertas”. Igualmente la alusión a la sangre, “sangre negra”. “ríos de sangre negra” A las murallas inaccesibles y a las murallas derribadas. “El amor derrumbó mis murallas de piedra”. “El infortunio de un solo golpe/ derribó las murallas de mi alma…” El simbolismo utilizado es rico en significaciones y emociones. Esta es una distintiva del lenguaje literario herramienta de la poeta.

Motivo según Wolfang Kayser “es una situación típica que se repite; llena por tanto, de significado humano”. Etimológicamente motivo es un derivado de “moveré” que es la fuerza interior que emana de la poesía. En la lírica los motivos aluden a situaciones significativas y trascendentes. En esencia se trata de vivencias del alma humana que se prolongan en vibraciones intensas. El color que más aparece es el negro. “Estos versos negros/ para ti amado ausente.” “A mi alrededor los lirios negros repetían con horror: ¡Tus luceros son prisioneros dela noche! Hay también alusiones a la fauna piurana: Chilalos, grillos, sapos y macanches.

Leit motiv, es el motivo que se repite, el motivo dominante. Los  tópicos son esquemas de pensamiento  y expresión que a partir de los clásicos latinos penetran en las literaturas  nacionales. Los tópicos de la poesía de Mary Vásquez tienen una alusión simbólica reiterativa. Por ejemplo, “cierra la herida de mi corazón sangrante,” “no hay agua que limpie esas heridas cuya sangre vuelve a brotar como ríos”. “Al final de la dura batalla/ quedó libre mi alma,/ ensangrentados los versos”. Son versos escritos con el alma por una poeta dueña de una entrañable vocación literaria. A su  producción narrativa suma la cantera recién descubierta de la poesía. De sentimientos íntimos revelados y por ello intensos y plenos. Saludamos este hallazgo. Si existe la identidad genética, el escribir poesía le viene de la vena del poeta Alfonso Vásquez Arrieta, su padre, defensor de causas justas e imposibles, idealista hasta el tuétano. Si él hubiese estado aquí hubiese leído con aplomo esos versos del poema LVII Río Piura: “Los muertos del dengue/fueron a ver a las autoridades,/ los encontraron dormidos / en sus camas de laureles”. Me congratulo de haberme permitido la autora hilvanar ideas en torno a su primer poemario. Me congratulo de estar aquí esta noche a vísperas del Día Internacional de la Mujer. A todas ellas mi homenaje. Muchas gracias.