jueves, 2 de mayo de 2019

LOS PRIMEROS 50 DE LA UDEP


Por: Miguel Godos Curay

Una foto del recuerdo Diana Celi en pantalla,Miguel Godos, Fabiola Morales
Rosy Ruesta, Billy Montufaar y Carla Balarezo de la Facultad de CC de la
Información
Entre arenales, algarrobos y cholitas soberanas en sus piajenos con sus serones cargados de verduras de la huerta nació la Universidad de Piura hace 50 años. Un hato de recuerdos acompaña siempre nuestro paso por sus aulas. Los entrañables desafíos de este crecer brindando una tarea formativa realmente inolvidable. En ese paisaje de recuerdos están Agapito  y Zoilo con su uniforme de drill gris y el nombre de la Alma Mater bordado al lado del corazón. Las puntuales encargadas de la limpieza y los profesores cuya huella permanece en la inteligencia. Como tesoro al alcance de todos los estudiantes la biblioteca ordenada por María Martha Bello,  enriquecida con los aportes de José María Desantes, José Antonio del Busto Duthurburu y el desprendimiento piurano de los Ginocchio.

La Universidad de Piura es una universidad inspirada en los afanes de un santo. San Josemaría Escrivá de Balaguer cuya presencia espiritual está presente en todo de lo que aquí se hace. Una visión cristiana del trabajo bien hecho. Tenemos en las pupilas la imagen de la transformación del paisaje piel de zorro de la arena en el espléndido verdor de los algarrobos. Los nuevos edificios y laboratorios del Campus, las aulas en donde  como evocación perdurable se siente la palabra comedida  de los maestros. Todo al servicio del Perú y a una región potencialmente próspera como Piura. Desde sus orígenes la UDEP es una universidad ecuménica, una versión  puntual  de una comunidad de la ONU que congrega gracias a la cooperación internacional a profesores venidos de diversas partes del mundo.

En este medio siglo, como en todos los proyectos humanos, hay ausencias y presencias inevitables. A todos los profesores que dejaron profundas huellas en la juventud piurana y peruana nuestra profunda gratitud. Hace 50 años el viento convocaba  a las arenas a un tondero de remolinos interminable. Hoy el frescor de los algarrobos es una lección de ecología viva para la ciudad frente a los desafíos del cambio climático. Todo ahí tiene una viva inspiración cristiana. La tarea formativa personalizada confiere un relieve humano irrepetible en cada uno de sus estudiantes. Muchas pasiones por la lectura y por los libros surgieron en sus aulas. Muchos proyectos surgieron del asombro científico y el hincar codos con esfuerzo.

Crece la universidad. Tiene la dimensión de los sueños posibles que se tejen como las medias que con pasión urden las manos de una madre. Esfuerzo, entrega, ternura, pasión por las cosas alcanzadas con esfuerzo.  Hoy es un sueño realizado y un milagro que crece cotidianamente para bien del Perú. No es casual su ubicación en el norte, su norte es el progreso de una región que crece y debe ser mejor en pleno significado de la palabra. Las universidades como todas las asombrosas construcciones humanas requieren de pasión por la verdad por encima de la arrogancia altanera y la presunción absoluta. Cuando la verdad nutre las inteligencias asoma la fidelidad como ingrediente de la genuina calidad humana. La verdad es combustible de emprendimientos extraordinarios.

Por eso el saber requiere de una adhesión incondicional a la certeza de la verdad para de ahí en un clima de libertad  y  respeto cimentar la formación humana de profesionales comprometidos con sí mismos, con su región y con su país. Ese vigor cívico y patriótico anima logros y proyectos de futuro consistentes. El Perú -lo demuestra el curso de la historia- requiere  de esa energía cívica y  de valores genuinos frente a la arremetida de la corrupción y la inmoralidad pública. Vivimos momentos de una intensa tensión ética y moral. No es casual que los ladrillos mal cocidos y corroídos por la inmoralidad, la amoralidad la anomia se desmoronen ante nuestros ojos.

La responsabilidad, la dignidad, el decoro, la deontología, la decencia no son teoría pura sino lección de vida. Los valores son en la vida como los ingredientes de perfección humana a la que todos estamos convocados. Una lección viva de la UDEP es la formación en valores. La armonía en la que transcurre  la vida del Campus es reflejo de esa plausible serenidad inteligente. Todos, los que enseñan  y los que aprenden, los que con sus fatigas dan el color a los jardines del Campus sin distingos, son una sintonía perfecta de voluntades. La armonía egea es ahí una comunidad de maestros y alumnos que viven la inspiración Alfonsina de la universidad. El saludable vínculo académico entre maestros y alumnos, ingrediente de la formación personalizada, brindan buenos frutos.

Quienes plantaron sus raíces y  procuraron agua fresca para su sed deben estar orgullosos de este umbrío algarrobo que brinda buenos frutos. Nuestra profunda admiración a los profesores que en este primer medio siglo demostraron con coraje y sintiendo en sus labios la arena movida por el viento que las grandes aspiraciones y sueños son posibles. Don Ricardo Rey saluda a los jóvenes universitarios. Recita el poeta Dolarea, el Padre Pepe Navarro lee un poema en griego, Ronald  Escobedo penetra en los vericuetos de la historia. Mugica contempla el océano con certeros pronósticos sobre el Niño. La mirada azul de don Javier Cheesamn, la sonrisa de Tere Turel, la mirada de Miguel Samper desde el pabellón de ingeniería. Don Rafael Estartús rebatiendo los paralogismos matusianos. Buen amigo Víctor Morales Corrales. Gestores con acierto Antonio Mabres y Antonio Abruña. Sabio don Vicente Rodríguez Casado. Espirituales y diligentes Don Vicente Pazos,  Don Juan Roselló, Don Esteban Puig, Monseñor José Antonio Ugarte. Inolvidables Luz González, Carmela Aspillaga, Marisa Aguirre, Isabel Gálvez y muchos más que son parte de ese trasfondo en apariencia invisible en donde  se suman los benefactores. La gratitud es propiedad de las cosas que nos hace amarlas atardece en el Campus y asoma el crepúsculo interior.

jueves, 21 de marzo de 2019

A PROPÓSITO DE LUNA LLENA


Por: Miguel Godos Curay

“La luna de Paita y el sol de Colán” es un inolvidable decir en Paita. La  repetían mis abuelos como si fuera parte del silabario. La frase la acuñó con gentil admiración el  florentino Franesco Carletti  en su libro de crónicas “Mi viaje alrededor del mundo (1596-1606)”. Carletti  se quedó lelo con la sorprendente belleza  lunar en el plenilunio y dejo expresa constancia de lo que vio. La luna da en Paita mayor luz que en cualquier otra parte del mundo. En efecto, Paita es un puerto lunar. Con los movimientos de la luna se ordenan las mareas y cada uno de los actos de la vida misma de sus pobladores.

El paisaje lunar en Paita tiene una extraordinaria belleza según el
testimonio del mercante florentino Francesco Carletti
En luna llena don Pedro Vargas, “el sombrerón” con diestra maestría, mentol y manteca de macho trataba fracturas mal soldadas con pericia de entendido traumatólogo. De su sabiduría dan fe los porteños que acudían a su rancho del jirón Alianza. Doña Hermelinda Villacrez,  una sabia partera, acomodaba nonatos hasta la culminación feliz del parto. No existían las ecografías ni las prestobarbas, los pañales descartables que exigen hoy a las parturientas. Bastaba con una tijera Solingen Germany de  fino acero, pabilo encerado para atar el ombligo, jabón de pepa, agua tibia, una vieja estampa de San Ramón Nonato para acompañar el trabajo de parto y el Calendario Bristol para bautizar como buen cristiano al recién nacido.

El nombre, para gracia o para sorna, era como la marca de fábrica. Los Juanes, los Josés,  los Migueles y los Abrahames  abundaban  en mi añeja tribu.  Las Isabeles, las Rebecas, las Mercedes y las Petronas en la rama femenina. Mi abuelo José se hubiese muerto de infarto con esos retorcidos reveses semánticos que son los nombres hoy de moda como Doogy (perrito), Chester (queso), Brayan (fortachón), Pool (pisicina), entre muchos otros alejados del santoral. De acuerdo al mandato familiar, la cristiana costumbre es la de dar a cada recién nacido un santo de cabecera. La ausencia de santidad es una desgracia insoportable. El santo del día estaba registrado en el Almanaque Bristol infaltable en el hogar. En el Bristol aparecían las lunas crecientes y menguantes, los cuartos, las lunas nuevas y llenas. Todas marcadas con lápiz por las escrupulosas abuelas soberanas del detalle.

La vida doméstica tenía un sorprendente orden en donde se cumplía estrictamente con las fiestas de guardar y los ayunos de la cuaresma. Hoy no, la orgía perpetua,  el desenfreno, el poco aprecio de sí mismo han hecho añicos la vieja tradición. Aún recuerdo las previsiones humanas  que anticipaban las  noches de luna llena. Junto a la cama de los epilépticos no faltaba un acero protector, una tijera bajo la almohada. Y cinchas fuertes para los perturbados mentales. Los locos de mi pueblo este día podían perpetrar hazañas inolvidables como el pasearse desnudos por toda la ciudad y a su paso eran invisibles porque nadie recordaba lo acontecido en plenilunio. Se alejaba de   los obsesivos toda clase de pastillas, cuerdas y venenos. Se imposibilitaba a toda costa se produjera un suicidio.

Pasada la luna llena volvía la calma. La tranquilidad apacible del mar. La serenidad trastornada por el magnetismo lunar. Aún recuerdo, como se esperaba la luna llena para recortar la cola a las mascotas finas, capar  a los berracos, elaborar la tinta china con anilina para que no se corte, el charol con gomalaca, alcohol y trementina para devolver la lozanía a los viejos muebles. La luna llena alunaba a los amantes y descosía a manos llenas las pasiones intensas. Entonces las viejas cuidaban a las mozas inquietas en previsión de la incursión furtiva de pretendientes no consentidos.  Así era la vida lunar del puerto.

Y las noches de luna leía insomne frente al ventanal del malecón doña Ventura Artadi. Leer era entonces un oficio prohibido para los lancheros del puerto pero contra todos los pronósticos despertaron a la lectura con kilos de chistes alquilados en los kioskos de don Jorgito o don Polito. Otros los más cultos leían Life, Bohemia y el Reader´s Digest.  Aún saboreo el tamarindo con cola de las raspadillas convidadas por viejos iletrados que querían desentrañar los parlamentos de las historietas de Mandrake, Memín y Dick Tracy. Los ojos alucinados de los viejos sentían la misma emoción de los niños con la lectura en voz alta. Las angustias y los pesares de la familia se resolvían con la baraja española. La interpretación de los sueños persistentes y la espera sin angustias de la muerte.

Así era ese irrepetible mundo lunar en donde las tijeras, el pan de azufre, el alcanfor, el 
jabón de pepa, el alumbre, el bicarbonato, el carbón, el vinagre de piña, la leche magnesia y el kerosene resolvían todos los problemas de la casa.  El mayor tesoro un viejo prismático, una lupa y un potente imán para rascar la arena. Una vieja caracola de galápagos bajo la cama para escuchar el mar cuando te provoque. Y contemplar la luna de plata sobre los grises farallones iluminados. Aún recuerdo la delegación de profesores de Baltimore University detenido el bus contemplando la belleza lunar hasta el éxtasis en el tablazo de Paita. Esa balbuceada sensación de atisbo de la belleza. El memorial de Lorca esa pasión inextinguible entre la luna y los gitanos. En el Romancero gitano que empieza con el Romance de la luna, luna. El poeta la menciona 33 veces. Once en el romance esplendido que empieza con estos versos: “La luna vino a la fragua/con su polisón de nardos. / El niño la mira mira. /El niño la está mirando”.  La invocación indeleble dice: “Huye luna, luna, luna./ Si vinieran los gitanos,/harían con tu corazón/collares y anillos blancos.”

Pero la luna es espejo de la luz solar. Tiene las veleidades y los caprichos de la mirada a sí mismo. Luna de vida y luna de la muerte. En Paita los huesos duelen con la luna y para aliviar los achaques se cubren los espejos. En el mundo andino quechua  la Mama Quilla, es la compañera de Inti, el sol, la luna es femenina. Anne Marie Hocquenghem, advierte que en los adoratorios costeros la luna es masculino y la fascinación de su culto es un misterio que oscila entre la vida y la muerte. La luna habita la noche y la puebla de fantasmagorías, simbolismos y recuerdos. La preciosa señora de Guadalupe la tiene a sus pies. No es casual que el topónimo México -en náhuatl “Metz – xic – co” – signifique  “en el centro de la luna”. La luna en la cosmogonía popular es símbolo de fecundidad, nacimiento, vida, fertilidad de las madres y fecundidad de la tierra. Recorro en la noche de luna los desvencijados callejones del puerto y  la voz del caminante dice en la noche. Luna, lunera…ojos azules boca morena.

viernes, 8 de marzo de 2019

MUNDOS PARTIDOS DE MARÍA JESÚS FLORESTA VÁSQUEZ VÉLEZ

Presentación del libro Mundos Partidos de Mary Vásquez, en el
Club Grau (07.03.2019)
Miguel Godos Curay
Universidad Nacional de Piura

Advierte el crítico Ricardo González Vigil en su libro “Poetas peruanas de antología” que se dice atleta y no atletisa; gimansta, y no gimnatisa. Una de esas palabras resistentes a la determinación del género  es “poeta” que incluye a mujeres y hombres y aunque el Diccionario de la Lengua Española de  Real Academia Española registra “poetisa” para el género femenino resulta contundente emplear la palabra poeta cuya íntima connotación significativa es “creador” y “hacedor”.

Ya en el siglo XIX el término “poetisa” se usó de manera peyorativa en los cafés literarios y con propósito descarado de burla y escarnio para aludir a  aquellas mujeres cursis que escribían poesía melosa.  En Lima adquirió dimensiones tremebundas la ridiculización ofensiva perpetrada por Alberto Guillén contra la poeta Magda Portal, pese a que se autoproclamaba innovador y vanguardista. En efecto, en los Juegos Florales organizados por los estudiantes de la Universidad de San Marcos en 1923  que ganó Alberto Guillén. Por su calidad literaria y por ser la única mujer en la contienda el jurado estimó conveniente  otorgar un premio extraordinario a Magda Portal.

Guillén presa de un rapto de procaz vanidad y egolatría no soportó que se dijera de Magda Portal que estaba a la altura de Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. Tampoco admitió la decisión del Jurado para otorgar un premio de excepción a una mujer que competía con los poetas hombres a postrimerías de 1923 e inicios de 1924.

Cumplidas estas aclaraciones paso a abordar a vísperas del Día Internacional de la Mujer, el libro “Mundos Partidos” de la poeta María de Jesús Vásquez Vélez. Confieso que el mismo nombre del libro provoca profundas cavilaciones: Mundos partidos. Me recuerda ese rito cotidiano de cortar por la mitad una manzana. Algo así  como asomarse a un mundo dividido en dos partes. Confieso que Piura mismo encaja en esta división.

En días pasados con los diarios en la mano comentábamos con estudiantes de la universidad que esta división es real y no aparente. Así por ejemplo existe un carnaval de blancos celebrado en Colán y un carnaval de indios, de cholos o de cobrizos en Bernal, La Unión y Sechura. Este mundo dividido se perpetúa en las colas de un hospital del Minsa y  la comodidad de una clínica privada. El mundo partido existe a todo nivel. Una es la educación de los establecimientos públicos y otra la educación en los privados. El mundo partido tiene singulares matices para los chamanes y curanderos de Huancabamba. Como en las sociedades andinas prevalece el “hurin” lo bajo y el “hanan” lo alto. El mundo partido reconoce en el Perú dos tipos polarizados de aficionados al fútbol. Los de la U cremas y los de la Alianza Lima, negros retintos.

Un escritor tan nuestro  y poco leído como Miguel Gutiérrez Correa, profundo conocedor de la vida piurana, admite que la Piura del siglo XX dividía el mundo entre los señores de la hacienda y los cholos y mestizos claramente caracterizados en el linaje de los Villar protagonistas de la novela La Violencia del Tiempo. Nuevamente mundos partidos. En Piura, advierte el escritor, están presentes aún las odiosas jerarquías de la semifeudalidad rural. Es la misma sensación que provoca hoy en unos y otros el nuevo gobernador regional que no encaja ni por angas ni por mangas con la sucesión de los Atkins y los Hilbck.  En el desaparecido internado del San Miguel los piuranos nos distinguíamos, entre costeños y serranos, por el modo de hablar. Hoy no. Pese a que la radio satelital nos aplanó a todos. Teníamos patentes las diferencias del mundo partido. A unos les agradaban las tortillas de trigo con queso y a los otros las caballas saladas.
Mundos Partidos, de Mary Vásquez, siendo un libro de poesía con 61 poemas tiene un nombre reflexivo y provocador. Pensamos con legitimidad y con justicia que es un homenaje al Día Internacional de la Mujer.

Una lectura prolija del poemario permite el hallazgo de significaciones intensas y profundas en sus versos. Los motivos que aparecen en cada uno de sus poemas tienen una intensa apelación humana. En Mundos Partidos, el poema que abre el libro emerge una soledad que no es solamente falta de compañía. Sino una soledad desgarrada y como dice la poeta: “Siento la soledad de tu lejanía”. Es una soledad de cuatro paredes, soledad de las noches insomnes, soledad existencial insoportable, soledad poblada de silencios, soledad que destruye puentes. La soledad es un motivo patente en estos versos. Acompañan al motivo de la soledad tópicos como el paisaje del desierto, despoblado pero en el que reverberan espejismos, otro es el silencio un tópico esplendido en la letras castellanas. No olvido la magistral clase del profesor y poeta José Ramón de Dolarea en la Universidad de Piura para hablarnos del silencio. Neruda dice en el poema XV: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente,/y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca./Parece que los ojos se te hubieran volado/y parece que un beso te cerrara la boca”.

Rabindranath Tagore, el excelso poeta de la India dirá: “Llena mi corazón con tu silencio y lo tendré siempre conmigo”. Este es un silencio místico, silencio de Dios que se siente y se transmite con el roce de las manos.
Otro es el silencio de Juan Ramón Jiménez: Cállate, por Dios, que tú/ no vas a saber decírmelo./Deja que abran todos mis / sueños y todos tus lirios./
 Mi corazón oye bien/la letra de tu cariño. /El agua lo va temblando/entre los juncos del río,/ lo va extendiendo la niebla,/lo están meciendo los pinos/(y la luna opaca) y el/ corazón de tu destino.../¡No apagues por dios, la llama/que arde dentro de mí mismo!/¡Cállate por dios, que tú no vas a poder decírmelo!”

El silencio de Mary tiene un estremecedor vigor de grito, una antinomia entre el sosiego y el clamor ensordecedor y es por ello pleno e intenso.
Otros motivos que aparecen en los poemas guardan un vínculo abierto con el amor apasionado a decir de su autora “que me enloquece y me convierten en hoguera de lujuria”. 

En otro de los poemas dirá “te amo como ave de rapiña, te amo en la miseria, en la rabia.” 
Hay versos que por sí solos son un poema completo: “El engaño es una hebra de cabello en tu camisa” El poema XI refuerza la cabalgata erótica en la que se sumerge la poeta: “Esta distancia no me impide/ cabalgar tu cordillera, / asirme fuerte de tus cabellos,/ entrar en tus pensamientos,/ ordenarte que vuelvas / a explorar mi orificios”.

Este último verso de una temperatura erótica incomparable nos recuerda una de las cartas del Libertador Bolívar a Manuela Sáenz donde remataba la misiva con esta frase: “Manuela…beso todos tus orificios”. Y como decía Juan José Vega esa sensualidad a borbotones del Libertador emergía en las más perdurables de sus epístolas eróticas. Con esta correspondencia erótica y amorosa sucede lo mismo que con las sonoras proclamas patrióticas que aparecen en los textos escolares totalmente dislocadas de la realidad. La mayor parte de las tropas libertarias estaban  conformadas por mesnadas de indios, mestizos analfabetos y negros sumisos. Una proclama retórica no provocaría efecto en estos escenarios en donde sólo surte efecto la lisura oronda y lironda.

Hay audacia alucinada en versos como el que dice: “Fuiste tú palomo de mirada lasciva / el que me despertó a la vida.”  O los “sordos gritos de nuestra pasión agónica”, “Sacié la sed de mi desierto”. La mención al desierto es reiterativa. “casas desiertas”. Igualmente la alusión a la sangre, “sangre negra”. “ríos de sangre negra” A las murallas inaccesibles y a las murallas derribadas. “El amor derrumbó mis murallas de piedra”. “El infortunio de un solo golpe/ derribó las murallas de mi alma…” El simbolismo utilizado es rico en significaciones y emociones. Esta es una distintiva del lenguaje literario herramienta de la poeta.

Motivo según Wolfang Kayser “es una situación típica que se repite; llena por tanto, de significado humano”. Etimológicamente motivo es un derivado de “moveré” que es la fuerza interior que emana de la poesía. En la lírica los motivos aluden a situaciones significativas y trascendentes. En esencia se trata de vivencias del alma humana que se prolongan en vibraciones intensas. El color que más aparece es el negro. “Estos versos negros/ para ti amado ausente.” “A mi alrededor los lirios negros repetían con horror: ¡Tus luceros son prisioneros dela noche! Hay también alusiones a la fauna piurana: Chilalos, grillos, sapos y macanches.

Leit motiv, es el motivo que se repite, el motivo dominante. Los  tópicos son esquemas de pensamiento  y expresión que a partir de los clásicos latinos penetran en las literaturas  nacionales. Los tópicos de la poesía de Mary Vásquez tienen una alusión simbólica reiterativa. Por ejemplo, “cierra la herida de mi corazón sangrante,” “no hay agua que limpie esas heridas cuya sangre vuelve a brotar como ríos”. “Al final de la dura batalla/ quedó libre mi alma,/ ensangrentados los versos”. Son versos escritos con el alma por una poeta dueña de una entrañable vocación literaria. A su  producción narrativa suma la cantera recién descubierta de la poesía. De sentimientos íntimos revelados y por ello intensos y plenos. Saludamos este hallazgo. Si existe la identidad genética, el escribir poesía le viene de la vena del poeta Alfonso Vásquez Arrieta, su padre, defensor de causas justas e imposibles, idealista hasta el tuétano. Si él hubiese estado aquí hubiese leído con aplomo esos versos del poema LVII Río Piura: “Los muertos del dengue/fueron a ver a las autoridades,/ los encontraron dormidos / en sus camas de laureles”. Me congratulo de haberme permitido la autora hilvanar ideas en torno a su primer poemario. Me congratulo de estar aquí esta noche a vísperas del Día Internacional de la Mujer. A todas ellas mi homenaje. Muchas gracias.

domingo, 3 de marzo de 2019

LOS 58 DE LA UNP


Por: Miguel Godos Curay

Tener 58 años es asomarse  a la edad madura. La   madurez es una edad excepcional en la que se deja de ser joven pero no se ha llegado aún a la vejez. Repite al oído Antonio Machado: “y  al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”  La vida misma tiene  ese atributo misterioso de poblarse de recuerdos e inolvidables experiencias. Buenas o malas. Gratas e ingratas como cúmulo de lluvia amenazante. De visiones de futuro, de luchas, de aspiraciones irrenunciables, caminos trazados, sueños cumplidos y hasta yerros consentidos.

La edad de la universidad, la academia, es similar pero no es igual a la edad humana. Es la suma de los logros de sus integrantes que cumplen de modo entrañable e insoportable su periplo vital. Los profesores como las buenas semillas, nacen, crecen se reproducen y  mueren. Es el ciclo de la vida inevitable. La eternidad gozosa y placentera es convicción íntima y personal.  Las instituciones perviven y desbordan los naturales límites de la existencia castigada por los arrebatos de la enfermedad y el dolor.  La vida académica -advierte el poeta- es andar haciendo caminos, caminos sobre la mar. Y la mar hoy de aguas tibias también se agita y enfría golpeando los grises farallones donde habitan con una inconsolable lealtad sindical los percebes. No temen a los bramidos de la ola violenta y autoritaria. Cuando los golpea el agua fría y la espuma  se divierten con serenidad madura.

La universidad agita las conciencias frente a esa tibieza terrible: el no hacer nada. La indiferencia  es esa vocación contumaz de la bíblica higuera maldita. La universidad sin confrontación de ideas es aburrida y monótona. Despojada de diferencias es una cofradía de estultos. La diferencia, la marca distintiva, nace en la lectura crítica y en el debate abierto. En  ese encuentro de  los que saben y los que aprenden. Donde no tiene  lugar la estafa de la ausencia. Roland Barthes, señala claramente que en un primer momento el profesor enseña lo que aprendió en los libros. Conocimiento efímero que contrasta con la experiencia propia y construye el edificio de su propio saber. Para más tarde demolerlo y construir nuevo conocimiento. El conocimiento estacionado es chatarra académica, fruslería  inútil. Instrumento inofensivo de cambio. Podría tomarse como una vía para el que empieza a caminar pero el desarrollo intelectual no es toda la vida en andador.

Es un movimiento indetenible del querer, el poder y el deber. Y a la universidad hay que amarla como a esa madre querendona que nos llena toda la vida de consejos, de pedidos y de reclamos. El querer es convicción pura pero devoción serena a la verdad. Es pasión químicamente pura. Los desapasionados son la comodidad incomoda  y muelle del cojín. Viven pero no producen. Respiran, se mueven pero no cogitan. El pensar estremece lo más profundo del ser. El no ser es la insondable nada.

El poder es la voluntad en movimiento que construye y hace. El deshacer es una perversión. Es el derribar  lo poco que se tiene para la indigencia absoluta. Destejer lo que se teje con mucho esfuerzo para la inaudita presunción. El deber es la obligación ética  ineludible: la razón de la existencia.  Es la conciencia moral que obliga y el desoírla agravia al bien común. El inmoral transgrede los mandatos de conciencia. Hace lo que no debe a sabiendas. El que omite el deber en perjuicio de otros.  Al amoral le resbalan las obligaciones. No tienen ética. Su vida es la de un semáforo moral sin luces. Una estupenda existencia animal sometida al instinto y a una visión contrahecha de la libertad. El latino Horacio hablaba del aurea mediocritas de esa vehemente aspiración a ser mediocre. La mediocridad es la ordinaria falta de aspiraciones y propósitos. El genuino sentido de la libertad, sustento de la autonomía universitaria, es la obligación de ser mejores.

La universidad no es en definitiva un casco de cemento. Si fuese así sería un nicho gigantesco en donde reposa el conocimiento humano. No es así. La universidad requiere de un ambiente propicio y decente en donde es posible la comunidad viva de ideas, de pensamientos, de indagación metódica inagotable. Así se hace ciencia con conciencia. Lo otro, la cotidiana rutina  es más de lo mismo. Lejos de la cogitación que rompe la conformidad y la transforma.

Las universidades como los árboles valen por los frutos que producen. Son como los algarrobos del campus cuyas vainas nadie recoge. Son el símbolo que habla sin palabras.. Pero que pueden oír y leer los que sueñan despiertos, los que son capaces de convertir la basura en hermosura, y descubren colores que el propio arco iris no conoce. O como diría Galeano “crean palabras, para que no sean mudas la realidad ni su memoria”.   Esos frutos en algún momento verdes maduran y nos enaltecen. Científicos, humanistas, tecnólogos, hombres y mujeres de la administración, la jardinería y el aseo son los componentes de la Alma Mater.

Miguel Maticorena Estrada, historiador piurano e insigne sanmarquino, advertía que la gran cosecha de la universidad son los libros que produce, edita y publica. La vida académica estéril adquiere las dimensiones de un analfabetismo funcional. El saber leer y no leer, el saber escribir y no escribir. El saber pensar y paralizarse en el silencio siniestro. La academia se ilumina con el vigor el pensamiento, se robustece con el diálogo abierto en las aulas. La actitud crítica es ingrediente fundamental para la construcción del consenso. La academia como construcción humana se renueva, le es consustancial el cambio. La evolución no se detiene nunca en el cultivo inteligente.

Dice el Guadeamus Igitur,  ingrediente del ceremonial latino en una de sus estrofas, que nadie entiende pero oye con respeto:  “Viva la universidad /vivan los profesores./ Vivan todos y cada uno / de sus miembros,/resplandezcan siempre”. El verbo resplandecer viene del latino resplendescĕre. Que en su primera acepción significa: Despedir rayos de luz. En la segunda: Sobresalir, aventajarse en algo. En la tercera: Reflejar gran alegría o satisfacción. En buena cuenta 58 años de vida y esplendor de la UNP son siempre un motivo de orgullo, regocijo y justicia.
                

sábado, 26 de enero de 2019

VERDADES QUE QUEMAN

Un libro de lectura obligada para quienes deseen
conocer las causas de la tragedia moral del Perú

Por: Miguel Godos Curay

El periodista norteamericano Jon Lee Anderson desata verdaderas tormentas mediáticas y ríos de denuestos cada vez que revela estremecedores escándalos que comprometen a políticos y a quienes hacen y deshacen en el ejercicio del poder. Es lo que le ha sucedido con el ex presidente Álvaro Uribe en Colombia. Un inescrupuloso violador de la peor especie. La misma sensación desolada de desencanto provocan las revelaciones sobre la corrupción en el Perú tras el esfuerzo metódico e indagatorio del historiador Alfonso Quiroz autor de la “Historia de la Corrupción en el Perú”.

Como puntualiza Cecilia Blondet del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) la corrupción no es otra cosa que “el mal uso del poder político burocrático por parte de camarillas de funcionarios coludidos con mezquinos intereses privados para obtener ventajas económicas o políticas contrarias a las metas del desarrollo social mediante la malversación o el desvío de recursos públicos y la distorsión de las políticas e instituciones”. En el Perú pocos investigadores e historiadores han tenido la valentía de desnudar a estos figurones de la política e historia nacional que saquearon el erario público. Hay quienes confunden patriotismo con el clientelismo silencioso de cofradía de quienes conspiran en el ocultamiento de la verdad y en el zurcido vergonzoso de la farsa. En realidad estos personajes de efemérides festinaron repartos y opulentos beneficios.

La corrupción nacional se emparenta con la adulonería y la inmoralidad. Nuestra historia republicana es como el corral de las comedias y tragedias en donde desfilan sin pudor ni decoro los grupos de poder, los políticos chantajistas, los entorchados militares abusivos y prepotentes, funcionarios públicos ineficientes y oportunistas, nepotes de todo tamaño, coludidos empresarios busca plata fácil, y los negocios sucios que deparan fortuna rápida a cualquier precio. Expertos en latrocinios, casta podrida bajo la apariencia patriótica y desdeñoso abolengo. Apariencia sin decencia.

Esta legión interminable de víboras, tragedia nacional, mueve beneficios, perfora los poderes públicos, socava la administración de justicia sin escrúpulos. Y se resiste como gata panza arriba a perder sus prebendas y beneficios. Anteponen el momento jugoso al futuro, el bien personal al bien común. Su liderazgo se arrastra por el suelo, sin embargo, capturan el poder con el dinero mal habido, la corrupción en todos sus actos y en grotescas fraternidades esotéricas diestras en el cohecho. Y con manido altruismo de malhechores del bien depararse timbres bondadosos.

La valentía ética de Quiroz muestra a los libertadores San Martín y Bolívar con sus zurcidos calzoncillos sucios. Militares como Gamarra hicieron de la cobranza de los tributos de la independencia el más asqueroso de los festines corruptos. El endeudamiento fiscal nos postró en la miseria. Castilla, abolió la esclavitud pero no dejó huella de las indemnizaciones pagadas por el Estado a los esclavos entre 1860 a 1861. La frondosa burocracia favorecida arrasó con lo poco que había y cuando no había nada que repartir nos vendieron con zapatos y todo a acreedores en una repartija interminable del naciente Perú republicano. Un Estado devastado.

La guerra con Chile en la sospechosa historia oficial aparece como la defensa del  interés nacional. En realidad fue la propicia ocasión para que la enquistada casta militar saqueara sin escrúpulos el erario nacional. El financiamiento de la guerra fue el pretexto para el robo descarado de los precarios recursos de la república. El patrimonialismo militarista- advierte Quiroz- se extendió con Sánchez, Cerro, Benavides, Odría, Fujimori y Montesinos. El caso Odebrecht es la cereza del pastel del neoliberalismo al galope que privatiza, exonera y penetra con agua negra todas las esferas del poder.

Un Estado escaldado por los monopolios. Con los sectores productivos del país entregados precisamente a los representantes de esa economía depredadora, no son precisamente un buen indicador de honestidad y limpieza administrativa. Festín de mineras y petroleras, pesca depredadora, concesiones leoninas, despojos de tierras, repartija de cargos. Basta con mirar los indicadores de rentabilidad y beneficio de las AFPs para constatar los bemoles de cómo se conducen las esquilmadas previsiones colectivas de todos los peruanos. Y la engañifa de la devolución de los aportes de Fonavi para consolar a las colas interminables de jubilados estafados por un Estado insensible.

La administración de la justicia, el envilecimiento de la clase política, la muralla de sospecha que se cierne sobre la dispendiosa conducta de  los gobernantes.  La precaria atención a las universidades, la educación y el deporte. La volátil premura del gobierno peruano por destinar 20 millones de dólares al  Rally Dakar finalizado sin pena ni gloria. A lo que se suman 12 millones de dólares del Ministerio de Educación echados al sumidero de la publicidad dirigida a los pilotos y a una presunta promoción turística sin rédito. La más cara del planeta mientras la universidad peruana subsiste, a pesar de los pesares, con presupuestos miserables e indecibles carencias. ¿No huele esto a pescado podrido el que se pudre siempre por la cabeza?



viernes, 28 de diciembre de 2018

¡SOMOS LIMPIOS, SEÁMOSLO SIEMPRE!

Por. Miguel Godos Curay

Piura produce diariamente 400 toneladas de  basura. Parte de los
desperdicios se reciclan. Los que no se recogen se acumulan.
La pasada nochebuena tuvo un mal día. Toneladas de basura abandonadas en toda la ciudad nos golpearon con la contumaz vocación por el desaseo de nuestras autoridades. Basura hay en todas partes. A inmediaciones de establecimientos escolares, en los centros de abastos, en los barrios populosos, en los bordes de las carreteras, en los accesos a las ciudades. No hay rincón piurano en donde el poblador no arroje basura. Las islas del aseo y el orden son escasas pero las hay. El aseo esplendido del Campus de la Universidad de Piura es sorprendente. La buena práctica se inculcó con el ejemplo. A un alumno aficionado al hurto de papel higiénico. El bueno don Rafael Estartús lo sorprendió  con un “lleva este rollo para tu casa”. Con tal lección humana la responsabilidad brota de raíz como la muela del juicio para toda la vida. Nadie arroja un papel y si lo hiciera alguien lo recogerá para decirle esto se le cayó. Las responsables de la limpieza son señoras esforzadas en las aulas y fuera de ellas. Siempre nos enseñaron a ser limpios e impecables.

Piura tiene encantos pero más son los desencantos. El plástico se acumula irresponsablemente en todas partes. Nadie lo recoge. La flamante avenida Sánchez Cerro -recién inaugurada- se ha convertido en el espacio favorito para el abandono de desperdicios de sus vecinos, de los que viven al frente y cada noche y mañana y a la hora que se les ocurre arrojan bolsas con desperdicios a lo largo de treinta cuadras. Igual sucede en los nuevos centros comerciales de servicios higiénicos impecables. Los implacables son los que arrojan – como en su casa- todo por los suelos.

El desaseo y las malas prácticas  son atributos de niños, jóvenes y viejos. De hombres y mujeres. De humildes pero también de pitucas presumidas. Necesitamos una cruzada cívica por el aseo, la cortesía, el respeto, por el paisaje limpio, por el amor a la tierra, por el sembrar árboles y no talarlos con métodos brutales y salvajes. Resulta sorprendente como en la urbanización Santa Isabel  ayer jardines hoy están sellados con cemento y se asfixia a los árboles sin la menor contemplación. Este espejismo de progreso causa espanto y desolación. ¿Cómo amar a Piura sin disfrutar de sus umbríos algarrobos? ¿Cómo amar a una ciudad sin admirarla y sentirla en la belleza de su paisaje? ¿Cómo vivir humanamente limpios y dignos?

Piura, diría el poeta Juan Luis Velásquez  “que soledad sin soledad siquiera. ¿Qué trincheras tan alta sin altura?” Las papeleras son excedidas por las descargas de basura. Los carritos acumuladores colocados con buena intención dejan de serlo cuando repletos nadie recoge los desperdicios mal olientes. Y los improvisados recicladores en pos de desperdicios orgánicos para las chancherías arrojan todo y sin retorno a los depósitos. Hay basura de elevado riesgo biológico de hospitales y clínicas que algunas veces se abandona negligentemente.  En Piura operan BA Servicios Ambientales SAC  (08),  Arpe (09), Beraca (10) con instalaciones de disposición de residuos peligrosos. Pero el peligro mayor son los piuranos irresponsables.

Piura produce diariamente -por el vigor del consumo- 400 toneladas diarias de basura. A duras penas se puede recoger entre el 30% y 40%: la que no se recoge se acumula en la vieja zona industrial, en los caminos. Toneladas de valvas de conchas de abanico han arrojado a lo largo del camino al balneario  Chullyachi las procesadoras industriales. La playa limpia se ensucia cuando los eventuales visitantes abandonan descartables, botellas de vidrio y plástico. Como no hay servicios higiénicos  hacen sus necesidades a todo aire entre el cielo y el mar. Igual sucede con los desperdicios de los expendedores de comida. Todo queda ahí estropeando el paisaje. La negligencia se repite en todas partes. En Ignacio Escudero que padece el vaho del mosto fermentado y las humaredas de la caña ardiendo. En los balnearios de Paita donde no se detiene la colecta de plástico. Igual sucede con la vía que atraviesa Rinconada Llícuar y Bellavista, el ayer  camino limpio es un basural que  crece. No están libres de estas malas prácticas culturales los acogedores escenarios, los centros de abastos, los restaurants, las aglomeraciones de ambulantes y todos los espacios concurridos. La basura estropea a Talara, Paita y Sullana convertida en una perla negra de la suciedad y el moho. La gestión edil que fenece ha desplegado esfuerzos pero el mal persiste.

El próximo Gobernador Regional el médico, Servando García Correa, por personal vocación debe emprender serias políticas en defensa de la vida, el cuerpo y la salud de nuestras poblaciones. El mejor atractivo turístico de una ciudad es el aseo. La limpieza es la nota distintiva de Loja. La limpieza cívica de los lojanos es parte de su cultura e identidad. De su respeto a la naturaleza, al paisaje, al orden, a la educación. En América Latina las ciudades limpias son urbes educadas en donde el buen trato es norma cotidiana. Las ciudades sucias y poco aseadas abundan en donde campea la delincuencia, la malversación, el mal uso de los fondos públicos. Ahí en donde gobierna la coima abunda la basura.

Los impactos de los Residuos Sólidos Domiciliarios (RSD) y Residuos Sólidos Urbanos (RSU) son más severos en donde los pobladores muestran una actitud indolente frente a su entorno. El promedio regional de generación per cápita de Residuos Sólidos Domiciliarios (RSD) y de Residuos Sólidos Urbanos (RSU) es de 0,6 kg/hab/día y 0,9 kg/hab/día, respectivamente. La disposición final de los RSD se ha convertido en un serio problema por cuanto los rellenos sanitarios ya saturados obligan al abandono irresponsable e incineración a cielo abierto afectando el ambiente.

Conforme a las estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el Perú los RSD Generación per cápita (kg/hab/día)  se estiman en 0.47 y los RSU 0.75. En el país sólo el 57.2% de  los municipios cuenta con planes de manejo de residuos sólidos. Sólo el 55.7% realiza  la recolección diaria, el 43.5% dos a cinco veces por semana y el 0.8% una vez por semana. El 43.5% realiza una total disposición adecuada y el 56.5 % una total disposición inadecuada. El costo de la recolección US$/ Ton  es de 15.02 y la disposición final en el mismo rango 5.98. La forma de cobranza es a través del Impuesto Predial 85.1%, junto con el recibo de agua potable y alcantarillado 0.2%, cuenta periódica del usuario 14.7%. La tasa de reciclaje es del 14.7%. El reciclaje de los RSU es realizado por un activo sector informal que recupera cartones, hojalata, vidrio y plástico. En América Latina se estima en 4 millones a los recicladores urbanos.

El Perú produce diariamente 23 mil toneladas de basura y sólo se logra reciclar el 15%. Según la ONG Ciudad Saludable el 55% de nuestros desperdicios es materia orgánica y sólo el 29% es aprovechable (cartón, hojalata, vidrio, plástico). En el Perú sólo existen 12 rellenos sanitarios, el 90% de la basura se arroja a botaderos informales de los que existen mil 850 y son una seria amenaza ambiental.  Según el Ministerio del Ambiente (MINAM) en el 2016 se produjeron 7’005,576 toneladas de residuos  municipales urbanos de los cuales el 18.7% son productos reciclables (papel, cartón, vidrio, plástico, tetrapak, metales, residuos eléctricos y electrónicos. En Lima y Callao cada poblador genera en su domicilio 870 gramos de residuos sólidos al día. La segregación (separación) de los contenidos de la basura facilita se procesamiento y atenúa los impactos indeseables que desbordan a nuestras ciudades.

Frente al serio problema tenemos un enorme desafío a partir de la educación ambiental, vigilancia ciudadana, mejora  de los servicios a la población, e incentivos al sector privado que aliente y fomente el manejo adecuado de los RSD (Residuos Sólidos Domiciliarios) y RSU (Residuos Sólidos Urbanos). Con el argumento del cambio de autoridades es bastante probable que el problema se acentúe. No hay tiempo que perder. Si entendiéramos que el aseo urbano y la limpieza son el sello indeleble de la personalidad y el mejor atractivo de una ciudad.

sábado, 22 de diciembre de 2018

NAVIDAD EN LA MEMORIA


Por: Miguel Godos Curay
Una nochebuena inolvidable con Octavio Zapata

Una inolvidable Nochebuena fue la que pasé con Octavio Zapata. Ninguna pollería quiso atendernos y la única que respondió a mi pedido atiborrada de gente me envió a la cocina y ahí me fui con ese inolvidable amigo tan humano, tan inteligente, tan olvidado y cubierto de olvido y de andrajos. Octavio usó con elegancia los cubiertos y comió hasta saciarse. Esa noche se estremeció el alma y cuando  conté a mis hijos lo sucedido me dijeron -¿cuántos Octavios habrán en la tierra que no tienen que comer?. Me quedé absorto por el razonamiento. En otra ocasión cuando se produjo el linchamiento de un abigeo en Loma Negra los presuntos victimarios estaban en la carceleta  del Palacio de Justicia. Pedí a los vigilantes de la policía que permitieran ingresar y lo hice con mi hija de apenas cinco años. Mientras entrevistaba a los detenidos. La niña peguntó al más viejo de los detenidos si tenía niños. Y si los niños iban a la escuela.  Si comían o no comían. Me quedé mudo. Al salir caminando a la redacción del diario. La niña me dijo –Esas personas son buenas y no mienten. Son pobres nadie los quiere escuchar - . Entonces con ese combustible humano empecé una batalla periodística por los detenidos. Siento aún la estrechez de la celda.

Tengo con mi tribu una convención familiar para arremeter contra la vejez. Leo diarios y libros con una lámpara adosada a  mi cama. Un escritorio y estantes con muchos libros. Una PC para recorrer las primeras planas de los diarios del mundo. Una tv en la que accedo a CNN y  a Fox. Un botiquín de pastillas de todo color que deliberadamente olvido. Agua fresca, plumas de tinta líquida mi intensa pasión. Fichas por kilos. Y una campana de bronce  que utilizo para pedir auxilio cuando sobrevienen repentinos los calambres. Santiago mi nieto me sorprende diariamente recordándome que tome las pastillas. La última vez que tocaba la campanilla con los muslos acalambrados pidiendo auxilio. Santiago me sorprendió con esta interrogante: ¿Tu eres Papa Noel?  No pude contener la risa y sin más ni más se pintaron de navidad mis humanos percances.

La navidad para los peruanos tiene un profundo sentido cristiano y humano. He buscado en youtube ese villancico de Luis Aguilé que dice: Ven a mi casa esta navidad. Lo escucho con emoción evocando 60 navidades. Me siento como un niño con juguete nuevo. Recorro los callejones de Paita con personajes inolvidables. Recuerdo con mucha emoción a Monseñor Daniel Turley al “Padre Daniel” que recuerdan los campesinos de San Domingo de Morropón. A David Petraitis un agustino de Lituania al que llegué   a estimar como un hermano en mi estancia por la sierra. A Monseñor José Antonio Eguren Anselmi cuya indeleble amistad y sinceridad brota con espontaneidad con mucho cariño por Piura.
Viene a la mente en el recuerdo y el cariño el padre Ubaldo Ramos Cisneros entrañable amigo y hermano. La canonización de Monseñor Arnulfo Romero era su fervoroso deseo. Entonces Lucho Córdova pintó el rostro de Monseñor Romero en  un polo que Ubaldo lucía con convicción. Al padre José María Navarro Pascual generoso consejero. Evoco a mis hijos que pese a estar agotados por la celebración navideña a primeras horas me pidieron visitar la ermita de la UDEP. Ahí en donde una escultura de Julián Alangua (Bilbao 1916 - Lima 2013) que representa la huida de Egipto entregada por Don Álvaro del Portillo enternece. De este recorrido mañanero no me olvido. Mis hijos ya mayores atesoran recuerdos y les ruego que hagan el mismo itinerario con sus hijos entre los algarrobos y la verdura del Campus.

La navidad tiene un profundo sentido cristiano más allá de lo material opulento y vulgar. La ternura, el afecto, la amistad, la sinceridad, la lealtad humana no tienen precio. La amenaza mayor del materialismo es el hacernos creer que todo en la vida tiene precio. Esa sensación pervertida de primacía  de la materia sobre el espíritu. Entonces la ternura se convierte en el meretricio del afecto. Y el afecto en sometimiento incondicional al capricho ajeno. La amistad, la filiación se subordina al interés personal. La mentira atropella a la verdad y a la sinceridad genuina propia de las buenas personas. La lealtad natural vincula a los buenos con los buenos y se pierde cuando se convierte en el convite de los malos y podridos. Ahí todo se deforma monstruosamente. Un enlodar la conciencia con apetitos subalternos a costa de la felicidad perdida.

Pero ahí estamos. Nutriéndonos de afecto humano, de desprendimiento, de humildad de borrico junto a Jesús. De deseos de niño bueno en noche de pascua. De ilusiones para imaginar y construir un mundo nuevo. De alegría convertida en música. De ánimo para la madre que lo entrega todo por su crío. De  fidelidad de mascota que día y noche te acompaña y te mira como si leyera el pensamiento. El aire fresco de la madrugada agolpa las ideas y surgen las palabras. Pienso y repienso. Los sentimientos alimentan la vida de sentido al margen de los odios intestinos y las pesadumbres. El monólogo interior brota  mientras cae la lluvia. Anchos son los caminos y fatigosas las jornadas.

Los viejos arrullos de los pastores y pastoras que visitaban en cada barrio los nacimientos vienen a la memoria: “Arru-rrú mi niño / que parió la gata/ cinco borriquitos/ y una garrapata”. Mazamorras y chicha de maní para los pastores: ”Duérmase mi niño/ duérmase  en la hamaca/ ya viene la mazamorra/ y la leche tibia de la vaca”. En olla de barro hervía el aromático  cacao con canela y clavo y batido con molinillo  el chocolate estaba listo para la cena. “Este niño tiene sueño / muy pronto se va a dormir/ Tiene un ojito cerrado/ y el otro no puede abrir”. Antes del panetón fue el pastel de fuente preparado por las abuelas con harina de trigo, manteca, azúcar rubia y huevos. Dulce acompañante del pavo criollo. Los mayores brindaban con aguardiente, vinos dulces y anís del Bolo. Los miaditos del niño eran infaltables. La lluvia fresca nos acompaña esta noche y es nuestro vivo deseo que mis amigos, los amigos de mis amigos con sus buenos deseos construyan una  cadena interminable de paz y amor humano por encima de todas las cosas. Así derribamos  los muros y pretensiones del odio  y el rencor. ¿Entendiste  mi buen Jesús este deseo?