sábado, 20 de junio de 2020

LA INOLVIDABLE HUELLA DE PAPA


Por: Miguel Godos Curay

La tarjeta de mi nieto Santiago
Esos percances imprevisibles y desafortunados en los que declina la glucosa pueden esfumarte la conciencia. Pierdes el conocimiento y sin la atención oportuna puede sobrevenirte un infarto cerebral con daños irreversibles o la muerte misma. Eso fue lo que me pasó anoche. Pero mis perros tocan la puerta con sus patas y tienen un olfato increíble acudieron presurosos en este trance de inconciencia.  Tras la alerta canina. Sin la ayuda de mis generosos vecinos no hubiese podido ser evacuado a emergencia del hospital Reátegui. Agradezco la buena atención de la doctora Cory Chamán de turno y la enfermera de la sección anoche. Me suministraron glucosa. Recuperé la lucidez por largos instantes extraviada. A todos ellos mi gratitud eterna.  Sin vuestra ayuda no hubiera podido escribir estas líneas. Me esperaba lo peor.

Los ojos de Santiago me ven así,
.
En ese estado. En ese estar y no estar. No lo olvido tengo el recuerdo vivo y patente en este trance. Un diálogo con Octavio Zapata Albán, “garra negra”. En ese conversación entrecortada e irrepetible en medio de la inconsciencia le pregunté balbuceando a mi hijo Juan ¿dónde estaba Octavio? si me había acompañado a emergencia del hospital Reátegui. A Octavio lo sentí, todo el tiempo.  Estuvo a mi lado y respondió a mi llamado: “¡Ya te vi garra negra!”. Recuperada la lucidez, ya en casa, recorrí los trazos en agua tinta y a vuelapluma de Mario Navarro. Lo contemplé y agradecí su nobleza en este itinerario indeseable de la imaginación o del lenguaje generoso de las almas. Mi héroe personal pertenece a la dimensión ultraterrena.  Mi generosa compañía, de anoche, reposa en el Cementerio San Miguel Arcangel.

He buscado en Internet aquellas palabras sabias que brotaron de sus labios un sábado de Agosto del 2015: “Los niños son el capital genético del Perú papá. Sin la inteligencia de los niños el Perú se revienta. La demolición ya empezó las minas, el gas, el petróleo no son nuestros. A los peruanos, no nos queda nada. Grecia está a la vuelta de la esquina y nos hemos dado cuenta. Cada hora luz, cada minuto luz, cada segundo luz, revienta la economía.”

Confieso, he vivido ese natural recelo en las puertas del hospital del contagiado por la pandemia. La misma sensación del gato cuando ve perro. Todos corren. No fue esa la causa de mi paso por el hospital. Fue un percance letal para un diabético cuando declina la glucosa a niveles insostenibles y no admite treguas. Para el cerebro glucosa y oxígeno son  los combustibles vitales. Hace algunas horas salí del hospital. Reitero, estoy  muy agradecido por el trato humano y amable del personal médico y enfermeras de Essalud. Si no hubiese sido por la atención oportuna. No celebraría con gratitud el día del padre.

Tengo cuatro hijos que son mi irreductible capital. Soy abuelo. Y es posible que mis nietos esperen de mi trajinada Laptop fascinantes relatos. Los escribiré pues resuenan en mi cabeza como olla de pop-corn.  Al filo de la madrugada no puedo sustraerme  a la tristeza por los papás y mamás ausentes en la UNP. En esa vigilia reflexiva escuché con audífonos a don Fernando Ocáriz el prelado del Opus Dei hablar sobre la Virgen y me quedé dormido. Mi padre encarnó ese coraje de ajustar las once tuercas de su numerosa prole.  Y ahí estuvo pendiente de todos. Sobre la losa de su nicho han colocado de él una foto sonriente. Ni adusto ni cojudamente tieso.  Esta el viejo con su humanidad plena. No tiene pelo como yo. Yo me afeito al primer brote de pelo aparecido sobre mi cabeza. He aprendido a vivir sin pelos en la cabeza y en la lengua.

El instinto paternal tiene la misma esencia del maternal. La madre lo da todo. El padre, en apariencia, aplica la aritmética de sumas y restas de afecto y de ternura pero al sacar la raíz cuadrada, raciocinio puro, es siempre protector, sabio y bueno. ¿Qué no daría por la felicidad de sus hijos? Mi padre me hizo heredero universal de su reloj de cuerda Olma y un afecto inalterable por los libros. Una extraordinaria fortuna. Cuando ingresé a la universidad me regaló la Historia de América de Luis Alberto Sánchez comprada en la Librería Studium. Cuando le confesé este detalle a LAS me dijo me enorgullece ese premio para la inteligencia. Conversar con el autor de mi libro favorito, acrecentó mi pasión por la lectura y la palabra escrita.  Escribe corto para que te lean  y bien para que no te olviden recomienda Pulitzer. Mi padre me enseñó en el malecón, frente al mar de Paita, que sus castillos, torres, bajeles y velas sólo existieron en la imaginación. Ese recuerdo etéreo de la infancia permanece junto al esplendor argentino de la luna de Paita. La imaginación nos sostiene en este mundo buscando soluciones creativas para enfrentar la crudeza de los tiempos duros. La imaginación nos hace falta para enfrentar los caprichos de la pandemia.

Los amigos de mi padre que no fueron pocos eran obreros y pescadores curtidos por el sol. Muchos como los Ruiz y los Tume de Puerto Nuevo ya se fueron. Todos ellos con aficiones geniales  a los oficios para los tiempos de veda remendando redes. Mi padre fue pintor de brocha gorda, experto en sacar lustre a los viejos monumentos de bronce  con su pátina verde del tiempo. Nunca perdió su cariño y gratitud a sus mascotas. Me sucede a mí lo mismo. La vida permanece  incompleta sin la compañía de un perro o un felino. Son los ingredientes de  felicidad. Mis perros están siempre en la puerta de mi dormitorio. Se les ocurre tocar con insistencia a las cinco de la mañana. Son un reloj puntual. Pulgarcito y Bartito no son amigos de prolongadas horas de sueño. Ellos prefieren la siesta. Son mis mascotas. Sienten si estoy bien o no.

Ser padre en el Perú en tiempo de pandemia es un esfuerzo colosal enorme. He visto legiones de comerciantes reconvertirse en vendedores de máscaras, guantes y alcohol. Se las ingenian para sobrevivir sin los bonos del Estado. Caminan largos trechos porque no tienen para los pasajes. Los hay quienes con discreción recogen lo que otro arrojó en los playones de los mercados. Los sacudones de la economía estremecen a los más pobres. A los que viven de la ganancia del día. Otros están cruzados de brazos esperando se reactive la economía y acabe la suspensión perfecta.

Mientras escribo estas líneas muchos padres se movilizan al filo de la madrugada. Unos recorren las pistas, otros aguardan turno en los hospitales, otros se reinventan para sobrevivir. Los padres del Perú son héroes de carne y hueso y cuando la tentación del fracaso nos asalta emergen con vigor ético inusitado. Podrían dar una lección genuina de honestidad a cualquier funcionario del gobierno. Hay papás siete oficios. Rebuscan por todas partes y no se dejan morir. Sin embargo, no existen para la estadística oficial. Sin ellos, no se mueve  la economía del país. Mi profunda admiración y mi entrañable recuerdo a los ausentes. Como en el Pronoei del barrio los pequeñines repiten a viva voz: “Mi madre es una rosa/ mi padre es un clavel/ yo soy un brotecito/ que acaba de nacer”. Feliz día clavelito por las imborrables horas que me acompañan todo el tiempo. ¡Gracias papá!  
Post data: Gracias, muchas gracias a mis amigos de la Escuela de Comunicación. A todos ellos gracias por su gentil cuota impagable de solidaridad. A todos mi gratitud y la de mis hijos.

martes, 2 de junio de 2020

LA CHABELITA DE JUNIO


Por: Miguel Godos Curay

Isabel Ramos Seminario a los dos años de edad-
La casa Museo Grau no es la misma tras la ausencia de Isabel Ramos Seminario. Con su talante humano, su don de gentes, su entusiasmo despertó el interés por el tópico piurano a cuanto estudioso visitó la casa. Era una apasionada de la historia y a fuerza de indagar sobre entronques y linajes acabó de genealogista.  Su libro sobre Los Seminario de Piura publicado en el N° 18 de la Revista del Instituto Peruano de Investigaciones Genealógicas, es un apreciable documento.

Frecuenté a Chabela quien fue una fina y viva conexión con los piuranistas  Antonio Rumiche Ayala, Carlos Robles Rázuri entonces Director del Archivo departamental de Piura, Jorge Moscol Urbina autor de libros profusos en datos El Comercio en Piura y  la Historia de la Cámara de Comercio  de Piura que abrieron numerosos caminos para el estudio de la actividad económica  regional. Y  investigadores como Anne Marie Hocquenghem, Juan José Vega, Susana Aldana, Laura Hurtado  todos ellos vinculados al pasado regional.

Isabelita añadió  a la Casa Museo Grau la mejor comprensión sobre el pasado del héroe su proximidad a estudiosos como Ella Dumbar Temple, Miguel Maticorena Estrada, Miguel Arturo Seminario, José Agustín de la Puente y Guillermo Thorndike autor de seis volúmenes sobre la vida de Grau editados por el Congreso de la República.  El escritor encontró en ella a una valiosa fuente de información. Un camino, partiendo de la intimidad familiar y la mirada  de los ojos azul verdes de doña Luisa Seminario, la madre, penetraba en la grandeza humana de Grau.

De la Puente penetró en la estatura ética y cívica de Grau, sus valores profundamente cristianos su lealtad a la Constitución en su contexto histórico. Grau sigue siendo en Piura fermento de piuranidad. Llamarlo el peruano del milenio es como convertirlo en una Coca- Cola helada en el desierto para la mejor sed. Su estatura humana extraordinaria tiene otras reveladoras dimensiones poco conocidas. Grau es mucho más. Su nombre sabe a sal y a grandeza humana. Si abrió sus ojos de niño al mar en Paita. Si aprendió a vivir el duro trajín marinero con austeridad y creció con un temple humano insuperable. Habría que asomarse, como lo señaló con profundidad aristotélica la doctora Luz González Umeres, a sus virtudes  humanas, cívicas y cristianas.

Isabel  Ramos Seminario,  nos aproximó a Grau  con su talante humano y ese emprendimiento invisible que permitió  dotar de mobiliario a la casa museo. Viejas sillas de esterilla estropeadas por el olvido y la modernidad que estorbaban en el municipio fueron rescatadas y restauradas para dar vida a los ambientes. Con el concurso de amigos como Armando Burneo Seminario se completó esta tarea diligente y silenciosa. Lo que vino después alejó a los visitantes asiduos. Chabelita era parte de esa perennidad dialogante de ese afecto entrañable por el pasado y por la historia. Sentimos su ausencia. Su don de gentes, su trato cortés y amable. Distinto de ese estar y no estar en el recinto. Estar para la foto y escurrirse en la propicia ocasión para atender a los visitantes. Escolares, ama de casa, piuranos y visitantes de rincones ignotos del Perú. Nacionales y extranjeros.

Se ha ido en junio Isabel Ramos Seminario. Se siente la ausencia. Su levedad recorre los rincones ahí donde se escuchó su voz y se convirtió en magia encantadora su presencia. Siempre fue un hato de recuerdos, un álbum inacabado de viejas fotografías sustraídas por furtivos coleccionistas para negociar y reproducir impunemente. Olvidando, como se dice en Piura, Chabela fue siempre mano abierta. Generosa y puntual. A decir de Juan José Vega tenía ese don encantador de la piurana inteligente, conversadora amena, respetuosa y gentil.

Como en sus cotidianas caminatas por la avenida Grau, camino a la casa museo, será siempre un grato recuerdo de la piuranidad ausente. Vivimos el vértigo de criaturas sin memoria. Sin historia y sin identidad propia. Tiempos duros nos toca enfrentar y sobreponernos a esta bíblica plaga colectiva que con inaudita  crueldad nos arrebata de las manos lo que más queremos y estimamos. No es la primera vez que nos sacude el mal. Tenemos en nuestra gea la huella de todas las inesperadas tragedias. Dios nos mantiene en pie. Y a su paso  por esta  Piura de calles y callejas desoladas descubrió tras la lluvia repentina entre algarrobos verdes  la chabelita más donosa para aliviar su tristeza. Y se la llevó para siempre.

LOS BIGOTES QUE ESCRIBEN


Aldo Cango, Raúl Almeida y Jorge Aldana de Correo

Por: Miguel Godos Curay

Una legión de amigos ha partido en un abrir y cerrar de ojos. Raúl Almeida Saldarriaga, un periodista memorioso autor de inolvidables crónicas deportivas y un lector empedernido de textos poco conocidos de la historia de Piura nos ha dejado sin avisar. Raúl nos entregó un ejemplar  de la primera edición de “Lámpara Votiva” de López Albújar. Ahí aparece su telúrico poema “Anoche estuve en Piura” que en  versos noctámbulos dice: “Anoche estuve en Piura, /anoche, a media noche por ventura / ansioso de mirarla, reandarla, sentirla / y aspirar su terrígena fragancia/ para, como el gigante mitológico/ recuperar mis fuerzas al pisarla”.

Por aquellos días estaba en plena demolición La Casona frente a la Plaza de Armas  para edificar una sede bancaria. Nada se pudo hacer para impedir ese salvaje y aparente jubiloso avance del progreso. En horas la trajeron por los suelos. De nada valieron nuestros ruegos y lamentos. Y como premio consuelo se ofreció a la ciudad una sala permanente para la muestra y exhibición de la producción artística y cultural de Piura. Un premio a la modernidad que duró poco. Hoy ya no existe y los rapaces banqueros, en silencio y sin reparo, se hicieron de la vista gorda. La sala de exposiciones dedicada a Piura ya no existe.
Raúl era hincha del Atlético Grau y vivió sus mejores performances junto a un dirigente apasionado y solvente  como  Orlando Balarezo Calle. Mucho de lo escrito sobre el Grau salió de su pluma y junto a él la certera convicción que el fútbol llegó a Piura por Paita con ingleses que instalaron el ferrocarril en 1872. Otro reducto de peloteros fue el campamento petrolero de Talara. Ahí los obreros, en sus tiempos libres, disputaban match tal como lo hacían los británicos. Piura mantenía un vínculo amable con la Gran Bretaña.  

Por eso un 8 de febrero de 1931 a bordo del vapor Oropesa procedentes de Panamá arribaron a la bahía de Talara el Príncipe de Gales, futuro Eduardo VIII, y su hermano Jorge, Duque de Kent. Históricamente fue la primera vez que miembros de la familia real británica visitaban el Perú. En Talara, el Príncipe de Gales, Eduardo de Windsor, y su hermano Jorge recorrieron los campamentos petroleros explotados por la London Pacific Petroleum Company disfrutaron de la hospitalidad peruana y también del fútbol.
Mucha historia local registró Raúl en sus crónicas. Según me comentó estaba escribiendo y le ofrecí leer sus textos que deben permanecer en su PC. Debutó como redactor en las páginas de El Tiempo y descubrió que el deporte, pasión de multitudes, era parte de la vida de Piura. Sabía de memoria el itinerario de Juan Seminario y Rolando Rodrich y las disputadas contiendas del Escudero y el Estrella Roja. Los debutantes nuevos redactores de Correo aprendieron mucho de él. No sólo lo acompañaban dominicialmente al estadio sino que seguían sus consejos. Junto a él Oswaldo Orozco formaba parte de esa escuela viva de periodismo de garra  inolvidable de pasiones irrepetibles.

Ameno en la conversación y sorprendente en su curiosidad por los temas esotéricos. Leía y apreciaba el buen cine. Era un asiduo concurrente del  Variedades. Con sus característicos bigotes, su sonrisa y carcajada después de referir una anécdota no perdía el buen humor. Gracias a él tuve noticia del escritor Miguel Gutiérrez Correa tan ligado al Brasil un restaurant en donde los pasteles de carne sabían a gloria y los chifles se vendían por kilos. La redacción de Correo en el jirón Ica siempre fue sonora, alegre, bohemia y ruidosa. En esencia piurana.

Ahí lo conocí y mantuvimos siempre un trato cordial y amable. Siempre nos sorprendió con recortes de diarios viejos, fotos amarillentas de acontecimientos y personajes inolvidables. De sus ancestros porteños y de su entronque familiar con don Juan Mena. Cuando recalamos en Sullana para el lanzamiento de La Primicia un colorido matutino local lo convocamos y mostró una versatilidad envidiable incluso para el cierre de la edición con temas que no eran deporte. Era un periodista completo. Redactor, titulador y diagramador. La modernidad le cayó como anillo al dedo.

Mi familia lo recuerda por sus finos detalles. Mis hijos lo recuerdan por sus bigotes a lo Bienvenido Granda, “El bigote que canta”. Raúl Almeida era “El bigote que escribe”. Últimamente lo encontré en el jirón Loreto en la ruta de la provisión del pan y de los chifles. Era puntual su presencia en los festejos salesianos y devocionales a María Auxiliadora. Un buen amigo ha partido. Amaba a su familia y a su tierra. No puedo olvidar sus impresiones de España y Europa en donde estaban sus hijos a los que visitó en el viejo mundo. Entristece su partida por aquello que dice el vals: “Dicen que las despedidas son muy tristes...”  Es sólo un anticipo, las huellas quedan en el camino de la vida. Un bueno amigo ha partido.  Una legión de amigos se ha marchado y como en la función del buen cine para diletantes nos estamos quedando solos.

LA PANDEMIA NOS GANA POR GOLEADA
Se ha ido también el doctor Ricardo Bayona Espinoza quien estaba al frente de la Oficina Central de Cooperación Técnica de la Universidad Nacional de Piura. Gracias a su visión esclarecida se abrió a los estudiantes piuranos la posibilidad de realizar estudios en universidades de México, Brasil y España. Uno de sus últimos logros fue la conexión de universidades peruanas con sus pares de los Estados Unidos de América. Sus alumnos de la Facultad de Administración lo recuerdan por su estímulo a innovadoras iniciativas  y experiencias de gestión.

Ricardo, entendió meridianamente que la internacionalización de la UNP requería tres condiciones primordiales: La primera el aprendizaje del inglés, portugués, francés y  chino para una conexión con redes universitarias del mundo. La segunda la necesaria salida de docentes y estudiantes, por sus méritos propios, a una ampliación de sus conocimientos con los nuevos saberes y tecnologías  y la tercera, a la realización de actividades y proyectos conjuntos con universidades pares. Sin esa mal entendida pretensión del exhibicionismo protocolar y la notoriedad para la foto.  La pandemia nos está dando de alma. Son numerosos los docentes y servidores  administrativos fallecidos.

El recurso humano presta un invalorable servicio a la universidad y a la sociedad. Por ello urge una sensible y humana preocupación por la preservación de su bienestar y salud por encima de los voluntarismos pues resultan insuficientes. La universidad debe proveer recursos, sin menoscabo,  para atender la emergencia sanitaria. Existe con objetividad una desproporción entre lo que los servidores entregan a su institución a lo largo de su vida con lo que la institución, finalmente, invierte en ellos. Los avisos de defunción son aire volátil. La pandemia arremete sobre la economía familiar, la vida, el cuerpo y la salud.

Nos sorprende diariamente el anuncio millonario de entrega de bonos a sectores vulnerables el Presidente Vizcarra. Pero al mismo tiempo decepciona ese abandono crucial en tiempos de crisis sanitaria a las universidades públicas. En especial a su recurso humano invaluable. Esa desatención a sus docentes sepultados con cuotas de sindicato porque sus derechos a una muerte digna le fueron conculcados. El tener que recurrir a la ayuda solidaria por un balón de oxígeno, a la imposibilidad de acceder a clínicas privadas porque sus onerosos servicios están fuera del alcance de sus bolsillos.

Por el momento estamos distraídos y entretenidos en los cursos virtuales a distancia de la academia sin vislumbrar que la post pandemia es contracción de la economía, convalecencia de enfermedad, hambre y pobreza. La universidad pública urge recursos económicos para enfrentar la peor recesión de la historia. No solamente urge equipos virtuales. Hasta el momento los presupuestos son irrisorios. Urge inversión en bibliotecas virtuales, softwares legales al alcance de sus docentes. 
Invertir en personas expuestas a la enfermedad. La situación de los estudiantes es incierta porque los impactos en la economía familiar y sus asimetrías no son aún visibles. La desatención a la universidad pública no se puede postergar. Las universidades no son la cola de cometa de la economía. Lamentablemente el presidente Vizcarra baila populistamente para las tribunas y con cascabeles electoreros. La inversión en la inteligencia viva del Perú no le interesa. La universidad sigue postergada. Este rosario de cuentas sentidas y dolorosas en la universidad no para.

LOS TRINOS DEL RUISEÑOR
Francisco Javier y doña Olga Balarezo
Miguel Purizaca Aguirre, ruiseñor de Piura, también,  emprendió vuelo pero no para sus giras populares por villorrios del norte del Perú y Ecuador interpretando boleros y pasillos. Sus propias composiciones como Talara… tú coreada a viva voz por los petroleros. Esta vez, Francisco Javier, su nombre artístico, se fue al cielo a reunirse con esa pléyade numerosa de compositores e intérpretes piuranos. Francisco perteneció también a la heredad de los Aguirre Condemarín en Piura Los Cuyuscos.

Talara tú,  se repetía a viva voz en los estadios para alentar al Torino: Entonces las multitudes en pie entonaban- “Talara tú, viva el Perú ninguna/Tierra es linda como tú /Talara tú, viva el Perú/ Tú guardas en tu suelo/ la riqueza del Perú”. Francisco Javier era un incondicional participante de las tradicionales serenatas diario Correo cada 17 de septiembre. Era un negrito quimboso, cordial y alegre a su modo. Vestía de camisas coloridas, pantalones blancos y zapatos de vaporino. Todo un artista. En cada visita a Correo sorprendía con su voz, noticias de sus exitosas giras.

Los CD con sus clásicas composiciones no faltaban en la cajonería de las mesas de las redacciones. La partida del ruiseñor de trinos perdurables nos ha sorprendido en plena mañana. A él nuestro recuerdo y gratitud  por su identidad con Correo y esa familia hoy tan poblada de ausencias. Si Dios lo permite, y sin el más allá hay jaranas tu voz se oirá en la bíblica legión de la gran familia piurana. Son más lo que están arriba que los que se quedan aquí abajo. No acompañe al juglar del pueblo jamás la tristeza. El canto, la música entrañable del alma es siempre vida. Vuela hacia lo alto ruiseñor.

lunes, 25 de mayo de 2020

PANDEMIA Y CRISIS: VISLUMBREMOS UNA SALIDA


Por: Miguel Godos Curay
La mascarilla es un prenda de uso obligatorio durante la pandemia.

La desgarradora desolación no tiene nombre. De pronto las redes sociales son la ventana de los arrebatos de la muerte. Dolor en carne viva. ¿Es la salud pública un Derecho Humano? Los muertos suman a cada instante. En realidad, nunca estuvimos preparados para la peste terrible. Por eso estamos totalmente indefensos. Nuestra ilusión de progreso, como agua entre los dedos, se hizo nada. En esta escena todos tenemos una cuota irresponsable. Los que no deciden por su galopante indecisión, los que sin temor desafían el mandato sanitario, los que roban descaradamente, los que ocultan la cuenta imparable de muertos y los que provocan tormentas mediáticas. Las páginas de los diarios destilan pus y formol. No estábamos preparados, pontifican, unos. La certeza: Nunca estuvimos preparados para nada.

Las medidas de seguridad bloqueando calles son mecidas en la cuerda floja. Alrededor de los mercados guantes de jebe y mascarillas permanecen tirados en el suelo. A río revuelto gran negocio son las clínicas en donde se puede morir decentemente a precio oneroso. En los pasillos de los hospitales la infección desnuda atiende a todos los pacientes. Nos peleamos como gata panza arriba por el colchón tibio del último muerto. A las funerarias se les hace la boca agua pues nunca antes vendieron tantos ataúdes a precio elevado. El virus demoniaco abandona inmediatamente el cuerpo yerto para alojarse en el primer cándido que encuentra en la esquina. Y el festín mortífero se repite irremediablemente. Vallejo repite estos versos:Jamás, señor ministro de salud, fue la salud/ más mortal/y la migraña extrajo tanta frente de la frente!”. Así estamos.

El gobierno, no sabemos. ¿Es o se hace el tonto? Las colas interminables en los bancos para cobrar bonos son ocasión para el contagio. La plata fresca por un monto superior a las dos gratificaciones que el Estado otorga a los docentes universitarios son dinero para todo. Menos para alimentos y la necesaria prevención. Todo el stock de televisores, no vendidos en el mundial, salen hoy como pan caliente. En tiempo de cuarentena urge entretenimiento. Además, en tiempos de pandemia la luz y el agua, servicios imprescindibles, no se pagan. Hay diversión para rato. La pachanga sanitaria tiene sus bemoles. Cierre de mercados. Aumento de precios. Comodidad en el bus. Incremento de pasajes al 100%.

No hay argumento  para el estacionamiento injustificado, en las principales arterias, de camiones porta tropa acostumbrados al letargo cuartelero. Cerrar las vías principales para crear atajos no tiene lógica. Distinta es una ciudad detenida  por el civismo de sus vecinos. Otra la sensación de asfixia forzosa provocada por las desordenadas fuerzas del orden. En tiempos de crisis la logística se subordina a la economía del tiempo y al ahorro. No al gasto innecesario. Se siente y se vive nuevamente  las escenas olvidadas de tropas en las calles tras los paquetazos. Orden sí, pero bloqueos para la apariencia no son buen receta.

Montar esta escena tiene un enorme costo en vidas humanas y  forados millonarios al erario. Un bolsillo roto con sabor a depresión de la economía de inimaginables consecuencias. El desempleo está a la vuelta de la esquina. La pobreza nos bañó a todos con el agua helada del malestar en el bolsillo. Las empresas no activan el empleo pues están totalmente paralizadas por decreto. Las exigencias del gobierno los protocolos ministeriales están diseñados para paralizar el país. No para activar la economía que languidece.

La economía va muy mal.  Cuando un padre de familia retira el 25% de fondos de su AFP para poder comprar una Laptop para las clases virtuales de sus hijos, cuesta. Cuesta el Internet. Cuesta el software. Cuesta el antivirus. Cuesta mantener la reserva alimentaria y pagar el transporte con pasajes elevados al 100%. Cuesta la familia en casa porque súbitamente se incrementó el consumo de energía eléctrica. Cuesta el refrigerador con alimentos. La economía formal está en crisis severa y el gobierno se hace de la vista gorda frente a los grandes deudores tributarios del Estado. Se viene la infeliz propuesta de  cocinar una tortilla de nuevos impuestos y una presión tributaria nunca vista. Para muchos es mejor declararse en quiebra hasta que mejoren los vientos. La informalidad está a punto de devorar la formalidad. ¿Qué costó al Estado otorgar la ayuda a peruanos con DNI y RUC sin necesidad de colas? Así se hubiese medido el impacto del gasto y el consumo. Una cuota de formalidad en el consumo, ordena.

La economía informal de los grandes evasores tributarios marcha viento en popa. La sin RUC  y sin planillas. La que usa a su antojo los espacios públicos. La que sacó los guantes de jebe de los olvidados rincones de los almacenes y los encareció al 600%. La que vende mascarillas importadas Made in China al propio gobierno y las convierte en el antifaz apetecible. La que acapara medicamentos. La que vende alcohol y oxígeno por lo bajo. La que compra balones de gas de cocina para convertirlos en dispensadores de oxígeno hospitalario.  La que alienta el consumo discreto de cerveza. La socia de todas las funerarias. La que quiere fomentar crematorios hechos con hornos de panadero y pollos a la brasa.  La que llena los hoteles de la periferia con legiones de trabajadoras sexuales “de paro” en los puteríos oficiales. Está de plácemes. Nunca se ganó tanto en tan poco tiempo. Los empresarios de la economía formal están jodidos. La hueste informal dice en coro: ¡Siga la peste es un buen negocio! Repitiendo en los oídos de los pobres: “Agarra lo que te da Vizcarra y pide más”.

La economía toca el suelo. Este es solo el comienzo de una recesión brutal. No estamos creciendo estamos decreciendo todos los días. La familia peruana que trabaja y aporta está paralizada. Lo poco ahorrado se evapora. Las deudas con la banca crecen. Los intereses bancarios. No  perdonan. El retiro de los aportes a la AFP, alivia, pero no detiene la cuesta abajo imparable. Los formales ajustan los cinturones. Los informales los aflojan porque la panza crece. Resulta sospechoso. En tiempos de pandemia se estaciona el narcotráfico. No hay noticias de toneladas de cocaína embarcadas en Paita. Por el momento la coca no es negocio. En tiempos de crisis aparecen como plaga ordeña bolsillos los compradores de oro y dólares rotos. Las farmacias pueden cerrar. Pero los montes de piedad de la miseria a donde acuden los reducidores de robos permanecen abiertos. Compran oro.

Cierran sus puertas las librerías. Abren sus bibliotecas los necesitados y los venden sin pena y sin dolor por algún sencillo que los saque del  apuro. Otros leen y compran lo que puedan conseguir por el momento. Los diarios están a pique como la Covadonga. Sin anuncios de ninguna clase, salvo, los del autobombo no generan ingresos. Pese a la reducción del número de páginas con dos avisos de defunción diarios no cubren la planilla. Ya vendrán los sueldos en cuenta gotas y el despido masivo inmediato. Escribe Edmundo Cruz el despido repentino empezó en la redacción capitalina y en las corresponsalías de provincias de La República. Los del medio radio padecen el susto mortal consecuencia de la muerte de radio loros connotados. El usar el mismo micrófono poblado de resecas babas es fuente de contagios. Los que en bandadas salían a los hospitales y depósitos de las morgues para capturar el apilamiento de los muertos abandonados por sus deudos. Hoy anclaron ojerosos en la estación del miedo. Más de lo mismo todos los días. Hoy 25 de mayo según Bloomberg a las 3.07 de la madrugada Perú reporta 3,456 muertos y 119,959 contagiados. 2.91% de letalidad. Coinciden los reportes.

El numeroso sector que provee de recurso humano a la economía informal está en movimiento a un costo irrisorio pues no aporta ni un céntimo a la protección social. La salud, la educación son Derechos Humanos postergados en Perú. La sola existencia y contraste entre salud pública y privada o educación pública y privada. Son la expresión clamorosa de las legítimas demandas de bienestar social. Las crisis no son nuevas. Las últimas tres décadas hemos vivido crisis de todo orden en el escenario económico y político mundial. La última fue la crisis financiera global del 2007-2009 producto de la liberalización financiera y el exceso de liquidez global. Nosotros no somos la excepción.

Según Achim Steiner, Administrador del PNUD, El Covid 19 afecta directamente a la salud pública, la educación y las fuentes de ingresos de las familias desplomando los indicadores del desarrollo y el bienestar en países ricos y pobres. Los muertos a nivel mundial superan los 345,122 mientras se espera una caída del 4% del ingreso per cápita mundial.  El impacto obliga al replanteamiento de una mayor inversión y atención en salud, educación y generación de empleo. Hoy la tasa efectiva de niños fuera de la escuela ajustada a los que no tienen acceso a Internet supera el 60%. Estos niños no reciben educación sin medir los efectos directos de la crisis sobre los maestros obligados a un súbito cambio de métodos y uso obligado de la nueva tecnología. La provisión de herramientas tecnológicas ofrecida por el Estado es un cuento de hadas. Una burbuja de jabón a punto de reventar. En las universidades sucede lo mismo.

El caso de la Universidad Nacional de Piura es patético. El ofrecimiento de compra de equipos para un desempeño eficiente  de alrededor de 1, 200 docentes según la consulta amable a la página del MEF es de 14,000 mil soles del presupuesto. Insuficientes para siquiera entregar un mouse de 25 soles a todos los docentes. La mayor parte de los profesores tiene equipos con software  no licenciado (pirata) cuyo rendimiento es más audacia avezada que tecnología al servicio de la academia y el saber.

La situación de los estudiantes es precaria. Muchos obligados a trabajar recurrían a los centros comerciales y cines   No todos disponen de equipos. Buena parte de ellos recurre a cabinas destartaladas reducto de virus. Aunque la mayoría dispone de celular no es garantía de  en óptimas condiciones para aprender. “Una clase de una hora consumiría mis megas (Megabyte). Y no hay dinero para gastar, repiten El diagnóstico de una  voluntariosa encuesta  virtual, a través de las redes no precisa los rangos de fiabilidad y confianza  que el caso requiere. La UNP no dispone de la banda ancha que garantice una óptima velocidad de acceso a Internet. La innovación emprendida no es una propuesta sistemática. Es una salida emergente con elevados rangos de incertidumbre.

En el mundo se han extremado las medidas de protección.
El Covid-19 , advierte en el PNUD:  Es una lupa para visibilizar las desigualdades maquilladas por el populismo de los actores políticos. Así resulta indignante observar en Piura que la mayor parte de escuelas, hospitales y universidades públicas no dispone de agua potable las 24 horas y   lavarse las manos, una medida del protocolo sanitario, resulta imposible. Sumemos a ello la brecha tecnológica y la informalidad en adquisición montaje y disposición de equipos. Equipos comprados en universidades públicas son de obsolescencia notoria y un robo descarado al Estado. Científicos reputados realizan hoy sus aplicaciones en estudios de la cuarta dimensión con softwares piratas. Igual pobreza y olvido padecen las facultades de Medicina Humana. Los alumnos de universidades públicas recurren para sus estudios anatómicos a cadáveres de NN y en universidades privadas a modelos anatómicos virtuales. El aprendizaje entre hedor de formol y carne humana tiene inocultables resultados. Una estudiante comentaba mi práctica de fisiología la hice con los ojos llenos de lágrimas. No sé si era por el formol o por el cadáver anónimo que tenía en mis manos.  La medicina debe abrir los ojos a la realidad. Al servicio solidario, a una conexión más directa entre universidad y comunidad pendiente de las desigualdades.

El Covid 19 es una lupa para medir la desigualdad mundial.
Hace algunas horas la Universidad de Salamanca (España) anunció por las redes que está abierta la solicitud de libros de préstamo a domicilio por varias semanas. En Perú, las bibliotecas universitarias permanecen cerradas. Y los libros en insoportable soledad. Vivimos momentos de tensión creativa para aportar soluciones. No es difícil encontrarlas. Cuando la situación es dura y cruda aparecen como iluminación soluciones. En 1983 cuando escaseaban el combustible y los alimentos. Violeta Correa de Belaunde  creó en Piura los comedores populares, Una sola cocina y enormes  ollas para alimentar a los pobres. El esfuerzo solidario representa ahorro y cohesiona a las comunidades. Hay iniciativas valiosas que se pueden rescatar. Unos pueden trabajar en su casa. Otros dotados de  herramientas y materiales pueden realizar tareas sin moverse de su hogar. “Yo se encuadernar”, me dijo, un amigo. “Me dan goma, percalina, papel, cartón y otros materiales”. Me entregan los libros deshojados y los devuelvo impecables para volver a utilizar”

La crisis en la escuela es patente. En esta situación 9 de cada 10 estudiantes no va a la escuela. La caída de los ingresos familiares representa un atraso, advierte al PNUD, algo así como borrar de un plumazo cinco a diez años de progreso.  De ahí la necesidad de restablecer las condiciones de acceso a la escuela y la propia universidad. Deben adoptarse medidas de recuperación económica más allá de los bonos,  destinados mayormente, al consumo inmediato indiscriminado antes que a la mejora de condiciones de salud y subsistencia. Necesitamos un trato equitativo para el acceso a Internet  de los escolares  y acceso a la salud. Urge amortiguar los severos impactos de la crisis.

La actual crisis, señala  PNUD, requiere un enfoque coherente multidimensional.  La crisis presente tiene dimensiones interconectadas: salud, activación de la economía, educación sin desfase tecnológico y una estrecha coordinación con los gobiernos local, regional y nacional lejos del mangoneo y manipulación política provocadora de insatisfacción ciudadana y señalamiento público.  No es extraño observar en los hospitales al Ministerio Público evacuando evidencias documentales de una administración sospechosa mientras decenas de convalecientes agonizan en las salas contiguas. No es mala la fiscalización  pero cuando se convierte en caza de brujas desnaturaliza su función de tutela y defensa del interés público y protección de la familia y los desvalidos.

Un aspecto crucial son las mareas de la información pública en los medios de comunicación. Cuando la desinformación se impone la cultura de la sospecha y la manipulación de actores estatales, oportunistas, ideólogos y financistas brota en las redes sociales. La denuncia muestra desaciertos. Los logros y aciertos no son manjar para la prensa. La prensa indiferente no acoge propuestas ni iniciativas cívicas. En los ingresos a los hospitales de pacientes agónicos sobran cámaras y luces. Cuando pacientes recuperados salen de alta nadie los muestra ni exhibe. La primacía del mal se impone al bien. En extremo se violenta la privacidad proliferando la información no confirmada, la primacía del escándalo, el sensacionalismo gráfico  muestra. Si estuviesen desnudos mucho mejor.

Poco se habla del cumplimiento de reglas y disposiciones sanitarias. Tales mensajes son esperados por los medios como avisos publicitarios pagados. No se consulta fuentes acreditadas y oficiales. La exageración es la levadura para levantar noticias. Los textos noticiosos están plagados de adjetivos calificativos: “enfermedad mortal”, “mal del siglo”, “azote mundial”. Los rumores salpican las redes. El artificio de panaceas milagrosas. Y los opinólogos con faltas de ortografía y sintaxis pontifican libremente. Hace algunas horas tras la muerte de un   conductor de noticiero radial se dijo de todo. Nadie toco la falta de un claro vínculo laboral y la inexistencia de protección social.

Los peruanos y piuranos, son una nación y un pueblo creyentes. Los peruanos se dicen y se sienten cristianos pero su fe  es más sahumerio y hábitos con el color de sus devociones al Señor de los Milagros (Lima),el Cautivo de Ayabaca (Piura) , el Señor de Humantanga (Cajamarca) y Taitacha de los Temblores (Cusco). El festejo es más banda de músicos, procesiones y cohetes celebratorios. La devoción a la Virgen se concentra en tradicionales advocaciones nacionales a Nuestra Señora de las Mercedes (Piura), la Virgen de la Puerta (Otuzco), Nuestra Señora del Chapi en Arequipa y la Candelaria en el Altiplano. Nuestra Señora del Carmen acompaña a los criollos limeños de abajo el puente. La tradición católica se mantiene viva. Devoción y religiosidad popular son la nota distintiva de los creyentes peruanos. Por eso se peregrina, se vela y se venera. Para conjurar las pestes se recurre a los tradicionales ritos andinos de purificación. Los feligreses practicaban ayunos y el uso de detentes de fieltro bordados con imágenes de devociones populares para detener el avance de los males. De ahí el nombre de detente. Un recurso de protección inmemorial. La oración comunitaria es hoy una práctica religiosa transmitida por Facebook. En las redes sociales hay un uso provocador de imágenes religiosas y de descarnadas miserias humanas pidiendo un like (me gusta).

Otra es la irrupción de los grupos evangélicos. En el registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia aparecen 135 asociaciones y 17 organizaciones misioneras. Testigos de Dios, Adventistas, evangélicos presbiterianos, pentecostales, mormones, asociaciones y comunidades confieren un colorido especial al mundo creyente. Perú en el Perú son también visibles los ateos. Los no creyentes. En el último censo del INEI (2017) una población de   1’180.361. El 5.1% de los peruanos declaró no seguir ningún credo. La estadística de no creyentes (ateos) en el Perú supera en 94% a la registrada en el 2007, que fue de 608.434 no creyentes.

En tiempos de pandemia y crisis la fe no mengua, se mantiene viva. Oraciones, conversiones y ruegos alimentan la fe. La asistencia espiritual recorre hospitales y hogares. Aunque por prescripción sanitaria se impone el laconismo de los ritos funerarios. La religiosidad se mantiene intacta.  Aunque resulta inaceptable un adiós sin despedida. Muchos son los muertos. La religión mantiene viva la esperanza en un tiempo mejor y resultan plausibles las iniciativas de la Iglesia por brindar ayuda a los más desatendidos. El dotar de oxígeno a un hospital en emergencia es una buena iniciativa. Igual sucede con la ayuda silenciosa y eficiente conforme al precepto bíblico. Los mensajes religiosos, las oraciones y oficios religiosos transmitidos por Internet son una alternativa para los creyentes. Las otras confesiones religiosas canalizan ayuda para los que más necesitan. Niños y ancianos son la preocupación de todos.




Su Santidad Francisco, recuerda siempre, la urgencia de una acción colectiva y solidaria a todo nivel. A nivel comunitario, nacional y mundial. Se trata de una respuesta unánime frente a un riesgo global por encima de los desentendimientos de las grandes potencias. Es la cooperación voluntaria de millones de personas la que permitirá obtener resultados. La distancia social obligatoria no debe convertirse en una distancia política y económica con los que sufren en condiciones infrahumanas los impactos de esta crisis planetaria. Este es el desafío de los pueblos y la humanidad en pleno. La buena voluntad de los hombres debe sobreponerse al egoísmo y al desinflado pesimismo de los que no encuentran salida para esta dura prueba. Si los poetas tienen el don de la profecía. Vallejo desde su altar en el Coricancha repite a gritos: Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer? /¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos,/ hay, hermanos, muchísimo que hacer”.



martes, 12 de mayo de 2020

EL COLOR DE LA AUSENCIA


Por: Miguel Godos Curay

Óscar Gonzáles García,periodista y docente de la
Escuela de Comunicación de la UNP
No puedo dejar de escribir unas líneas para un extraordinario periodista y amigo. Óscar Gonzáles García se ha marchado el domingo. Su último mensaje por Whatsapp  a las 6.56 de este día es un epitafio divertido para el encierro obligatorio. Óscar era dueño de una visión sutil de las cosas y un olfato periodístico formado en el ejercicio de la función pública en la Dirección de Comercio, el Ministerio de Agricultura,  periodísticamente en la redacción de Correo. También fue docente de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Piura a la que concurría, algunas veces, en un viejo escarabajo color verde. Siempre con apuntes y libros en mano dispuesto a acortar las distancias y disfrutar del diálogo ameno con sus alumnos.

Me conmueve verlo chocho en las fotografías con sus nietos. Un abuelo querendón que se daba tiempo para disfrutar del afecto y la ternura recorriendo la Plaza de Armas de Catacaos. Un ejercicio humano del que hoy estamos impedidos pero que pronto   ha de volver  para recordarnos que somos humanos. Este es el ingrediente abundante del buen corazón. Memorioso y oportuno me enviaba frecuentemente recortes de viejos diarios con datos precisos para hilar crónicas y conjurar olvidos. Transcurrimos los momentos de estudio en la Universidad de Piura admirados por las brillantes cátedras del Padre Javier Cheesman, el Padre Juan Roselló, el Padre Esteban Puig y el Padre José Navarro. Las doctoras Luz González Umeres, Carmela Aspíllaga, Marisa Aguirre, Yolanda Ho. El poeta José Ramón de Dolarea y don Vicente Rodríguez Casado. Una genuina edad de oro de la academia. Sobria y brillante. Ahí nos formamos.

Lo recuerdo concurriendo a las aulas muy temprano, tecleando su Remington. Su tesis de Licenciatura  fue primer puesto en el concurso nacional convocado por el Colegio de Periodistas del Perú. Óscar sabía explicar con su experiencia acontecimientos poco conocidos de esas aguerridas batallas de ayer por la libertad de expresión. Fue un socialista utópico ferveroso defensor de los derechos ciudadanos. Nunca se le ocurrió ocultar su credo y sus creencias tan vivas en las expresiones de la religiosidad popular de Catacaos. Gracias a él frecuenté a don Jacobo Cruz Villegas a Edmundo Zapata, al poeta Lelis Revolledo, al pianista Estanislao Quezada y artistas como Teófilo y Oscar Aquino a cuyo taller nos asomamos con Sofocleto, Luis Felipe Angell Lama. Óscar disfrutaba de la anécdota y del fiasco del santito con pita que le regalaron al escritor.

Hay una foto en la que aparece con Carlos Carrasco y Pancho García, es un atado de recuerdos. Carlos se fue mucho antes y tras él Ricardo Castillo. En otra aparecemos con Jaime Gonzáles, su primo, siempre sonriente en los pasillos de la UNP. En otra con Humberto Martínez Morosini junto a Tito Palacios, Marco Agurto y Tula Estrada, el registro corresponde a los cursos para periodistas en la UDEP. Óscar fue regidor en Catacaos y cuando le decía que sería un buen alcalde citaba  a  Evaristo Lozada con su proverbial frase “son cojudeces”. Aún preservo un monedero y un cinturón de cuero Made in Catacaos que me dio por mi 60 cumpleaños. ¿Qué viejos estamos? Le dije y el me respondió. El diablo sabe más por viejo que por diablo. Y nos destornillamos de risa.  En la UNP hizo la maestría en comunicación siempre oportuno en sus opiniones y puntos de vista. Sus compañeros de aula aún lo recuerdan.

Fue un padre amoroso pendiente de su familia, su mayor tesoro. ¿Cómo nos duele su ausencia? Ese anticipo forzoso. Ese dejar el camino de los sueños para la ensoñación eterna. Ese cerrar los ojos como un libro lleno de recuerdos. Ese pasar y repasar la vida para escribir la historia personal sin retruécanos. Ese caminar todos los días por la tierra que sientes propia y que ahora dejas. Los silbidos de los chilalos y los trinos de las luisas te despierten. Exultantes los pendones blancos en los chicheríos en donde se desliza la conversa. Las historias inolvidables a cada paso. Las páginas de los diarios viejos con las que se escribe la historia. La vocinglería de la plaza. Los salud…salud y los piqueos. Las procesiones  y las bandas bulliciosas. Los cohetes y el hollín en la cara por el carnaval tan desbordado y callejero. Catacaos habita en tu memoria es parte de tu último recuerdo. Este escenario del aislamiento forzoso sólo permite el recado al ausente. Y el ausente eres tú entrañable amigo. Hermano de la redacción, colega en el oficio y en el aula. El tiempo se ha detenido en esa caricia tan dulce y tan plenamente humana junto a tus nietos. Adiós amigo. Que nuestros ruegos te acompañen ahora que la brisa de la noche acaricia los recuerdos.
Piura,12 de Mayo del 2020

domingo, 3 de mayo de 2020

TIEMPO PARA CREER Y CREAR


Por: Miguel Godos Curay

Dice en su XXI terceto de Proverbios y Cantares el poeta  Antonio Machado...Pero yo he visto beber/ hasta en los charcos/ del suelo./ Caprichos tiene la sed.” Esa misma sensación humana desoladora sentimos al paso de las ambulancias con ulular indetenible. Ese dolor de muerte cuando nos toca los ojos para arrancarnos la vida. Y no hay límites para la cuenta inacabable de ausentes. Vivimos en carne propia la paradoja del mundo al revés. Descubriendo lo que habíamos por largo tiempo ignorado. Sin entender la permanencia y la fugacidad de las cosas.

Manuscrito del poeta Antonio Machado (1875-1939)
Un mundo transformado sin la intimidad del gesto humano. Un mirarnos sin mirarnos en la pantalla del ordenador como en una ventana por donde asoman ahora los afectos y los desafectos. Lo odios vomitados, el encono gratuito y el concupiscente guiño a la pantalla alimentando ilusiones pasajeras. Tratando de aprender la inauguración de un mundo inédito. De hoy en adelante los clic… clic… clic… del teclado lo dicen todo en la logósfera planetaria. La sensación de la proximidad humana no se pierde pero ya no se siente cálida, cordial como un beso en la frente. Como una sonrisa que lo dice todo. Como el sabor indescriptible de la guayaba y la ciruela apetecida.

El tiempo transcurre fugaz pero ya no corre como el agua entre los dedos sino como el parpadeo de la clepsidra electrónica y no se detiene. Ya no nos comunicamos, nos conectamos. Nos miramos y miramos a nuestros interlocutores con el pasmo de los santos de repisa. Ya no sentimos los sabores la gula digital es como la concupiscencia oculorum que acusaba Saulo de Tarso. Come con los ojos y devora con las pestañas. Y los afectos son hoy telegramas interminables para la fornicación mental que inventa nuevos pecados y sensaciones en la nueva era digital.

Los juegos de ayer ya no existen. Los nuevos son apasionantes seducciones de las pantallas en donde aprendes a matar y a convertirte en una fiera experta en mover sincopadamente los pulgares pero no sabes escribir con lápiz o pluma tarea convertida en ritual de la arqueología. Hoy lo que se compra se mira y no se toca cuando lo tocas es muy tarde para el reclamo y aprendes a desconfiar de todo lo que venden las redes. Se vende de todo, ropa a precio huevo de la pasada estación, trajes nuevos para lucir en casa. Zapatos para grandes y chicos. Cosméticos con los atributos de los menjurjes de bruja, remedios curalotodo, cursos de idiomas para aprender a comunicarse en el mundo global. Imágenes descarnadas  que invocan un like para continuar su engañifa.

La asombrosa cosmética digital surte efecto y convierte en musa a una moza carente de encanto y de belleza con glúteos de cebolla china. Lo que la cirugía estética no da Photoshop brinda.  La realidad no iguala a la foto retocada, a la imagen que seduce y atrae por sus añadidos panqueques virtuales. Una abuela con arrugas de reseco maracuyá rejuvenece y una adolescente audaz se aumenta los años para presumir. Un imbécil con gafas aparenta ser inteligente.  Y un inteligente corre el riesgo de convertirse en un robot extasiado por los juegos. Los ajedrecistas desafían a la máquina con la pretensión humana de ganarle una partida. La tentación de la aparición en Facebook no se detiene. Sino apareces en las redes sociales no existes.

Ya no se leen las páginas de papel de los libros los textos aparecen en la pantalla en la versión virtual. Los habituados a la letra impresa y a sentir un libro entre manos corremos serio peligro. Somos una especie en vías de extinción e integramos tribus silenciosas que busca en el inmenso océano de la nada y en las junglas de los mercados: libros. Libros para llenar vacíos y verter conocimiento en las mentes. Libros que nos abran los ojos a la belleza. Libros que nos enseñen y nos hagan mejores en todo. Libros que son grata compañía para el que está solo y emprende la tarea, como Proust, de ir en busca del tiempo perdido.

La soledad con libros es transitoria y pasajera. El libro despierta pasiones tiene su propio aroma de papel y tinta. El libro viejo posee ese atributo divino de ser como el “bonus odor Christi” el buen olor de Cristo que nos sacude, con convicción y certeza profunda, para abrir el entendimiento e iluminar la inteligencia. Leer es una invitación gentil a pensar y experimentar la lectura como un acto propiamente humano. Emprender una aventura que motiva el escribir, recordar, comentar y extraviarse en una búsqueda insaciable de un libro a otro, párrafo por párrafo, abrir la puerta a un sueño. Algo así como  vaciar el reservorio de las emociones y vivencias propias de la cultura escrita. Leer nutre el alma, despierta la sabiduría y la prolonga en el espacio y el tiempo con  un afán de perennidad más allá de la muerte.

Mientras un peruano o peruana lea mi país tiene porvenir. Mientras un joven estudie permanecerá esa práctica generosa de leer escribiendo y escribir leyendo. El estudio requiere pasión. Leer, advierte Jorge Larrosa, es una experiencia infinita, inapropiable e interminable. Finalmente escribes lo que lees y lees lo que escribes. Es una experiencia arrobadora, un ensimismamiento íntimo, callado y gozoso. Es ahí en donde surge la provocación de la letra y muerde las fibras interiores, lees y escribes, escribes y lees.

Aprendes a utilizar las palabras, las escribes, las saboreas, las sientes, disfrutas de la sonoridad y de su potencia como tañido de campana. Abres los diccionarios como un oráculo revelador de significaciones ontológicas íntimas en el silencio de las calles desiertas. Las palabras ondulan el silencio como la piedra que cae sobre el espejo de agua del estanque. El silencio de las palabras es el silencio de Dios. Las palabras respiran, tienen vida propia, Martos dixit, nos hablan con naturalidad elemental, también las hay osadas y audaces, sacuden e interrogan, Las  de invicta nobleza son sensiblemente humanas  y elevadas. Las de amor son  ternura de  flor que abre sus pistilos. Su código genético busca la perpetuación de la vida y dan frutos.

Hay palabras que bullen en la punta de la lengua ordenan o reclaman, exigen y buscan respuestas. Asombran o silencian. Las hay impronunciables son el veneno que mana de la boca de Judas. La mentira perversa, la farsa, el engaño, la traición. El sebo de culebra, la hiel amarga,  la ponzoña del escorpión, los colmillos de la víbora, la sarna intelectual de la envidia, la soberbia químicamente pura, la enana mediocridad.  Hay  palabras para entretener y repiten los circunloquios de los trompos. Hay palabras que brotan de las profundidades del alma. Son generosas y agradecidas. Y las hay intensas y emotivas pues despiertan amor. Hay palabras sublimes con la potencia de un recado entregado a las oídos de Dios. Saben a ruego y a perdón. Tienen la estatura de la Vía Láctea y la humildad de un sorbo de agua para aplacar la sed.