lunes, 25 de mayo de 2020

PANDEMIA Y CRISIS: VISLUMBREMOS UNA SALIDA


Por: Miguel Godos Curay
La mascarilla es un prenda de uso obligatorio durante la pandemia.

La desgarradora desolación no tiene nombre. De pronto las redes sociales son la ventana de los arrebatos de la muerte. Dolor en carne viva. ¿Es la salud pública un Derecho Humano? Los muertos suman a cada instante. En realidad, nunca estuvimos preparados para la peste terrible. Por eso estamos totalmente indefensos. Nuestra ilusión de progreso, como agua entre los dedos, se hizo nada. En esta escena todos tenemos una cuota irresponsable. Los que no deciden por su galopante indecisión, los que sin temor desafían el mandato sanitario, los que roban descaradamente, los que ocultan la cuenta imparable de muertos y los que provocan tormentas mediáticas. Las páginas de los diarios destilan pus y formol. No estábamos preparados, pontifican, unos. La certeza: Nunca estuvimos preparados para nada.

Las medidas de seguridad bloqueando calles son mecidas en la cuerda floja. Alrededor de los mercados guantes de jebe y mascarillas permanecen tirados en el suelo. A río revuelto gran negocio son las clínicas en donde se puede morir decentemente a precio oneroso. En los pasillos de los hospitales la infección desnuda atiende a todos los pacientes. Nos peleamos como gata panza arriba por el colchón tibio del último muerto. A las funerarias se les hace la boca agua pues nunca antes vendieron tantos ataúdes a precio elevado. El virus demoniaco abandona inmediatamente el cuerpo yerto para alojarse en el primer cándido que encuentra en la esquina. Y el festín mortífero se repite irremediablemente. Vallejo repite estos versos:Jamás, señor ministro de salud, fue la salud/ más mortal/y la migraña extrajo tanta frente de la frente!”. Así estamos.

El gobierno, no sabemos. ¿Es o se hace el tonto? Las colas interminables en los bancos para cobrar bonos son ocasión para el contagio. La plata fresca por un monto superior a las dos gratificaciones que el Estado otorga a los docentes universitarios son dinero para todo. Menos para alimentos y la necesaria prevención. Todo el stock de televisores, no vendidos en el mundial, salen hoy como pan caliente. En tiempo de cuarentena urge entretenimiento. Además, en tiempos de pandemia la luz y el agua, servicios imprescindibles, no se pagan. Hay diversión para rato. La pachanga sanitaria tiene sus bemoles. Cierre de mercados. Aumento de precios. Comodidad en el bus. Incremento de pasajes al 100%.

No hay argumento  para el estacionamiento injustificado, en las principales arterias, de camiones porta tropa acostumbrados al letargo cuartelero. Cerrar las vías principales para crear atajos no tiene lógica. Distinta es una ciudad detenida  por el civismo de sus vecinos. Otra la sensación de asfixia forzosa provocada por las desordenadas fuerzas del orden. En tiempos de crisis la logística se subordina a la economía del tiempo y al ahorro. No al gasto innecesario. Se siente y se vive nuevamente  las escenas olvidadas de tropas en las calles tras los paquetazos. Orden sí, pero bloqueos para la apariencia no son buen receta.

Montar esta escena tiene un enorme costo en vidas humanas y  forados millonarios al erario. Un bolsillo roto con sabor a depresión de la economía de inimaginables consecuencias. El desempleo está a la vuelta de la esquina. La pobreza nos bañó a todos con el agua helada del malestar en el bolsillo. Las empresas no activan el empleo pues están totalmente paralizadas por decreto. Las exigencias del gobierno los protocolos ministeriales están diseñados para paralizar el país. No para activar la economía que languidece.

La economía va muy mal.  Cuando un padre de familia retira el 25% de fondos de su AFP para poder comprar una Laptop para las clases virtuales de sus hijos, cuesta. Cuesta el Internet. Cuesta el software. Cuesta el antivirus. Cuesta mantener la reserva alimentaria y pagar el transporte con pasajes elevados al 100%. Cuesta la familia en casa porque súbitamente se incrementó el consumo de energía eléctrica. Cuesta el refrigerador con alimentos. La economía formal está en crisis severa y el gobierno se hace de la vista gorda frente a los grandes deudores tributarios del Estado. Se viene la infeliz propuesta de  cocinar una tortilla de nuevos impuestos y una presión tributaria nunca vista. Para muchos es mejor declararse en quiebra hasta que mejoren los vientos. La informalidad está a punto de devorar la formalidad. ¿Qué costó al Estado otorgar la ayuda a peruanos con DNI y RUC sin necesidad de colas? Así se hubiese medido el impacto del gasto y el consumo. Una cuota de formalidad en el consumo, ordena.

La economía informal de los grandes evasores tributarios marcha viento en popa. La sin RUC  y sin planillas. La que usa a su antojo los espacios públicos. La que sacó los guantes de jebe de los olvidados rincones de los almacenes y los encareció al 600%. La que vende mascarillas importadas Made in China al propio gobierno y las convierte en el antifaz apetecible. La que acapara medicamentos. La que vende alcohol y oxígeno por lo bajo. La que compra balones de gas de cocina para convertirlos en dispensadores de oxígeno hospitalario.  La que alienta el consumo discreto de cerveza. La socia de todas las funerarias. La que quiere fomentar crematorios hechos con hornos de panadero y pollos a la brasa.  La que llena los hoteles de la periferia con legiones de trabajadoras sexuales “de paro” en los puteríos oficiales. Está de plácemes. Nunca se ganó tanto en tan poco tiempo. Los empresarios de la economía formal están jodidos. La hueste informal dice en coro: ¡Siga la peste es un buen negocio! Repitiendo en los oídos de los pobres: “Agarra lo que te da Vizcarra y pide más”.

La economía toca el suelo. Este es solo el comienzo de una recesión brutal. No estamos creciendo estamos decreciendo todos los días. La familia peruana que trabaja y aporta está paralizada. Lo poco ahorrado se evapora. Las deudas con la banca crecen. Los intereses bancarios. No  perdonan. El retiro de los aportes a la AFP, alivia, pero no detiene la cuesta abajo imparable. Los formales ajustan los cinturones. Los informales los aflojan porque la panza crece. Resulta sospechoso. En tiempos de pandemia se estaciona el narcotráfico. No hay noticias de toneladas de cocaína embarcadas en Paita. Por el momento la coca no es negocio. En tiempos de crisis aparecen como plaga ordeña bolsillos los compradores de oro y dólares rotos. Las farmacias pueden cerrar. Pero los montes de piedad de la miseria a donde acuden los reducidores de robos permanecen abiertos. Compran oro.

Cierran sus puertas las librerías. Abren sus bibliotecas los necesitados y los venden sin pena y sin dolor por algún sencillo que los saque del  apuro. Otros leen y compran lo que puedan conseguir por el momento. Los diarios están a pique como la Covadonga. Sin anuncios de ninguna clase, salvo, los del autobombo no generan ingresos. Pese a la reducción del número de páginas con dos avisos de defunción diarios no cubren la planilla. Ya vendrán los sueldos en cuenta gotas y el despido masivo inmediato. Escribe Edmundo Cruz el despido repentino empezó en la redacción capitalina y en las corresponsalías de provincias de La República. Los del medio radio padecen el susto mortal consecuencia de la muerte de radio loros connotados. El usar el mismo micrófono poblado de resecas babas es fuente de contagios. Los que en bandadas salían a los hospitales y depósitos de las morgues para capturar el apilamiento de los muertos abandonados por sus deudos. Hoy anclaron ojerosos en la estación del miedo. Más de lo mismo todos los días. Hoy 25 de mayo según Bloomberg a las 3.07 de la madrugada Perú reporta 3,456 muertos y 119,959 contagiados. 2.91% de letalidad. Coinciden los reportes.

El numeroso sector que provee de recurso humano a la economía informal está en movimiento a un costo irrisorio pues no aporta ni un céntimo a la protección social. La salud, la educación son Derechos Humanos postergados en Perú. La sola existencia y contraste entre salud pública y privada o educación pública y privada. Son la expresión clamorosa de las legítimas demandas de bienestar social. Las crisis no son nuevas. Las últimas tres décadas hemos vivido crisis de todo orden en el escenario económico y político mundial. La última fue la crisis financiera global del 2007-2009 producto de la liberalización financiera y el exceso de liquidez global. Nosotros no somos la excepción.

Según Achim Steiner, Administrador del PNUD, El Covid 19 afecta directamente a la salud pública, la educación y las fuentes de ingresos de las familias desplomando los indicadores del desarrollo y el bienestar en países ricos y pobres. Los muertos a nivel mundial superan los 345,122 mientras se espera una caída del 4% del ingreso per cápita mundial.  El impacto obliga al replanteamiento de una mayor inversión y atención en salud, educación y generación de empleo. Hoy la tasa efectiva de niños fuera de la escuela ajustada a los que no tienen acceso a Internet supera el 60%. Estos niños no reciben educación sin medir los efectos directos de la crisis sobre los maestros obligados a un súbito cambio de métodos y uso obligado de la nueva tecnología. La provisión de herramientas tecnológicas ofrecida por el Estado es un cuento de hadas. Una burbuja de jabón a punto de reventar. En las universidades sucede lo mismo.

El caso de la Universidad Nacional de Piura es patético. El ofrecimiento de compra de equipos para un desempeño eficiente  de alrededor de 1, 200 docentes según la consulta amable a la página del MEF es de 14,000 mil soles del presupuesto. Insuficientes para siquiera entregar un mouse de 25 soles a todos los docentes. La mayor parte de los profesores tiene equipos con software  no licenciado (pirata) cuyo rendimiento es más audacia avezada que tecnología al servicio de la academia y el saber.

La situación de los estudiantes es precaria. Muchos obligados a trabajar recurrían a los centros comerciales y cines   No todos disponen de equipos. Buena parte de ellos recurre a cabinas destartaladas reducto de virus. Aunque la mayoría dispone de celular no es garantía de  en óptimas condiciones para aprender. “Una clase de una hora consumiría mis megas (Megabyte). Y no hay dinero para gastar, repiten El diagnóstico de una  voluntariosa encuesta  virtual, a través de las redes no precisa los rangos de fiabilidad y confianza  que el caso requiere. La UNP no dispone de la banda ancha que garantice una óptima velocidad de acceso a Internet. La innovación emprendida no es una propuesta sistemática. Es una salida emergente con elevados rangos de incertidumbre.

En el mundo se han extremado las medidas de protección.
El Covid-19 , advierte en el PNUD:  Es una lupa para visibilizar las desigualdades maquilladas por el populismo de los actores políticos. Así resulta indignante observar en Piura que la mayor parte de escuelas, hospitales y universidades públicas no dispone de agua potable las 24 horas y   lavarse las manos, una medida del protocolo sanitario, resulta imposible. Sumemos a ello la brecha tecnológica y la informalidad en adquisición montaje y disposición de equipos. Equipos comprados en universidades públicas son de obsolescencia notoria y un robo descarado al Estado. Científicos reputados realizan hoy sus aplicaciones en estudios de la cuarta dimensión con softwares piratas. Igual pobreza y olvido padecen las facultades de Medicina Humana. Los alumnos de universidades públicas recurren para sus estudios anatómicos a cadáveres de NN y en universidades privadas a modelos anatómicos virtuales. El aprendizaje entre hedor de formol y carne humana tiene inocultables resultados. Una estudiante comentaba mi práctica de fisiología la hice con los ojos llenos de lágrimas. No sé si era por el formol o por el cadáver anónimo que tenía en mis manos.  La medicina debe abrir los ojos a la realidad. Al servicio solidario, a una conexión más directa entre universidad y comunidad pendiente de las desigualdades.

El Covid 19 es una lupa para medir la desigualdad mundial.
Hace algunas horas la Universidad de Salamanca (España) anunció por las redes que está abierta la solicitud de libros de préstamo a domicilio por varias semanas. En Perú, las bibliotecas universitarias permanecen cerradas. Y los libros en insoportable soledad. Vivimos momentos de tensión creativa para aportar soluciones. No es difícil encontrarlas. Cuando la situación es dura y cruda aparecen como iluminación soluciones. En 1983 cuando escaseaban el combustible y los alimentos. Violeta Correa de Belaunde  creó en Piura los comedores populares, Una sola cocina y enormes  ollas para alimentar a los pobres. El esfuerzo solidario representa ahorro y cohesiona a las comunidades. Hay iniciativas valiosas que se pueden rescatar. Unos pueden trabajar en su casa. Otros dotados de  herramientas y materiales pueden realizar tareas sin moverse de su hogar. “Yo se encuadernar”, me dijo, un amigo. “Me dan goma, percalina, papel, cartón y otros materiales”. Me entregan los libros deshojados y los devuelvo impecables para volver a utilizar”

La crisis en la escuela es patente. En esta situación 9 de cada 10 estudiantes no va a la escuela. La caída de los ingresos familiares representa un atraso, advierte al PNUD, algo así como borrar de un plumazo cinco a diez años de progreso.  De ahí la necesidad de restablecer las condiciones de acceso a la escuela y la propia universidad. Deben adoptarse medidas de recuperación económica más allá de los bonos,  destinados mayormente, al consumo inmediato indiscriminado antes que a la mejora de condiciones de salud y subsistencia. Necesitamos un trato equitativo para el acceso a Internet  de los escolares  y acceso a la salud. Urge amortiguar los severos impactos de la crisis.

La actual crisis, señala  PNUD, requiere un enfoque coherente multidimensional.  La crisis presente tiene dimensiones interconectadas: salud, activación de la economía, educación sin desfase tecnológico y una estrecha coordinación con los gobiernos local, regional y nacional lejos del mangoneo y manipulación política provocadora de insatisfacción ciudadana y señalamiento público.  No es extraño observar en los hospitales al Ministerio Público evacuando evidencias documentales de una administración sospechosa mientras decenas de convalecientes agonizan en las salas contiguas. No es mala la fiscalización  pero cuando se convierte en caza de brujas desnaturaliza su función de tutela y defensa del interés público y protección de la familia y los desvalidos.

Un aspecto crucial son las mareas de la información pública en los medios de comunicación. Cuando la desinformación se impone la cultura de la sospecha y la manipulación de actores estatales, oportunistas, ideólogos y financistas brota en las redes sociales. La denuncia muestra desaciertos. Los logros y aciertos no son manjar para la prensa. La prensa indiferente no acoge propuestas ni iniciativas cívicas. En los ingresos a los hospitales de pacientes agónicos sobran cámaras y luces. Cuando pacientes recuperados salen de alta nadie los muestra ni exhibe. La primacía del mal se impone al bien. En extremo se violenta la privacidad proliferando la información no confirmada, la primacía del escándalo, el sensacionalismo gráfico  muestra. Si estuviesen desnudos mucho mejor.

Poco se habla del cumplimiento de reglas y disposiciones sanitarias. Tales mensajes son esperados por los medios como avisos publicitarios pagados. No se consulta fuentes acreditadas y oficiales. La exageración es la levadura para levantar noticias. Los textos noticiosos están plagados de adjetivos calificativos: “enfermedad mortal”, “mal del siglo”, “azote mundial”. Los rumores salpican las redes. El artificio de panaceas milagrosas. Y los opinólogos con faltas de ortografía y sintaxis pontifican libremente. Hace algunas horas tras la muerte de un   conductor de noticiero radial se dijo de todo. Nadie toco la falta de un claro vínculo laboral y la inexistencia de protección social.

Los peruanos y piuranos, son una nación y un pueblo creyentes. Los peruanos se dicen y se sienten cristianos pero su fe  es más sahumerio y hábitos con el color de sus devociones al Señor de los Milagros (Lima),el Cautivo de Ayabaca (Piura) , el Señor de Humantanga (Cajamarca) y Taitacha de los Temblores (Cusco). El festejo es más banda de músicos, procesiones y cohetes celebratorios. La devoción a la Virgen se concentra en tradicionales advocaciones nacionales a Nuestra Señora de las Mercedes (Piura), la Virgen de la Puerta (Otuzco), Nuestra Señora del Chapi en Arequipa y la Candelaria en el Altiplano. Nuestra Señora del Carmen acompaña a los criollos limeños de abajo el puente. La tradición católica se mantiene viva. Devoción y religiosidad popular son la nota distintiva de los creyentes peruanos. Por eso se peregrina, se vela y se venera. Para conjurar las pestes se recurre a los tradicionales ritos andinos de purificación. Los feligreses practicaban ayunos y el uso de detentes de fieltro bordados con imágenes de devociones populares para detener el avance de los males. De ahí el nombre de detente. Un recurso de protección inmemorial. La oración comunitaria es hoy una práctica religiosa transmitida por Facebook. En las redes sociales hay un uso provocador de imágenes religiosas y de descarnadas miserias humanas pidiendo un like (me gusta).

Otra es la irrupción de los grupos evangélicos. En el registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia aparecen 135 asociaciones y 17 organizaciones misioneras. Testigos de Dios, Adventistas, evangélicos presbiterianos, pentecostales, mormones, asociaciones y comunidades confieren un colorido especial al mundo creyente. Perú en el Perú son también visibles los ateos. Los no creyentes. En el último censo del INEI (2017) una población de   1’180.361. El 5.1% de los peruanos declaró no seguir ningún credo. La estadística de no creyentes (ateos) en el Perú supera en 94% a la registrada en el 2007, que fue de 608.434 no creyentes.

En tiempos de pandemia y crisis la fe no mengua, se mantiene viva. Oraciones, conversiones y ruegos alimentan la fe. La asistencia espiritual recorre hospitales y hogares. Aunque por prescripción sanitaria se impone el laconismo de los ritos funerarios. La religiosidad se mantiene intacta.  Aunque resulta inaceptable un adiós sin despedida. Muchos son los muertos. La religión mantiene viva la esperanza en un tiempo mejor y resultan plausibles las iniciativas de la Iglesia por brindar ayuda a los más desatendidos. El dotar de oxígeno a un hospital en emergencia es una buena iniciativa. Igual sucede con la ayuda silenciosa y eficiente conforme al precepto bíblico. Los mensajes religiosos, las oraciones y oficios religiosos transmitidos por Internet son una alternativa para los creyentes. Las otras confesiones religiosas canalizan ayuda para los que más necesitan. Niños y ancianos son la preocupación de todos.




Su Santidad Francisco, recuerda siempre, la urgencia de una acción colectiva y solidaria a todo nivel. A nivel comunitario, nacional y mundial. Se trata de una respuesta unánime frente a un riesgo global por encima de los desentendimientos de las grandes potencias. Es la cooperación voluntaria de millones de personas la que permitirá obtener resultados. La distancia social obligatoria no debe convertirse en una distancia política y económica con los que sufren en condiciones infrahumanas los impactos de esta crisis planetaria. Este es el desafío de los pueblos y la humanidad en pleno. La buena voluntad de los hombres debe sobreponerse al egoísmo y al desinflado pesimismo de los que no encuentran salida para esta dura prueba. Si los poetas tienen el don de la profecía. Vallejo desde su altar en el Coricancha repite a gritos: Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer? /¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos,/ hay, hermanos, muchísimo que hacer”.



martes, 12 de mayo de 2020

EL COLOR DE LA AUSENCIA


Por: Miguel Godos Curay

Óscar Gonzáles García,periodista y docente de la
Escuela de Comunicación de la UNP
No puedo dejar de escribir unas líneas para un extraordinario periodista y amigo. Óscar Gonzáles García se ha marchado el domingo. Su último mensaje por Whatsapp  a las 6.56 de este día es un epitafio divertido para el encierro obligatorio. Óscar era dueño de una visión sutil de las cosas y un olfato periodístico formado en el ejercicio de la función pública en la Dirección de Comercio, el Ministerio de Agricultura,  periodísticamente en la redacción de Correo. También fue docente de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Piura a la que concurría, algunas veces, en un viejo escarabajo color verde. Siempre con apuntes y libros en mano dispuesto a acortar las distancias y disfrutar del diálogo ameno con sus alumnos.

Me conmueve verlo chocho en las fotografías con sus nietos. Un abuelo querendón que se daba tiempo para disfrutar del afecto y la ternura recorriendo la Plaza de Armas de Catacaos. Un ejercicio humano del que hoy estamos impedidos pero que pronto   ha de volver  para recordarnos que somos humanos. Este es el ingrediente abundante del buen corazón. Memorioso y oportuno me enviaba frecuentemente recortes de viejos diarios con datos precisos para hilar crónicas y conjurar olvidos. Transcurrimos los momentos de estudio en la Universidad de Piura admirados por las brillantes cátedras del Padre Javier Cheesman, el Padre Juan Roselló, el Padre Esteban Puig y el Padre José Navarro. Las doctoras Luz González Umeres, Carmela Aspíllaga, Marisa Aguirre, Yolanda Ho. El poeta José Ramón de Dolarea y don Vicente Rodríguez Casado. Una genuina edad de oro de la academia. Sobria y brillante. Ahí nos formamos.

Lo recuerdo concurriendo a las aulas muy temprano, tecleando su Remington. Su tesis de Licenciatura  fue primer puesto en el concurso nacional convocado por el Colegio de Periodistas del Perú. Óscar sabía explicar con su experiencia acontecimientos poco conocidos de esas aguerridas batallas de ayer por la libertad de expresión. Fue un socialista utópico ferveroso defensor de los derechos ciudadanos. Nunca se le ocurrió ocultar su credo y sus creencias tan vivas en las expresiones de la religiosidad popular de Catacaos. Gracias a él frecuenté a don Jacobo Cruz Villegas a Edmundo Zapata, al poeta Lelis Revolledo, al pianista Estanislao Quezada y artistas como Teófilo y Oscar Aquino a cuyo taller nos asomamos con Sofocleto, Luis Felipe Angell Lama. Óscar disfrutaba de la anécdota y del fiasco del santito con pita que le regalaron al escritor.

Hay una foto en la que aparece con Carlos Carrasco y Pancho García, es un atado de recuerdos. Carlos se fue mucho antes y tras él Ricardo Castillo. En otra aparecemos con Jaime Gonzáles, su primo, siempre sonriente en los pasillos de la UNP. En otra con Humberto Martínez Morosini junto a Tito Palacios, Marco Agurto y Tula Estrada, el registro corresponde a los cursos para periodistas en la UDEP. Óscar fue regidor en Catacaos y cuando le decía que sería un buen alcalde citaba  a  Evaristo Lozada con su proverbial frase “son cojudeces”. Aún preservo un monedero y un cinturón de cuero Made in Catacaos que me dio por mi 60 cumpleaños. ¿Qué viejos estamos? Le dije y el me respondió. El diablo sabe más por viejo que por diablo. Y nos destornillamos de risa.  En la UNP hizo la maestría en comunicación siempre oportuno en sus opiniones y puntos de vista. Sus compañeros de aula aún lo recuerdan.

Fue un padre amoroso pendiente de su familia, su mayor tesoro. ¿Cómo nos duele su ausencia? Ese anticipo forzoso. Ese dejar el camino de los sueños para la ensoñación eterna. Ese cerrar los ojos como un libro lleno de recuerdos. Ese pasar y repasar la vida para escribir la historia personal sin retruécanos. Ese caminar todos los días por la tierra que sientes propia y que ahora dejas. Los silbidos de los chilalos y los trinos de las luisas te despierten. Exultantes los pendones blancos en los chicheríos en donde se desliza la conversa. Las historias inolvidables a cada paso. Las páginas de los diarios viejos con las que se escribe la historia. La vocinglería de la plaza. Los salud…salud y los piqueos. Las procesiones  y las bandas bulliciosas. Los cohetes y el hollín en la cara por el carnaval tan desbordado y callejero. Catacaos habita en tu memoria es parte de tu último recuerdo. Este escenario del aislamiento forzoso sólo permite el recado al ausente. Y el ausente eres tú entrañable amigo. Hermano de la redacción, colega en el oficio y en el aula. El tiempo se ha detenido en esa caricia tan dulce y tan plenamente humana junto a tus nietos. Adiós amigo. Que nuestros ruegos te acompañen ahora que la brisa de la noche acaricia los recuerdos.
Piura,12 de Mayo del 2020

domingo, 3 de mayo de 2020

TIEMPO PARA CREER Y CREAR


Por: Miguel Godos Curay

Dice en su XXI terceto de Proverbios y Cantares el poeta  Antonio Machado...Pero yo he visto beber/ hasta en los charcos/ del suelo./ Caprichos tiene la sed.” Esa misma sensación humana desoladora sentimos al paso de las ambulancias con ulular indetenible. Ese dolor de muerte cuando nos toca los ojos para arrancarnos la vida. Y no hay límites para la cuenta inacabable de ausentes. Vivimos en carne propia la paradoja del mundo al revés. Descubriendo lo que habíamos por largo tiempo ignorado. Sin entender la permanencia y la fugacidad de las cosas.

Manuscrito del poeta Antonio Machado (1875-1939)
Un mundo transformado sin la intimidad del gesto humano. Un mirarnos sin mirarnos en la pantalla del ordenador como en una ventana por donde asoman ahora los afectos y los desafectos. Lo odios vomitados, el encono gratuito y el concupiscente guiño a la pantalla alimentando ilusiones pasajeras. Tratando de aprender la inauguración de un mundo inédito. De hoy en adelante los clic… clic… clic… del teclado lo dicen todo en la logósfera planetaria. La sensación de la proximidad humana no se pierde pero ya no se siente cálida, cordial como un beso en la frente. Como una sonrisa que lo dice todo. Como el sabor indescriptible de la guayaba y la ciruela apetecida.

El tiempo transcurre fugaz pero ya no corre como el agua entre los dedos sino como el parpadeo de la clepsidra electrónica y no se detiene. Ya no nos comunicamos, nos conectamos. Nos miramos y miramos a nuestros interlocutores con el pasmo de los santos de repisa. Ya no sentimos los sabores la gula digital es como la concupiscencia oculorum que acusaba Saulo de Tarso. Come con los ojos y devora con las pestañas. Y los afectos son hoy telegramas interminables para la fornicación mental que inventa nuevos pecados y sensaciones en la nueva era digital.

Los juegos de ayer ya no existen. Los nuevos son apasionantes seducciones de las pantallas en donde aprendes a matar y a convertirte en una fiera experta en mover sincopadamente los pulgares pero no sabes escribir con lápiz o pluma tarea convertida en ritual de la arqueología. Hoy lo que se compra se mira y no se toca cuando lo tocas es muy tarde para el reclamo y aprendes a desconfiar de todo lo que venden las redes. Se vende de todo, ropa a precio huevo de la pasada estación, trajes nuevos para lucir en casa. Zapatos para grandes y chicos. Cosméticos con los atributos de los menjurjes de bruja, remedios curalotodo, cursos de idiomas para aprender a comunicarse en el mundo global. Imágenes descarnadas  que invocan un like para continuar su engañifa.

La asombrosa cosmética digital surte efecto y convierte en musa a una moza carente de encanto y de belleza con glúteos de cebolla china. Lo que la cirugía estética no da Photoshop brinda.  La realidad no iguala a la foto retocada, a la imagen que seduce y atrae por sus añadidos panqueques virtuales. Una abuela con arrugas de reseco maracuyá rejuvenece y una adolescente audaz se aumenta los años para presumir. Un imbécil con gafas aparenta ser inteligente.  Y un inteligente corre el riesgo de convertirse en un robot extasiado por los juegos. Los ajedrecistas desafían a la máquina con la pretensión humana de ganarle una partida. La tentación de la aparición en Facebook no se detiene. Sino apareces en las redes sociales no existes.

Ya no se leen las páginas de papel de los libros los textos aparecen en la pantalla en la versión virtual. Los habituados a la letra impresa y a sentir un libro entre manos corremos serio peligro. Somos una especie en vías de extinción e integramos tribus silenciosas que busca en el inmenso océano de la nada y en las junglas de los mercados: libros. Libros para llenar vacíos y verter conocimiento en las mentes. Libros que nos abran los ojos a la belleza. Libros que nos enseñen y nos hagan mejores en todo. Libros que son grata compañía para el que está solo y emprende la tarea, como Proust, de ir en busca del tiempo perdido.

La soledad con libros es transitoria y pasajera. El libro despierta pasiones tiene su propio aroma de papel y tinta. El libro viejo posee ese atributo divino de ser como el “bonus odor Christi” el buen olor de Cristo que nos sacude, con convicción y certeza profunda, para abrir el entendimiento e iluminar la inteligencia. Leer es una invitación gentil a pensar y experimentar la lectura como un acto propiamente humano. Emprender una aventura que motiva el escribir, recordar, comentar y extraviarse en una búsqueda insaciable de un libro a otro, párrafo por párrafo, abrir la puerta a un sueño. Algo así como  vaciar el reservorio de las emociones y vivencias propias de la cultura escrita. Leer nutre el alma, despierta la sabiduría y la prolonga en el espacio y el tiempo con  un afán de perennidad más allá de la muerte.

Mientras un peruano o peruana lea mi país tiene porvenir. Mientras un joven estudie permanecerá esa práctica generosa de leer escribiendo y escribir leyendo. El estudio requiere pasión. Leer, advierte Jorge Larrosa, es una experiencia infinita, inapropiable e interminable. Finalmente escribes lo que lees y lees lo que escribes. Es una experiencia arrobadora, un ensimismamiento íntimo, callado y gozoso. Es ahí en donde surge la provocación de la letra y muerde las fibras interiores, lees y escribes, escribes y lees.

Aprendes a utilizar las palabras, las escribes, las saboreas, las sientes, disfrutas de la sonoridad y de su potencia como tañido de campana. Abres los diccionarios como un oráculo revelador de significaciones ontológicas íntimas en el silencio de las calles desiertas. Las palabras ondulan el silencio como la piedra que cae sobre el espejo de agua del estanque. El silencio de las palabras es el silencio de Dios. Las palabras respiran, tienen vida propia, Martos dixit, nos hablan con naturalidad elemental, también las hay osadas y audaces, sacuden e interrogan, Las  de invicta nobleza son sensiblemente humanas  y elevadas. Las de amor son  ternura de  flor que abre sus pistilos. Su código genético busca la perpetuación de la vida y dan frutos.

Hay palabras que bullen en la punta de la lengua ordenan o reclaman, exigen y buscan respuestas. Asombran o silencian. Las hay impronunciables son el veneno que mana de la boca de Judas. La mentira perversa, la farsa, el engaño, la traición. El sebo de culebra, la hiel amarga,  la ponzoña del escorpión, los colmillos de la víbora, la sarna intelectual de la envidia, la soberbia químicamente pura, la enana mediocridad.  Hay  palabras para entretener y repiten los circunloquios de los trompos. Hay palabras que brotan de las profundidades del alma. Son generosas y agradecidas. Y las hay intensas y emotivas pues despiertan amor. Hay palabras sublimes con la potencia de un recado entregado a las oídos de Dios. Saben a ruego y a perdón. Tienen la estatura de la Vía Láctea y la humildad de un sorbo de agua para aplacar la sed.
  

martes, 21 de abril de 2020

BUENOS DíAS TRISTEZA


Por: Miguel Godos Curay

Anahí Baylon Albizú, una  bibliotecaria que entregó lo mejor de sí a
Piura
Carmen Checa de Silva disfrutaba de la  entrañable amistad  de Anahí Baylon. Carmen,  desencantada de las burocracias improductivas,  valoraba ese talante humano de una bibliotecaria plenamente convencida del rol fundamental de las bibliotecas en los pueblos. Si hay un indicador eficiente  de la buena gestión de un alcalde no está en el cemento que siembre para acabar con las áreas verdes sino en el trato que brinde a la biblioteca. No podemos olvidar las llamadas  de Anahí a las redacciones cuando malos alcaldes cerraban las bibliotecas y despedían  sin miramientos a los responsables de la atención. Aún recuerdo  cuando en un villorrio  de Paita cerraron la biblioteca y le quitaron las llaves al bibliotecario por orden del alcalde. El colmo de los colmos. Hace seis meses no le pagaban y si concurría era por ayudar a una demanda numerosa de escolares y colegiales que tocaban la puerta de su casa.

Otras ocasiones, como sucedió muchas veces en Piura, a la ínsula Barataria de la biblioteca iban a parar los dirigentes sindicales como parte de una estrategia de acoso y ablandamiento. Al frente de la Dirección de Cultura con Anahí en la biblioteca encontramos soluciones creativas y de enorme sensibilidad humana. Los sindicalistas municipales  exiliados se aplicaron a la digitación de las colecciones y actualización de catálogos. Otros aprendieron a leer y a enuadernar.  Con tanto refugiado temporal se ampliaron los horarios y se mejoró la atención. La disposición de Anahí para enseñar y descubrir las capacidades humanas fue un atributo extraordinario. Muchos obreros de limpieza y voluntarias, cuya movilidad y refrigerio era cubierto por la generosidad  del personal, se hicieron bibliotecarios.

Uno de sus experimentos fue la biblioteca con estantería abierta de tal modo que los lectores sintieran la proximidad de los libros. En la mayor parte de las bibliotecas escolares e institucionales los libros se encuentran prisioneros bajo siete llaves y nadie los lee. Una buena biblioteca decorativa no cumple su función cardinal. La de abrir la mente y las inteligencias  al conocimiento y saber humano. Al saber perenne. Nos reíamos a carcajada batiente  de los estantes con doble candado del que nadie conocía donde se encontraba la llave. La tragedia cotidiana, los presupuestos diminutos para la compra de libros o la inconsulta adquisición de ejemplares que finalmente no eran los necesarios.

Anahí fue el corazón  del Centro Coordinador de Bibliotecas cuyo mayor logro fue la Biblioteca Municipal de Tambogrande establecimiento modelo.  Gracias  a su  entusiasmo fue posible en Piura el encuentro internacional de Bibliotecarios  con la presencia de Birgitta Verdall  Presidenta de   la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA). Organismo internacional que representa los intereses de los servicios bibliotecarios y de información de sus usuarios. En esta tarea se confundió con Carmen Checa de Silva y Bruno Revesz del CIPCA. Los celos bibliotecarios capitalinos para que Lima fuera la sede se diluyeron finalmente.  Piura  y sus instituciones demostraron que en esta tierra se amaba los libros. De estas jornadas surgió como iniciativa la construcción de la moderna Biblioteca Municipal de Piura a espaldas del Club Grau. El esfuerzo por hacer realidad  la nueva biblioteca  tuvo que enfrentarse a la voracidad por el predio de los vecinos colindantes. Otros por la infeliz idea de sentar que una biblioteca no sirve para ganar elecciones.

Por mi memoria se refrescan numerosos recuerdos como aquel día  en que puse en sus manos los infolios originales del  «Libro del Cabildo de la Ciudad de San Miguel de Piura: años 1737 a 1748» editado en 1939 por Cia. de Impresiones y Publicidad E. Bustamante y Ballivian. Es el documento más valioso que preserva la Biblioteca Municipal Ignacio Escudero junto a  libros de antiguas ediciones. Del celo de Anahí dieron cuenta  los profesores Carlos Robles Rázuri y José H Estrada Morales. Asiduos concurrentes de la biblioteca.

Una de sus preocupaciones sensibles fue siempre la sala de niños y el buen trato a las colecciones. La sustracción de ejemplares posteriormente vendidos a precio de nada era una sensible preocupación. En muchas ocasiones compré libros en el mercado para devolverlos a la biblioteca. Otros tenían páginas arrancadas de cuajo y no faltaban los roba libros furtivos para engrosar  como botín su colección particular nunca leída.  De conversación fluida y amena su sentido del humor y del sabor de la vida no tenía límites. Amaba a sus hijos. No olvido su ejercicio de la “psicología aplicada”, una palmada, para morigerar inquietudes infantiles.

Su sonrisa dejaba sin aliento  a cualquiera.  Aún recuerdo cuando visitando los servicios higiénicos me miró registrar cámara en mano las inscripciones  y denuestos escritos con plumón y corrector sobre los impecables muros por malos lectores. Bestias hay en todas partes. Y le advertí que lo mismo sucede en la universidad pública. En las privadas no  porque el aseo cuesta. No puedo olvidarme de su afecto insobornable por perros y gatos.  En otro momento inolvidable,  canasta en mano, encontré a Anahí en una conmovedora tarea. Muerto Juan Guerra Cruz su gato Ramsés se quedó en el que fue su hogar  anonadado por la ausencia y el dolor felino. No se movió un instante junto al lecho de su amo y se mantuvo en largo ayuno.  Convocada Anahí le habló con el  lenguaje misterioso  del afecto sincero y se dejó acariciar. El gato angora, tras paciente dialogo, subió a la canasta y se marchó con la solidaria amiga de su infortunio. Desconozco cuáles fueron sus palabras mágicas para conjurar la tristeza y conducir al gato a su nuevo hogar. Ella le habló.  Anahí repartía su sueldo en alimentos  para canes y felinos. Eventualmente en cigarrillos cuando fumaba. Amaba el aire libre. El fresco de la mañana y la danza del viento en la tarde. Personalmente me apasionan los perros, los tengo desde que tenía uso de razón. Me acompañan en mis tareas menudas, en la lectura, en el juego. Duermen en la puerta de mi cuarto y lo arañan  para que no llegue tarde. Son un reloj sin pila incomparable. Cuando los hijos se van perros y gatos mantienen una invicta e insobornable lealtad.

Pensando en ella fue que con la anuencia del alcalde José Aguilar se hizo el monumento a la madre   entre los algarrobos verdes de la nueva biblioteca.  La idea original representaba a una madre campesina lactando a su crío con un libro abierto entre sus manos. El seno nutre el cuerpo  y el libro la inteligencia. Esa era la idea original. Ahí está la escultura en terracota de Víctor Delfín. El alma de Anahí recorre los jardines frescos de este recinto que fue su hogar placentero. Profundo dolor le causó la prematura muerte de uno de sus hijos. Sus amigos le organizaron una despedida entrañable que estremeció las profundidades de la ternura humana. Y la sentí madre plena, poesía, libro abierto, agua para la sed, semilla que brota de la tierra

Argentina como el Libertador San Martín hizo de la biblioteca el motor de valiosas iniciativas con pocos recursos. Sembró bibliotecas y promovió la lectura. A la biblioteca Ignacio Escudero llegué a los 16 siendo alumno de la Universidad de Piura ya estaba Anahí. Cuando por iniciativa de los universitarios promotores de la revista Nova expusimos nuestra iniciativa de crear el Centro de Estudios Piuranistas que reunió a los intelectuales de Piura ella nos abrió las puertas y nos acogió. Fui un asiduo lector. Al asumir la Dirección de Cultura y Educación acudí,  con frecuencia,  a sus actividades de capacitación, exposiciones y conferencias en el nuevo local. Ella acogió las iniciativas para crear la Sala Vargas Llosa y el auditorio Miguel Maticorena Estrada. Con Bruno Revesz  y Laura Hurtado, Anahí  hizo de las bibliotecas públicas, centros de animación cultural vigorosos.  Se detuvo el cierre repentino, ese inaudito afán de convertir las salas de lectura en depósitos municipales y almacenes atiborrados de la burocracia ociosa. Aunque el mal persiste la reacción ciudadana opera hoy como un resorte patente de reclamo.

Como en el tango de Gardel : sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando. Nos deja una huella imborrable.  El árbol frondoso de una semilla sembrada en el corazón de todos los piuranos. A su familia nuestra gratitud y la entereza de su camino trazado. Hagamos realidad sus sueños de hacer de las bibliotecas un faro de las conciencias y no un refugio de las tentaciones burocráticas. Las bibliotecas urgen de libros para que niños y jóvenes, grandes y chicos, viejos y jóvenes se asomen a la lectura.  Los tiempos son duros y de asombrosos cambios. Leer es un deber humano para construir una sociedad libre y una ciudadanía responsable tal como lo soñó Anahí Baylon. Una mujer que amó a los libros como a sí mismo.

viernes, 27 de marzo de 2020

TIEMPO PARA LA FAMILIA Y LA SOLIDARIDAD


Por: Miguel Godos Curay

La pandemia del COVI -19 nos convoca a la solidaridad planetaria
La cuarentena ha conseguido lo tantas veces invocado y pocas veces cumplido en la escuela, la familia y la Iglesia. El comunicarnos más cara a cara. El almorzar y cenar juntos. El compartir el juego amable. El asumir el rito de la siesta interminable. El sentir, crudamente, las angustias y los pesares. El vivir las necesidades y buscar soluciones creativas para el ahorro. El repentinamente ser buenos y solidarios con los otros. El sentir el sabor del agua fresca y el pan de la mañana cuyo sabor habíamos olvidado. El miedo desnudo frente a los abuelos y la higiene superlativa en todo lo que hacemos y emprendemos. La decepción frente a quienes creen que incumplir la ley es un malabar en la cuerda floja.

El descubrir que los de antes ya no somos los mismos y nos atemoriza ese uso desproporcionado del teléfono celular. Cada uno metido en su casa pero pendiente de esa sutil chismografía en la redes sociales en donde  jovencitas boquiabiertas contorsionan sintiendo el calor del hogar como una insoportable prisión. Y ante estos días sombríos el vivir enmascarados para evitar el contagio practicando con jabón el deporte de Pilatos. Lavarse las manos. En las redes sociales se escribe y poco que se habla. La grosería patética ocupa el lugar de lo que podría ser una entrevista con los hijos ausentes y los parientes lejanos en el lugar más apartado del planeta.

Hemos vuelto por grado de fuerza al hogar. Estamos estacionados con el ánimo a cuestas pero no vencidos. El sentir una guerra declarada con armas invisibles es una experiencia extenuante que empuja al tedio y el aburrimiento. En contraste el placer en los que leen imparablemente.  Nunca antes se religó la familia. Nunca antes aprendimos a valorar el tiempo perdido. Nunca antes comprendimos la grandeza íntima de la proximidad familiar.
En este caleidoscopio de emociones intensas afloró esa alcantarilla a borbotones de juicios de valor e insensatas opiniones. La arremetida de opinólogos, cojudólogos y sabelotodo no se detiene. La supina ignorancia en todo tiene apariencia de seriedad. Mucho más emociones que razones. Goebbels, el padre de la propaganda nazi  se sentiría de plácemes,  con la inaudita inoculación  de la angustia, desesperación y desconcierto manipulando mentiras de todo tipo en los medios de comunicación. O pontificando sobre los portentosos efectos de los antiguos remedios caseros de la abuela como el ajo, el limón, la palta, la yerba luisa, la manzanilla, la cascara de plátano, la pepa de guaba y el toronjil como antídotos para la pandemia. Sin contar el caldo de aceituna que ahora protege contra los bíblicos males. Inventar soluciones sigue siendo un portentoso negocio.

Internet es el protagonista de  un tsunami incontrolable de mentiras por los medios de comunicación social. Los diarios disminuyeron páginas y adelgazaron de pronto anticipando una crisis provocada por la escasez de papel.  A contrapelo en los mercados la buena gente compra papel higiénico en cantidades imaginables como si se fuera a producir el ultimo cague de la historia. Un inventario de estupideces de los nuevos y estrechos dueños de la verdad se apodera de las redes sociales. Nunca antes la verdad se disolvió como agua sucia en el torrente de los acontecimientos cotidianos. Faltas de ortografía y sintaxis abundan en los textos y desnudan el mal uso de la lengua en particulares formas. Hoy las nuevas tareas son el limpiar los recovecos de la casa. La gratuita jardinería. El ordenamiento de lo desordenado.  El hallazgo de tantos objetos inútiles ocupando espacio como en esas pueblerinas ferias que amontonan todo y nos muestran el hacinamiento con el que convivimos cotidianamente. El trastero se puso de moda.

Sucede siempre, los beneficiarios de las ayudas del Estado amanecieron haciendo cola en los bancos. Hubo carenciados con necesidades reales pero también falsos con disfraz de pobres. Vivarachos pidiendo ayuda porque la ocasión es propicia.  Y no demora en desatarse como en ocasiones anteriores legiones de mendigos. A río revuelto buscar ganancias a como ha lugar, es  la nueva gimnasia nacional. Una inexperiencia inolvidable son las calles aseadas y desinfectadas. Las colas ordenadas. El alcohol en gel para usar el cajero. La desinfección de los zapatos. Los buses sin pasajeros de pie y con sorprendente comodidad. En todo ese escenario no estuvieron vacíos los mercados. Ordenados de pronto con el uso obligado de la máscara y guantes. Sacamos 20 en aseo. Los precios  fluctúan no por la oferta y la demanda sino por  olas especulativas que se diluyen en la mar en calma. El forado en la economía regional, nacional e internacional a estas alturas es enorme. Las pérdidas cuantiosas, por el efecto dominó  de la economía, se trasladan a todas partes. La recesión se vislumbra y los recursos del Estado para atender a los más necesitados crece geométricamente. Los más afectados son los actores de la economía informal subordinados a los beneficios del momento sin fondos de reposición de sus productos. Comen de lo que venden en el día. Hoy no tienen nada que vender.

En tiempo de cuarentena las ventas se desploman. Pese a las dificultades los mercados hasta hoy disponen de productos a precio variado. Las amas de casa prefieren concurrir a los mayoristas en busca de mejores precios. De pronto nos hemos refugiado en potajes olvidados pero con sabor tradicional al momento del almuerzo. En estos momentos duros afloran profundos sentimientos religiosos y la serena confianza que el mal tiempo va a pasar. Otros citan el apocalipsis e invocan arrepentimiento. Pero también hay  quienes sin miramientos sólo esperan que esta pandemia arrase con los abuelos. Estas páginas de la historia serán escritas con sangre sudor y lágrimas.

Ahí estamos aturdidos, agotados, desencantados, aburridos otros deprimidos, otros enchichados  desafiando la autoridad. Si quince días parecen una eternidad como serán los años interminables de carcelería. Nuestra profunda gratitud a los médicos, enfermeras, policías, soldados, gobernantes y a todos los conductores, comunicadores responsables, comerciantes y ciudadanos que con dignidad y decoro enfrentan el momento y asumiendo que la solidaridad humana no es una virtud postiza o una obligación forzosa. Sino una donación personal en la que la vida se ofrenda por el desinteresado afán de servir a los demás. ¿Les parece poco?


jueves, 19 de marzo de 2020

EL AÑO DE LA PESTE

Estrictas medidas sanitarias adoptó el gobierno chino para deprimir  la propagación del Corona Virus

Por: Miguel Godos Curay

Refiere el cronista Anello Oliva que “Estando  Huayna Cápac entretenido en sus gustos, en Quito, le dio una grave dolencia que los indios llaman Vanti y nuestro romance bubas”. Garcilaso escribe y describe el mal estado del soberano: “… y le sobrevino calentura que ellos llaman rupha, que es quemarse y otros días y siguientes se sintiese peor y peor sintió que su mal era de muerte”. En efecto el Inca murió de un proceso febril, fuertemente contagioso y de alta letalidad. ¿Viruela o mal de bubas (sífilis)?  

Con la llegada de los conquistadores a América se desataron una serie de brotes epidémicos en el continente. Fray Gregorio García señala a 1533 como el de la aparición de la viruela en Quito. Anota Eduardo Galeano: “Mortífero fue, para América, el abrazo de Europa. Murieron nueve de cada diez nativos”. Los guerreros invisibles fueron los más feroces. Virus y bacterias desataron la viruela, el sarampión, la gripe, el tifus, la peste bubónica. Los indígenas morían como moscas pues sus cuerpos no tenían defensas.

A inicios del siglo XIX una epidemia de viruela causó indecibles estragos en Piura. El mal se trataba con remedios caseros sin asegurar su curación.  Por ley del 25 de noviembre de 1847, durante el gobierno de Castilla, se dispuso la presencia de uno o más vacunadores ambulantes para la aplicación del fluido contra la viruela. Otros males causantes de estragos en Piura fueron el tifus, la tos convulsiva, la gripe, la rabia, el paludismo, el sarampión, las paperas y la difteria. La fiebre amarilla y la peste bubónica alcanzaron las proporciones de epidemia.

Enrique López Albujar  en sus recorridos  por Morropón  recuerda a una anciana viandera sumergiendo sus dedos en el perol de manteca insensibilizada por la lepra. En Piura hubo mal de Hansen. El acta del Libro de Cabildo del 4 de julio de 1831 da cuenta del acuerdo para notificar a todos los leprosos el abandono de la ciudad en un plazo de nueve días. La fiebre amarilla asomó por Paita en 1853 y se expandió a lo largo de la costa desde Paita hasta Iquique en todos los puertos frecuentados por el comercio de cabotaje. Entre 1867 y 1869, apareció nuevamente, esta vez  vino de Guayaquil con una letalidad sorprendente. Por este motivo se crearon las Juntas de Sanidad que ordenaron el estricto control sanitario de las naves que acoderaban en Paita. El famoso pintor piurano Luis Montero, autor del cuadro Los funerales de Atahualpa, murió  a consecuencia de la temible fiebre amarilla (1869)

¡Llegó la peste!  Dios nos tenga confesados. Entre 1903 y 1930 la peste bubónica transmitida por la pulga de la rata hizo su súbita aparición en Paita. Los diarios de la época informan sobre los primeros brotes en los puertos de Callao y Mollendo. Posteriormente el mal se expandió a Chiclayo, Pacasmayo, Trujillo y Lima.  Durante este periodo de 27 años se registraron en Paita mil 41 casos de peste de consecuencia mortal. Las medidas sanitarias fueron drásticas y severas. Los enfermos eran conducidos sin contemplaciones por la Policía Sanitaria a los Lazaretos, especie de hospitales de emergencia, con escasas posibilidades de recuperación. Barrios enteros fueron aislados por temor a la propagación de la peste. Aseguran algunos sobrevivientes que muchos de los enfermos fueron sepultados vivos.

Las crónicas refieren cortejos dantescos de cadáveres envueltos en sábanas arrojados a fosas de dos metros bajo tierra recubiertos por dos arrobas de cal. Tal era el temor al contagio que en 1905 la Prefectura de Piura conformó la Junta Incineradora para tasar y ordenar el quemado de las casas insalubres del puerto. Para el doctor Manuel F Zúñiga, el médico de Paita, la medida no era eficaz como se esperaba pues los propietarios volvían a edificar ramadas precarias.  Tal eran los temores a la peste, en 1904, una ordenanza de la Municipalidad de Piura, prohibió la presencia de mendigos que pululaban por la ciudad pues se presumía que venían de poblados afectados por la peste.

Gracias a la Ley 4126 decretada por Leguía en mayo de 1920 se dispuso el saneamiento de 32 ciudades de la República entre ellas Piura y Paita. Para aplicarla se contrató a la empresa británica de saneamiento Foundation Company. Las primeras medidas fueron la erradicación de basurales y la mejora de los hábitos higiénicos en una población reacia al aseo y consumo del agua hervida. Los roedores convivían con las familias pobres como si fueran animales domésticos estableciendo sus madrigueras entre las quinchas y   ranchos pobres. En Mollendo, en un  día  de desinfección se ultimaron 3 mil ratas.

El crecimiento de una familia de roedores empieza con la presencia de una rata o pericote comensal cuya familia crece. Los roedores son omnívoros y su principal fuente de alimentación son los centros de abastos, basurales, campos de cultivo y hogares poco ventilados y limpios  donde construyen sus nidos. Sus sentidos más desarrollados son el tacto, el oído y el olfato. Sus bigotes largos y sensibles advierten el peligro. Conforme a una biológica jerarquía los roedores de bigotes  intactos son los dominantes y los que los tienen estropeados los  dominados.

Una rata tiene un ciclo de vida de uno a dos años y se reproduce cada 20 o 23 días.  Un macho con suficiente testosterona y visible agresividad mantiene un harem de hembras. Ratas y ratones no tienen capacidad de percibir los colores. Sus movimientos se guían por el tacto. Sin embargo, sufren una parálisis repentina al sentir el olor del gato. Tienen una extraordinaria capacidad auditiva de rango ultrasónico. El hombre tiene una capacidad de 20 khz los roedores de 100 khz. Advierte Weber que las ratas han causado más perjuicios al hombre que todas las revoluciones y guerras en la historia del mundo.

A consecuencia de la peste bubónica se impuso el uso de jabón sulfuroso, los polvos anti-pulgas, trampas y cebos mortíferos para ratas promocionados por el Almanaque Bristol. Para estimular la erradicación en el Callao se llegó a pagar cinco soles por rata muerta. Los gatos se convirtieron en mascotas preferidas en comunidades reacias al aseo.
Las prácticas de higiene de la época eran realmente precarias:  Se practicaba el baño semanal, se consideraba innecesario el lavado de manos, las excretas y basuras eran abandonadas a inmediaciones de los barrios. La parturienta se bañaba 40 días después del alumbramiento. Los ingleses, en este escenario, impusieron a rajatabla la higiene y el estricto control sanitario en los barcos que acoderaban en Paita. Las poblaciones advertidas exigieron redes de agua potable y mercados limpios para abastecerse de alimentos. Lo que en efecto impulsó un salto de progreso en los pueblos.

El 23 de enero 1991 una epidemia de cólera se expandió por el Perú se registraron 322 mil 562 casos sospechosos y 2 mil 909 muertes, los casos fueron reportados en las localidades de Chancay, Chimbote y Piura. La letalidad se prolongó hasta el 1992 con 727 muertos y el 1993 otros 575.  En Piura los reportes dan cuenta de 98 muertos y 15 mil 930 casos confirmados. Los pasillos del Hospital Cayetano Heredia se habilitaron para acoger a los afectados consumidos por las diarreas, deshidratación y dolorosos calambres.
La bacteria causante fue identificada como Vibrium Colérico sero grupo 01, Biotipo El Tor, serotipo Inaba. Las noticias conocidas del cólera daban cuenta de letales epidemias en la India, Ruanda y en otros cien países del planeta según la OMS. La epidemia se expandió finalmente en Ecuador y Colombia. Las infecciones se registraron por el consumo de peces y mariscos extraídos en la franja litoral en donde se vierten irresponsablemente las alcantarillas.

En Piura, se confirmó que el 90% de los alimentos expendidos ambulatoriamente tenían residuos fecales. Verduras de consumo masivo (tomates, lechugas, cebollas, papas, rabanitos y nabos) eran regados con aguas servidas. La situación se agravó por la falta de inmunidad natural como en la India. A consecuencia de la epidemia durante dos años se deprimió el consumo de pescado y mariscos. La confianza se recuperó con la irrupción de nuevos restaurantes y la aparición en apariencia impecable de un nuevo oficio: los chefs.
Consecuencia del cambio climático, las inundaciones del Niño costero en la región es la explosiva aparición del dengue. Conocido también como la fiebre rompe huesos. Enfermedad vírica febril transmitida por el mosquito Aedes.  En Piura zancudo. Los virus del dengue son de múltiples tipos y  endémicos en zonas tropicales. En Asia se han extendido por la parte meridional de China, Viet Nam, Laos, Camboya, Finlandia, India, Indonesia, Filipinas, Malasia y Singapur. Desde 1983 circula también por el norte de Australia.

El dengue tiene una letalidad mayor que el Corona virus al extremo que el uso de mascarillas protectoras y alcohol en gel. No son más eficaces que al agua con jabón. Con el calor de Piura es poco probable se expanda y viva el Corona virus lo que no significa el abandono de estrictas prácticas de higiene.  El 2014 se registraron en Piura  2 mil 675 casos de dengue,  el 2015  20 mil 43 casos, el 2016  7 mil 610 casos ; el 2017  44 mil 275 casos, el 2018  580 casos  y el 2019 (hasta septiembre) 178 casos según las estadísticas del Ministerio de Salud.  Los fallecidos sumaron 178. Entre el 2018-2019 se reportaron en Sullana 22 casos, en Castilla 28; 23 en Piura 23 y 11  en el distrito 26 de Octubre.

La negligente manipulación del agua es la principal causa del incremento del dengue pese a los esfuerzos del Minsa. El zancudo prolifera en hogares donde se mantiene el agua en depósitos descubiertos, se acumulan inservibles en los techos, el uso de floreros en los cementerios y la sustracción clandestina de agua potable.   Se suma a ello el riego por inundación cuando lo recomendable es por aspersión.

Las medidas de prevención son: La eliminación de criaderos, uso de repelentes en la población expuesta y  fumigación con insecticidas. El dengue hemorrágico tiene los mismos síntomas  febriles pero estos van acompañados de cefaleas (dolores de cabeza) y la fragilidad vascular, causa de hemorragias que en algunos casos, se tornan letales. En Piura la malaria disminuye pero aumenta el dengue. Un mal de las estribaciones andinas es la leishmaniasis cutánea o uta   detectada en las provincias andinas de  Ayabaca, Huancabamba y Huarmaca.

La nueva amenaza se llama Corona virus o  COVID-19 hasta el momento se han detectado y confirmado en el Perú 145 casos. En previsión se ha dispuesto el toque de queda desde las 8.00 de la noche hasta las 5.00 de la mañana. Escuelas y universidades han interrumpido sus actividades académicas. El transporte urbano se ha restringido a la mitad de unidades y frecuencias. Se han cancelado los oficios religiosos tradicionales de la cuaresma. El escenario global impuesto por las redes sociales no deja de ser tremendista y abrumador. La población tiene que adoptar medidas de educación sanitaria e información en sus hogares.

El amor en tiempos del Corona virus camina despojado de caricias, besos y abrazos. Ni siquiera las manos juntas están exentas de esta bíblica prohibición. La ausencia de actividades públicas y la obligada supresión de la diversión somete al rigor de la distancia los afectos elementales y primarios. Nada de piquitos y arrumacos. Ni intercambio de babas como diría Lacan. Somos testigos y protagonistas de una pandemia que dará muchas páginas a la literatura y a la no menos sugerente constatación. Los impactos sobre la economía son prematuramente visibles. Los precios varían en los mercados. Las pérdidas acumuladas en las AFP son millonarias. Lo bueno de esta emergencia similar a un estado de guerra es el reencuentro de la familia. El aprovechamiento del tiempo para el trabajo doméstico olvidado. El ahorro obligado y la buena lectura. Resulta impredecible la pérdida acumulada en diarios sin avisos publicitarios que nadie lee, Todos viven pendientes de la diminuta pantalla de su celular que anticipa noticias y mentiras verdaderas. Un estornudo en la China es una bomba de tiempo impredecible en el Perú.