domingo, 3 de mayo de 2020

TIEMPO PARA CREER Y CREAR


Por: Miguel Godos Curay

Dice en su XXI terceto de Proverbios y Cantares el poeta  Antonio Machado...Pero yo he visto beber/ hasta en los charcos/ del suelo./ Caprichos tiene la sed.” Esa misma sensación humana desoladora sentimos al paso de las ambulancias con ulular indetenible. Ese dolor de muerte cuando nos toca los ojos para arrancarnos la vida. Y no hay límites para la cuenta inacabable de ausentes. Vivimos en carne propia la paradoja del mundo al revés. Descubriendo lo que habíamos por largo tiempo ignorado. Sin entender la permanencia y la fugacidad de las cosas.

Manuscrito del poeta Antonio Machado (1875-1939)
Un mundo transformado sin la intimidad del gesto humano. Un mirarnos sin mirarnos en la pantalla del ordenador como en una ventana por donde asoman ahora los afectos y los desafectos. Lo odios vomitados, el encono gratuito y el concupiscente guiño a la pantalla alimentando ilusiones pasajeras. Tratando de aprender la inauguración de un mundo inédito. De hoy en adelante los clic… clic… clic… del teclado lo dicen todo en la logósfera planetaria. La sensación de la proximidad humana no se pierde pero ya no se siente cálida, cordial como un beso en la frente. Como una sonrisa que lo dice todo. Como el sabor indescriptible de la guayaba y la ciruela apetecida.

El tiempo transcurre fugaz pero ya no corre como el agua entre los dedos sino como el parpadeo de la clepsidra electrónica y no se detiene. Ya no nos comunicamos, nos conectamos. Nos miramos y miramos a nuestros interlocutores con el pasmo de los santos de repisa. Ya no sentimos los sabores la gula digital es como la concupiscencia oculorum que acusaba Saulo de Tarso. Come con los ojos y devora con las pestañas. Y los afectos son hoy telegramas interminables para la fornicación mental que inventa nuevos pecados y sensaciones en la nueva era digital.

Los juegos de ayer ya no existen. Los nuevos son apasionantes seducciones de las pantallas en donde aprendes a matar y a convertirte en una fiera experta en mover sincopadamente los pulgares pero no sabes escribir con lápiz o pluma tarea convertida en ritual de la arqueología. Hoy lo que se compra se mira y no se toca cuando lo tocas es muy tarde para el reclamo y aprendes a desconfiar de todo lo que venden las redes. Se vende de todo, ropa a precio huevo de la pasada estación, trajes nuevos para lucir en casa. Zapatos para grandes y chicos. Cosméticos con los atributos de los menjurjes de bruja, remedios curalotodo, cursos de idiomas para aprender a comunicarse en el mundo global. Imágenes descarnadas  que invocan un like para continuar su engañifa.

La asombrosa cosmética digital surte efecto y convierte en musa a una moza carente de encanto y de belleza con glúteos de cebolla china. Lo que la cirugía estética no da Photoshop brinda.  La realidad no iguala a la foto retocada, a la imagen que seduce y atrae por sus añadidos panqueques virtuales. Una abuela con arrugas de reseco maracuyá rejuvenece y una adolescente audaz se aumenta los años para presumir. Un imbécil con gafas aparenta ser inteligente.  Y un inteligente corre el riesgo de convertirse en un robot extasiado por los juegos. Los ajedrecistas desafían a la máquina con la pretensión humana de ganarle una partida. La tentación de la aparición en Facebook no se detiene. Sino apareces en las redes sociales no existes.

Ya no se leen las páginas de papel de los libros los textos aparecen en la pantalla en la versión virtual. Los habituados a la letra impresa y a sentir un libro entre manos corremos serio peligro. Somos una especie en vías de extinción e integramos tribus silenciosas que busca en el inmenso océano de la nada y en las junglas de los mercados: libros. Libros para llenar vacíos y verter conocimiento en las mentes. Libros que nos abran los ojos a la belleza. Libros que nos enseñen y nos hagan mejores en todo. Libros que son grata compañía para el que está solo y emprende la tarea, como Proust, de ir en busca del tiempo perdido.

La soledad con libros es transitoria y pasajera. El libro despierta pasiones tiene su propio aroma de papel y tinta. El libro viejo posee ese atributo divino de ser como el “bonus odor Christi” el buen olor de Cristo que nos sacude, con convicción y certeza profunda, para abrir el entendimiento e iluminar la inteligencia. Leer es una invitación gentil a pensar y experimentar la lectura como un acto propiamente humano. Emprender una aventura que motiva el escribir, recordar, comentar y extraviarse en una búsqueda insaciable de un libro a otro, párrafo por párrafo, abrir la puerta a un sueño. Algo así como  vaciar el reservorio de las emociones y vivencias propias de la cultura escrita. Leer nutre el alma, despierta la sabiduría y la prolonga en el espacio y el tiempo con  un afán de perennidad más allá de la muerte.

Mientras un peruano o peruana lea mi país tiene porvenir. Mientras un joven estudie permanecerá esa práctica generosa de leer escribiendo y escribir leyendo. El estudio requiere pasión. Leer, advierte Jorge Larrosa, es una experiencia infinita, inapropiable e interminable. Finalmente escribes lo que lees y lees lo que escribes. Es una experiencia arrobadora, un ensimismamiento íntimo, callado y gozoso. Es ahí en donde surge la provocación de la letra y muerde las fibras interiores, lees y escribes, escribes y lees.

Aprendes a utilizar las palabras, las escribes, las saboreas, las sientes, disfrutas de la sonoridad y de su potencia como tañido de campana. Abres los diccionarios como un oráculo revelador de significaciones ontológicas íntimas en el silencio de las calles desiertas. Las palabras ondulan el silencio como la piedra que cae sobre el espejo de agua del estanque. El silencio de las palabras es el silencio de Dios. Las palabras respiran, tienen vida propia, Martos dixit, nos hablan con naturalidad elemental, también las hay osadas y audaces, sacuden e interrogan, Las  de invicta nobleza son sensiblemente humanas  y elevadas. Las de amor son  ternura de  flor que abre sus pistilos. Su código genético busca la perpetuación de la vida y dan frutos.

Hay palabras que bullen en la punta de la lengua ordenan o reclaman, exigen y buscan respuestas. Asombran o silencian. Las hay impronunciables son el veneno que mana de la boca de Judas. La mentira perversa, la farsa, el engaño, la traición. El sebo de culebra, la hiel amarga,  la ponzoña del escorpión, los colmillos de la víbora, la sarna intelectual de la envidia, la soberbia químicamente pura, la enana mediocridad.  Hay  palabras para entretener y repiten los circunloquios de los trompos. Hay palabras que brotan de las profundidades del alma. Son generosas y agradecidas. Y las hay intensas y emotivas pues despiertan amor. Hay palabras sublimes con la potencia de un recado entregado a las oídos de Dios. Saben a ruego y a perdón. Tienen la estatura de la Vía Láctea y la humildad de un sorbo de agua para aplacar la sed.
  

martes, 21 de abril de 2020

BUENOS DíAS TRISTEZA


Por: Miguel Godos Curay

Anahí Baylon Albizú, una  bibliotecaria que entregó lo mejor de sí a
Piura
Carmen Checa de Silva disfrutaba de la  entrañable amistad  de Anahí Baylon. Carmen,  desencantada de las burocracias improductivas,  valoraba ese talante humano de una bibliotecaria plenamente convencida del rol fundamental de las bibliotecas en los pueblos. Si hay un indicador eficiente  de la buena gestión de un alcalde no está en el cemento que siembre para acabar con las áreas verdes sino en el trato que brinde a la biblioteca. No podemos olvidar las llamadas  de Anahí a las redacciones cuando malos alcaldes cerraban las bibliotecas y despedían  sin miramientos a los responsables de la atención. Aún recuerdo  cuando en un villorrio  de Paita cerraron la biblioteca y le quitaron las llaves al bibliotecario por orden del alcalde. El colmo de los colmos. Hace seis meses no le pagaban y si concurría era por ayudar a una demanda numerosa de escolares y colegiales que tocaban la puerta de su casa.

Otras ocasiones, como sucedió muchas veces en Piura, a la ínsula Barataria de la biblioteca iban a parar los dirigentes sindicales como parte de una estrategia de acoso y ablandamiento. Al frente de la Dirección de Cultura con Anahí en la biblioteca encontramos soluciones creativas y de enorme sensibilidad humana. Los sindicalistas municipales  exiliados se aplicaron a la digitación de las colecciones y actualización de catálogos. Otros aprendieron a leer y a enuadernar.  Con tanto refugiado temporal se ampliaron los horarios y se mejoró la atención. La disposición de Anahí para enseñar y descubrir las capacidades humanas fue un atributo extraordinario. Muchos obreros de limpieza y voluntarias, cuya movilidad y refrigerio era cubierto por la generosidad  del personal, se hicieron bibliotecarios.

Uno de sus experimentos fue la biblioteca con estantería abierta de tal modo que los lectores sintieran la proximidad de los libros. En la mayor parte de las bibliotecas escolares e institucionales los libros se encuentran prisioneros bajo siete llaves y nadie los lee. Una buena biblioteca decorativa no cumple su función cardinal. La de abrir la mente y las inteligencias  al conocimiento y saber humano. Al saber perenne. Nos reíamos a carcajada batiente  de los estantes con doble candado del que nadie conocía donde se encontraba la llave. La tragedia cotidiana, los presupuestos diminutos para la compra de libros o la inconsulta adquisición de ejemplares que finalmente no eran los necesarios.

Anahí fue el corazón  del Centro Coordinador de Bibliotecas cuyo mayor logro fue la Biblioteca Municipal de Tambogrande establecimiento modelo.  Gracias  a su  entusiasmo fue posible en Piura el encuentro internacional de Bibliotecarios  con la presencia de Birgitta Verdall  Presidenta de   la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA). Organismo internacional que representa los intereses de los servicios bibliotecarios y de información de sus usuarios. En esta tarea se confundió con Carmen Checa de Silva y Bruno Revesz del CIPCA. Los celos bibliotecarios capitalinos para que Lima fuera la sede se diluyeron finalmente.  Piura  y sus instituciones demostraron que en esta tierra se amaba los libros. De estas jornadas surgió como iniciativa la construcción de la moderna Biblioteca Municipal de Piura a espaldas del Club Grau. El esfuerzo por hacer realidad  la nueva biblioteca  tuvo que enfrentarse a la voracidad por el predio de los vecinos colindantes. Otros por la infeliz idea de sentar que una biblioteca no sirve para ganar elecciones.

Por mi memoria se refrescan numerosos recuerdos como aquel día  en que puse en sus manos los infolios originales del  «Libro del Cabildo de la Ciudad de San Miguel de Piura: años 1737 a 1748» editado en 1939 por Cia. de Impresiones y Publicidad E. Bustamante y Ballivian. Es el documento más valioso que preserva la Biblioteca Municipal Ignacio Escudero junto a  libros de antiguas ediciones. Del celo de Anahí dieron cuenta  los profesores Carlos Robles Rázuri y José H Estrada Morales. Asiduos concurrentes de la biblioteca.

Una de sus preocupaciones sensibles fue siempre la sala de niños y el buen trato a las colecciones. La sustracción de ejemplares posteriormente vendidos a precio de nada era una sensible preocupación. En muchas ocasiones compré libros en el mercado para devolverlos a la biblioteca. Otros tenían páginas arrancadas de cuajo y no faltaban los roba libros furtivos para engrosar  como botín su colección particular nunca leída.  De conversación fluida y amena su sentido del humor y del sabor de la vida no tenía límites. Amaba a sus hijos. No olvido su ejercicio de la “psicología aplicada”, una palmada, para morigerar inquietudes infantiles.

Su sonrisa dejaba sin aliento  a cualquiera.  Aún recuerdo cuando visitando los servicios higiénicos me miró registrar cámara en mano las inscripciones  y denuestos escritos con plumón y corrector sobre los impecables muros por malos lectores. Bestias hay en todas partes. Y le advertí que lo mismo sucede en la universidad pública. En las privadas no  porque el aseo cuesta. No puedo olvidarme de su afecto insobornable por perros y gatos.  En otro momento inolvidable,  canasta en mano, encontré a Anahí en una conmovedora tarea. Muerto Juan Guerra Cruz su gato Ramsés se quedó en el que fue su hogar  anonadado por la ausencia y el dolor felino. No se movió un instante junto al lecho de su amo y se mantuvo en largo ayuno.  Convocada Anahí le habló con el  lenguaje misterioso  del afecto sincero y se dejó acariciar. El gato angora, tras paciente dialogo, subió a la canasta y se marchó con la solidaria amiga de su infortunio. Desconozco cuáles fueron sus palabras mágicas para conjurar la tristeza y conducir al gato a su nuevo hogar. Ella le habló.  Anahí repartía su sueldo en alimentos  para canes y felinos. Eventualmente en cigarrillos cuando fumaba. Amaba el aire libre. El fresco de la mañana y la danza del viento en la tarde. Personalmente me apasionan los perros, los tengo desde que tenía uso de razón. Me acompañan en mis tareas menudas, en la lectura, en el juego. Duermen en la puerta de mi cuarto y lo arañan  para que no llegue tarde. Son un reloj sin pila incomparable. Cuando los hijos se van perros y gatos mantienen una invicta e insobornable lealtad.

Pensando en ella fue que con la anuencia del alcalde José Aguilar se hizo el monumento a la madre   entre los algarrobos verdes de la nueva biblioteca.  La idea original representaba a una madre campesina lactando a su crío con un libro abierto entre sus manos. El seno nutre el cuerpo  y el libro la inteligencia. Esa era la idea original. Ahí está la escultura en terracota de Víctor Delfín. El alma de Anahí recorre los jardines frescos de este recinto que fue su hogar placentero. Profundo dolor le causó la prematura muerte de uno de sus hijos. Sus amigos le organizaron una despedida entrañable que estremeció las profundidades de la ternura humana. Y la sentí madre plena, poesía, libro abierto, agua para la sed, semilla que brota de la tierra

Argentina como el Libertador San Martín hizo de la biblioteca el motor de valiosas iniciativas con pocos recursos. Sembró bibliotecas y promovió la lectura. A la biblioteca Ignacio Escudero llegué a los 16 siendo alumno de la Universidad de Piura ya estaba Anahí. Cuando por iniciativa de los universitarios promotores de la revista Nova expusimos nuestra iniciativa de crear el Centro de Estudios Piuranistas que reunió a los intelectuales de Piura ella nos abrió las puertas y nos acogió. Fui un asiduo lector. Al asumir la Dirección de Cultura y Educación acudí,  con frecuencia,  a sus actividades de capacitación, exposiciones y conferencias en el nuevo local. Ella acogió las iniciativas para crear la Sala Vargas Llosa y el auditorio Miguel Maticorena Estrada. Con Bruno Revesz  y Laura Hurtado, Anahí  hizo de las bibliotecas públicas, centros de animación cultural vigorosos.  Se detuvo el cierre repentino, ese inaudito afán de convertir las salas de lectura en depósitos municipales y almacenes atiborrados de la burocracia ociosa. Aunque el mal persiste la reacción ciudadana opera hoy como un resorte patente de reclamo.

Como en el tango de Gardel : sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando. Nos deja una huella imborrable.  El árbol frondoso de una semilla sembrada en el corazón de todos los piuranos. A su familia nuestra gratitud y la entereza de su camino trazado. Hagamos realidad sus sueños de hacer de las bibliotecas un faro de las conciencias y no un refugio de las tentaciones burocráticas. Las bibliotecas urgen de libros para que niños y jóvenes, grandes y chicos, viejos y jóvenes se asomen a la lectura.  Los tiempos son duros y de asombrosos cambios. Leer es un deber humano para construir una sociedad libre y una ciudadanía responsable tal como lo soñó Anahí Baylon. Una mujer que amó a los libros como a sí mismo.

viernes, 27 de marzo de 2020

TIEMPO PARA LA FAMILIA Y LA SOLIDARIDAD


Por: Miguel Godos Curay

La pandemia del COVI -19 nos convoca a la solidaridad planetaria
La cuarentena ha conseguido lo tantas veces invocado y pocas veces cumplido en la escuela, la familia y la Iglesia. El comunicarnos más cara a cara. El almorzar y cenar juntos. El compartir el juego amable. El asumir el rito de la siesta interminable. El sentir, crudamente, las angustias y los pesares. El vivir las necesidades y buscar soluciones creativas para el ahorro. El repentinamente ser buenos y solidarios con los otros. El sentir el sabor del agua fresca y el pan de la mañana cuyo sabor habíamos olvidado. El miedo desnudo frente a los abuelos y la higiene superlativa en todo lo que hacemos y emprendemos. La decepción frente a quienes creen que incumplir la ley es un malabar en la cuerda floja.

El descubrir que los de antes ya no somos los mismos y nos atemoriza ese uso desproporcionado del teléfono celular. Cada uno metido en su casa pero pendiente de esa sutil chismografía en la redes sociales en donde  jovencitas boquiabiertas contorsionan sintiendo el calor del hogar como una insoportable prisión. Y ante estos días sombríos el vivir enmascarados para evitar el contagio practicando con jabón el deporte de Pilatos. Lavarse las manos. En las redes sociales se escribe y poco que se habla. La grosería patética ocupa el lugar de lo que podría ser una entrevista con los hijos ausentes y los parientes lejanos en el lugar más apartado del planeta.

Hemos vuelto por grado de fuerza al hogar. Estamos estacionados con el ánimo a cuestas pero no vencidos. El sentir una guerra declarada con armas invisibles es una experiencia extenuante que empuja al tedio y el aburrimiento. En contraste el placer en los que leen imparablemente.  Nunca antes se religó la familia. Nunca antes aprendimos a valorar el tiempo perdido. Nunca antes comprendimos la grandeza íntima de la proximidad familiar.
En este caleidoscopio de emociones intensas afloró esa alcantarilla a borbotones de juicios de valor e insensatas opiniones. La arremetida de opinólogos, cojudólogos y sabelotodo no se detiene. La supina ignorancia en todo tiene apariencia de seriedad. Mucho más emociones que razones. Goebbels, el padre de la propaganda nazi  se sentiría de plácemes,  con la inaudita inoculación  de la angustia, desesperación y desconcierto manipulando mentiras de todo tipo en los medios de comunicación. O pontificando sobre los portentosos efectos de los antiguos remedios caseros de la abuela como el ajo, el limón, la palta, la yerba luisa, la manzanilla, la cascara de plátano, la pepa de guaba y el toronjil como antídotos para la pandemia. Sin contar el caldo de aceituna que ahora protege contra los bíblicos males. Inventar soluciones sigue siendo un portentoso negocio.

Internet es el protagonista de  un tsunami incontrolable de mentiras por los medios de comunicación social. Los diarios disminuyeron páginas y adelgazaron de pronto anticipando una crisis provocada por la escasez de papel.  A contrapelo en los mercados la buena gente compra papel higiénico en cantidades imaginables como si se fuera a producir el ultimo cague de la historia. Un inventario de estupideces de los nuevos y estrechos dueños de la verdad se apodera de las redes sociales. Nunca antes la verdad se disolvió como agua sucia en el torrente de los acontecimientos cotidianos. Faltas de ortografía y sintaxis abundan en los textos y desnudan el mal uso de la lengua en particulares formas. Hoy las nuevas tareas son el limpiar los recovecos de la casa. La gratuita jardinería. El ordenamiento de lo desordenado.  El hallazgo de tantos objetos inútiles ocupando espacio como en esas pueblerinas ferias que amontonan todo y nos muestran el hacinamiento con el que convivimos cotidianamente. El trastero se puso de moda.

Sucede siempre, los beneficiarios de las ayudas del Estado amanecieron haciendo cola en los bancos. Hubo carenciados con necesidades reales pero también falsos con disfraz de pobres. Vivarachos pidiendo ayuda porque la ocasión es propicia.  Y no demora en desatarse como en ocasiones anteriores legiones de mendigos. A río revuelto buscar ganancias a como ha lugar, es  la nueva gimnasia nacional. Una inexperiencia inolvidable son las calles aseadas y desinfectadas. Las colas ordenadas. El alcohol en gel para usar el cajero. La desinfección de los zapatos. Los buses sin pasajeros de pie y con sorprendente comodidad. En todo ese escenario no estuvieron vacíos los mercados. Ordenados de pronto con el uso obligado de la máscara y guantes. Sacamos 20 en aseo. Los precios  fluctúan no por la oferta y la demanda sino por  olas especulativas que se diluyen en la mar en calma. El forado en la economía regional, nacional e internacional a estas alturas es enorme. Las pérdidas cuantiosas, por el efecto dominó  de la economía, se trasladan a todas partes. La recesión se vislumbra y los recursos del Estado para atender a los más necesitados crece geométricamente. Los más afectados son los actores de la economía informal subordinados a los beneficios del momento sin fondos de reposición de sus productos. Comen de lo que venden en el día. Hoy no tienen nada que vender.

En tiempo de cuarentena las ventas se desploman. Pese a las dificultades los mercados hasta hoy disponen de productos a precio variado. Las amas de casa prefieren concurrir a los mayoristas en busca de mejores precios. De pronto nos hemos refugiado en potajes olvidados pero con sabor tradicional al momento del almuerzo. En estos momentos duros afloran profundos sentimientos religiosos y la serena confianza que el mal tiempo va a pasar. Otros citan el apocalipsis e invocan arrepentimiento. Pero también hay  quienes sin miramientos sólo esperan que esta pandemia arrase con los abuelos. Estas páginas de la historia serán escritas con sangre sudor y lágrimas.

Ahí estamos aturdidos, agotados, desencantados, aburridos otros deprimidos, otros enchichados  desafiando la autoridad. Si quince días parecen una eternidad como serán los años interminables de carcelería. Nuestra profunda gratitud a los médicos, enfermeras, policías, soldados, gobernantes y a todos los conductores, comunicadores responsables, comerciantes y ciudadanos que con dignidad y decoro enfrentan el momento y asumiendo que la solidaridad humana no es una virtud postiza o una obligación forzosa. Sino una donación personal en la que la vida se ofrenda por el desinteresado afán de servir a los demás. ¿Les parece poco?


jueves, 19 de marzo de 2020

EL AÑO DE LA PESTE

Estrictas medidas sanitarias adoptó el gobierno chino para deprimir  la propagación del Corona Virus

Por: Miguel Godos Curay

Refiere el cronista Anello Oliva que “Estando  Huayna Cápac entretenido en sus gustos, en Quito, le dio una grave dolencia que los indios llaman Vanti y nuestro romance bubas”. Garcilaso escribe y describe el mal estado del soberano: “… y le sobrevino calentura que ellos llaman rupha, que es quemarse y otros días y siguientes se sintiese peor y peor sintió que su mal era de muerte”. En efecto el Inca murió de un proceso febril, fuertemente contagioso y de alta letalidad. ¿Viruela o mal de bubas (sífilis)?  

Con la llegada de los conquistadores a América se desataron una serie de brotes epidémicos en el continente. Fray Gregorio García señala a 1533 como el de la aparición de la viruela en Quito. Anota Eduardo Galeano: “Mortífero fue, para América, el abrazo de Europa. Murieron nueve de cada diez nativos”. Los guerreros invisibles fueron los más feroces. Virus y bacterias desataron la viruela, el sarampión, la gripe, el tifus, la peste bubónica. Los indígenas morían como moscas pues sus cuerpos no tenían defensas.

A inicios del siglo XIX una epidemia de viruela causó indecibles estragos en Piura. El mal se trataba con remedios caseros sin asegurar su curación.  Por ley del 25 de noviembre de 1847, durante el gobierno de Castilla, se dispuso la presencia de uno o más vacunadores ambulantes para la aplicación del fluido contra la viruela. Otros males causantes de estragos en Piura fueron el tifus, la tos convulsiva, la gripe, la rabia, el paludismo, el sarampión, las paperas y la difteria. La fiebre amarilla y la peste bubónica alcanzaron las proporciones de epidemia.

Enrique López Albujar  en sus recorridos  por Morropón  recuerda a una anciana viandera sumergiendo sus dedos en el perol de manteca insensibilizada por la lepra. En Piura hubo mal de Hansen. El acta del Libro de Cabildo del 4 de julio de 1831 da cuenta del acuerdo para notificar a todos los leprosos el abandono de la ciudad en un plazo de nueve días. La fiebre amarilla asomó por Paita en 1853 y se expandió a lo largo de la costa desde Paita hasta Iquique en todos los puertos frecuentados por el comercio de cabotaje. Entre 1867 y 1869, apareció nuevamente, esta vez  vino de Guayaquil con una letalidad sorprendente. Por este motivo se crearon las Juntas de Sanidad que ordenaron el estricto control sanitario de las naves que acoderaban en Paita. El famoso pintor piurano Luis Montero, autor del cuadro Los funerales de Atahualpa, murió  a consecuencia de la temible fiebre amarilla (1869)

¡Llegó la peste!  Dios nos tenga confesados. Entre 1903 y 1930 la peste bubónica transmitida por la pulga de la rata hizo su súbita aparición en Paita. Los diarios de la época informan sobre los primeros brotes en los puertos de Callao y Mollendo. Posteriormente el mal se expandió a Chiclayo, Pacasmayo, Trujillo y Lima.  Durante este periodo de 27 años se registraron en Paita mil 41 casos de peste de consecuencia mortal. Las medidas sanitarias fueron drásticas y severas. Los enfermos eran conducidos sin contemplaciones por la Policía Sanitaria a los Lazaretos, especie de hospitales de emergencia, con escasas posibilidades de recuperación. Barrios enteros fueron aislados por temor a la propagación de la peste. Aseguran algunos sobrevivientes que muchos de los enfermos fueron sepultados vivos.

Las crónicas refieren cortejos dantescos de cadáveres envueltos en sábanas arrojados a fosas de dos metros bajo tierra recubiertos por dos arrobas de cal. Tal era el temor al contagio que en 1905 la Prefectura de Piura conformó la Junta Incineradora para tasar y ordenar el quemado de las casas insalubres del puerto. Para el doctor Manuel F Zúñiga, el médico de Paita, la medida no era eficaz como se esperaba pues los propietarios volvían a edificar ramadas precarias.  Tal eran los temores a la peste, en 1904, una ordenanza de la Municipalidad de Piura, prohibió la presencia de mendigos que pululaban por la ciudad pues se presumía que venían de poblados afectados por la peste.

Gracias a la Ley 4126 decretada por Leguía en mayo de 1920 se dispuso el saneamiento de 32 ciudades de la República entre ellas Piura y Paita. Para aplicarla se contrató a la empresa británica de saneamiento Foundation Company. Las primeras medidas fueron la erradicación de basurales y la mejora de los hábitos higiénicos en una población reacia al aseo y consumo del agua hervida. Los roedores convivían con las familias pobres como si fueran animales domésticos estableciendo sus madrigueras entre las quinchas y   ranchos pobres. En Mollendo, en un  día  de desinfección se ultimaron 3 mil ratas.

El crecimiento de una familia de roedores empieza con la presencia de una rata o pericote comensal cuya familia crece. Los roedores son omnívoros y su principal fuente de alimentación son los centros de abastos, basurales, campos de cultivo y hogares poco ventilados y limpios  donde construyen sus nidos. Sus sentidos más desarrollados son el tacto, el oído y el olfato. Sus bigotes largos y sensibles advierten el peligro. Conforme a una biológica jerarquía los roedores de bigotes  intactos son los dominantes y los que los tienen estropeados los  dominados.

Una rata tiene un ciclo de vida de uno a dos años y se reproduce cada 20 o 23 días.  Un macho con suficiente testosterona y visible agresividad mantiene un harem de hembras. Ratas y ratones no tienen capacidad de percibir los colores. Sus movimientos se guían por el tacto. Sin embargo, sufren una parálisis repentina al sentir el olor del gato. Tienen una extraordinaria capacidad auditiva de rango ultrasónico. El hombre tiene una capacidad de 20 khz los roedores de 100 khz. Advierte Weber que las ratas han causado más perjuicios al hombre que todas las revoluciones y guerras en la historia del mundo.

A consecuencia de la peste bubónica se impuso el uso de jabón sulfuroso, los polvos anti-pulgas, trampas y cebos mortíferos para ratas promocionados por el Almanaque Bristol. Para estimular la erradicación en el Callao se llegó a pagar cinco soles por rata muerta. Los gatos se convirtieron en mascotas preferidas en comunidades reacias al aseo.
Las prácticas de higiene de la época eran realmente precarias:  Se practicaba el baño semanal, se consideraba innecesario el lavado de manos, las excretas y basuras eran abandonadas a inmediaciones de los barrios. La parturienta se bañaba 40 días después del alumbramiento. Los ingleses, en este escenario, impusieron a rajatabla la higiene y el estricto control sanitario en los barcos que acoderaban en Paita. Las poblaciones advertidas exigieron redes de agua potable y mercados limpios para abastecerse de alimentos. Lo que en efecto impulsó un salto de progreso en los pueblos.

El 23 de enero 1991 una epidemia de cólera se expandió por el Perú se registraron 322 mil 562 casos sospechosos y 2 mil 909 muertes, los casos fueron reportados en las localidades de Chancay, Chimbote y Piura. La letalidad se prolongó hasta el 1992 con 727 muertos y el 1993 otros 575.  En Piura los reportes dan cuenta de 98 muertos y 15 mil 930 casos confirmados. Los pasillos del Hospital Cayetano Heredia se habilitaron para acoger a los afectados consumidos por las diarreas, deshidratación y dolorosos calambres.
La bacteria causante fue identificada como Vibrium Colérico sero grupo 01, Biotipo El Tor, serotipo Inaba. Las noticias conocidas del cólera daban cuenta de letales epidemias en la India, Ruanda y en otros cien países del planeta según la OMS. La epidemia se expandió finalmente en Ecuador y Colombia. Las infecciones se registraron por el consumo de peces y mariscos extraídos en la franja litoral en donde se vierten irresponsablemente las alcantarillas.

En Piura, se confirmó que el 90% de los alimentos expendidos ambulatoriamente tenían residuos fecales. Verduras de consumo masivo (tomates, lechugas, cebollas, papas, rabanitos y nabos) eran regados con aguas servidas. La situación se agravó por la falta de inmunidad natural como en la India. A consecuencia de la epidemia durante dos años se deprimió el consumo de pescado y mariscos. La confianza se recuperó con la irrupción de nuevos restaurantes y la aparición en apariencia impecable de un nuevo oficio: los chefs.
Consecuencia del cambio climático, las inundaciones del Niño costero en la región es la explosiva aparición del dengue. Conocido también como la fiebre rompe huesos. Enfermedad vírica febril transmitida por el mosquito Aedes.  En Piura zancudo. Los virus del dengue son de múltiples tipos y  endémicos en zonas tropicales. En Asia se han extendido por la parte meridional de China, Viet Nam, Laos, Camboya, Finlandia, India, Indonesia, Filipinas, Malasia y Singapur. Desde 1983 circula también por el norte de Australia.

El dengue tiene una letalidad mayor que el Corona virus al extremo que el uso de mascarillas protectoras y alcohol en gel. No son más eficaces que al agua con jabón. Con el calor de Piura es poco probable se expanda y viva el Corona virus lo que no significa el abandono de estrictas prácticas de higiene.  El 2014 se registraron en Piura  2 mil 675 casos de dengue,  el 2015  20 mil 43 casos, el 2016  7 mil 610 casos ; el 2017  44 mil 275 casos, el 2018  580 casos  y el 2019 (hasta septiembre) 178 casos según las estadísticas del Ministerio de Salud.  Los fallecidos sumaron 178. Entre el 2018-2019 se reportaron en Sullana 22 casos, en Castilla 28; 23 en Piura 23 y 11  en el distrito 26 de Octubre.

La negligente manipulación del agua es la principal causa del incremento del dengue pese a los esfuerzos del Minsa. El zancudo prolifera en hogares donde se mantiene el agua en depósitos descubiertos, se acumulan inservibles en los techos, el uso de floreros en los cementerios y la sustracción clandestina de agua potable.   Se suma a ello el riego por inundación cuando lo recomendable es por aspersión.

Las medidas de prevención son: La eliminación de criaderos, uso de repelentes en la población expuesta y  fumigación con insecticidas. El dengue hemorrágico tiene los mismos síntomas  febriles pero estos van acompañados de cefaleas (dolores de cabeza) y la fragilidad vascular, causa de hemorragias que en algunos casos, se tornan letales. En Piura la malaria disminuye pero aumenta el dengue. Un mal de las estribaciones andinas es la leishmaniasis cutánea o uta   detectada en las provincias andinas de  Ayabaca, Huancabamba y Huarmaca.

La nueva amenaza se llama Corona virus o  COVID-19 hasta el momento se han detectado y confirmado en el Perú 145 casos. En previsión se ha dispuesto el toque de queda desde las 8.00 de la noche hasta las 5.00 de la mañana. Escuelas y universidades han interrumpido sus actividades académicas. El transporte urbano se ha restringido a la mitad de unidades y frecuencias. Se han cancelado los oficios religiosos tradicionales de la cuaresma. El escenario global impuesto por las redes sociales no deja de ser tremendista y abrumador. La población tiene que adoptar medidas de educación sanitaria e información en sus hogares.

El amor en tiempos del Corona virus camina despojado de caricias, besos y abrazos. Ni siquiera las manos juntas están exentas de esta bíblica prohibición. La ausencia de actividades públicas y la obligada supresión de la diversión somete al rigor de la distancia los afectos elementales y primarios. Nada de piquitos y arrumacos. Ni intercambio de babas como diría Lacan. Somos testigos y protagonistas de una pandemia que dará muchas páginas a la literatura y a la no menos sugerente constatación. Los impactos sobre la economía son prematuramente visibles. Los precios varían en los mercados. Las pérdidas acumuladas en las AFP son millonarias. Lo bueno de esta emergencia similar a un estado de guerra es el reencuentro de la familia. El aprovechamiento del tiempo para el trabajo doméstico olvidado. El ahorro obligado y la buena lectura. Resulta impredecible la pérdida acumulada en diarios sin avisos publicitarios que nadie lee, Todos viven pendientes de la diminuta pantalla de su celular que anticipa noticias y mentiras verdaderas. Un estornudo en la China es una bomba de tiempo impredecible en el Perú.

miércoles, 11 de marzo de 2020

LA ESCRITURA INOLVIDABLE


Por: Miguel Godos Curay

El escribir nos inmuniza contra el olvido.  Escribe es un menester humano, el
recordar es divino
Escribir no es fácil pues requiere pensar. Tener claridad de ideas. Pasión por la palabra y por la lectura. Elegido el tema se plasman las ideas principales sobre una cuartilla y en el fluir del pensamiento el mensaje cobra cuerpo y se enriquece. Es necesario seguir el orden gramatical, la musicalidad propia del texto bien escrito. El vigor de la palabra no está en las sandeces y majaderías aderezadas con ajos y lisuras. La palabra oportuna lo dice todo. No se amilana y se expresa con propiedad, Hay quienes deslizan como un tren errático palabras atropellando significados, en realidad, no dicen nada. La palabra escrita con primor es agradable al oído. El discurso agresivo y malsonante es otra cosa. El desliz procaz y grosero es como el pervertido disfrute del puerco traga heces.

Al escribir, como en el desafío atlético, importa un buen comienzo y un buen final. El llamar a las cosas por su nombre es una necesidad humana.  El enredo, el artificio y la pirotecnia verbal no son buenos recursos para producir textos inolvidables. El pie forzado al momento de escribir es como el mal escribir copiando una empalagosa y seductora carta del folletín secretario de los amantes. Mucho ruido y pocas nueces. La falta de sinceridad se siente, la originalidad se percibe a muchas cuadras de distancia. La apropiación de textos ajenos o las copias sin referencia de fuente, no tienen ninguna utilidad salvo, recordarnos al que mal escribe.

Escribe lo que sientas conforme  a las temperaturas del ánimo interior. Las cartas de los derrotados en la batalla son monumentos al pesimismo. La autoconfianza, el aplomo y la seguridad se expresan en frases cortas pero intensas. Los afectos fluyen en las cartas de amor a mamá. Pero el odio destila veneno y hiel en los resentidos, los perfeccionistas a ultranza, los frustrados, los buenos para nada y ese universo inagotable de cojudos. El acojudamiento es un defecto popular. Está presente en las epístolas de los aprendices de políticos. En la falta de escrúpulos de los capituleros siete suelas y lameculos especie abundante en la viña del Señor. Hay  también toda una legión de profesionales de la mentira, la adulación y la porfía.

Otra es la sinceridad que acompaña la claridad del corazón y la mente. El buen gusto y la buena educación andan de la mano. La falsedad es la cosmética de la felonía y la traición. La disculpa del contumaz y el deporte de los farsantes. La maledicencia convive con la envidia, el raje, el candor ladino del que muerde con veneno. Escribir es un ejercicio para las yemas de los dedos en la PC. Pero también un ejercicio para los dedos en riesgo de deformarse por el abusivo uso de los pulgares al momento de utilizar el celular. Escribir, permite dar rienda suelta a los trazos, dar carne a las ideas. Anotar con precisión las obligaciones personales y los compromisos adquiridos en el hogar y la escuela. La memoria es frágil la escritura es un artificio inteligente  para no olvidar. Pero también es un esfuerzo sutil para anotar los deseos, aspiraciones y propósitos. Una autopista para los sueños.

Si hay una destreza extraviada todos los días es la de la escritura a mano primer menester humano en la revolución del conocimiento. Se escriben los nombres de las cosas y todo aquello que nos rodea. Pero también de todo aquello que nos alegra y regocija por sobre todas las cosas. Dios enunció sobre la piedra sus mandamientos. Abrió nuestras mentes a la perennidad placentera. A la admiración inquietadora e inquietante de los primeros trazos del niño sobre la pared impecable. Escribir es humano y recordar es divino. No hay sensación más grata  que escribir sobre la  primera página del cuaderno tu nombre. Trazos y rizos que representan la vida y el ser en el tiempo. Una carta en la que hablan a media voz tus sentimientos.

La escritura nos inmuniza contra el olvido. Acopia el inventario de las deudas de la abuela. Es el trazo sobre el empaste de yeso fresco en la boca de la tumba. Es el grito que clama en la pared libertad y justicia. Es el nombre de la tierra nuestra sobre un cartel descolorido. Es el nombre de la escuela sobre el muro recubierto de cal.  La marca con tinte imborrable de la pepa de palta sobre el pañuelo. Es el ¡Viva el Perú! sobre los muros de la empresa pública privatizada por el gobierno nacional. Los nombres insignes en las cruces del campo santo. La declaración del enamorado en la cresta de sus más intensos afectos y el memorial de todas las infidelidades juntas en las que se detiene el tiempo. Es la receta del médico con una caligrafía de hiedra enredada. Es la marca ancestral sobre las piedras de Samanga y el trazo de la huella de Cristo en el camino de los Quinchayos. El nombre del camión en letrones con faltas de ortografía. Es la frase “Yo también fui último modelo” sobre el Ford destartalado. Y el admonitorio cajamarquino “Le pones Agustín sino regreso”.

La escritura es todo. Todo es escritura. No dejes de escribir por pereza o por flojera. Escriben los inteligentes no las bestias.  No confíes todo a tu memoria porque el olvido es un gusano devorador de los paisajes más excelsos de tu vida. Escribe para reconciliarte con sí mismo y trazar las metas de tu vida. Escribe para no olvidar esos versos que flotan en tu memoria y el nombre de los seres que más amas. Escribe cuando estés solo insuflado por nuevas aspiraciones y desafíos. Escribe lo que piensas hacer,  y lo que vas a dejar de hacer porque tu vida es muy valiosa. Escribe para dar agilidad a tus dedos y hablen por sí mismo tus pulgares deformes. Escribe porque eres inteligente y tu cabeza no es una sonaja sin ritmo y no acompaña la existencia humana. Escribe una frase diaria que estimule el ser mejor persona, mejor padre, mejor hijo, mejor ciudadano, mejor estudiante. Escribe, es el mejor antídoto contra el Alzheimer. Escribe, las neuronas de tu cerebro se activan cuando piensas y brotan de tu interior ideas maravillosas. Escribe para agradecer a la vida que te dio tanto.

martes, 3 de marzo de 2020

LA UNIVERSIDAD ES LO QUE NO ES


Por: Miguel Godos Curay

La Universidad Nacional de Piura tiene catorce facultades y brinda
35 carreras profesionales a la juventud estudiosa.

La universidad es lo que no es. No es una comunidad de loros repitiendo lo mal aprendido en los libros. Ni una comunidad salpimentada por títulos académicos obtenidos en un festín de favores. Nada tiene que ver con aulas y pizarrones impecables sino se cogita con sentido crítico y se buscan soluciones a los desafíos del territorio. Nada tiene que ver con laboratorios vacíos en donde no se investiga, ni se indaga ni se aplica el conocimiento obtenido. No es un repositorio de libros impresos y virtuales que nadie lee. Tampoco es un campus en donde se talan sin la técnica conveniente los pocos árboles que se mantienen en pie. Tampoco es un mundillo infeliz en donde no existe el genuino regocijo por el saber y la lectura. No es un mercadillo de títulos de una oferta formativa para desempleados que nunca ejercitan su profesión.

La lectura y la producción intelectual le son consustanciales. La universidad con cerebros en blanco que no piensan y sólo buscan el provecho propio no existe. Es una comunidad viva del conocimiento y los saberes. No es una comunidad boba en la que la vida discurre como en esos arroyuelos que finalmente se secan y desaparecen. En la sociedad del conocimiento las personas valen por lo que saben no por lo que tienen. La mayor riqueza es el conocimiento no el desconocimiento. Ni la acumulación material que tras la muerte inevitable no cabe en  el ataúd.

El capital más valioso de un país, la juventud, se forma en la universidad. Académicamente se prestigia por los profesionales de calidad que forma y entrega a la sociedad. Está subordinada al bien común. Y subsiste con los recursos qque recauda y los que le otorga y suministra el Estado los que deben ser cautelados por los órganos de control. Sino funciona así es una cofradía de vivos, la cueva misma de Ali Baba. La universidad produce capital con el conocimiento que aplica. Le resulta impropia la orfandad, el dispendio irresponsable de sus recursos, el manejo negligente y el convertirla en una tierra de nadie.

La vida universitaria se resume en el estudio, el debate y la investigación. El conocimiento se comparte y se expande. No encaja con ella la avaricia y el pueril negociado de separatas con los que una mala estofa de docentes lucra impropiamente. Uno es el reconocimiento de los derechos de propiedad intelectual. Otra la mermelada  pesetera. Advierte Roland Barthes, el docente en la primera etapa de su ejercicio pedagógico enseña lo que sabe. En un segundo momento lo que no sabe y aprendió de los libros. Finalmente tendrá que desaprender todo para aprehender nuevo conocimiento.  El conocimiento evoluciona  a diario. En cada momento se refresca y renueva. De lo contrario se fosiliza y estaciona improductivamente. Como en la poesía el viejo conocimiento abre paso al nuevo. Nosotros los de ayer ya no somos los mismos.

La universidad requiere de tres tipos de saberes. Los humanísticos o propios de la inteligencia creadora. Los científicos o epistemológicos en todos los campos de la ciencia y la actividad transformadora de la técnica y los filosóficos sustentados en la ontología como profunda actividad humana. El sentido de la vida por sus causas primeras y últimas. Sin la ontología la existencia no tiene dirección ni sentido. La ética y la moral necesitan de un soporte imprescindible como ingrediente de la vida y el progreso social. El bien común es fin de la justicia y el respeto a la vida humana obligación cardinal. No se puede erigir un  edificio de responsabilidad  en los estudiantes sino se abre su mente a la comprensión y apropiación de los valores que transforman en plenitud su existencia.

El estudiante de escasos recursos educado con mucho esfuerzo tiene el potencial de una enorme posibilidad de progreso, cambio y transformación de su familia. La universidad pública se dirige especialmente a quienes por sus capacidades intelectuales y humanas necesitan de una oportunidad de crecimiento y mejora. La universidad cambia vidas y transforma conciencias. Sus benéficos impactos se multiplican en la sociedad. De ahí la importancia de dotarla con recursos para el cumplimiento de sus responsabilidades y excelsas funciones.

Por eso el Estado peruano debería disponer que los bienes incautados al narcotráfico, la corrupción, la minería ilegal y el contrabando deberían destinarse también a las universidades que requieren conforme a sus urgentes necesidades brindar mejores servicios formativos en regiones donde menudea la pobreza.  El fomento de la investigación es prioridad inmediata. Tan urgente como el dominio del inglés en sus docentes. La literatura científica fresca se edita en este idioma. Las traducciones demoran cinco años en llegar a las editoras cuando ya hay nuevo conocimiento en el camino.

La universidad peruana debería asumir un solo concurso anual nacional para cubrir las plazas docentes vacantes. Conforme a las demandas debe disponer de facilidades para movilizar inteligencias y capacidades en todo el país. El remedo de autonomía universitaria puesto en juego hasta hoy sólo ha logrado la manipulación de los procesos concursables y la incorporación de rémoras académicas. Lejos de mejorar la calidad formativa la envilecen y degradan. La universidad pública no es ni debe ser un asilo de funcionarios y momias académicas pendientes de la  jubilación. Requiere de docentes jóvenes altamente calificados con remuneraciones atractivas disponibles en todas las regiones del país en donde existe necesidad urgente de capacidades. ¿Es posible el cambio?

Lo propio sucede con la escasa producción intelectual. Si un docente universitario no tiene la suficiente capacidad para redactar un artículo para periódico sobre sus experiencias de 30 o 40 líneas. Mucho menos tendrá capacidad para producir un artículo científico para una revista indexada, 40 a 50 páginas, sometidas a la evaluación de pares y expertos. Hoy  el conocimiento se demuestra y la capacidad se prueba y aplica. Decía la científica social franco-alemana y piuranista por adopción Anne Marie Hocquenghem que un investigador que diariamente y con disciplina redacte 30 líneas a la vuelta de un año tendría un libro de 365 páginas. Tras una paciente y escrupulosa revisión podría reducirse a la mitad sin que deje ser el contundente cuerpo de un texto de cualquier especialidad.

Pero no hay que andar anonadados como Proust en busca del tiempo perdido. 
Eufemísticamente nos falta tiempo. Advertían cooperantes italianos en Piura. Los piuranos somos buenas personas pero dedicamos una hora al cebiche y no menos de 15 minutos al trabajo diario. Hoy somos expertos el web-veo en el mirar sin límites el celular todo el día con un sentido poco responsable de la administración del tiempo. ¿Podemos responsabilizar al clima de nuestros fracasos, de nuestro analfabetismo funcional de saber leer y no ejercitar la lectura diaria?  De esa alergia injustificada frente a los libros porque nos contentamos con poco. Nos sofoca la vida intelectual. Finalmente perdemos tiempo ocupándonos Ede la vida ajena. Nos carcome esa señora que muerde sin comer a la que Alfonso Reyes llamó “doña envidia”. ¿Es difícil salir de esta aburrida rutina de ostras?.  Hay quienes viven en la universidad pero lamentablemente la universidad no habita en sus conciencias, en sus hábitos personales y hace tiempo dejó de existir en sus neuronas.

Campus de Miraflores, 3 de marzo del 2020.

REPENSANDO LA UNP 59 AÑOS DESPUÉS


Por. Miguel Godos Curay

El cimiento de la universidad son los valores con los que
forma a sus estydiantes
La Universidad Nacional de Piura conmemora hoy 59 años de creación y vida académica. Como acontece con la universidad pública no está libre de los ordinarios, históricos y episódicos conflictos de poder. Es el curso natural de las contiendas, en donde las partes en controversia, miden sus fuerzas. Se componen y recomponen, muestran a todas luces fortalezas y debilidades. El paisaje es similar al del tendal callejero donde a pleno sol se solean las prendas de la familia. De todos los tamaños y colores. También las hay zurcidas y remendadas. La intimidad desnuda y revelada exhibe todas sus pobrezas. La castidad flota en el aire. El recato provoca pudor y sorna al mismo tiempo. La realidad es lo que es no lo que parece. El ser y el parecer son verbos de esencias distintas.

La realidad, el esplendor de lo que es. Es la verdad. Lo que no es, pero parece, no tiene entidad ni consistencia. Las percepciones vacías son espejismos o alucinaciones. Mentiras disfrazadas de verdad. Por eso la contemplación del paisaje despierta profundas reflexiones. La universidad es en esencia plural, crítica, democrática, autónoma y transcendente en la búsqueda de la verdad. Sin la pluralidad de ideas y pensamientos es un islote de intereses particulares ajenos al bien común. En esta materia la Reforma de Córdoba (1918) es muy puntillosa: “El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la sustancia misma de los estudios. La autoridad, en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: enseñando”.

La universidad forma personas no las deforma. Indaga metódicamente la verdad con el ejercicio de la ciencia (epistemé). Si se solaza con la mentira es una farsa infame. Es comunidad viva de maestros y alumnos. “Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y por consiguiente infecunda” Lo reitera la proclama declarativa del histórico manifiesto que en su acápite final dice: “La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa”. La proclama de Córdoba tiene un siglo de existencia. La UNP 59 años.

Los conflictos de poder no son nuevos ni privativos de la universidad pública también se cuecen habas en las universidades privadas. Menudean en todas partes en donde flota el apetito de poder. Cuando alguien ejercita un cargo tiene autoridad conferida lo que los juristas romanos denominaban potestas. Este poder se extingue al fenecer el cargo. En la antigua Roma se llamaba “Imperium” al poder absoluto propio del mando militar. “Potestas” es el poder político capaz de imponer decisiones mediante la coacción y la fuerza.  “Auctoritas” es el poder moral, basado en la calidad personal, el reconocimiento general y el prestigio de una persona virtuosa y excelente. De modo que podemos inferir que auctoritas es densidad moral y potestas el poder político siempre transitorio y efímero.

La Universidad Nacional de Piura tiene 59 años de existencia. San Marcos 469 años y la bolivariana Universidad de Trujillo 196. Nuestra universidad en el consenso académico es una universidad en plena madurez la mayor amenaza es en el envejecimiento prematuro. Sus mejores cuadros, naturalmente envejecidos, tienen que abrir camino a la renovación, al cambio y a la competitividad ineludible. Urge investigación y producción intelectual. Menos protocolo y más academia. Menos decoración y más acción. Menos apariencia más esencia.  Aulas abiertas, acceso al conocimiento y dedicación a la investigación.

Hoy las universidades son núcleos del saber y el conocimiento conectados a la realidad próxima. A los problemas cotidianos. Formulan soluciones eficientes a los desafíos de la sociedad que espera con avidez sus propuestas. Investigar es una forma dinámica de enseñar y aprender. El prestigio académico más que publirreportaje pagado. Es mostrar lo bien que se hacen las cosas. Las cosas son como son. No como le gustaría a alguien que fuesen.

Si en las sociedades contemporáneas hay componentes cambiantes son los productos del conocimiento. Antes se renovaban cada medio siglo. Hoy los nuevos productos de la investigación buscan a diario los mercados. Las universidades compiten por las patentes de productos aplicados a la solución de problemas propios de las demandas de la economía y el mejor aprovechamiento de los recursos naturales. El no tener nada que ofrecer es como inflar burbujas de jabón en el océano insondable de la nada,

No tiene sustento afirmar que la universidad no tiene conexiones con los niveles básicos de la educación. Una buena primaria que despierta el eros por el saber y razonar es cimiento para una secundaria rica en experiencias y gestación del pensamiento crítico. La universidad es el camino amplio para quien, por vocación, no por imposición, elige el escenario para su desarrollo humano integral. Formar capituleros siete suelas no es responsabilidad de la academia. En la sociedad del conocimiento nadie se vanagloria de los productos defectuosos. Por eso demoler la universidad sacando sus trapos sucios al sol es como el canto de sirenas. Y como en la epopeya homérica mueren irremediablemente cuando nadie las empelota.

La universidad es y será siempre camino de perfección humana, ética y moral. Siempre será habitada por los que saben enseñar y los que quieren aprender. Obliga a los torcidos y retorcidos a una rehabilitación humana cuyo único propósito es el bien común. No es la universidad una playa de estacionamiento con autos y camionetas último modelo para presumir. La locomoción es un medio no un fin en sí mismo. En las más prestigiadas universidades de América del Norte, Europa y Asia con   esplendida economía, por vocación ecológica, abundan más las bicicletas que fomentan la salud el cuerpo. El quemar combustibles fósiles en el campus de la universidad de una región muy rica y un país en desarrollo es un llorar sin lágrimas. Un renunciar al aire puro por el oneroso aire acondicionado. Nosotros quemamos etanol y carburantes cuando en el mundo se imponen los  vehículos eléctricos.

Un serio peligro, en este territorio, es el maniqueísmo. El separar a los actores del mundo entre buenos y malos. Por supuesto, los buenos son los que convergen con los intereses personales dominantes. Los que no, merecen, una exclusión injustificada. O esa mediación tan perversa que discrimina a los que están conmigo y a los que están contra mí. Este, advierte Adela Cortina, es uno de los incipientes orígenes de los crímenes de odio. La estupidez tiene, en muchos casos, argumentos cerebrales y sociales. La única vía para su superación es la educación y el respeto a la dignidad de las personas. El obrar conforme al mandato de la conciencia por sí mismos y no atendiendo a las presiones del entorno.

En este recodo del camino existe una enorme expectativa por elegir y definir a las nuevas autoridades de la UNP. El gobierno transitorio se extingue en julio. Mientras tanto, docentes y estudiantes, polarizan posiciones. La olla de popcorn de las demandas truena con la presencia de los estudiantes hoy de vacaciones. Son necesarios debates abiertos y propuestas. No se trata de una sosa y aborrecible contienda de candidatos desconocidos.  Esa necesaria una discusión con argumentos de lo que se puede y se debe hacer en la universidad. El debate que perfila y aclara posiciones no tiene nada que ver con cuestionarios que acaban en un inventario de promesas incumplidas. Debatan los candidatos con sus equipos de gobierno. La democracia egea exigía el debate como germen de las discusiones y prueba ácida de las propuestas. El debate es elementalmente persuasivo, capacidad de persuadir o de ser persuadido con razones más que con emociones. Mucho ruido y pocas nueces. Necesitamos planes de gobierno que al ser consensuados por la comunidad universitaria exige su cumplimiento. No hay otra vía.

Campus de Miraflores,3 de marzo del 2020