sábado, 17 de mayo de 2008

LA NEUROQUIMICA DEL PODER


Por: Miguel Godos Curay

El Gobierno Regional de Piura puede ser a duras penas un éxito político pero por su falta de logros e incapacidad es un histórico fracaso administrativo. Que el Gerente admita que es bueno para nada y que el consejero mayor duerma una permanente siesta abúlica y que el propio Presidente sea incapaz de hacer realidad -como parece- el Proyecto Hidroenergético del Alto Piura y que los piuranos vivamos en la ensimismada cojudez (*) de la infelicidad no sólo es un indicador de ingobernabilidad y extravío sino expresión de que algo acontece en la química hormonal del cerebro de nuestros gobernantes y en nosotros mismos.

Este camino de derrotas y de frágiles éxitos puede explicarse en la andropausia de nuestros conductores. Es una hipótesis. Esos sueños de perro y esa flojera tediosa que no conquista y no construye nada. Tienen nombre propio y su causa está en los testículos donde por la insuperable vejez disminuye la testosterona. Como decía el siempre polémico Orlando Balarezo: “gobernar requiere tener bien puestos lo que la gallinas colocan en los cestos”.

La química del cuerpo advierte que los gobernantes y los ciudadanos y ciudadanas de éxito requieren tener a punto sus hormonas. Sus neurotransmisores y péptidos, sustancias parecidas a las proteínas, que son parte de la alquimia misteriosa del cuerpo y la felicidad. Estas son la serotonina, las endorfinas y la dopamina. La serotonina es un neurotransmisor, presente en las conexiones de las células cerebrales, provoca las ganas de vivir y hacer. Su ausencia es causa de la depresión y esos invencibles arrebatos de muerte que provocan el suicidio.

Las endorfinas, un polipéptido, un péptido conformado por una cadena lineal de aminoácidos producidos por la glándula pituitaria y el hipotálamo tienen una maravillosa capacidad de producir analgesia y eliminar el dolor. Las endorfinas se producen con la actividad física como el trotar o el caminar, pero también con el esfuerzo que demanda una carcajada a mandíbula batiente. Muchos deterioros físicos son producto del abandono de estas saludables prácticas como el caminar y realizar esfuerzo físico. Algo que hace mucho tiempo no practican nuestros funcionarios públicos tan dados al uso y abuso de los vehículos oficiales. Hannat Arendt, sostiene que lo propio del político es la acción, el movimiento, la vida en relación con los otros. El político que se encierra en las cuatro paredes de su torre de marfil está condenado al fracaso.

La dopamina, es un activador del sistema retiniano y la actividad motora del cuerpo. La dopamina se produce a partir de la tiroxina que contienen los alimentos. La dopamina ejercita un control sobre las adicciones y cumple una función de recompensa placentera en lo que se hace. Quien no disfruta lo que hace se frustra y se llena de amargura. Padece una inconsolable falta de dopamina. Junto con la serotonina la dopamina es considerada uno de los “mensajeros alegres del cerebro”. Drogas como el alcohol, el opio, la heroína y la nicotina contenida en el tabaco contribuyen a una perentoria liberación de dopamina que provoca esa sensación temporal de placer. El ludópata que pierde el control frente a una máquina tragamonedas probablemente entienda que perfora su bolsillo con una buena dosis de dopamina.

¿Qué hacer con las hormonas disminuidas de nuestros gobernantes? La folletería clínica sostiene que la serotonina está presente en el chocolate que los indios americanos utilizaban para volver díscolos a los faltos de palabra. También en la carne blanca del pavo burgués criado en corral. Los pavos sólo entristecen cuando presumen que van a morir y a pesar de los pesares mantienen esa exquisitez veleidosa en la que se regodea la vanidad humana.

Las endorfinas y dopaminas requieren actividad física. Hannat Arendt denominaba labor a ese movimiento muscular asociado a nuestro substrato biológico. El caminar, el sintonizarse con la vida no con el aire acondicionado que reconcentra la suciedad de las alfombras. Y trabajo a ese quehacer humano que nos permite conseguir lo necesario para conectarnos con el mundo. Por eso el trabajar tiene como condición el hacer el bien no el forrarse bien. El que trabaja se recompensa con lo que aporta al bien común y ese logro activa químicamente las disminuidas hormonas. Para la baja testosterona, no hay otro diagnóstico que el dedo lubricado del proctólogo ahí en donde mas les duele a nuestros gobernantes.

*cojudez: DRAE vigésimo segunda edición: Am. cualidad de cojudo.
Cerebro. Diseño Rosendo Li Rubio.

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