miércoles, 29 de agosto de 2018

POLITICA, PODERES LOCALES Y TRANSPARENCIA


Por: Miguel Godos Curay

Dice un aforismo que el mejor negocio del mundo es comprar a los candidatos por lo que valen y venderlos por lo que creen que valen. Un candidato es un contrincante en una carrera desbocada por el poder. Esta lucha sin cuartel busca a toda costa obtener una cuota de poder  que  permita asumir decisiones de gobierno en armonía con el bien común.  Son necesarias propuestas y equipos humanos preparados para obtener logros. La improvisación ayer y hoy es demagogia pura. Despertar los arrebatos, emociones y pasiones sin medir las consecuencias inmediatas incierto populismo engañoso.

Piura es un caso patético de lo que las buenas y malas gestiones municipales pueden hacer. Para Platón deben gobernar los más sabios e inteligentes. Son inteligentes los que resuelven problemas pero también los que los crean. Los astutos son la inteligencia del mal  medran y obtienen pingues ganancias. La astucia es la viveza criolla,  la sacada de vuelta, la mordida provechosa que finalmente se traslada a los ciudadanos. Los pecados  cívicos como todo agravio humano a Dios son también por acción o por omisión. Lo que se hizo o lo que se dejó de hacer. En realidad a los ciudadanos le interesa saber con claridad: ¿Quiénes están tras el poder? ¿Cómo gobiernan? y ¿Cómo distribuyen las responsabilidades del poder? Premisas fundamentales son la transparencia y la honestidad. Está plenamente demostrado las mejores gestiones son aquellas en las que los ciudadanos encuentran respuestas a estas interrogantes: ¿Quién manda? ¿Cómo manda y hace uso del poder? Y  ¿Qué resultados obtiene?

Las malas gestiones son opacas, ocultan la información o la maquillan para engañar a los ciudadanos. Acaban siendo devoradas por burocracias enquistadas a las que se suman  con  otros  alcaldes  centenares de nuevos funcionarios.  Muchas burocracias son explosivas. Consumen presupuestos y devoran los tributos pagados por los ciudadanos destinados a mejorar los servicios a la ciudad. En muchos casos ciudadanos advertidos de los malos manejos municipales asumen una decepcionada y activa indiferencia  y no pagan sus tributos.

El desaseo urbano, el laxo control de servicios como el del transporte en la ciudad, el abandono de servicios culturales como el equipamiento de bibliotecas y centros de animación cultural,  la podrida administración de los mercados sitiados por la informalidad, el descontrol urbano en donde los riesgos y la inseguridad  se multiplican por la autoconstrucción sin criterio técnico, la vulnerabilidad frente a las inundaciones, la poca transparencia en el gasto y la ineficiencia en el tratamiento de los desperdicios sólidos  son  demostración evidente del fracaso de las gestiones municipales.

Una interrogante sin respuesta que diariamente se hacen los ciudadanos es la siguiente: ¿Por qué cuando los gobiernos locales dicen que la gestión marcha bien los resultados son catastróficos? Tampoco se tiene estadísticas precisas y referenciales  sobre el costo y el impacto sobre la ciudad de las abultadas burocracias. No sólo hay un costo económico. También hay una merma de recursos destinados a servicios ciudadanos, cada vez, venidos a menos. La falta de transparencia es una práctica poco democrática. El desoír a las minorías en los debates es una palpable demostración de lo mal que se maneja la agenda pública. El desconocimiento ciudadano del ejercicio municipal no sólo es un signo de ignorancia cívica. También es exclusión, marginación y despojo a quienes son en sentido genuino el fin de la gestión municipal.

La inmoralidad pública, el cohecho, el nepotismo, los procedimientos corruptos silenciados son también pervertidas y nocivas formas de violencia contra el bien común y bienestar ciudadano. Los espacios sucios, insalubres con toneladas de basura acumulada. Afectan la salud pública y demuestran incompetencia de las gerencias pero también frustran y despedazan los legítimos niveles de aspiración de los ciudadanos. Así mientras los vecinos de Loja se muestran orgullosos de la limpieza de  su ciudad, los piuranos nos avergonzamos de nuestro deplorable tratamiento a los viejos problemas citadinos.

El poder, dependiendo de cómo se use, vislumbra progreso. Entendiéndose como progreso la integración de los vecinos, la administración territorial frente al caos y el desorden, el buen funcionamiento de los servicios públicos que los ciudadanos pagan. Un detalle, en apariencia irrelevante, es el impacto de la limpieza de la ciudad sobre el paisaje. Un paisaje en el que se refleja aseo motiva  la construcción humana del orden, de los valores cívicos y de la identidad vecinal. Ahí en donde los vecinos abandonan desperdicios, siembran letrinas en lugar de árboles prima el caos que gatilla el delito, la transgresión y el abuso. No es casual que en las ciudades sucias anide la corrupción en variadas formas. Son ciudades en las que se perdió la sintonía cívica (armonía) que hace a los ciudadanos mejores.

Ha quedado demostrado que no se trata de movilizar millonarios presupuestos para la felicidad ciudadana. Por el contrario modestos presupuestos bien administrados que no son botín de las corruptelas rinden mejores resultados. Está demostrado también que en donde los ciudadanos controlan y vigilan, el orden prospera. Y en donde este atributo ciudadano se pierde existen  grandes probabilidades que el orden se desmorone y se enmierde la gestión municipal. Así de sencilla es la palabra.El acertijo montubio dice: “¿Qué será? ¿Qué será?/ aquella que en lo grande está. Tiene cinco sílabas y se llama:  Ho-nes-ti-dad

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