miércoles, 5 de abril de 2017

A SIETE DIAS DEL DESMADRE DEL PIURA


Por: Miguel Godos Curay

César Augusto Casariego Gutiérrez, El Greco
El campus de la Universidad Nacional de Piura en Miraflores muestra aún los daños del cauce desbocado del Río Piura el pasado 27 de marzo. El desmadre del río Piura nos deja sin aliento. Los daños a las catorce facultades son cuantiosos. El agua alcanzó casi los dos metros e inundó laboratorios, bibliotecas, aulas y arrasó con equipos de cómputo, mobiliario e inutilizó redes de alcantarillado, instalaciones eléctricas. Se ha perdido cuantioso acervo documentario. En deplorable situación están los auditorios, el Hospital Universitario, el Centro de Preparación pre-universitaria, la Escuela Tecnológica y el Colegio de Aplicación Carlota Ramos de Santolaya. Poner en pie la UNP cuesta mucho esfuerzo. Sangre, sudor y lágrimas.
El lodo arcilloso endurece sus huellas. Las 103 hectáreas del Campus están hechas agua y lodo. Pero, poco a poco, docentes, estudiantes y los servidores administrativos recuperan los ambientes con mucho esfuerzo. El trabajo es arduo. El Rector Reyes Peña, recorre las instalaciones multiplicando tareas. No hay tiempo que perder. Los estudiantes universitarios proceden mayoritariamente de las provincias del interior. Muchos se han quedado sin pensión. Según señalan los costos se han elevado ostensiblemente fuera de su capacidad de pago. Según el INEI en Lima la inflación de marzo fue de 1.30% la tasa más alta en 19 años. En Piura fue de 2.92% y en Trujillo de 2.17. Dos de las ciudades más golpeadas por El Niño costero.

En efecto, Piura, se ha encarecido enormemente. El transporte, alimentos, hospedajes, provisiones, los pasajes a las zonas afectadas están por las nubes. Muchos estudiantes de Huancabamba, Ayabaca, Talara y el Bajo Piura sobreviven a duras penas. Como indican “nuestros familiares no nos pueden acoger, ellos también, la están pasando muy mal”. Los ayer hotelitos para el sexo furtivo son  hospedaje transitorio de damnificados con capacidad de pago. Familias enteras viven hacinadas y hacen denodados esfuerzos por retornar a sus hogares. Lo servicios de agua potable y alcantarillado están averiados hasta en las propias zonas residenciales se reponen lentamente. Y las instalaciones eléctricas sumergidas son un riesgo perenne. Las calles del entorno son un cementerio de artefactos inutilizados, colchones ensopados en lodo. Objetos inservibles y basura se acumulan por todos lados. La iniciativa de una campaña de limpieza para este fin de semana quedará corta.

Las instalaciones vecinas del Open Plaza, Sodimac y otros negocios ahí instalados. Permanecen en febril trabajo de escobas y trapeadores, baldes y volquetes cargados de lodo y productos arrasados por las aguas. Las pérdidas son cuantiosas. Muchos negocios caminan al cierra puertas definitivo. También se han reducido las cuadrillas que laboran en las empresas agroexportadoras. Todo están afectados pero nadie se cruza de brazos. Ante el incremento de precio de un almuerzo de 7 a 10 y 15 soles. Apareció la solución del taper económico de tres cincuenta. Sí hay que comer todavía pero menudea el hambre. Los que no han subido el precio han achicado el plato.

Vivimos entre plagas de zancudos, grillos y pedigüeños  que han tomado por asalto Piura. Aprovechados, unos y desgraciados, otros piden caridad a boca de jarro. Los vendedores de bolsas para desperdicios del Centro Victoria se la rebuscan para subsistir. Los familiares de los pacientes internos en el Hospital Regional comparten un plato. Ya no alcanza para el menú individual. La tarifa de los mototaxis menudea entre  cinco y diez  soles. Los más caminan hasta el mercado convertido en un pedregal de productos caros.

Piura, Castilla, Catacaos, Paita, Sullana y Talara están llenos de basura y de huecos. De carreteras destrozadas. De barrios insalubres. Los rostros desencajados. Las miradas ocultan la intranquilidad interior, en algunos, indiferencia, en otros, esperanza. La carta pastoral del Arzobispo Metropolitano Monseñor Eguren Anselmi: “Con el corazón en la mano les escribo esta carta en estos momentos dramáticos y de emergencia que estamos viviendo en nuestras queridas Piura y Tumbes. Sean mis primeras palabras para darles a todos ustedes un mensaje de esperanza: ¡El amor de Dios no nos abandona nunca y está con nosotros en estos momentos difíciles!
Tras el embate implacable de la naturaleza necesitamos ánimo. Solidaridad colectiva a manos llenas. Los diarios son un inventario de desventuras y desgracias. Y en las notas sobre ocurrencias policiales se registran con el detonante de la depresión: suicidios. Aunque el Senamhi y el Imarpe señalan que la Temperatura Superficial del Mar desciende progresivamente y las mañanas son frescas. Los piuranos son escépticos e incrédulos. Agoreros a no más. Y esperan los últimos cordonazos de agua del jueves y viernes santo. Los lectores asiduos del Almanaque Bristol suman lluvias. ¿Y los siete potajes? ¿Qué nos quiere decir Dios? Algunos observan que las iglesias mormonas no tienen ni gota de agua. Fueron concebidas a dos aguas en previsión de lluvias. Dicen unos: tienen hasta pararrayos. Capillas inundadas hay en todo el Bajo Piura. Las que no, son refugios temporales por la emergencia.

La ayuda se apila frente al acceso al Gobierno Regional. Los únicos diarios que no han dejado de circular en Piura son El Tiempo y La Hora de los Helguero. Los otros, impresos en Chiclayo, la están pasando mal. Unos días aparecen. Otros, desaparecen dependiendo del río la Leche y de las quebradas. Los periódicos capitalinos hace tiempo no llegan. Los pocos que tengo vinieron de Lima en manos de pasajero. Piura, está conectada e informada por radio. RPP con Juan Nunura y Vanessa Jiménez. También se escucha Cutivalú, la voz del desierto hoy convertido en vergel.

Sin embargo, los corresponsales capitalinos ignorantes de la geografía local inventaron nuevos distritos. No distinguen costa de sierra. Piura, es la Plaza de Armas y el puente. Para ellos, Catacaos es una provincia y Pedregal un distrito. En el reporte de aforos unos hablaban de litros y otros de metros cúbicos. Unos reportaban anécdotas del unicornio. Otros buscaban a los muertos de la inundación de Catacaos. ¿? Finalmente nadie los identificó. La noticia inverosímil salió del COEN. 


César Augusto Casariego Gutiérrez, El Greco, convertido en símbolo mediático desplazó al Gobernador Hilbck y al Alcalde Miranda, en la radio, los diarios y la televisión. El gran sueño del salvavidas: “una llantita de camión para deslizarse en las temibles aguas del río”. Luz Esperanza, la niña símbolo, nacida entre las aguas, es robusta bebé y no esta desnutrida. Un motivo de legítimo orgullo y ánimo. Ahí estamos en plena tregua. Las mañanas están frescas. La Temperatura Superficial del mar desciende. En los campamentos al filo de la carretera la población damnificada es atendida. Ese polvo, biznieto del humo, el inolvidable yucún que se impregna en los ojos y forma adobes en las fosas nasales nos acompaña a diario. Y no se irá hasta que todos en un solo esfuerzo lo coloquemos en su sitio. Otro es el limo que nos dejó el río. Un lodo espeso cargado de arcilla  que requiere energía para sacarlo. La convocatoria cívica ya cobró forma. Teo Zavala hizo con cuatro palabras: ¡Piuranos nosotros si podemos! Ese milagro vivo de devolver la energía a los vecinos. A pesar de los pesares ¡Gracias a  Dios estamos de pie!.

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