miércoles, 22 de febrero de 2023

EL PEOR DE LOS VENENOS

Por: Miguel Godos Curay


El peor de los venenos es el que se elabora con miedo y odio químicamente puros. Mueve los rescoldos del resentimiento y la confrontación racial. Siembra la frustración ahí en donde antes habitaba la esperanza. Un verter hiel sobre la sopa para que nadie la pruebe y  la tome. Lo mío ya no se comparte.  El reparto se hace con los bienes ajenos no con los propios que están a buen recaudo en este injustificado y curioso método de hacer justicia. Se repiten las consignas violentas y sanguinarias, es el viejo pavor de la estrategia terrorista. Nunca como hoy se han vertido tantas mentiras en las redes sociales. Nunca como hoy vivimos a salto de mata por la confrontación odiosa. Tras el polvo, el agua de acequia y las pinturas del carnaval retornamos para quejarnos de la falta y escasez de agua. Gracias a Dios llueve y si las precipitaciones se desbordan, vendrá el carnaval de las emergencias.

La destrucción de lo invertido es el castigo para los empresarios que apuestan por el país. El bloqueo de carreteras, el incendio de peajes, la quema de los archivos del Ministerio Público y el Poder Judicial busca el no dejar  ni el humo de los procesos criminales de corruptos, narcotraficantes y mineros ilegales. La destrucción del país por el fanatismo es el ingenuo fermento de la revolución. La corrupción  sigue siendo la gangrena pestilente de nuestras instituciones políticas. Celebrar con aguardiente y coca la hoguera en el que arde el cuerpo de un efectivo policial ultimado salvajemente es una orgía salvaje y demencial. Destruir aeropuertos es matar el turismo atisbo de progreso y fuente de ingresos para muchas familias que dejaron de sembrar. No nos vengan con el cuento de las protestas pacíficas infiltradas por delincuentes y agitadores. ¿Quién alimenta y quien financia los despropósitos arrasadores y destructivos? ¿No nos vengan con el otro cuento del cierre de carreteras impidiendo que productos de consumo masivo lleguen a su destino  y se pudran en el camino por iniciativa de descontentos civilizados?

La inflación en enero superó el 9% en los mercados. El peruano común y corriente cada vez compra menos pues el dinero no  alcanza. Todo se encarece impunemente. Sumemos a ello el mayor precio y menor aplicación de los fertilizantes. Según el BCR los productos para el cuidado personal se incrementaron en enero un 0,5%.Cremas dentales (1,2%), champús (1,0%), pañales y jabones (0,8%cada uno), papel higiénico (0,6%). Los magros salarios no alcanzan para cubrir los sobrecostos de la violencia  que paraliza la economía.  Michael Reid, editor de  The Economist, advierte, la situación del país es sumamente compleja y peligrosa. Si en el Congreso no hay un consenso se corre el riesgo del desborde  y conatos  de ira popular que pueden desencadenar una insurrección mayor de indecibles impactos en la economía.

Grupos autoritarios y agitadores políticos extremistas afines al senderismo buscan la salida del gobierno y del Congreso e instalar una constituyente para conquistar el poder  tal como lo acontecido en Chile. Muchas veces, ignorando la evolución de este proceso: En el 2020 aprobaron de modo vehemente redactar una nueva constitución. El 2021 eligieron a los miembros de la  Convención constituyente. En 2022 mediante plebiscito obligatorio se acordó rechazar el mamotreto constitucional propuesto. La nueva Constitución fue unánimemente rechazada por el sentido común ciudadano. Por eso no nos vengan  con nuevos cuentos. “Boric quería nueva Constitución. Chile de pie le dijo que ¡No!”

Arde el sur, no arde el Perú. Cajamarca la tierra de Castillo celebró con desproporcionada euforia. Castillo, fue el heredero omitido del testamento de Ño Carnavalón. Igual sucedió en todo el norte. Mientras en Puno persiste la protesta. El norte se prepara para la cuaresma.

Sin embargo, no hay que olvidar que los muertos en este escenario conflictivo y polarizado son carne de cañón para que arda la pradera. El Congreso y el Ejecutivo añaden su cuota en este clima de desasosiego e incertidumbre política. Para los agitadores con nombre propio una protesta sin sangre es como un carnaval sin polvo y serpentinas. Los errores del gobierno son el agua jabonosa sobre el piso que provoca resbalones. Mientras tanto, la economía nacional se hace añicos.

El camino a la estabilidad política requiere decisiones firmes, no es fácil restablecer el orden cuando el desorden recurre artificiosamente a eventuales grupos defensores de Derechos Humanos y  a toda una estrategia del vocerío internacional sesgado por la izquierda. El rédito es despedazar  la economía  del Perú. Para muchas ONGs tiene más interés exacerbar los conflictos en el Perú que defender los Derechos Humanos en Ucrania. Rusia es la víctima, para muchos extraviados voceros políticos de la Unión Europea. La manipulación de las redes sociales y las noticias falsas sobre el Perú se multiplican. Sólo se da cuenta de víctimas pacíficas que recorrían las calles en procesiones ciudadanas. Se omiten deliberadamente los daños a la propiedad pública y privada, los muertos en carreteras bloqueadas, los efectivos policiales asesinados impunemente, la producción irremediablemente perdida, la industria paralizada, la destrucción artera de los aeropuertos. El impacto sobre la economía de subsistencia de los pobres que no tienen que comer.

Por supuesto, el narcotráfico, la minería ilegal, la trata de personas, los traficantes de tierras que financian la algazara no aparecen por ninguna parte. Los destructores de fábricas, equipos cuantiosos de  la actividad minera, los financistas de la asonada se esfuman en las notas de la prensa alternativa natillera y mermelera. Por el momento son los buenos de la película. Los más afectados son los peruanos que a duras penas se sostienen con su trabajo. La inflación dispara los precios en los mercados. La pobreza y la miseria tienen hoy múltiples rostros. Y la vesania criminal amenaza ahora con impedir que  6 millones 797 mil 295 escolares del Perú matriculados en 84 mil 917 instituciones educativas  acudan a clases. Ya lo verán. 

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