martes, 21 de agosto de 2018

TIEMPO PARA LEER


Por: Miguel Godos Curay

La lectura es pasión por la palabra escrita y se aprende
desde la niñez
Leer requiere pasión por la letra. Voracidad por la palabra alada que nos conduce a la ficción y a los vericuetos de la memoria. El que sabe leer pero no lee por pereza es  analfabeto funcional. Un jinete que pierde el equilibrio y la destreza necesaria para navegar por el mundo del conocimiento. El que no lee no escribe. El que no escribe no piensa. El que no piensa vive sin vivir intensamente. El que lee nunca está solo pues tiene grata compañía siempre. Por eso es saludable la Feria de Libro, no es enorme pero no deja de  ser un esfuerzo encomiable. Y nos recuerda que no sólo de cebiche se nutre el hombre. En Piura  hay más cebicherías que librerías. Con siete universidades y más de 40 mil estudiantes deberíamos entonar el canto alucinado: ¡Dejad que los libros vengan a mí!

El que coloca los libros en la azotea porque le estorban es como aquel imbécil que  saca los peces de la pecera para que respiren. O pretende sumergir a los pericos en el agua fresca para que naden. Se trata de un mal uso injustificado e impropio. Los libros son necesarios para el hombre civilizado como la escobilla de dientes. Refrescan, asean la inteligencia y nutren el pensamiento. Quien lee imagina y crea estimula su inteligencia y aprende a divertirse con el ajedrez de la propia existencia. Quien lee habla y sabe lo que dice. El que no lee es una lora revieja que olvidó el que decir.

El buen lector escribe bien porque la ortografía es una destreza que no se aprende memorizando reglas sino escribiendo. Hay quienes leen de cabo a rabo un libro, otros no pasan del prólogo. Hay quienes se agotan con el primer párrafo. Otros son irreconciliables con los libros. Los odian e inventan mil pretextos para no tenerlos. Un libro es una provocación permanente. Una casa sin libros es como un cuerpo sin alma. Un rincón donde no anida la cultura y el genuino sentido de la existencia.

Hay también quienes los subrayan para no olvidar puntillosamente algunos parágrafos con afán crítico para dar sustancia a una tesis. Pero hay quienes no pasan de los titulares, los compran pero nunca los leen. Otros les colocan etiqueta de preservativo: Usar y desechar. No faltan quienes se inventan males imaginarios para deshacerse de ellos.  Otros los devoran. Hay quienes los escuchan porque ya no ven. El estudio de Luis Alberto Sánchez en el jirón Moquegua en Lima, casi a diario era visitado por audaces jovencitas que leían en voz alta algunos textos de ediciones frescas. Y el viejo zorro comentaba e impartía conocimiento. Abría el cofre de su memoria para llenar el espacio dialógico de recuerdos.

Se ama a los libros no por sus coloridas tapas sino por la riqueza de sus contenidos. Los libros son un genuino monumento a la palabra escrita. Quienes tratan diariamente con los libros se enriquecen y aprenden. Cualquiera de los libreros de viejo del jirón Quilca de Lima tiene una cultura sorprendente e insuperable. Son buscadores de tesoros inimaginables y sin mezquindad los entregan a quienes los necesitan  a cambio de dinero para poder sobrevivir.

En Piura el doctor Luis Ginocchio Feijó  en su biblioteca atesoraba cientos de ejemplares de La Divina Comedia. Todo lo que se refería a  Dante Alighieri le apasionaba. Carlos Ginocchio, su sobrino, hacía lo propio con las ediciones de Don Quijote de Cervantes. El amor a los libros se hereda, se contagia y llena los enormes vacíos de la existencia solitaria. Quien ama a los libros, ama los papeles. Miguel Maticorena atesoraba papeles y escritos que compartía entre discípulos y amigos. Haya era un insobornable lector crítico, Había leído y releído los Comentarios Reales de Garcilaso llenando las páginas de un antiquísimo ejemplar de apostillas que  enriquecían la heurística del primer mestizo.

Junto a las bibliotecas y librerías hay personajes inolvidables.  María Martha Bello en la naciente Universidad de Piura, enseñaba a leer a los jóvenes universitarios, a buscar referencias en los ficheros hoy digitalizados. Lo mismo sucede con los libreros del mercado, el trato con los libros los pertrechó de temas de conversación, de dudas metódicas sembradas por esa lectura fugaz de cada libro que pasa por sus manos. En una ciudad como Piura tan distante de la lectura son necesarios.

Una  excepcional tarea es la siembra de afecto por la lectura que ha  emprendido en todos los colegios con audacia de mago Houdini Guerrero. Merece admiración y reconocimiento. Es un menester apostólico envidiable porque lo hace con la afiebrada pasión del poeta que lleva en la alforja la palabra del amigo sincero que entrega su alma. Invita y enseña a leer. Todos los libros son materia viva por eso respiran, necesitan oxígeno para que sus páginas se abran a la mirada arrobadora de pequeños y grandes lectores. Se lee a cualquier edad a cualquier hora. La lectura rinde frutos cuando se realiza por pasión no por obligación. Por obligación se convierte en trabajo forzado y no lo es.

Quien lee bien escribe bien. Quien lee mal y no digiere, quien se antepone a lo que piensa y escribe tiene el defecto de Narciso. Coloca la carreta delante de los caballos y se contempla. No sabe leer. Menos escribir. El impersonal va mejor porque se abre y convoca a todos.  Es como la pretensión de autoridad del maestro ciruela siendo puré de camote simple. Bien escribe don Alfonso Reyes citando a Rudyard Kipling: “Si no logra embriagarte la turba tornadiza,/ y aunque trates con príncipes, guardas tu sencillez;/ Si amigos ni enemigos nublan tu lucidez, / Sí, aunque a todos ayudas, ninguno te esclaviza…..” Añado yo; No dejes de leer.

CRONICA DE LA PIURA QUE SE FUE


Por: Miguel Godos Curay

Piura, amenazada por las aguas
Piura es la primera ciudad hispánica fundada en el Pacífico Sur. San Miguel la primogénita del Perú. Desde los albores tuvo una vocación itinerante y andariega. Fundada a orillas de  las aguas cananeas del Chira en 1532, advierte Porras, tuvo que mudarse, en 1534 por la insalubridad de los pantanos que circundaban los predios de Tangarará. Entonces se asentó a inmediaciones de Pabur en Piura La Vieja y desde entonces pasó a llamarse San Miguel de Piura. Ahí se mantuvo a duras penas hasta 1570 en que los vecinos en pos de aires sanos se  trasladaron a San Francisco de la Buena Esperanza de Paita. El puerto de Paita, tenía brisa y pescado. Le faltaba agua fresca, la suministraba en balsas el poblado indígena de Colán. La incursión de piratas y corsarios deshizo el persistente y balbuceado  esfuerzo urbano en un santiamén. Los vecinos cansados acudieron al Virrey don Fernando Torres de Portugal y le pidieron autorice el traslado a las inmediaciones del sitio de El Chilcal, entre la presa de Tacalá y las vegas de Catacaos en donde hoy se encuentra.

Desde entonces emerge junto al río. Sus crecientes estivales la inundan de padre y señor mío. Los piuranos de ayer, anota Sears, recibían con banda de músicos, Cruz Alta  y cohetones las aguas del Piura que vienen desde las alturas de Huarmaca y recorren 300 kilómetros para llegar a la ciudad. Río veleidoso para el bardo Miguel Correa, caprichoso y desolador para quienes sorprendió arrastrando todo. Río de vida y muerte. Se agita torrentoso en implacables meandros que carcomen los cimientos de quienes construyen a sus orillas. Hoy como ayer los piuranos en sus crecientes se escupen el pecho como sus abuelos de susto.

Los piuranos, válganos Dios, somos dialécticamente contradictorios. El agua que arrojamos en  el 2017 al mar era suficiente para sostener en los próximos cinco a diez años una agricultura exportadora. Morimos de sed teniendo agua. Si la hubiésemos almacenado seríamos un modelo de previsión. En realidad somos todo lo contrario. En el mundo se cosecha agua, se almacena y se recuperan los torrentes freáticos. Con espacios recubiertos de asfalto y de cemento el agua no llega a los torrentes freáticos. Los árboles preservan el agua, oxigenan el aire contaminado y estabilizan los suelos. Por cada cuatro metros cúbicos de agua un árbol produce un kilo de madera. Las filtraciones y la carcoma de los cimientos se detiene  con la síntesis de agua que cumplen las raíces. En Piura faltan árboles, Son necesarios para morigerar la radiación solar que quema y requema la piel.
Males y tormentos no son ajenos en Piura. En 1588 se escarmentaba con azotes al que contaminaba las aguas del río. Hoy el río soporta efluentes contaminados y basura hasta en las inmediaciones del cuartel al norte. Los piuranos son poco afectuosos con su río. Sólo lo contemplan durante las crecientes. Después una especie de encausada letrina. El piurano ensucia el río despojado de sus variadas formas de vida. Antes se pescaba mojarras en sus aguas. Hoy no hay ni para remedio. Hoy no se escucha ni el corifeo de los cololos del que daban noticia los asiduos concurrentes a las bancas del extinto Malecón Eguiguren. La ciudad misma -revieja y desordenada- no dispone aún de un sistema eficiente de drenaje de aguas pluviales. Y como de costumbre las lluvias estivales la sorprenden  con los calzones abajo.

Piura, produce diariamente 400 toneladas de basura. A duras penas logra evacuar el 40 al 50 por ciento. Lo que no se recoge  decora la ciudad de cabo a rabo. Como advierte Vargas Llosa piajenos y cabras han desparecido del paisaje ayer poblado de algarrobos. No se ven jumentos en sus  calles. Ni los lúbricos reclutas contemplan con lascivia las  burras de  Los Ejidos. Peor que una desoladora plaga bíblica son los centenares de ruidosos mototaxis. En Piura, el desempleo, en movimiento se llama mototaxista.

En la Piura de 486 años cuyo onomástico se recuerda  hay anemia de civismo e identidad que movilice a un pueblo feliz por su pasado. Piura no tiene siquiera día cívico   que congregue a las fuerzas vivas de la ciudad en regocijo colectivo como otras urbes del Perú. Lo que en Arequipa y Huánuco es festejo en Piura nos aproximamos al rezo de 9 días. Un sincrético velorio sin café. Tendríamos que festejar el paso de tortuga de la reconstrucción. Y el ritual bota plata y dilapida recursos de la rehabilitación.

Gracias a Dios, tenemos energía eléctrica sin turbinas quema diésel gracias al sistema interconectado centro-norte. Nos falta energía humana para roncarle al gobierno por una efectiva descentralización fiscal que nos permita vivir con dignidad y decoro. Somos pusilánimes, blandengues tenemos el corazón de merengue. Nos falta coraje cívico para el reclamo, para hacer bien las cosas y saber elegir a quienes nos gobiernan. Aquí no se confrontan propuestas basta con repartir prebendas. Nos sobra la cáscara y el hueso.

Ayer Piura temblaba con sus movilizaciones campesinas y petroleras. Hoy no. Se nos fue la energía moral de los reclamos por el sumidero de la indiferencia. Ay Piura. ¿Qué trincheras tan altas sin altura?. Diría el poeta. Nos morimos de hambre teniendo que comer. Nunca como hoy tenemos tantas universidades pero  nos falta educación y cultura para disfrutar de la Orquesta Sinfónica, rescatar a nuestros bardos, preservar en las buenas costumbres y curarnos de ese olvido antojado de nuestra historia. La Violencia del Tiempo, la novela de novelas, de Miguel Gutiérrez nos pinta de cuerpo entero con nuestras veleidades y pasiones, con nuestros desgarros y ausencias, con la ternura vaporosa de los amores prohibidos y los secretos de abuela guardados con siete candados.

¿Dónde se nos fue la añorada Piura? Ese San Miguel invocado al amanecer y al anochecer. Esa tierra de Grau, Merino y de Montero.  Hoy el tondero ha quedado reducido al exotismo amanerado de las actuaciones escolares. Somos el muerto vivo del folklore. Nos embotamos de  la natilla de la corrupción sin impaciencia. Hasta en el deporte se nos aflojaron las pitas. Hace algunas horas saboreando café en compañía de Anne Marie Hocquenghem deploramos esta ausencia de sueños mientras Isabel Ramos  se consume en su lecho ausente. –No quiero soñar- advierte. Nos duele el alma por esta ciudad que acarició el memorial de intensos recuerdos. En donde alguna vez al filo de la madrugada con Miguel Gutiérrez evocamos la inasible belleza de Teresa Sevilla. Miguel ya no está. El recado de su palabra vive. Los habitantes de esta urbe sin memoria deambulan indiferentes a los rituales cívicos. La anemia consume los escasos árboles de lo que queda de la Plaza de Armas. Resuena en la memoria la sentida letra de Alma Mía de Pedro Miguel Arrese. Esta vieja de 486 años se nos muere.

domingo, 17 de junio de 2018

LA HERENCIA DE PAPA

Juan José Godos Atoche y Miguel Godos Curay. Padre e hijo.

Por: Miguel Godos Curay

No le agradaban a mi padre los diminutivos, la impuntualidad, los trabajos a medio hacer, la descortesía, el mal gusto, los olvidos como estrategia de la mentira, la desesperanza, las lamentaciones , las deudas impagadas, la irresponsabilidad, la falta de lectura, la ingratitud, el desafecto, los políticos de todo pelaje mucho ruido y pocas nueces, las promesas incumplidas, la tristeza, la huachafería, el desaseo, los cebiches sin ají, los tamales verdes de pescado sin aderezo, los platillos sin sabor, el olvido para con Dios en todas sus formas, los zapatos sucios, el café ralo.

No era un predicador de admoniciones sino un señor dueño de sus actos. A todos nos inculcó la pasión por el reloj pulsera. Conservaba su reloj en la relojera y su más delicioso regalo al final de la secundaria fue un reloj Olma a cuerda. Después se convirtió en proveedor de libros, diarios y revistas. Por él llegaron a mis manos numerosos ejemplares de Life y de la revista cubana Bohemia de 1960. Años después en 1995 tuve el regusto de conocer a Enrique de la Osa, su director. De la Osa amigo personal de Haya de la Torre y de Felipe Cossío del Pomar estuvo en Piura para el centenario de Haya. Le impresionó la abundancia del mercado lo dejó sin aliento la mendicidad infantil y el desorden. Se emocionó cuando le dije que lo había leído hace mucho tiempo.

Mi padre era memorioso y un gran alfarero de sus sueños. Las sinuosidades de la vida y el festín de las argollas a lo largo de su vida no socavaron ni un milímetro su insobornable lealtad con sus hijos. Aún lo recordamos extenuado por las malas noches, fiel a sus interminables tazas de café retinto. Otras ocasiones devolvía con paños de trementina la vida a viejos discos de carbón. Parco en el hablar y en el comer, un sibarita a su modo. Conocía los incomparables sabores de la albacora, el pez espada, las anguilas, el toyo, las cachemas y caballas. En las temporadas de cierre y desempleo se convertía en pintor de brocha gorda, en otras un acucioso guardián y minucioso almacenero. En casa un ángel guardián de alas invisibles.

Un viejo de conversación amable, curiosa y poblada de itinerarios y misterios. Por él visitamos en la factoría del ferrocarril a Juan Dioses, a don Félix Rodríguez un diestro y noble mecánico que conocía de memoria los engranajes del reloj genovés de la torre de San Francisco de Paita. Sus innumerable historias porteñas no dejaron de ser muy exquisitas y cotejadas con la historia eran evidencias del pasado. Por él y sus entrañables conversaciones encontramos los libros autografiados de José Santos Chocano a don Antonio de Lama en la biblioteca municipal de Paita.

No escribió como nosotros pero sus palabras y su ternura resultan intensamente inolvidables. En su humildad y sencillez nos hizo grandes. En sus palabras se robusteció la lógica para dar certeras e impecables respuestas. Sus frutos son como los mangos deliciosos, inolvidables. Sin defectos hubiese resultado inhumano e incompleto. Pero fue un ser de esos que habitan en la memoria y en el corazón cotidianamente como la estrella que marca rumbos, como aspiración vital que se crea y recrea como agua fresca en la sed, como palabra que resuena en la inocultable soledad.

Aún recuerdo cuando cumplió medio siglo de matrimonio. Se le ocurrió ir caminando de casa a la iglesia, acompañado por una banda de músicos que exultante le dio brillo y alegría. Tenía la mirada alegre e irrepetible y no tuvo gesto más noble que el de compartir un cebiche porteño con sus hijos, recorrió lugares y escenarios dio su propia interpretación a los saltos de progreso. En sus noches insomnes se revelaron sus ruegos y oraciones. Y con audífonos puestos colocados por sus nietos sonrió apacible poco antes de partir. Su ausencia fue inesperada. Sentí la misma sensación reconfortante de mirar con detalle una película en blanco y negro en el Cine Fox de Paita. Sentí su vida como esos filmes inolvidables en donde los buenos arrancan aplausos frente a las alevosas cobardías de los arrogantes y poderosos. Lo recuerdo con admiración y gratitud. Amaba a los perros como a sí mismo. Es mi héroe personal un baluarte de decoro y dignidad que a pesar de los años me nutre con caricias de bondad.

lunes, 14 de mayo de 2018

UN RECADO AL CORAZÓN DE MAMA


Por: Miguel Godos Curay
Delia Curay de Godos, mi inolvidable madre

No podía dejar de escribir esta nota a  mamá. Es como un recado del corazón a ese ser maravilloso presente en lo más profundo del alma. No solo nos dio la vida. Nos ayudó a desenredar ese nudo gordiano misterioso de la cotidiana existencia. ¿Cuántas veces nos hizo fuertes en las contiendas? ¿Cuántas veces lo entregó todo simplemente porque la felicidad de los otros es su felicidad? Y así con la sustancia de su afecto existimos. Es como la luz del candil en la noche fría y su vida se extingue en parpadeos pero ahí está como el titilar de una estrella. Su memorable belleza, la piel tersa se arruga como el maracuyá reseco pero nunca pierde su aroma.

Nuestras madres están hechas de barro noble y tienen coraje a prueba de inflaciones en donde los ajustes monetarios empobrecen a los más pobres. Están galvanizadas de ternura y con pocos soles compran en el mercado, regateando con el casero, los  ingredientes para la sopa más deliciosa, el tamal que nos provoca, el postre que queremos repetir a cada rato y el cebiche que ningún chef ha podido igualar en delicia hasta el momento. Caballa, cabrilla, mero o camotillo, limón ají y ese toque tan propio de su amor convertido en sabor inolvidable. Su aritmética solo sabe de ahorro y si de chibilines se trata los preservan para urgencias y apuros.

Los rorros de cuna son un hit incomparable. Porque esos mágicos cantos provocan el sueño y la sonrisa del crío como el rocío vital de las mañanas que nos deslumbra. Es la belleza sublime de la mano de Dios. Para los bioquímicos es el derrame de oxitocina, la hormona de la confianza, que hace posible desde el momento de la fecundación la adecuación del cuerpo de mamá a ese rol sublime que le encargó la vida. Para nosotros es la arrobadora belleza de la maternidad.  Ese aroma de pañal que tienen los recién nacidos nada tiene ver con Pampers. Es una mezcla de ternura, cariño reconcentrado en la leche tibia de mamá.

Tenemos tatuado su nombre en la memoria y en la noche lo pronunciamos como evocación inolvidable. Para una madre no hay hijo viejo, los viejos son su heredad, su encarnación que camina sola por el mundo.  A las madres del Perú Dios las hizo con acero inoxidable para soportar todas las arremetidas del Ministerio de Economía y Finanzas. Y estamos plenamente convencidos que si las madres condujeran la economía del país le darían vuelta a la corrupción e invertirían los dineros del Estado en Salud, Educación y Viviendas para tener una población sana y útil para el trabajo que transforma al país. Si en el hogar estiran los magros presupuestos y alcanza para todos.  Con razonable e inteligente criterio de la justicia distributiva platónica compartirían con todos. Y con la justicia proporcional en orden a los merecimientos personales. Porque según mamá el que come el puré de zapallo tiene postre de premio. Y el que no que mire y practique para que aprenda.

La oralidad de mamá está viva en cada cuento que inventó para nosotros porque Caperucita Roja de pura vieja está jubilada. Y el desdentado lobo se cansó de devorar abuelitas de carne dura para sus mandíbulas. Ya no hay bellas durmientes porque en los cuentos de mamá habita un universo maravilloso de pescadores de carne hueso con faenas milagrosas. O la historia de la Virgen porteña que camina por las orillas de la playa. Historias de piratas y heroísmos. Historias de gratitudes por los milagros recibidos. ¡Mamá tu mereces el Premio Nobel de la humildad y la grandeza humana!.

Pero ahí estamos abriendo el baúl misterioso de la memoria, desentrañando recuerdos, contemplando viejas fotografías refrescando momentos. Cuando niños en la escuela o recorriendo los pasillos de la universidad. Porque cada acontecimiento feliz tiene la impronta de mamá. No pierdes la costumbre de rezar por todos y pedirle a Dios con el celular de tu imaginación que cumpla con los viejos pedidos para que les vaya bien a los que más quieres. Tu amor no tiene distancias y atraviesa los cinco continentes. Es un combustible maravilloso que inunda las galaxias de ternura.

Un río de emociones surge con tus recuerdos. Y un océano apacible de cariño nos sumerge en la esencia de tus más puros afectos. Sea este día una bendición para todas las madrecitas ausentes y presentes. Porque esa fecundidad que da frutos tiene matices maravillosos. Y así como hay la maternidad de las que paren hay otra maternidad de las que educan  y con la delicia de su amor nos cuidan, nos protegen y nos motivan  a  ser  mejores.

En este país rompecabezas los que deciden los destinos de la república aún no se han dado cuenta que es la energía de mamá la que mueve a la patria. Imperdonable olvido de la seguridad social, de la justicia y de los defensores de los Derechos Humanos. Un Estado que protege a sus madres  tiene una estatura de dignidad más grande que los opulentos rascacielos de Dubai. Realmente en el Perú en justicia y en dignidad reparadora a las mamás nos hemos quedado enanos. ¿Quién legisla en favor de las mamás si la violencia familiar es deporte nacional?

Y así andamos prontos a celebrar el bicentenario de la Independencia Nacional. ¡Terrible incongruencia! si aún dependemos de un Estado que para tapar los huecos del erario encarece las cosas y es tan ineficiente para sancionar a los que lo despojan impunemente. Madres del Perú, madres de mi patria, heroínas anónimas que no desfallecen conduciendo sus críos a la escuela, cuidando con desvelo a un vástago en los hospitales de la seguridad social. Madres que trabajan en los mercados, en los talleres, en las oficinas que con apurado paso son una lección de puntualidad. ¡Gracias por dar a esta nación de ingratitudes sentido para su existencia!

Madres del Perú son la sintonía perfecta para que el himno nacional no sea un canto de sirenas. ¡No desfallezcan! Vuestra gloria excelsa es superior a los laureles que condecoran los monumentos. El Perú existe por ti. Y ese amor que no tiene precio, ni fecha ni calendarios nos mantiene en pie. Gracias mamá porque no hay palabra para decirte que eres origen de la alegría de los niños, el recuerdo de tus hijos grandes y el silencio con el que hablan los tiempos.

Una procesión de recuerdos anida en la memoria. Y recorro con los ojos cerrados las calles desoladas llenas de misterios y estas ahí con tu sutil belleza como el agua para el sediento y el pan para el hambriento. Como un libro abierto pleno de sabiduría y de cuentos ante los que son nada los malabares tecnológicos porque son cuerpo sin alma. Tú eres el alma de las cosas, el origen de la vida. En ti Dios tiene un corazón enorme. Y tus palabras son una bendición. ¡Gracias mamá!


viernes, 6 de abril de 2018

LOS PERROS DUROS NO BAILAN DE PÉREZ REVERTE

Por: Miguel Godos Curay

Ayer jueves presentó Arturo Pérez Reverte en Madrid su nueva novela Los perros duros no bailan. Según Pilar Reyes, jefe editorial de Alfaguara, se trata de una novela policiaca narrada por perros al puro estilo revertiano. Tiene humor, tiene ironía y también tristeza y amargura: Las peleas de perros como escenario de crueldad. La novela pertenece a la saga de Perros e hijos de perra (Alfaguara) donde el escritor y reportero, muestra su entrañable afecto por los canes.

Las palabras del autor en la presentación evocaron la insuperable nobleza canina. “He perdido el respeto por muchos seres humanos, pero jamás por los perros. La lealtad y la dignidad son atributos que los perros aún poseen y encarnan”.  No hay nada que los perros hagan sin coraje –incluso hasta los cobardes- son luchadores y se redimen, en su atávica naturaleza, advierte. Es la llamada de lo salvaje. El instinto como espacio de libertad, enfatiza. En efecto en el mundo no hay criatura tan maltratada porque es fiel o es fiel porque es maltratada. Aunque algunos con desazón sostienen que el perro es un lobo sentimental. Es siempre, por donde se le mire, una expresión de ternura.

Aldous Huxley afirma que “Todos los hombres son dioses para su perro. Por eso hay tanta gente que ama a los perros más que a los hombres”. Mark Twain, se solazaba con la gratitud canina. “Si alimentas a un perro muerto de hambre, no te morderá nunca. Esta es la diferencia entre los perros y los hombres”. Nuestro imaginario infantil está poblado de canes. Rin-tin-tin, un Pastor alemán una aplaudida estrella del cine mudo. Lassie – la Collie más famosa del mundo- y inseparables amigos como Totó, la tierna mascota de la pequeña Dorothy en El Mago de oz ,Pluto y Snoppy, reputados y querendones compañeros de la infancia. Nuestro viringo, el can de Sechura, es un símbolo autóctono muy nuestro. Es un perro limpio, no tiene pulgas y por su original dieta alimentaria vegetariana no tiene caninos. Ceramios y ajuares funerarios precolombinos dan cuenta de su abolengo y estirpe. Doña Manola Sáenz, en su refugio de Paita, allá por 1856, utilizaba  su calor para aliviar el reuma. Los tenía numerosos y con nombres de los figurones de la gesta libertaria.

Pero tantos héroes del celuloide son nada ante “Chumbeque”  la chusca mascota que en 1977 evitó la detención de su amo el político, abogado y escritor Genaro Ledesma Izquieta,  recientemente fallecido. Luis Jochamowitz, el autor de la crónica Chumbeque, publicada en Caretas dedicada al memorable y leal amigo  publicada en Caretas, en abril de 1977. Escribe: “El momento decisivo de su vida llegó la noche de un jueves de mayo de 1977, cuando un grupo de policías se presentó en la casa de su amo para detenerlo. Ingresaron con violencia por la puerta delantera y se encontraron con Chumbeque. Se dice que esa noche mordió a un número indeterminado de investigadores, entre 4 y 17, según las fuentes. El hecho es que su ruidosa y decidida intervención, permitió que su amo escape por la puerta de atrás, que daba a un parque y a la clandestinidad”. Chumbeque, no hay duda, fue un héroe de carne y hueso. Hace algunos días reeditando la crónica su autor escribió:"Si existe un cielo para amos y perros, hoy deben haberse reunido. Chumbeque estará feliz"

Durante la conquista, en el siglo XVI, el perro fue un arma contundente de guerra. Jaurías de perros hambrientos se liberaban sobre los guerreros indios en las denominadas sangrientas perrerías. Los perros destrozaban y desgarraban la piel de los guerreros aborígenes sembrando miedo y terror. Perros, utilizaron también las nazis en sus carnicerías persecutorias. Hoy son famosos los perros de los narcotraficantes capaces de oler a distancia a los contingentes de la DEA. Y los perros de la policía que huelen la cocaína y perciben la ácida sudoración del miedo de los narcotraficantes en los aeropuertos. Muchos traficantes que utilizaron sobredosis de perfume para confundir los olfatos perrunos por el contrario fueron descubiertos en la cola de paso por los canes de los controles aeroportuarios.

Lejos están de Nipper el  perrito que atento escucha la voz del amo como recurso publicitario en los anuncios de los gramófonos de la  compañía estadounidense Radio Corporation of América (RCA). El poeta Arturo Corcuera en Fábula de Pluto y su declaración de principios dice:
“Seré perro de historieta,
un perro en technicolor,
hasta perro de Walt Disney
¡GUAU!
de pura rabia mía
-¿Pariente de Rin.Tin-Tin?
Merde!
¡Jamás perro policía!”

Una afición brutal y salvaje – como los toros y las peleas de gallos- son las peleas de perros que se practican ilegalmente en diversas partes del mundo. Es un ejercicio brutal de mandíbulas de raza –Pitbull, Boxer, Rottweiler Bull Terrier, Bulldog-  dispuestos al ataque y entrenados para embestir. Brutales entrenadores que los excitan y premian con sangre, despiertan su temperamento brutal para la agresión. Se dice que se les entrena para el combate con otros animales pero se refuerza su docilidad con humanos. Sin embargo, perros entrenados han acabado causando indecibles lesiones salvajes a inocentes víctimas. Otros usados como guardianes son ablandados por astutos ladrones con la orina de perras en celo. Por la traición del olfato sustrajeron los bienes en cautela en la punta de su nariz.

Los canes proyectan en cierta forma el modo de ser de sus dueños. A amos agresivos las mascotas tienen el mismo talante. Los hay atléticos que acompañan a su dueño que conduce bicicleta. Alguna vez me contaron que por la acera de la avenida Bolognesi paseaba todas las noches un señor, siempre vestido de negro con un enorme perro. El furtivo transeúnte provocaba el paso obligado a la otra acera. El propietario, gay declarado, provocaba temor. Hasta que se descubrió que el perro jugaba por el mismo equipo del propietario y huía despavorido al primer ¡guau, guau! a todo pulmón.

Mi padre nos enseñó a amar a los perros. Fueron nuestro juguete vivo en la infancia. Siempre al lado nuestro, junto a la cuna del crío recién nacido. Siempre moviendo la cola al retorno de la jornada escolar. En otros momentos acompañando las tareas cotidianas. Siempre compañeros en las excursiones. Los perros guardianes que acompañaban a mi padre disfrutaban de la pesca de anguilas y el café tibio. Los bañaba semanalmente y los paseaba en la playa. Tenían su mismo gusto para escuchar sus discos de carbón favoritos. A su muerte los sepultaba con lealtad humana. Años después en los caminos de la sierra, he dado sepultura junto a un árbol, a algún can extinto. Y durante las noches me he sentido seguro, acompañado y protegido por estos parajes.

Un can al que recuerdo con emoción fue “Mirage” un perro guardián en el campus de la UNP. Junto a él una legión innumerable de perros de todo pelaje. Vencido por la edad, quedó ciego. Pero la jauría en ningún momento le perdió el respeto. Y pese a no ver la luz del día se desplazaba con aplomo entre ladridos. No estaba solo era como un abuelo bien acompañado que enseñaba con aullidos. A propósito de este singular detalle escribí un artículo en el que sustenté que los perros guardianes de la UNP tenían su canino rector. La precaria lectura de las bestias burocráticas me sancionó con una resolución sancionatoria que conservo en la que me prohibía escribir y expresar puntos de vista justamente ahí en donde el debate inteligente es una obligación. De Mirage, preservo, una evocación de Washington Calderón, quien me refirió que los canes de los caseríos contiguos  al Campus Universitario se arremolinaban a inmediaciones del comedor universitario presas del hambre y de huesos que roer. Mirage que encabezaba la tribu. Se compadecía y permitía con sus ladridos que se acerquen y prueben bocado. Muchos hijos de estos canes y nuevas camadas descienden de esta estirpe noble de perros leales y dignos. Pérez Reverte, pintor de batallas, nos recuerda, nuevamente en Los perros duros no bailan, con su estilo fresco y vigoroso, esta inagotable fidelidad, aunque algunos persistan en sostener que el perro y el amor, cuanto más perros mejor.

LLUVIAS EN ABRIL, LLUVIAS MIL

El cambio climático provoca inusuales lluvias que afectan a los
piuranos

Por: Miguel Godos Curay

Decían nuestros abuelos: ¡lluvias en abril, lluvias mil! La frase alude a la primavera en España en la que suele llover. Lluvias sin turbulencia pero en abundancia. En América se emplea la frase para mencionar a las lluvias repentinas, inusuales y copiosas fuera de la estación. En efecto, la lluviecita de ayer nos ha demostrado en carne propia que no hemos aprendido la lección. Aniegos, lodo, basura remojada, lagunas y con esa sensación cruda e ingenua de no entender las perturbaciones que provoca el cambio climático. La misma desazón en los corredores intransitables. Salva el capote, por lo poco bien hecho, la avenida Progreso de Castilla. En el resto de la ciudad la misma vieja y tantas veces repetida historia. La ciudad no tiene sistemas eficientes de drenaje. Y en las obras de rehabilitación y reconstrucción más negligencias por lo mismo.

Los drenes que atraviesan la ciudad están colmatados de basura y como en apariencia el año es seco la prevención es tarea de última hora. La moneda tiene dos caras. Una la de los agricultores angustiados por la falta de agua y la otra la de los que miran el cielo con un injustificado temor al agua, a los truenos y rayos que ahora impactan en las inmediaciones de nuestras capitales rurales. El sonsonete de la lluvia sobre la calamina en los ranchos de los asentamientos humanos provoca desazón y miedo. Las goteras señalan las negligencias. En cualquier momento nubes de zancudos mortificarán a los vecinos como si Nergal el dios babilónico de las plagas hubiese establecido residencia en Piura. Noches de mosquiteros y zumbidos.

Llueve en la sierra, como de costumbre, porque acaba el invierno. Siempre llovió en abril en Morropón, Ayabaca y Huancabamba. Sucede que hoy los pobladores andinos pertrechados de celulares registran los diluvios andinos que impresionan a los costeños. En realidad son lluvias de la estación a vísperas del verano que se avecina pleno de sol y de abundantes naranjas y choclos para los tamales. Durante la temporada pluvial se organizaban las mingas comunales para abrir los caminos y trochas a punta de brazos, barretones y lampas.

Hoy no, el sentido del trabajo comunal se pervirtió cuando se empezó a pagar alimentos por trabajo y jornales por cuadrillas. Entonces las nóminas de voluntarios se convirtieron en planillas donde aparecieron jornaleros fantasmas. La minga ya no existe socavada por el asistencialismo y esos subsidios directos al consumo de cerveza y prósperos negocios de la usura. Hablar de la minga como trabajo comunal para el desarrollo de los pueblos es un viejo relato de otros tiempos. Hoy con la plata baila el mono.

Como consecuencia de la lluvia Piura tiene nuevamente llagas en carne viva. Basta recorrer la urbanización Miraflores o abordar un bus para darnos cuenta de la penitencia diaria de todos los piuranos. Ignoramos si será un buen ejercicio colocar al gobernador regional y consejeros en pleno en un bus para recorrer la ciudad de cabo a rabo. El experimento debería incluir alcaldes y regidores. En Piura, existe la sensación que las autoridades elegidas por el pueblo viven en la nube de la presunción. Se confunde autoridad con la indiferente levedad de quienes viven en la irrealidad absoluta.

Desconocemos si el alcalde y los regidores han realizado en lo que va de su gestión algún nutritivo tour ahí donde las papas queman. Es posible, de hacerlo, que sus actitudes cambien para bien. La gobernabilidad, cualidad de gobernable, exige tener los pies bien puestos sobre la tierra. Y una sensible preocupación para anteponer el bien común al bien personal. Cuando estos factores se invierten la consecuencia es tener autoridades para el escaparate, la notoriedad, el calentamiento de la silla y ojos cerrados al pueblo. No se necesita encuestas para medir la aprobación o desaprobación de nuestras autoridades. La insatisfacción flota en el aire, en el descontento colectivo, en esa rabia interior que cuando se convierte en palabras no deja títere con cabeza. El estado de ánimo de un pueblo es un espejo del desaliento y la decepción frente a las promesas incumplidas de sus gobernantes.

A estas alturas las lluvias son como una sutil llamada de atención existencial que nos recuerda lo mal que estamos. Abandonados a la rutina de la monotonía circular como el burro de la noria. Como advierte Sartori: “Porque un pueblo soberano que no sabe nada de política ¿es soberano? ¿Qué puede nacer de la nada? O de otra manera: de la nada nace el caos.” (1) El ciudadano ignorante en política no tiene capacidad de reclamo a sus autoridades. No fiscaliza, no exige, no vigila. En Grecia en la que la ciudadanía animaba los debates en el ágora. Y en donde a través de la doxa (opinión) expresaba su parecer sobre los acontecimientos públicos. Persuadir y ser persuadido es una condición esencial del debate. Pero hay quienes se desentienden de este atributo cardinal de la vida ciudadana. Bien porque se desentienden de sus obligaciones ciudadanas, bien porque aborrecen la política. En el mundo egeo se les llamaba idiotás. Porque el vivir en una ciudad sin ejercitar la ciudadanía es una especie insoportable de idiotez.

La lluvia tiene el vigor del agua que refresca y aplaca la sed de los campos. Es la vida que se expande en múltiples formas. Reverdecen los terrales polvorientos y el vaho húmedo se apodera de las habitaciones y los libros. Como ayer gotas de lluvia caen sobre mi cabeza esto no significa que debemos quedarnos paralizados ante quienes no son capaces de vislumbrar un mejor final para la historia.

(1)SARTORI Giovanni, Homo videns La sociedad teledirigida, Editorial Taurus, México, Segunda edición: 2001.


miércoles, 4 de abril de 2018

¡ESA PIURA QUE SE FUE PAISANOS!

Estatua de la Libertad en la Plaza de Armas que los piuranos llaman La Pola,
en memoria de la patriota colombiana Policarpa Salavarrieta.

Por: Miguel Godos Curay

Piura es escenario de acelerados cambios. Su matriz económica, ayer algodonera,  ha dado paso a nuevos productos como  la uva, la palta, el mango, el cacao, pimiento piquillo y espárrago para la exportación. Muchos de los ayer frutos silvestres como el aguaymanto y las moras silvestres  golosina natural  de los niños de la sierra son buenamente cotizados. Sucede lo mismo con los nogales que proveen corteza para teñir ponchos pero cuyas nueces nadie consume. Lo propio sucede con los y abundantes hatos de cabras ahora extintos. Allá por los 60 las góndolas y autos que venían de Paita hacían un alto en las inmediaciones del novelesco Congorá para dar paso a cientos de cabras. Ocasión para que los pastores del desierto ofrecieran a pasajeros en tránsito queso fresco.

Piura se nutría de leche de cabra, la que en su composición química es la que mejor se parece a la leche materna. Abundaban las natillas y los quesillos que en nada se parecen a los elaborados con leche en polvo o leche evaporada. No tienen la misma textura. En Belisario, asomándose al desierto de Sechura se bebía chicha y leche fresca de cabra. Las arcadas dentarias de los niños no mostraban las lesiones hoy abundantes de la caries. Y esa dieta de azúcar de caramelos y aire de las loncheras pertrechadas de chizitos.

La cabra, dice López Albujar, es la vaca del pobre. Ella brinda carne, leche, abono y es una gran reforestadora del desierto. Sus ácidos gástricos ablandan el tegumento de las semillas de algarrobo y la predisponen para la siembra. En la Piura colonial los inmensos hatos de cabras eran soporte de la economía de las jabonerías a dónde iban a parar sus sebos y la elaboración de cordobanes. Cinchas de cuero para los amarres de los durmientes y paredes de las antiguas casonas. El cuero se remojaba y a la hora del amarre los alarifes los templaban de tal manera que al secarse adquirían una consistencia para los siglos.

Por los antiguos callejones de Piura desfilaban piajenos y cabras en procesiones interminables. Al norte  de los Ejidos y al sur de Coscomba. La leche y el pan se distribuían  puntualmente al igual que los frutos de las huertas. Hoy no hay leche de cabra ni para remedio. El postre de quesillo con miel de chancaca -nos advirtieron- era con quesillo de vaca. En la industria lechera los quesos y yogures de cabra son altamente cotizados. En Piura no, porque hemos despoblado el desierto de este generoso rumiante que aporte carne deliciosa para los secos y piqueos. La afición andariega de la cabra piurana hace su carne magra deliciosa y apetecible.  Se nutre de algarroba y brotes. No ocupa grandes corrales y en majadas responde a las necesidades de las familias campesinas pobres.

Urge rescatar los hatos de cabras que antes eran una nota distintiva del paisaje piurano. La leche evaporada de tarro y la leche en polvo de los pervertidos programas vaso de leche han desplazado a un producto tan genuinamente piurano insumo de quesos y natillas como las que hacían chupar los dedos a la gomia de antaño. Lo propio pasa con los chifles piuranos. El chifle de ayer tenía cuerpo y  con un crocante logrado en el oreado al sol. Se les acompañaba con cecina y ají. Hoy tienen levedad para llenar la bolsa y son quebradizos. El de ayer tenía peso y cuerpo como para conjurar antojos y conversas. El de hoy es un extraño pariente del chizito. Bolsa y aire.

Advierte Vargas Llosa que en lo que queda del desierto piurano están ausentes los piajenos y las cabras. Ruidosas motocicletas ocupan  los espacios con sus estridencias. En este salto al vacío de la modernidad. Igual de resquebrajados están nuestros valores cristianos. Los fervorosos concurrentes a los ritos de la cuaresma fueron actores del pueblo llano. Aquellos personajes que con humildad mantienen viva su fe. Ni ápice de  las autoridades y la copiosa población de los colegios católicos. La catedral de Piura, sin embargo, no estuvo sola. Viejos, niños y jóvenes. Furtivos turistas y los piuranos de siempre aquellos que no huyen en estampida a las playas a divertirse en plena cuaresma besaron la cruz.

Sin embargo, la espiritualidad piurana tiene nuevos resortes. Una cristiandad emergente de creyentes en los abundantes grupos evangélicos y novedosas confesiones. Hoy los nuevos seguidores de Moroni no son rubios de ojos azules sino jóvenes autóctonos mestizos, serranos, cholos y negros persuadidos  para ejercitar su proselitismo en buses de transporte urbano y emprendiendo iniciativas cívicas que los habitantes de la urbe han olvidado. El otro día limpiaron postes y muros de esos empalagosos avisos que ofrecen pensiones  a estudiantes y sospechosas convocatorias a jovencitas para   castings  de modelaje. El piurano de ayer tenía la cortesía en la punta de la lengua el de hoy, con audífonos puestos, vive como un robot en la incomunicación pura,

Los evangélicos no pierden tiempo visitan casa por casa, conocen los vecindarios con plano en la mano. Pese a ser rechazados te desarman con una sonrisa. Oran y oran ahí en donde se derrama el pecado. Y la estrategia de enviar viejas porfiadas con sombrero, poco a poco, se muda a la irresistible tentación de jovencitas amables, educadas y persuasivas. Las ayer ridículas predicadoras han dado paso a una legión entusiasta y laboriosa de evangélicas venezolanas educadas, corteses, amables y con sonrisa de boca a oreja. Un gota de miel atrae más moscas que un litro de hiel.

El otro extremo del fervor piurano es una telaraña el diablo. Anuncios de “Amarres” en avenidas populosas y “unión de parejas” en zonas residenciales pueblan los postes de la desordenada ciudad desvencijada. Todas esas emisoras que interfieren en el dial están dedicadas a curanderos y brujos de todo pelaje. Nadie los sanciona ni los detiene. Otros son los predicadores y conversos del Centro Victoria, buen floro, tofes y bolsas para el recojo de la basura. Los testimonios te dejan sin aliento. Yo dormía en la basura cuando consumía drogas pero no hay nada imposible para Dios. Y aquí estoy buscando apoyo para otros que necesitan ayuda para abandonar el sórdido mundo del alcohol y las drogas. ¿Cómo lo hacen? Son un equipo de lenguaraces bien hablados y persuasivos. 

El transporte urbano sigue siendo un dolor de cabeza. El mercado central un centro de abastos desordenado e insalubre. No se ordenó el comercio ambulatorio por falta autoridad pero ya se vendieron los aires para construcciones inseguras y transgresoras de las disposiciones de Defensa Civil. El mercado central sigue siendo la promesa de todos los alcaldes y el desafío de todos los candidatos. Un problema gordo irresuelto.

Según Cosapi se plantarán mil 690 árboles nuevos a lo largo de la remodelada avenida Sánchez Cerro. En realidad y en verdad no existen ni en fantasía almácigos ni espacio para reforestar entre bloquetas de cemento y más cemento. Lo que hay es imparables ampliaciones de presupesto. No hay árboles en pie en ningún extremo. Lo mismo  se dijo al culminarse la avenida Vice. Hoy no hay área verde para la sombra y oxigenación de la ciudad. Lo que hay es un zanjón de cemento y bajo tierra el sistema de drenaje. No hay más. Con el tiempo que falta para la culminación de los trabajos en la avenida Sánchez Cerro resulta imposible que se logren plantar 2 mil 690 árboles.

Desconocemos si el gerente de Medio Ambiente de la Municipalidad de Piura Luis Araujo Gutiérrez inició, tal como anunció, la supervisión de la siembra de estos nuevos pulmones para la arteria más transitada de la ciudad. En Piura, todo es posible. Con esa anemia cívica que nos consume y esa anorexia de valores que nos deforma hemos quedado reducidos a una aldea ágrafa en la que sólo importan, por el momento, las pasiones desbocadas de los candidatos y la indiferencia de una ciudad sitiada por la basura.