Por: Miguel Godos Curay

Piajeno piurano, símbolo de un secular proceso civilizador en Piura
Piura, tiene una gea formidable que seduce con el resplandor de la luz. El sol radiante lo distingue en todo el Perú. Trujillo tiene su primavera, Piura tiene sol todo el día. Su portento agrícola es producto de la heliofanía que provoca un clima propicio para el cultivo de frutas dulces y sabrosas. Sin tener portentos arqueológicos se sumerge en la cultura del desierto gran depósito de sedimentos marinos que hoy son fosfatos, diatomitas y salmueras. Sus entrañas preservan grandes depósitos de hidrocarburos y gas. El primer pozo petrolero perforado en el Perú empezó a funcionar el 2 de noviembre de 1863 en Zorritos, Tumbes en aquel entonces jurisdicción de la provincia de Paita.
Piura es extensa. Piura sola es más
grande que un país. Su territorio tiene 35,892 km2 superior a la extensión
territorial de El Salvador de 21,041 km2 e Israel 20,700 km2. Sin incluir otros
diminutos estados. En sus mejores tiempos fue proveedora de hidrocarburos y
bellotas de algodón pima para la exportación. Los antiguos billetes de dólar
contenían parte de su fibra duradera. La
Piura que inspiró a Vargas Llosa era un desierto por los cuatro costados y el
fascinante río Piura un caprichoso personaje esperado con banda de músicos en
proximidades de la navidad. Sus aguas gracias al tajamar de Tacalá elevaba el
nivel de las aguas y recorría las plantaciones hasta cerca de Catacaos.
Sus tierras sedientas siempre dieron
buenos frutos. Las huertas caseras estaban pobladas de guayabos para elaborar
en el fogón jaleas y guabas dulces para los churres. Había quienes cultivaban
en sus corrales frijol de palo, ají de mesa, albahaca, zapallitos y sandías. La
tierra nuestra daba de todo. Antes de que se inventara le leche en polvo y la
enlatada. En Piura se comerciaban hectolitros de leche de cabra altamente
nutritiva. De los hatos de cabras, las
vacas del pobre según López Albújar, nunca faltó nutrientes y sustancia para
los quesos, quesillos y natillas hoy ausentes. Para los desnutridos y
debiluchos se recomendaba como tónico formidable le leche de burra negra. Con
tres tomas era suficiente para activar las neuronas y poner fin a la pereza de
la debilidad.
En los fogones y sartenes se freían
cachemas de Colán o de Sechura. En Paita se pescaban en botes a vela provistos
de lamparines que atraían a los peces y a flor de agua capturaban con sus
anzuelos. Se empleaban como cebo
lombrices sacadas de los fangos contiguos a los parantes de los muelles. En
Paita, el Muelle Fiscal, el Muelle de Fierro y el muellecito de la Estación del
ferrocarril y El Toril. Cachemas y sucos
frescos, sabrosos y fritos fueron la mejor de las delicias, acompañados siempre
con sarsa de cebollas, limón y ají fueron un don irrepetible.
Piura, tiene una devoción irrepetible
a la luna. Las abuelas seguían el calendario lunar con cuartos, lunas llenas y
lunas nuevas. Las comadronas no necesitaban de la ecografía de uso reciente
sino del calendario Bristol y mirar las fases de la luna para con su arte
acomodar al feto y programar su venida. Las viejas abuelas trenzaban con fino
pabilo y cera de abejas el cordón umbilical y cernían la flor de la ceniza de
algarrobo con una eficacia superior al polvo secante. Al llamado de los
trajines del parto concurrían con su tijera de acero Solingen y su cuadro de
San Ramón Nonato al que colocaban una vela y movían conforme a la posición del
feto: de costado, atravesado o de cabeza listo para su arribo a esta Piura
creyente y supersticiosa hasta el tuétano.
Sólo en Piura la candela habla, el
viento murmura, en los remolinos baila el diablo y los moscones traen noticias.
Las barajas adivinatorias son un arte tan solicitado que no hay ni aldea ni
pueblo que no tenga una amable y solicita lectora de naipes. Algunas barajas centenarias
pasan de mano en mano desde tiempos inmemoriales. En Piura se respeta el
santoral estrictamente. Los nombres productos de la modernidad son una condena
eterna para el nombrado. Según nos explicaron en caso de riesgos acudes a tu
santo protector. Pero si te llamas Oster, marca de artefacto o licuadora, no le
puedes pedir protección porque ni te escucha ni te empelota. Los santos
cristianos protegen, cuidan y preservan. Según me explicaron en un reciente
naufragio los de nombres exóticos y raros se ahogaron todos. Sólo se salvaron
los protegidos por nombres bíblicos cristianos.
La amistad, la confianza, la cortesía,
la generosidad y el respeto son grandes atributos de los buenos piuranos. Son
el soporte de confianza. La desconfianza es duda perenne. La zalamería o jarabe
de babas es la marca indeleble del procaz y cicatero que se aprovecha de los
demás. Persuade con lenguaje florido para obtener lo que busca finalmente
rehúye el trato y la obligación. Junto a ellos están en la clasificación
ordinaria los que escupen la sopa; los desleales, la lengua suelta para el
agravio, los desagradecidos, los amargos, los rajones, los perversos y los
chismosos de todo pelaje. Son la expresión popular de la envidia que no sólo
desea lo que le es ajeno. Sino que convierten los bienes ajenos en males.
Piura, puede ser una región próspera
si dejara de sentirse una tribu de aldea. En donde hasta el aseo personal,
según se cree, es una obligación ajena. Está sucia por los cuatro costados
porque cree y piensa que asear su territorio no es su obligación. Habita en el
territorio de la crítica, el floro, las promesas incumplidas, cultiva el
diálogo infructífero de la estupidez.
Por cierto, ese es el peor de nuestros defectos: el salpicar veneno y
cieno allí en donde los logros se hacen con esfuerzo. En una región de
falsarios, demagogos, creídos, groseros, altaneros, cojudos de nacimiento y
cojudos por vocación en donde todo se mide por lo que tienes y no por lo que
sabes. Se cimienta y se conjuga la cojudez en todos sus extremos.
En una región rica y potente, con un
capital humano valioso, apostar por la educación seria y responsable es
ineludible obligación. La mejor inversión es crear posibilidades para el
despliegue inteligente y para el asombro. Si todos aprenden, todos pueden apalancar
el progreso y el desarrollo. No es suficiente tener muchos libros si nadie los
lee. No es suficiente hablar de buenos
ejemplos si la honestidad, el respeto y la tolerancia no se cultivan desde
abajo. No hay otra vía para ser mejores y transparentes.
Casi siempre y con reiteración cuando
se abordan temas políticos lo primero que se menciona es ¿quién roba más y hace
menos? No se habla de logros visibles ni del despliegue de la decencia y la
honestidad. Se presume mucho pero poco se hace. La vanidad del piurano es un
capricho dislocado de la realidad oronda y lironda. El piurano considera que
vale por lo que tiene y no por lo que sabe. Ahí está el punto de quiebre de ese
narcisismo pervertido sin metas y logros visibles. Nos quedamos sin diarios
impresos no sólo por la crisis del papel y la cresta de la ola tecnológica de
Internet. También por esa patente desazón escolar de haber olvidado como
ejercicio humano el leer y el pensar.
Tenemos la serena convicción de que
sólo los inteligentes, aunque sean pocos, estremecen a las crisis y las
convierten en una posibilidad de transformación y cambio. Una legítima apuesta
por la educación no se nutre de la novedosa tecnología de la IA sino de ese
esfuerzo significativo que abrió las memorias al silabario y a los números en
las tablas aritméticas. A esa mirada
profunda a los cielos y a las estrellas. A esos deseos de aprender y crear sin
mirar por encima del hombro. A ese afán humano de compartir conocimiento sin
ataduras a los lastres ideológicos y políticos. Enseñar tiene el potente
resorte de la transformación humana y lealtad con la vida. Seguimos pensando
que esta Piura tan venida a menos puede cambiar. Aunque empecemos con el simple
gesto de limpiar la ciudad. La limpieza de las conciencias empieza siempre por
los pequeños detalles.
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