Por:
Miguel Godos Curay
![]() |
En Piura se mantienen vivas las expresiones de la cultura popular. Una de ellas son las técnicas culinarias |
El golpe del cajón del arpa, acompañado por el rascado de las cuerdas inicia el ritual de la jarana. “Copa…copa…. copa repiten acompañados por las palmas mientras los cantores afinan la voz. “ Veinticinco limones/ carga una rama/ carga una rama” repite la voz primera mientras la segunda responde “Y amanecen cincuenta, / cada mañana, cada mañana”. Nuevamente la primera ingresa con otra versada. “Tuyos son…tuyos son/ ay… los claveles de mi corazón.” “De todos los animales quisiera ser como el zorro/ de todos los animales quisiera ser como el zorro /para comerme a la gallina/ y dejar al gallo sólo”. Responde la segunda. La jarana está en su punto.
No
hay jarana sin trago. Se bebe aguardiente de caña. El trago fino por su pureza
es la pócima, el alcohol de la primera destilación. Después de la pócima viene
la primera, luego el aguardiente, en orden y jerarquía están los alcoholes de
baja ley denominados: cachaza, vinillo y resaque. Son el enjuagatorio. El zumo
de los dioses es el guarapo. El jugo de caña fermentado. Dulce al saborearlo
pero embriagador e imprevisible a los
ocasionales bebedores. Guarapero se llama al bebedor consuetudinario. La
destilación del guarapo se realiza en el porrón y el producto de la destilación
se preserva en cántaros de barro, antiguos y centenarios.
La
caña se muele en el trapiche cuyo tornillo de bronce puede ser movido por una
bestia. El jugo de la caña no destilado
está destinado a la producción de dulce para el consumo familiar. La
pequeña producción industrial se convierte en chancaca, alfeñiques o bocadillos
que proveen las ferias. El bocadillo requiere maní y fuerza de brazos. El buen
bocadillo, no empalaga, es agradable y provee a los feligreses de las ferias
regionales.
Sin
aguardiente no hay jarana. Si la reunión se realiza entrada la noche se prepara
al primer hervor el “calentado” o el “canelazo” con aguardiente, hojas de lanche y rajas de canela. De este modo se
tibian los convidados. En Piura, coplas populares fueron recogidas por Enrique
López Albújar, el presbítero Miguel Justino Ramírez, el poeta Teodoro Garcés
Negrón y últimamente por Alberto Alarcón Olaya. La cumanana no se reduce a un cuarteto
o a un verso suelto y bienaventurado sino
a una cadena interminable en donde se desliza la lisura y la inteligencia
improvisadora de los pobladores. Un verso se encadena con otro en un desafío oral en donde finalmente triunfa
el que sorprende por la agilidad de sus respuestas. Cada pie de verso alude a
un tema. Podría tratarse el tópico
político, la belleza femenina, la naturaleza, las virtudes y defectos de los actores
cotidianos o hasta la misma muerte.
Alrededor de los contrincantes se arremolinan los curiosos que incluso
celebran apuestas o aplauden al compás del cajón festivo y mansurrón.
“Si Sánchez
Cerro viviera ay,ay, ay/
Si
Sánchez Cerro Viviera ay, ay, ay, ay / no hubiera ningún aprista/ si señor….
y solamente mandara Luis. A. Flores y la urrista.”
búscate uno del gobierno regional,
que ande en camioneta mañana y tarde
y coma bastante, sin gastar un real”.
Le
ando buscando a mi suegra
camioneta
como la del gobiernopara que se vaya y no regrese
del último rincón del infierno”.
El
metro predominante en la cumanana es el octosílabo, con rima consonante. El
octosílabo es el verso castellano tradicional. Con él se urdían las letras de
las canciones populares y las coplas de ciegos que mendigaban en las puertas de
las iglesias. Los tópicos son variados. En la sierra de Piura hay ciclos que evocan y
recuerdan a los actores
cotidianos. Uno de ellos es el de la toma de Piura por los chalacos el 28 de
enero de 1883 y las sucesivas montoneras que apoyaban a Andrés Avelino Cáceres o
a Miguel Iglesias. Otro es del Froilán Alama el temible bandolero, pero también
el de Rosita Ruidías una mujer de armas tomar que cansada de los maltratos del
marido tomó la firme decisión de escarmentarlo ejemplarmente. Lo que motivó la
huida del cobarde al Ecuador. Rosita, refieren, era aficionada a la vihuela y
de puro desdén cantaba al amor de alguna mujer que le quitó el sueño.
Hay
quienes afirman que Yapatera es tierra
de cumananas. Sin embargo, las coplas recorren los caminos y atraviesan
fronteras. Para los campesinos es una forma divertida de conjurar la tristeza.
En algunos casos se convierten en chanza y burla contra las malas autoridades.
Muchas de ellas ridiculizan al alcalde, al juez o al policía que incumple sus
funciones. La cumanana atrevida es
curiosamente graciosa pero no insolente. En
las coplas siguientes hay referencias a los genitales masculinos y femeninos.
Todos las celebran porque la lisura se convierte con jocosidad pícara en sutil humor y fina ironía.
“Ya
salió la luna hermosa
y el
lucero la acompaña qué triste se queda el hombre
cuando la mujer lo engaña”.
“La
cosa de las mujeres
pesa
una libra y 16 onzaspero yo la tengo balanceada
en la romana de mis bolsas/”.
“Sin
saberlo me enamoré/
de
una preñada doncella,ella se desempreñó /
y yo quede preñado de ella”.
En
la punta del cerro negro,
lacearon
al toro mocho, dicen que lo lacearon
con las barbas del bizcocho”.
“Anoche
me comí un bizcocho,
no sé de qué panaderoy por más que me lo comía
el bizcocho se quedaba entero”.
La
literatura oral habita en los rincones alejados de la sierra de Piura en donde
aún subsiste el golpe de tierra, el arpa, majadores y cantores. Todo surge de
la picardía natural de los pobladores, sin embargo, necesita ser rescatada
del olvido. Cuentos infantiles, cantos
rituales como la elegiaca “Salve de las Vacas” entonada al filo de la madrugada
en honor del difunto aún se preservan pese a las arremetidas de los
amplificadores y la modernidad funeraria. Devocionarios y oraciones anotadas en
cuadernos son parte de esa tradición oral
que se diluye en la memoria como el agua entre los dedos. Aún en los
sepelios se mantiene la costumbre de arrojar granos de trigo, arvejas y
frejoles a lo largo del cortejo. En
algunas comunidades se baña el cuerpo en el torrente próximo. Rezadores y
rezadoras acompañan los nueve días del
duelo hasta que se levante el Cristo. Todos participan en el ritual, los niños
y los viejos. El tiempo no se detiene. A todos nos acompaña esa desolación que
provoca la muerte de un abuelo. Una sensación terrible como cuando se incendia una
biblioteca. En Colombia, los maestros emprendieron una cruzada nacional para
acopiar tradiciones y leyendas, recetarios de comidas, topónimos, calendarios
religiosos, recetas de la farmacopea popular, y nombres de objetos. El producto
final resultó un maravilloso rescate de la cultura popular. Una gratificante
contribución a la identidad y al regionalismo viva energía de la tierra que se
resiste a la ausencia. El maestro Otto Morales Benites, uno de los gestores de
la propuesta, remarcó, que los pueblos tienen una cultura viva y se resiste a desaparecer
frente
a las afanes demoledores del consumismo y la modernidad.
1 comentario:
muchas picarescas
Publicar un comentario