Por: Miguel Godos
CurayEl consejo de las ranas: crónica fabulada de un debate académico.
Las ranas son parte de la academia y son el ingrediente imprescindible en la escuela de comunicación social de sapolandia en donde se brinda formación profesional a los jóvenes sapos y sapas de nuestra prometedora aldea global. El dilema mayor de las ranas tiene su raíz en el ¿qué enseñar? y en el ¿cómo enseñar la teoría y práctica de la comunicación social? El consejo de los anfibios y anuros (los sin cola) es la expresión de la organización académica y reúne a todos en busca de este ideal. La legión de los sapos y sapas es numerosa. En ellos hay muchos y muchas muy inteligentes y capaces. Otros y en menor proporción creen equivocadamente que ya no es necesario estudiar ni leer. Se dedican al deporte del ocio, viven el momento y sienten con pavor el futuro. No son muchos, pero son un desafío para los batracios académicos.
Las ranas se diferencian por sus
timbres académicos. Lo que genera aparentes diferencias pues con experiencia
profesional conocen lo que enseñan y pueden mejorar. Es un valioso capital que
no se puede tirar por la borda. La rana directora con superlativa arrogancia se
dedica a los menesteres de la investigación. En realidad, pocos -casi nadie-
conoce en Sapolandia el producto de las doctas indagaciones. En un despacho sin
horario, el bombillo permanece encendido a diario sin nadie en la sala. Como
diría el elefante de Iriarte: La apariencia es advertencia. Ciencia que no se
divulga es como el estrés de la pulga en rabo de perro. Quien siente, se culpa;
El que no, que oiga.
En el claustro hay ranas de diversa
textura y calidad anfibia. Los hay lectores, los hay dedicados al periodismo
menester en aparente extinción y los dedicados a la investigación. Los hay
expertos en webveo y fuga de tondero. La confrontación anura es consecuencia del
ordenamiento y opiniones legales. En realidad es una colisión de intereses en
el seno de la academia donde se presume la libertad de cátedra y estudio serio por
encima de todo.
¿Por qué es complicado tomar acuerdo
en donde siendo tan pocos la economía de los procesos debe favorecer la
sintonía de aspiraciones y esfuerzos? La respuesta es sencilla y reflexiva. En
apariencia es un conflicto de poder con “j”. Un acuerdo convertido en
desacuerdo. Una guerra en tiempos de paz. Una pérdida de tiempo en donde debe
reinar la armonía. Sin duda, la fórmula más sencilla de resolver conflictos es el
tira y afloja. Una sintonía perfecta en la que el poder deja de ser exceso y
contribuye al bien común.
Sin duda, nadie en el consenso
colegiado se perjudica. Todos se benefician y avanzan. Siendo tan pocos, no es
difícil construir el bien común sin caprichos ni menoscabo. Los naturales tira
y afloja de las diferencias se superan con inteligencia. Nunca las
indisposiciones del capricho y el abuso del poder dan buenos resultados. El
derecho se tuerce y retuerce cuando se excede en establecer límites en donde
son posibles los acuerdos y concesiones.
Un coro angelical es como el trino perdurable
de las aves donde funciona la sintonía. Cuando todos en consenso trinan a una
voz. El esfuerzo diminuto se hace grande. El capricho se disipa y el acuerdo se
comparte. Los desacuerdos son el abono de la descomposición de las
organizaciones. El jurista Domicio Ulpiano definió al
derecho como "el arte de lo bueno y lo justo". Este se resume en tres
preceptos éticos vigentes: vivir honestamente (respetar la moral), no dañar al
otro (proteger a las personas) y dar a cada uno lo suyo (justicia).
Las ranas son criaturas inteligentes
con basta y copiosa experiencia en la comunicación y les repugna la
incomunicación. El croar en las noches insomnes anuncia las lluvias copiosas
que fructifican la tierra. Para los que siembran y cultivan es una buena
noticia. Los negligentes e improvisados temen al agua como los mohosos el jabón
en la tina.
¿Qué aprenderán los amados sapos de
esas repugnantes lecciones de menoscabo, capricho e intolerancia? Sin duda,
nada que contribuya a la perfección y a la mejora. Las ranas han alcanzado
muchos logros en su corta historia. Un pabellón de tres pisos en condiciones
inmejorables con un tercer piso disponible convertido eventualmente en depósito
en donde todos los sapos pueden desarrollar con el auxilio de la tecnología
diseño gráfico y producción audiovisual.
Con el auxilio de la una pequeña
inversión: Fotografía y diseño digital. Internet eficiente para una estación de
radio. Para los amantes de la imprenta y la tipografía encuadernación e
impresiones. Hay mucho que hacer si el consenso de las ranas, aclarado el
panorama, despliega todos sus esfuerzos en mejorar y crecer. No hay tiempo que perder frente al pronto
anticipo de las lluvias. No hay nada imposible para las ranas que pueden
conducir hacia logros meritorios e insospechados a su legión de estudiosos sapos
cuya formación sólida, coherente y eficiente es un mandato de la sociedad.
Tomás de Iriarte (1750.1791) hizo de
las fábulas nutritivas historias con asnos, elefantes, cuervos, pavos, gallos,
ruiseñores, gorriones, cerdos, zánganos, avispas, tábanos, moscas y
escarabajos. Personajes de sus amenas historias de las que según advierte:
“Ningún particular debe ofenderse de lo que se dice en común”. No encontramos
sapos ni ranas que pueblan nuestros ríos en espera de las lluvias del estío.
Están todos advertidos.