Por: Miguel Godos Curay
La devoción cristológica al Señor
Cautivo de Ayabaca tiene origen en la noche de los tiempos. A la tradicional veneración
concurren numerosos trajinantes alforja al hombro que recorren los viejos
caminos de los Altos, Santo Domingo, Morropón, Huancabamba, Frías y Cariamanga atraviesan cerros y
soportando el frío y el shulai de la noche helada. Para ellos se cumple la
promesa que brota del corazón a los pies del Cristo adolorido. Todos llevan en
su mente sus ruegos por la salud de los
enfermos, otros invocan la protección de los hijos ausentes y bendiciones para la
casa, la chacra y el vehemente deseo de que el trabajo no falte.
Hoy centenares de peregrinos se
aproximan a Ayabaca para estar presentes en el dia central de la festividad de
octubre. Concurren con cruces simbólicas que llevan a cuestas y réplicas del
Señor con las que marchan a Paita en septiembre y en octubre a Ayabaca. Muchos de los fervorosos devotos se
arrastran con dirección al santuario. Es una especie de atletismo con piernas y
brazos ulcerados. Enorme sacrificio partiendo desde rincones lejanos. La imagen
del Señor es una réplica del suplicio del nazareno, con su rostro lacerado,
expresión intensa del dolor.
En Ayabaca flota el mismo espíritu devocional
que acompaña al Señor de los Temblores en el Cusco. El Cristo de Luren en Ica y
al Cristo de Pachacamilla en Lima. Se trata de efigies de un Cristo moreno cuya
veneración desborda las fronteras. En Jaén se venera al Señor de Huamantanga
que los antiguos pobladores afirman fue traído de Quito. En Querecotillo al
Señor de Chocán cuya historia es un relato sentido del siniestro que redujo el
santuario y la venerada imagen a escombros. Con valiosos documentos
fotográficos y los dedos preservados del fuego devastador el escultor vasco
Julián Alangua Puchet (Bilbao,1916-Lima,2013) talló la imagen del Cristo de
Chocán que hoy se venera.
Muchos evocan al Cristo Negro de
Esquipulas de Guatemala cuya devoción se extiende hasta México y Panamá. Según
las crónicas la talla fue una obra del escultor portugués Quirio Cataño quien
entregó la obra culminada el 4 de octubre de 1594. Los innumerables devotos a
los pies del Señor entonan una sentida canción que es una genuina ofrenda que
brota de los corazones arrepentidos. “No me cierres tus brazos mi Señor de
Esquipulas” entonan con lágrimas en los ojos .
La imagen venerada del Cautivo es una
viva expresión de la identidad religiosa de los piuranos. No hay rincón en la
que no se tenga una estampa o un cuadrito del Señor. La foto más antigua fue un
registro fotográfico de don Arturo Davies Guaylupo. Los relatos dan cuenta que
don Arturo reprodujo millares de fotografías. Su testimonio frente al Señor es
un derrotero de fervor.
Muchos de los cantos dedicados al
Cautivo son la letra e inspiración del ciego Pablo Maldonado que recorría
villorrios y caseríos con su guitarra y parlante para venerar al Cristo de Ayabaca.
Aún recuerdo sus sentidas letras, sus casetes tantas veces multicopiados. Pocos
conocen que las cabelleras que luce el Cristo de Ayabaca son ofrendas de niñas
que entregan sus cabellos entre los 15, 16 o 17 años. Los mismos son tratados
con tintes de nogal y preservantes que son un secreto de los peluqueros devotos.
El restaurador cusqueño Carlos del Mar Pacheco recomendó sumo cuidado de esta
potente expresión de fervor. Es una imagen singular elaborada con maguey y
madera-
Hoy Ayabaca conmemora el día central
de la festividad. Miles de feligreses amanecen frente al santuario. Sin duda,
abrir un libro de testimonios de los milagros del Señor sería una crónica viva
y testimonio de una devoción interminable. En el Santuario del Buen Jesús de Congoña
(Brasil) no sólo se luce en el viejo arte de la
fundición de campanas y esculturas de la pasión de tamaño real sino en el
acopio de los testimonios de los feligreses que anotan y exhiben pletóricos su
fervor.
Muchos recuerdos se deslizan por la
memoria. Una tarde de diciembre en el establecimiento penal San Miguel de
Castilla se realizaba una teletón pro navidad de los internos. Conjuntos musicales
y cantantes solidarios interpretaban composiciones para este propósito
humanitario. Sin embargo, nadie había reparado que la ocasión fue momento
propicio para una fuga carcelaria por un túnel con boquerón de salida cerca al
Colegio Alfonso Ugarte de Castilla. La fuga registrada en plena tarde fue
detectada inmediatamente. Un joven interno había logrado salir por el forado.
Un efectivo desde la torre de vigilancia alertó con alarma la fuga. Con su fusil
AKM disparó desde la torre ultimando a un prófugo. Aún recuerdo al joven reo. El
proyectil ingresó por la espalda y salió por el pecho atravesando un cuadro del
Cautivo que llevaba en el pecho. Realmente, al redactor y al reportero Aldo
Cango nos estremeció el gesto humano. Aún nos duele el recuerdo.
Ayabaca en octubre tiene el dulce
sabor del bocadillo, los alfeñiques y las panelas. Pocos conocen que en la hoy
desparecida cárcel de Ayabaca. Los reos con pie pelado pisaban la melaza y el
maní del bocadillo. Hoy es un proceso industrial. En Ayabaca los buenos vecinos
acogen a los innumerables visitantes. Otros se hospedan en la morada de
allegados y familiares. Centenares descansan en los pasillos del santuario. La
noche está fresca y los peregrinos recién llegados recargan energías para
acompañar al Señor en la procesión. Si hay algo que deben preservar los
ayabaquinos es su genuina tradición religiosa. Los peregrinos son una legión
interminable de atletas de la fe. Sin duda, el fervor popular adquiere sentido
y relieve cuando la religiosidad nutre a los devotos de aspiraciones de mejora
de sus condiciones de vida a la luz del evangelio. Mucho de lo escrito es un
recado compartido con Genaro Maza Vera un cronista que bebe en las fuentes
frescas y aromáticas de la tradición.
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