martes, 13 de octubre de 2026

CAUTIVO DE AYABACA: EL SEÑOR DEL FERVOR


Por: Miguel Godos Curay

La devoción cristológica al Señor Cautivo de Ayabaca tiene origen en la noche de los tiempos. A la tradicional veneración concurren numerosos trajinantes alforja al hombro que recorren los viejos caminos de los Altos, Santo Domingo, Morropón, Huancabamba,  Frías y Cariamanga atraviesan cerros y soportando el frío y el shulai de la noche helada. Para ellos se cumple la promesa que brota del corazón a los pies del Cristo adolorido. Todos llevan en su mente sus ruegos  por la salud de los enfermos, otros invocan la protección de los hijos ausentes y bendiciones para la casa, la chacra y el vehemente deseo de que el trabajo no falte.

Hoy centenares de peregrinos se aproximan a Ayabaca para estar presentes en el dia central de la festividad de octubre. Concurren con cruces simbólicas que llevan a cuestas y réplicas del Señor con las que marchan a Paita en septiembre y en octubre  a Ayabaca. Muchos de los fervorosos devotos se arrastran con dirección al santuario. Es una especie de atletismo con piernas y brazos ulcerados. Enorme sacrificio partiendo desde rincones lejanos. La imagen del Señor es una réplica del suplicio del nazareno, con su rostro lacerado, expresión intensa del dolor.

En Ayabaca flota el mismo espíritu devocional que acompaña al Señor de los Temblores en el Cusco. El Cristo de Luren en Ica y al Cristo de Pachacamilla en Lima. Se trata de efigies de un Cristo moreno cuya veneración desborda las fronteras. En Jaén se venera al Señor de Huamantanga que los antiguos pobladores afirman fue traído de Quito. En Querecotillo al Señor de Chocán cuya historia es un relato sentido del siniestro que redujo el santuario y la venerada imagen a escombros. Con valiosos documentos fotográficos y los dedos preservados del fuego devastador el escultor vasco Julián Alangua Puchet (Bilbao,1916-Lima,2013) talló la imagen del Cristo de Chocán que hoy se venera.

Muchos evocan al Cristo Negro de Esquipulas de Guatemala cuya devoción se extiende hasta México y Panamá. Según las crónicas la talla fue una obra del escultor portugués Quirio Cataño quien entregó la obra culminada el 4 de octubre de 1594. Los innumerables devotos a los pies del Señor entonan una sentida canción que es una genuina ofrenda que brota de los corazones arrepentidos. “No me cierres tus brazos mi Señor de Esquipulas” entonan con lágrimas en los ojos .

La imagen venerada del Cautivo es una viva expresión de la identidad religiosa de los piuranos. No hay rincón en la que no se tenga una estampa o un cuadrito del Señor. La foto más antigua fue un registro fotográfico de don Arturo Davies Guaylupo. Los relatos dan cuenta que don Arturo reprodujo millares de fotografías. Su testimonio frente al Señor es un derrotero de fervor.

Muchos de los cantos dedicados al Cautivo son la letra e inspiración del ciego Pablo Maldonado que recorría villorrios y caseríos con su guitarra y parlante para venerar al Cristo de Ayabaca. Aún recuerdo sus sentidas letras, sus casetes tantas veces multicopiados. Pocos conocen que las cabelleras que luce el Cristo de Ayabaca son ofrendas de niñas que entregan sus cabellos entre los 15, 16 o 17 años. Los mismos son tratados con tintes de nogal y preservantes que son un secreto de los peluqueros devotos. El restaurador cusqueño Carlos del Mar Pacheco recomendó sumo cuidado de esta potente expresión de fervor. Es una imagen singular elaborada con maguey y madera-

Hoy Ayabaca conmemora el día central de la festividad. Miles de feligreses amanecen frente al santuario. Sin duda, abrir un libro de testimonios de los milagros del Señor sería una crónica viva y testimonio de una devoción interminable.  En el Santuario del Buen Jesús de Congoña (Brasil)   no sólo se luce en el viejo arte de la fundición de campanas y esculturas de la pasión de tamaño real sino en el acopio de los testimonios de los feligreses que anotan y exhiben pletóricos su fervor.

Muchos recuerdos se deslizan por la memoria. Una tarde de diciembre en el establecimiento penal San Miguel de Castilla se realizaba una teletón pro navidad de los internos. Conjuntos musicales y cantantes solidarios interpretaban composiciones para este propósito humanitario. Sin embargo, nadie había reparado que la ocasión fue momento propicio para una fuga carcelaria por un túnel con boquerón de salida cerca al Colegio Alfonso Ugarte de Castilla. La fuga registrada en plena tarde fue detectada inmediatamente. Un joven interno había logrado salir por el forado. Un efectivo desde la torre de vigilancia alertó con alarma la fuga. Con su fusil AKM disparó desde la torre ultimando a un prófugo. Aún recuerdo al joven reo. El proyectil ingresó por la espalda y salió por el pecho atravesando un cuadro del Cautivo que llevaba en el pecho. Realmente, al redactor y al reportero Aldo Cango nos estremeció el gesto humano. Aún nos duele el recuerdo.

Ayabaca en octubre tiene el dulce sabor del bocadillo, los alfeñiques y las panelas. Pocos conocen que en la hoy desparecida cárcel de Ayabaca. Los reos con pie pelado pisaban la melaza y el maní del bocadillo. Hoy es un proceso industrial. En Ayabaca los buenos vecinos acogen a los innumerables visitantes. Otros se hospedan en la morada de allegados y familiares. Centenares descansan en los pasillos del santuario. La noche está fresca y los peregrinos recién llegados recargan energías para acompañar al Señor en la procesión. Si hay algo que deben preservar los ayabaquinos es su genuina tradición religiosa. Los peregrinos son una legión interminable de atletas de la fe. Sin duda, el fervor popular adquiere sentido y relieve cuando la religiosidad nutre a los devotos de aspiraciones de mejora de sus condiciones de vida a la luz del evangelio. Mucho de lo escrito es un recado compartido con Genaro Maza Vera un cronista que bebe en las fuentes frescas y aromáticas de la tradición.

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