JUGUETES
PARA LA ILUSION Y LOS SUEÑOS
Por:
Miguel Godos Curay![]() |
Un deslumbrante entretenimiento infantil |
Mi
amigo secreto es poco aficionado a la lectura. El libro que eligió para mí lo he leído por lo menos tres veces y
ejemplares del mismo tengo tres. Uno me lo dio una amiga periodista, otro su
autor y uno subrayado con la presunta identidad de los personajes edición
pirata. En realidad se lee poco en navidad. Prima la vanidad presumida y el mal
gusto. Otros sucumben a esa afición del que compra libros pero nunca los lee ni
los acaba. Estos lectores abundan en el mundo académico. Son los amigos de las
diez primeras páginas. El tedio y la modorra los ganan. Son contados los que
concurren a las librerías en pos de buenos libros y leer.
Hace
poco recomendé a un colega amigo que
regalara un libro a su hijo adolescente pero me miró estupefacto. Su hijo
prefiere un celular de última generación en el que puede desarrollar destrezas
con sus pulgares. Su cerebro no desarrolla con los síncopes que intercambia
mañana, tarde y noche. Ni con las fotos que envía exaltando hasta límites
extremos su vanidad. Es el juguete favorito, la pasión desenfrenada con la que
construye su mundo interior.
Otro
amigo me hablaba de la despierta inteligencia de su hijo dotado -según su decir-
para el razonamiento lógico. Según su relato la memoria prodigiosa de su
genio memorizaba las claves de los
exámenes de la academia. Me costó mucho explicarle que el memorista de
respuestas, no razona. No tiene la misma habilidad, por ejemplo, de un
estudiante usando el sorobán, el ábaco japonés y después de ejercitarse se
disciplina en el cálculo matemático. La comprensión lectora y el razonamiento
lógico matemático. Son habilidades que
se aprenden y se desarrollan para toda la vida. No son una medida de
referencia. Son los códigos imprescindibles para la vida.
Quien
comprende lo que lee abre los cauces a los procesos del pensamiento. Sabe
comunicarse y relacionarse con otros. El que falla en comprensión lectora tiene
presencia física pero su entendimiento está en la nube. Esta es la tragedia de
nuestros estudiantes. Los que naufragan en razonamiento lógico matemático, no
tienen noción del número y no dominan las elementales operaciones aritméticas.
No relacionan magnitudes. Están perdidos en la administración del dinero y se
confunden cuando relacionan longitudes
con precios. Tienen también serias dificultades para iniciarse en el ajedrez,
la administración del tiempo y el establecimiento de horarios para el estudio,
el trabajo y el reposo. Finalmente su vida se convierte en un caos.
Estos
estudiantes son nutridos con el pánico emocional a la lectura y las matemáticas
en su propio hogar. Uno de los mitos persistentes es el de pensar que el leer mucho aloca a las personas y que las matemáticas provocan
patologías severas que deben ser tratadas con agua de manzana y tónicos. Poco
es el afecto que se tiene también por el aprendizaje artístico. La pintura, la
música, la danza y el teatro contribuyen al desenvolvimiento y expansión de las
capacidades de los niños sin embargo, no son valoradas como tales. Aunque muchos estudiantes
confiesan que vencieron la timidez y se tornaron más díscolos con los talleres
de arte poca importancia se les concede.
Tampoco
se busca en navidad, con contadas excepciones, el contacto con la naturaleza.
Pocos compran prismáticos para que sus hijos desarrollen la observación de
aves. Ni adquieren una cuchilla suiza que permite enfrentar contingencias en el
campo, un microscopio, una caña de pescar o una máscara de buceo. Todas estas
herramientas que agudizan el sentido de la observación natural. Están vedadas
como posibilidad y para ello sobran los falsos argumentos.
Una
cámara fotográfica con la que se podría estimular a un reportero aficionado es
toda una revolución para un joven inquieto y con ganas de salir a descubrir el
mundo. Lo que prima es la inmovilidad burguesa, la ojeriza con el deporte y los
temores que van de mano con la inseguridad y la domesticación de la conciencia.
Un trompo de zapote inspirado en la rotación del eje terrestre, un maromero que nos distrae nos recuerda que
los mejores juguetes son los que abren nuestra mente al mundo inagotable de la
ilusión y de los sueños.
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